Los Juegos de 2012: Kabul, Bagdad, Londres, tres ciudades a evitar este verano

Simon Jenkins

29/07/2012

 

Parece que no hay límites a los esfuerzos de Lord Coe y sus amigos del Comité Olímpico Internacional por hacer caer los Juegos de este verano en Londres en el ridículo y el desdén. Ahora mismo están teniendo lugar en la capital unas “maniobras militares” de una semana de duración. Los reactores Typhoon de la RAF rugen pasando una y otra vez sobre el Támesis. Se instalan baterías de misiles tierra-aire Starstreak en parques del East End y en edificios de viviendas de Bow, servidas por una decena de soldados cada una. Los helicópteros del ejército y la marina pasarán sin cesar con estrépito, con los francotiradores colgados de las portezuelas preparados "para abatir a los pilotos de aviones terroristas".

Los guardias del Metro de Londres portarán metralletas por vez primera. Fuerzas especiales de la policía, "entrenadas para matar", llevarán pasamontañas para evitar ser identificadas. Habrá lanchones de desembarco de la marina deambulando por la costa de Weymouth y submarinos a punto. Las Olimpiadas se han convertido en un festival del sector de seguridad global, con las competiciones de correr y saltar reducidas a un número de feria. En el gobierno nadie se atreve a pararlo. Ni en la flor de su vida habría podido dilapidar Nerón tanto dinero en circos.

Las Olimpiadas se han convertido en una parodia orwelliana de lo que sucede cuando un organismo mundial chantajea a un gobierno que suspira por lograr prestigio para que gaste sin límite. Ni un solo portavoz de defensa ha ofrecido una hipótesis plausible que justificase los reactores y misiles. Estos últimos disponen de un radio de acción de solo tres millas y se utilizarán "siguiendo sólo instrucciones expresas del primer ministro". ¿Qué es lo que van a abatir y a quién le va a caer en la cabeza?

Estos chicos con sus juguetitos le están costando 1.000 millones de libras al contribuyente, pero no añaden ni un tanto así a la seguridad nacional. Nada tienen que ver con la disuasión del terrorismo, aun suponiendo que existiera esa amenaza. El terrorista moderno utiliza tácticas suicidas, inmunes por definición a la disuasión. Todo lo que ha hecho el gobierno es elevar el perfil político-militar de los Juegos y tentar a algún chalado a que lo intente. Hasta en lo que respecta a las calles, “Ocupemos Londres” y los ciclistas militantes deben considerar una oportunidad de oro los carriles exclusivos para VIPs. Los organizadores olímpicos planean cerrar el Mall, Horse Guards Parade y la mayor parte del Parque de St James a partir de junio, por temor a que alguien pueda colocar una bomba cerca de las instalaciones de balonvolea, que por una locura están situadas detrás de Downing Street como concesión a Tony Blair. Y esto pese a que el primer ministro y la oficina del alcalde revocaron de modo específico la decisión. Las empresas de ordenadores impacientes por conseguir contratos envían periódicamente noticias sobre la "amenaza de ciberataques a los Juegos". Se ha contratado a una empresa para que despliegue 450 "magos de tecnología informática" a fin de preservar a los Juegos de los ciberpiratas.

Esto significa que, durante el resto del verano, Londres estará efectivamente “gobernado” por el COI. Deberían tomar nota los entusiastas de un gobierno mundial. Un organismo que no rinde cuentas ante nadie y se da a sí mismo el visto bueno espera hoteles de cinco estrellas, BMWs con chófer, carriles Zil [coche emblema del poder en la URSS] a la soviética y luz verde sincronizada para sus miles de "funcionarios" y parásitos empresariales. No sólo lo espera sino que lo consigue. Exigió y consiguió sus propios poderes legislativos, de acuerdo con La Ley de Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Londres (London Olympic Games and Paralympic Games Act). Lord Coe hace lo que le dice el COI y le pasa la factura a George Osborne [ministro de Economía], que la paga. Cuando la cifra  prevista tan solo para la ceremonia de apertura se quedó corta en 30 millones de libras (de un asombroso presupuesto de 60 millones) se remitió un cheque sin demora.

El COI está siempre vigilante en nombre de sus patrocinadores. Los inspectores se repartirán por la ciudad, deteniendo a cualquiera que utilice los términos "Olimpiada de 2012" o cualquier otra frase asociada, por no pagar a Coe y al COI una fortuna en derechos de patrocinio. Jamie Oliver [célebre cocinero ínglés] no puede celebrar una fiesta olímpica en el Parque Victoria, puesto que no es patrocinador. Quedan prohibidos blogs, imágenes o videos en YouTube o Facebook. Y vetado cualquiera que lleve dentro de las instalaciones incluso una bolsa, sombrero o zapatos no aprobados. El Politburó chino es un templo de la libertad comparado con este autoritarismo.

El transporte de Londres ha quedado reducido a una atropellada ruina. Han avisado a los londinenses de que salgan de la ciudad mientras duren los Juegos, ¿con qué coste para la economía? Se ha avisado a los ciudadanos de que se cerrarán las vías del centro de Londres, los conductores del metro pueden ponerse en huelga, y las urgencias de los hospitales andarán escasas de reservas de sangre. Es un misterio cómo se va a hacer dinero para Londres, tal como prometieron Coe y otros. Como destino turístico, el lugar queda a la par de Bagdad o Kabul.

No hay dividendo cívico para esta suma y nunca lo ha habido. Agosto es de siempre en Londres un mes ligero y, tal como mostraron las gradas vacías de Atenas y Beiying, los deportes olímpicos no tienen gran atractivo para el público. La ironía reside en que el principal éxito de Londres ha sido la principal fuente de críticas. Han generado sin duda un entusiasmo interno. Al convertir la venta de entradas en una lotería nacional consiguieron lo que tiene las trazas de ser la primera Olimpiada con el cartel de “vendido” de la era moderna. 

Sin embargo, aproximadamente el 85% de estos compradores son británicos, pocos de los cuales se quedarán en hoteles de Londres. Las multitudes se concentrarán en las sedes. Es el gobierno, merced a su hospitalidad hacia la "familia" del COI, el que mantendrá el mercado del lujo hotelero. En el caso de aquellos distritos que no albergan los Juegos, me sorprendería ver que tiendas, autobuses y trenes del metro no estuvieran medio desiertos, taxis sin sin actividad, cines y salas de conciertos medio vacías y cualquier parque real aún no vallado para un patrocinador comercial sin multitudes.  

Los juegos de Londres comenzaron en un espíritu de economía y entusiasmo popular. Al considerable coste de 2.400 millones de libras, iban a suponer la respuesta al gigantismo de Estado de los Juegos de Beiying y fundir el deporte moderno con el tejido urbano. Londres demostraría que las ciudades no tienen que ser ricas para albergar los Juegos. Serían unos "juegos populares".

El COI puso fin a esto. Llevó a un acomodaticio gobierno británico a la actual paranoia, incontinencia presupuestaria y codicia empresarial. Para rescatar este verano la imagen de los Juegos de Londres, habrá que esforzarse por desviar la atención a la sinceridad de los jóvenes atletas y espectadores, por devolverle de algún modo la dignidad al espíritu deportivo. Por ahora, un noble movimiento ha sido secuestrado por un monstruo claramente fuera de control.

Simon Jenkins, periodista y actual colaborador de The Guardian, The Sunday Times y la BBC, fue director de The Times y The London Evening Standard.

 Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

Fuente:
The Guardian, 3 de mayo de 2012
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