Los salarios alemanes, la eurocrisis y la suicida incompetencia económica del presente sindicalismo europeo

Heiner Flassbeck

12/03/2017

 

El dumping salarial alemán resulta innegable, y hasta algunos comentaristas conservadores empiezan a entenderlo. Y sin embargo, los sindicatos alemanes salen ahora a la palestra para negar lo que es innegable y poner bajo presión a sus colegas sindicalistas europeos.

No bien el nuevo presidente norteamericano lanzó al mundo sus ideas sobre el comercio internacional y su consigna de “America first”, empezó el neoliberalismo, y señaladamente su variante alemana -que combina neoliberalismo y mercantilismo— a revolverse como una fiera. Para algunos medios de comunicación establecidos, ningún argumento es demasiado necio como para no ser utilizado en la lucha contra este temible enemigo. (AQUÍ he entrado en la discusión de algunos de esos argumentos.)   

Ocurre, empero, que en esa montaraz cacería los frentes se han invertido ahora de una manera sorprendente. Mientras que, en el lado derecho, cada vez encontramos menos  incorregibles dispuestos a negar lo innegable, en el lado izquierdo han aumentado brutalmente los negacionistas y los ergotizantes.

Entre algunos sindicalistas alemanes parece haber brotado un verdadero pánico que lleva a quienes desde hace ya cierto tiempo tienen voz y vara alta en los sindicatos industriales –los presidentes de los consejos de empresa— a dirigirse directamente a la opinión publica para defender el “libre comercio” y el mercantilismo alemán, negando toda culpa de Alemania en la eurocrisis. (véase AQUí.)

Que el periodismo establecido está en insalvable rumbo de colisión con Trump, se puede inferir directamente del hecho de que los últimos negadores de lo innegable se abrazan a cualquier cifra que haya lanzado al mundo –no importa la fuente— alguno de los suyos.

Así, por ejemplo –mero ejemplo—, Uwe Jean Heuser escribe en Die Zeit que ya no puede reprocharse dumping salarial a Alemania, porque en los pasados tres años ha experimentado un crecimiento del 6% en los salarios reales.

Lo que no significa absolutamente nada, porque no tiene nada que ver con los salarios reales, sino con los salarios nominales y con los costes salariales unitarios. Si los salarios reales alemanes han crecido, es sólo gracias al hecho azaroso de que los precios al consumidor se han mantenido durante un tiempo muy bajos. Además, de lo que se trata es de dumping salarial durante más de una década, razón por la cual la referencia a un par de años está fuera de lugar.

También se agarraron inmediatamente y como a clavo ardiendo a la cifra del 25% de costes laborales unitarios más bajos en los EEUU avanzada al mundo por Nikolaus Piper desde las páginas de la Süddeutsche Zeitung –sin la menor referencia ni la menor explicación (véase el primer link)—. Así, un tal Christian Ortner escribe tan terne en la Wiener Zeitung que esa cifra (lo mismo que la del 6% de Heuser) va poco menos que a misa, y reprocha a quienes no creen en ella divulgar fake news.

Esto resulta harto desvergonzado, y tanto más cuanto en cada línea de su texto se nota que el hombrecllo no entiende una palabra de lo que escribe. Termina citando a la Süddeutsche Zeitung, “que no es precisamente conocida por ser el órgano central del neoliberalismo”, para “probar” que la tesis del dumping salarial alemán es un sinsentido. Es tan absurdo, que casi resulta divertido.

El grueso de los periodistas no entienden que con afirmaciones de este tenor no hacen sino el ridículo, porque lo cierto es que aun a los no totalmente obcecados ideológicamente les faltan simplemente los conocimientos profesionales para poder valorar tales asuntos.

Digámoslo otra vez: los costes salariales unitarios son una especie de cociente salarial (normalmente, el ingreso bruto nominal de los asalariados partido por el PIB real de la población trabajadora activa). Si se ve ese cociente en términos absolutos, es decir, en un determinado momento entre dos países, es tan poco interpretable como un cociente salarial normal que (sobre la base del ingreso real de los asalariados) mide la distribución del ingreso entre el trabajo y el capital.

De aquí que, en todas las comparaciones absolutas de salarios, o en la comparación de un cociente de este tipo, numerador y denominador tengan que ser calculados en una moneda común. Eso quiere decir que, en las comparaciones, hay distorsiones a causa de las relaciones monetarias que no permiten sacar conclusiones simples a partir de las diferencias absolutas.

Sólo cuando se tienen en cuenta los cambios en esas magnitudes a lo largo de dilatados trechos temporales, así como el papel jugado por la relaciones monetarias (o las variaciones de las mismas) –como se hace AQUÍ—, pueden inferirse conclusiones a tomar en serio.

Un argumento manifiestamente no obviable tiene que ver con la calidad de los productos. Los consejos de empresa automovilísticos parecen dispuestos a creer (véase la cita más abajo) que se trata de un argumento autónomo o independiente contra el dumping salarial. Y eso es, como hemos tenido ya ocasión de mostrar muchas veces (véase AQUÍ, con todo detalle), un sinsentido total.

En cualquier economía de mercado que funcione medianamente, todo producto tiene un precio que se corresponde con su calidad. Los productos de calidad altamente estimada son más caros que los productos de menor calidad. Cuando un producto de alta calidad resulta más ventajoso que un producto barato en razón de que los salarios destinados a su producción suben menos, entonces el precio experimenta una presión artificial y deja de expresar la relación entre las calidades diferentes. Consecuencia de lo cual es que el producto mejor multiplica sus ventas aun cuando debería resultar todavía más caro en términos absolutos.

Pero junto a la terca obnubilación de los negadores, también se registran movimientos en los círculos conservadores. En una entrevista concedida al periodista Roland Tichy, Hans-Werner Sinn ha apuntado de la manera más clara a la subvaloración alemana en la unión monetaria. Tichy lo describe así:

“Navarro [el actual ministro de comercio norteamericano] toca un punto sensible. En 2016, la República Federal Alemana, según las primeras cifras estimadas, ha exportado mercancías y servicios por un monto de 310 mil millones de dólares superior al monto importado. Tampoco el reproche de la manipulación monetaria ha caído del cielo: ‘Alemania está subvalorada dentro del euro, y el euro mismo está subvalorado. Esto hace a los productos alemanes extremadamente baratos en el exterior’, dice el veterano jefe del Instituto Ifo, Hans Werner Sinn: en torno a un 20% en relación con el dólar y dentro de Europa, Alemania es demasiado barata. El euro como moneda común encubre las diferencias de rendimiento: diferencias de niveles salariales, diferencias de productividad y de infraestructuras. Conforme a esa realidad, países como Grecia e Italia deberían devaluar, y Alemania, revaluar. Puesto que eso no se da en la Eurozona, los exportadores alemanes aplastan a sus competidores europeos. Ni siquiera las bajadas salariales más brutales en esos países servirían ya de ayuda a sus economías: no se pueden construir fábricas tan deprisa como fueron destruidas y cerradas con el material explosivo del euro.”

Esto resulta muy notable, habida cuenta de que se trata de un periodista muy conservador que se deja ilustrar por un economista conservador a través de ideas que nosotros venimos sosteniendo desde hace muchos años y que resultan indiscutibles para cualquier persona razonable: Alemania está actualmente subvalorada por partida doble, y ése es el núcleo de la eurocrisis.

Hay que preguntarse, pues, qué pasa por la cabeza de los consejos sindicales de empresa alemanes que, ahora que hasta círculos conservadores han dejado de poner en duda que en Alemania haya salarios demasiado bajos, niegan lisa y llanamente el hecho de la subvaloración. En el llamamiento sindical más arriba enlazado, se puede leer:

“Rechazamos resueltamente la acusación de competencia desleal. Como representantes de los trabajadores asalariados, hemos contribuido decididamente a que el éxito de ventas y de exportación de la industria automovilística alemana no haya tenido nada que ver con dumping salarial y social: unos sindicatos y unos consejos de empresa fuertes, una robusta negociación colectiva vinculante que garantice ingresos buenos y seguros, así como unos notables derechos de protección y cogestión para los asalariados, constituyen el fundamento da la industria automovilística alemana. Es sobre esas bases que los fabricantes alemanes de automóviles consiguen mantener productos de alto valor en la competencia internacional por la calidad.” (Gemeinsame Erklärung der Gesamtbetriebsratsvorsitzenden der deutschen Automobilindustrie, IG Metall [Declaración conjunta de los presidentes de los consejos sindicales de empresa de la industria automovilística alemana, IG-Metall].)

Pero casi son peores los perturbadores efluvios sindicales procedentes de Bruselas. En una contribución escrita para Social Europe, un colaborador del Instituto Sindical Europeo (ETUI, por sus siglas en inglés), y en el marco de la campaña pay rise [aumentemos los salarios] (de la que hemos informado AQUÍ], escribe que los costes salariales unitarios no tienen nada que ver con la capacidad competitiva y que habría más bien que preocuparse porque se diera una más rápida convergencia entre los países con bajos salarios y los países con salarios elevados, de modo que en, en los primeros los salarios subieran más rápidamente y sin depender de la productividad. Los costes salariales unitarios crecientes, dice –aportando el ejemplo de un país— podrían ir perfectamente de la mano de exportaciones crecientes. Y todo eso se sostiene sin siquiera mencionar tampoco el dumping salarial de Alemania en la primera década de la unión monetaria

No hay que engañarse. Los sindicalistas en Bruselas están manifiestamente sometidos a la presión de sus colegas alemanes para no hablar de dumping salarial. Los sindicatos alemanes están visiblemente resueltos a hacer lo equivocado, es decir, a negar el dumping salarial alemán, para distraer la atención sobre sus propios errores en la época de la Agenda-2000 y defender la posición exportadora alemana.

Lo que no entienden los sindicalistas alemanes es la elemental regla, según la cual un sindicalista que argumenta contra toda razón y evidencia resulta mucho más increíble y mucho más vulnerable que un periodista que se calla las cosas desagradables.

Mientras que un periodista puede apelar a la presión de las circunstancias y a su dependencia laboral, las cúspides sindicales no pueden hacer eso sin abrir todos sus flancos. Quien, por decirlo suavemente, recata ante sus colegas la verdad alemana del dumping salarial, revela que se ha convertido en un representante de los intereses de todo punto miopes de las empresas.

Pero un sindicalismo convertido en representante de las empresas es una contradicción andante, y está inexorablemente destinado a naufragar, porque los trabajadores, a la corta o a la larga, y con toda la razón, terminarán preguntándose para qué sirven sus cuotas sindicales.

 

(Birkenfeld, 1950) fue secretario de Estado en 1998-99 con el ministro de finanzas Lafontaine en el primer gabinete de Gerhard Schröder. Entre 2003 y 2012 fue economista en jefe (Chief of Macroeconomics and Development) de la Organización de Naciones Unidas para el Comercio Mundial y el Desarrollo (UNCTAD) en Ginebra hasta la fecha de su jubilación.
Fuente:
https://www.heise.de/tp/features/Sind-die-Gewerkschaften-zu-Lohndumping-Leugnern-geworden-3648731.html
Traducción:
Amaranta Süss