MAK2, municipalismo con pegada

Carlos Girbau

29/01/2017

Los días 20, 21 y 22 de este mes de enero se celebró en Iruñea (Pamplona/ Navarra) el segundo encuentro sobre Municipalismo, Autorganización y contrapoder (MAK). Cerca de 500 participantes de más de 30 candidaturas municipales y de diferentes movimientos sociales del Reino de España dan prueba de un interés que no se vio defraudado. Las jornadas, organizadas básicamente por la Fundación de los Comunes y el Instituto para la Democracia y Municipalismo[1], caminan ahora ya hacia su tercera edición, que se celebrará en A Coruña el próximo mes de septiembre.

Fueron unos encuentros deseados tal y como indicó la importante cifra de inscritos, que superó las expectativas de los propios organizadores. Fueron también unas jornadas intensas y plurales en sus debates que quedaron repartidos en 11 talleres y una asamblea general final[2]. En todos ellos se abordaron los hitos centrales con los que se están encontrando las candidaturas del cambio municipalista, se hallen en el gobierno o en la oposición. Los temas relacionados con los retos de la gestión, del funcionamiento de las instituciones y su marco legal dentro del régimen del 78, el papel del funcionariado, la financiación de los ayuntamientos y la vinculación de todo ello con los movimientos sociales (su autonomía y fuerza), así como las demandas que llevaron a la organización de tales candidaturas dominaron de manera muy directa y clara las reuniones y la búsqueda de soluciones.

Uno de los rasgos de las jornadas fue su marcado carácter democrático, no solo por los fines perseguidos, sino por su propia organización. Todos los asistentes, cargos electos o activistas de base, pudieron hablar y proponer en pie de igualdad. En este terreno sí quedaron dos elementos vistos para su mejora de cara al próximo septiembre: (1) la paridad absoluta entre mujeres y hombres en las exposiciones y (2) un mayor protagonismo y espacio para los movimientos sociales.

Un año y medio después

El 15M, las Mareas, la PAH o las marchas por la dignidad proporcionaron el aire fresco suficiente para agrietar la política institucional nacida tras la muerte de Franco. Uno de los mejores resultados prácticos de esa grieta radicó precisamente las candidaturas de confluencia, cambio, unidad, etc. que se abrieron paso con gran fuerza en las últimas elecciones municipales, ganando en muchas ocasiones importantes alcaldías y casi siempre un peso determinante en la vida municipal.

El resultado de esos comicios aportó nuevos retos, entre ellos, el de gestionar (gobernar). Hoy en las instituciones, particularmente en los ayuntamientos, encontramos, como resultado de la movilización, un buen número de activistas y, otros, que no lo son tanto. Un año y medio después de la llegada a los consistorios, ha quedado patente en las jornadas que los esfuerzos por conocer el terreno que se pisa e intentar cumplir los objetivos con los crearon las candidaturas, entre ellos, retirar control y poder a la grandes empresas, recuperar el común remunicipalizando, auditar la deuda, combatir la emergencia social, dar respuesta a la falta de empleo, a los cortes de suministro o a los problemas habitacionales, se hallan muy presentes. Ahora bien, los desencuentros con el alto funcionariado (interventores, secretarios o jefes de servicio), con las propias leyes, con la realidad de la alarmante falta de medios, con el resto de fuerzas políticas y con la lógica absorbente del día a día están pasando sus facturas. En un contexto de reflujo e impasse de la calle, un porcentaje de los cargos electos se han parapetado en la institución y reducido toda su tarea a una mejora, muy necesaria, pero claramente insuficiente, de la gestión. Y decimos insuficiente, porque, como se puso sobre la mesa de manera reiterada en el encuentro, la propia institución carece de posibilidades reales para resolver, bajo el régimen borbónico actual, las situaciones que obligaron a formar y lanzar las candidaturas. Se trabaja en las casas consistoriales en el marco de una guerra de posiciones, retorciendo día a día reglamentos y buscando huecos para minar la base del entramado neoliberal. Especialmente interesante fue observar y compartir como se las “ingenian” en, por ejemplo, Zaragoza, Cádiz, Ciempozuelos, Terrassa, Barcelona u Oviedo para abrir fisuras que acerquen la gestión al programa, mientras la parte del león de la institución, la deuda, la Ley Montoro y sus límites continúan devorando y dominando la escena municipal.

Las dos caras de la moneda

Parece claro que se ha ganado un espacio fundamental en la institución municipal, espacio que nos coloca delante de contradicciones profundas como el ritmo institucional y del ritmo de la calle. Es decir, la capacidad de resolver problemas por parte del ayuntamiento versus la emergencia social y ciudadana de una crisis que consume y fragmenta a la población trabajadora, mientras engorda a los más poderosos.

La diferencia entre predicar y dar trigo junto a la tendencia de una parte de los cargos electos a adaptarse a los usos y costumbres municipales están generando un buen número de tensiones que, de manera muy particular, se expresaron en el encuentro de Pamplona a través de las intervenciones y expresiones de desafección de buena parte de los participantes que procedían de la ciudad de Madrid. Otras voces, sin negar todas las críticas vertidas, incidían más en la necesidad de trabajar por la vertebración y crecimiento de los movimiento sociales y, a partir de ahí, de los conflictos sociales existentes (incluidos los del campo municipal). Es decir, por centrarse en hacer crecer (como medio básico de empoderamiento) al movimiento. Se sostuvo, pues, de que se trataba de una apuesta por actuar como la levadura que ayude a la fermentación y desarrollo, de asambleas municipalistas fuertes, vinculadas al programa no al cargo y a su gestión de lo posible. Una apuesta también por la unión que ayude a unos y a otros más que por el enconamiento de las diferencias por muy justificado que éste pueda resultar. No se trataba tanto de apaciguar ánimos, sino de que la lucha por la respuesta a las justas demandas sea capaz de fortalecer y ampliar el espacio y peso de los movimientos, y ayudar a su conexión y a la unión de todos con una política de transformación social.

Los retos de este municipalismo con pegada se hallan, entre otros, en más organización, más intercambio, la generación de instrumentos útiles así como de marcos que amparen y favorezcan el tejido asociativo. Los ayuntamientos del cambio buscan, en esa lógica de la grieta, la manera en la que sea posible fortalecer el tejido asociativo y su independencia, y a la vez  “el contrapoder”. Las formas que se avanzaron, sin ánimo de agotar todas existentes que sin duda serán tan plurales como sus contextos, pasaban por aspectos como el trabajo en el sindicalismo social, con el cooperativismo, la PAH, la participación entendida como la capacidad de generar espacios de decisión y no solo de aprobación. Igualmente se mencionaron los centros sociales y la autogestión general, las remunicipalizaciones y el control ciudadano de los recursos, la auditoria de la deuda, etc.

Está fermentando en las ciudades un espacio colectivo de apoyo mutuo, transversal y diverso, vertebrado alrededor de principios republicanos de radicalidad democrática, libre e igualitaria que hace del común su eje y que entiende su intervención obligada en las instituciones como parte de la lucha por superar el actual marco institucional y económico impuesto a la ciudadanía por el régimen del 78. En sentido, los MAK representan una propuesta muy útil  e interesante que hay que ayudar a desarrollar y a la que hay que seguir sumando voces para así continuar ganando en pegada.

 

Es activista social.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 29 de enero 2017