Manos arriba: Centeno en el Eurogrupo

Francisco Louça

08/12/2017

Descorchemos el champán: Mario Centeno es el nuevo presidente del Eurogrupo. ¿Sorprendente? Sí, hubo quién sospechó hace algunos meses, yo también, que se trataba de una estratagema de propaganda. No, fue el comienzo de una operación victoriosa y Dijsselbloem (socialista, eso es lo es) tuvo que ser sustituido por otro ministro de la misma familia política. Así que Centeno: champán.

Para el ministro, una gran promoción. Para el gobierno portugués, éxito completo. Para la oposición de derechas, el PSD y el CDS, una humillación más, que tienen que ofrecer la venia al vencedor, y se acabaron las discusiones sobre las “falsas” cifras del presupuesto. Hasta Durao Barroso ha reaparecido de las profundidades de Goldman Sachs, como doña Constanza, para unirse a las celebraciones. Para la izquierda, más presión. Sin embargo, para la Unión Europea, todo sigue igual.

En cualquier caso, tendremos felicitaciones efusivas, evocaciones a Afonso de Albuquerque y sus victorias a espada sobre los indígenas. Sugiero, si es posible, cierta moderación y más realismo. En primer lugar, porque los festejantes deben recordar cuántos de ellos, y de los mas distinguidos, anunciaban en la prensa hace escasos meses el "desmoronamiento ante nuestros ojos" y la "crisis asfixiante" de la Unión, o la "muerte de un proyecto". Los más audaces ponían plazos "el tiempo para salvar a Europa termina este año, tal vez, a más tardar en otoño" (faltan dos semanas), o, hace ya dos años, "en los próximos días" se producirá el " verdadero colapso moral de Europa" “abjurando de todo el patrimonio del que ha sido portadora en el campo de los derechos humanos” mientras que los más eufóricos anunciaban, hace ya dos años y medio, que la crisis del euro" comenzaba a terminarse". Esta obsesión por poner plazos a la retractación o, viceversa, a la redención, dice mucho de lo que tenemos por ahí.

Sin embargo, hay una razón menos parroquial para cierta cautela. Es que nadie sabe que va a ser del Eurogrupo, del euro, o incluso de la Unión Europea. Y bien se puede decir que se lo merece. Véase el siguiente ejemplo, convocado con la solemnidad de los grandes momentos, en el que la Comisión Europea resume el mejor de los escenarios que propone: "hacer mucho más juntos", aplicado a este maravilloso evento: "Los europeos que deseen expresar su opinión sobre un proyecto de implementación de las turbinas eólicas en su área, financiado por la Unión Europea, tendrán dificultades a la hora de identificar a la autoridad responsable, una vez que se les diga que contacten a las autoridades europeas competentes ".

Es decir, el mejor de los futuros de la Unión Europea será cuando los ciudadanos caigan en la tela de araña para "identificar" con quién hablar a propósito de la turbina instalada en su patio. Por tanto, ¿debemos sorprendernos de que las democracias se sientan amenazadas? Quienes actúan de este modo han perdido la noción de que deben convencer o hablar con la gente, no ofrecerles sólo el misterio de su autoridad. Por estas y otras razones la Unión Europea se ha convertido en un proyecto fallido.

¿Qué podrá hacer nuestra Centeno, el último de los creyentes, en la mejora del euro? ¿Un presupuesto para las transferencias entre los Estados (pero el presupuesto está disminuyendo)? ¿Una política que aborde cada recesión promoviendo puestos de trabajo en lugar de austeridad (aunque los Tratados europeos no han cambiado)? ¿Una suave Merkel, un Macron discreto? Sí, puede levantar las manos y esperar. Porque parece que la única reforma que está sobre la mesa es el título de la función, el de ministro de las finanzas europeas. Para Centeno es cómodo, para Europa es poco.

catedrático de economía de la Universidad de Lisboa, ex parlamentario y miembro del Bloco de Esquerda, actualmente es Consejero de Estado.
Fuente:
https://blogues.publico.pt/tudomenoseconomia/2017/12/05/erguei-as-maos-para-as-alturas/?page=/&pos=30&b=opinion__compact
Traducción:
G. Buster