“Los estudiantes endeudados no protestan”. Entrevista

David Harvey

01/06/2014

Philip Stalhandske, del diario sueco Lundagård, entrevistó a David Harvey durante su reciente visita a la Universidad de Lund. Un Harvey decepcionado por la falta de un movimiento estudiantil radical: “Creo que los estudiantes tienen que autoorganizarse”.

David Harvey describe el segundo volumen de Das Kapital de Karl Marx como “el libro más aburrido que se haya escrito”. Su obra teórica, una introducción algo más interesante, empezó como una reflexión sobre los aspectos contradictorios del capitalismo, cuyo último resultado es el libro Seventeen Contradictions and the End of Capitalism.

Después de un día en el que presentó su libro en un auditorio atestado y formó parte del tribunal de una lectura de tesis, Lundagård se reúne con un David Harvey ligeramente cansado en el Grand Hotel de Lund.

Afirmaba usted hoy en su intervención que ”los estudiantes endeudados no protestan”. ¿Por qué piensa que es así y quién cree que se beneficia de ello?

Bueno, se trata de una afirmación general, no tengo pruebas empíricas. Pero lo cierto es que los propietarios de vivienda que están endeudados se muestran políticamente activos siguiendo un rumbo más bien reaccionario. Creo que resulta bastante notable que parte del aumento de las matrículas que provocó en un principio la indignación estudiantil y su reacción [en Gran Bretaña] no haya acabado generando un movimiento estudiantil perdurable. Mi conclusion, que tiene mucho de conjetura lo mismo que de bien informada, es que el endeudamiento que está dominando el cuerpo estudiantil ha sido, para empezar, aceptado, y que al mismo tiempo se trata de algo que va a mantener a la gente en una situación de servidumbre por deudas durante una considerable parte de su vida.

¿Piensa entonces que este endeudamiento ha creado o creará un cuerpo estudiantil más reaccionario?

No sé si creará un cuerpo estudiantil más reaccionario. Desde luego, no ha desencadenado el grado de activismo que yo esperaba que se hubiera producido.  Del mismo modo que en Gran Bretaña la imposición de las tasas de matrícula no ha generado una campaña a largo plazo de amplia agitación en pro de la supresión de estas tasas. Pienso que si en este caso hubiera habido una agitación masiva, se habría hecho muy difícil para el Partido Laborista no haber dado su respaldo a la abolición de las tasas. Creo de nuevo que forma parte de esta acquiescencia a la aceptación de la mercantilización de la educación superior, a la que yo creo que habría que haberse resistido más tajantemente.

Mencionó la importancia de hacer llegar la información y de que “bien pudiera ser que tuviéramos un movimiento en nuestras manos” si esta información tuviese una amplia difusión. ¿Cuál cree usted que debería ser el método para ello y a quién debería dirigirse?

Creo que los estudiantes mismos tienen que autoorganizarse y hay señales de ello, pequeños grupos de estudiantes que intentan rotundamente generar un movimiento. Pero mi impresión es que se enfrentan a una enorme indiferencia por parte de la gran masa del cuerpo estudiantil.

¿Pero bastará con la información o existe una “necesidad”, si esa es la palabra correcta, de que se empuje aun más a la población antes de que se forme un movimiento? 

Hay ciertas condiciones necesarias para que surja un movimiento. Una condición necesaria, que yo creo que no cumple el liderazgo de la izquierda, consiste en una cierta visión de la alternativa. Mucha gente preguntará “¿dónde está la alternativa?” y “¿qué clase de visión tiene usted?”. Ahora bien, ofrecer alguna visión de algún tipo es un requisito previo muy importante para cualquier movimiento, pero eso no garantiza un movimiento”.

Mi visión de los procesos de cambio social es que necesitas cambios simultáneos en muchas dimensiones, entre ellos los de nuestras concepciones mentales del mundo. Y nuestras concepciones mentales del mundo se han visto acorraladas por la forma en que se ha estructurado la actividad de oposición. Si quieres denunciar la discriminación, tienes que mostrar el perjuicio y la intencionalidad. La política de victimización no es una buena política de solidaridad. Las victimas pueden presentarse y puede que algunas puedan contar un dramón que baste para conseguir compensaciones o remedios. Pero no se hace nada por la gran masa de la población. De manera que la historia del dramón se convierte en la forma principal de la política o el remedio de algunos males.

Lo que la izquierda, me parece, no comprende es que está siendo acorralada en esa clase de oposición. Lo que de hecho la vuelve bastante impotente cuando se trata de movimientos solidarios de masas. De manera que hay una lucha por encontrar formas de expresar una oposición masiva a un sistema que ha erigido una política en la que las únicas posibilidades políticas consisten en este tipo de política del victimismo, lo que no va a llevar a ningún cambio radical. Una vez que entendamos la sofisticación del acorralamiento neoliberal de la política de esta manera, tenemos que aprender formas de trascenderlo, pero no creo que eso lo hayamos aprendido en este momento”.

El contraargumento más común por parte de la izquierda respecto al tipo de política que usted promueve es que esta solidaridad humanitaria va destinada habitualmente a los hombres blancos.

Creo que hay razones sólidas para ser antirracistas y tomarse muy en serio las políticas de género. La dificultad estriba en que si no prestas atención al modo en que el “motor económico” del capitalismo le hace la puñeta a la gente, te estás perdiendo buena parte de lo más importante. Así, por ejemplo, puede que haya cuatro, o seis, millones de personas en los Estados Unidos que han perdido sus hogares, y una porción desproporcionada de las mismas son inmigrantes o comunidades afroamericanas y mujeres. Pero el impulso real que llevó al crac no se puede explicar analizando raza y género. Sus repercusiones se filtraron a través de la raza y el género, pero sus orígenes, no.

¿Qué posibilidades tienen las universidades como espacios de lucha?

Hay gente que a veces me dice “tú estás ahí metido en el mundo académico” y “tendrías que ir a una acería” o algo parecido. Bueno, de la misma manera que en una acería necesitas trabajadores del acero que puedan hacer de agitadores, necesitas gente que mantenga espacios abiertos dentro de la universidad para esa clase de producción que es contrahegemónica. Y eso precisa mucho esfuerzo, mucho trabajo y mucho compromiso.

David Harvey es profesor de Antropología y Geografía en el Graduate Center de la City University of New York (CUNY), director del Center for Place, Culture and Politics, y autor de numerosos libros, el más reciente de los cuales es Seventeen Contradictions and the End of Capitalism (Profile Press, Londres, y Oxford University Press, Nueva York), Ha enseñado El Capital de Karl Marx durante más de 40 años.

 

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

Lundagård, 22 de abril de 2014

Fuente:
http://eng.lundagard.se/2014/04/22/indebted-students-dont-protest/
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