Martín McGuinness (1950-2017): de las armas al gobierno

Kevin Bean

24/03/2017

Los editores de obituarios han tenido mucho tiempo para prepararse para la muerte de Martin McGuinness. Desde el pasado mes de diciembre estaba en muy mal estado de salud, algo que confirmó su renuncia como primer ministro adjunto del Ulster en enero de este año.

Esta crónica de una muerte anunciada ha sido recogida en los comentarios políticos y los obituarios de los medios de comunicación en los días siguientes al anuncio de su fallecimiento. En muchos sentidos, todo era bastante predecible: el tema dominante fue la transformación de McGuinness de 'terrorista' en 'pacificador' y las etapas que había atravesado en el camino de comandante del Ejército Republicano Irlandés a primer ministro adjunto de un estado que había jurado destruir. Los comentarios de ex políticos británicos, y de otros que habían tenían contactos con él durante el proceso de paz, fueron meticulosamente equilibrados, centrándose en su 'contribución positiva a la nueva Irlanda del Norte' que había surgido a partir de 1998.

Sin embargo, su papel anterior como una de las caras públicas del nuevo IRA Provisional encontró también su lugar en la narrativa de los medios. Joven, pero ya lo suficientemente alto en la jerarquía, se convirtió en miembro de una delegación de IRA (que incluyó a Gerry Adams) que fue trasladada por avión a Inglaterra para negociar con el gobierno conservador en 1972. Por otra parte, las entrevistas y los recuerdos periodísticos nos han refrescado el apoyo de Martin McGuinness a la “vanguardia de la lucha armada” en los años 1970 y 1980, y su justificación de que “la campaña del IRA era la única manera de acabar con el control del imperialismo británico sobre Irlanda y reunificar el país”.

Estos recuerdos por lo general se contrastan con relatos de su participación (y del Sinn Féin) en la política constitucional y gubernamental tras el Acuerdo de Viernes Santo de 1998. Lo que culminó en la relación bastante extraordinario de “hermanos de bromas” que McGuinness disfrutó con Ian Paisley en el gobierno después de 2007 - junto a otros puntos de inflexión simbólicos, como cuando saludó a la reina Isabel durante su visita a Belfast o su condena de los disidentes republicanos como “traidores a Irlanda”.

Sin embargo, ciertos comentaristas y oponentes políticos han tenido el mal gusto de romper este nuevo consenso. El Daily Mail y The Sun se han concentrado en su “pasado asesino” como el “carnicero de Bogside”, mientras que algunos conservadores y unionistas, con verdadera caridad cristiana (el caso de Norman Tebbit), han declarado que McGuinness había sido “un terrorista impenitente” y le deseaba “la eternidad del infierno”. Este odio vehemente se dirige tanto contra lo que Martin McGuinness se había convertido cuando murió como a lo que había representado en los años 1970 y 1980, cuando la campaña del IRA Provisional por una república socialista en los 32 condado estaba en su apogeo.

La tomas de archivo de televisión de un McGuinness juvenil que proclama con orgullo abiertamente su condición de miembro del IRA nos recuerda no sólo su propio pasado, sino también la experiencia vital de miles y miles de otros jóvenes republicanos de clase trabajadora y del movimiento de masas que se construyó en las calles y en las cárceles para desafiar al estado británico en Irlanda. Es un símbolo de ese movimiento y de ese momento histórico el que Martin McGuinness sigua siendo una figura odiada por ciertos políticos conservadores y los unionistas irreconciliables.

La mayoría de las personalidades políticas, sin embargo, adoptaron una actitud distinta y reconocieron lo que consideraban sus logros políticos al asegurar y consolidar la nueva situación política de Irlanda del Norte en la década del 2000. Según Tony Blair, McGuinness jugó un “papel indispensable y clave” en ese proceso, que supuso la transformación de los Provisionales de un movimiento revolucionario republicano en un partido nacionalista constitucional.

Este aspecto de su historia personal también encarna la experiencia general y la trayectoria política de otros republicanos. Sin embargo, la diferencia era que McGuinness fue una figura destacada en la transición de las “armas al gobierno”. No sólo fue miembro de la dirección de los Provisionales que definió la línea que les apartó del republicanismo revolucionario y les acercó al status quo constitucional y político, sino que su prestigio político y militar como republicano comprometido, aseguró que la mayoría de sus seguidores le siguieran en esa retirada. En los momentos de inflexión clave hizo importantes discursos e intervenciones públicas en ard fheiseanna que se apoyó en esa reputación para generar lealtad y apoyo a la nueva línea.

He conocido a innumerables republicanos que afirman que para los miembros activos del IRA de los años 1980, 1990 y 2000 la frase, “si es lo suficientemente bueno para Martin, es lo suficientemente bueno para mí”, se convirtió en un axioma para justificar posiciones antes impensables – el reconocimiento del estado del Norte de Irlanda, el sistema jurídico y policial, y la participación en el gobierno - fueron adoptadas por los Provisionales. Martin McGuinness no sólo utilizó la persuasión y su reputación para hacer pivotar a su favor los argumentos, también fue un experto de las negras artes políticas de las maniobras internas y de la marginación de sus oponentes potenciales dentro del IRA y el movimiento republicano en general para asegurar la posición de la dirección.

Junto con Gerry Adams, Martin McGuinness mantuvo a los Provisionales en gran medida unidos durante todo el estrés y las tensiones del proceso de paz, y se aseguró de que los disidentes que se separaron lo hicieran en diferentes momentos y en relación con distintos temas, para que siguieran siendo así una fuerza en gran parte marginal. Como Jonathan Powell, jefe de gabinete de Tony Blair, reconoció en sus memorias, que los interlocutores republicanos pudieran mantener al IRA unido y arrastrar a la mayoría de los Provisionales de su lado fue esencial durante el proceso de paz y la clave del éxito de la estrategia del gobierno británico.

Será quizás ese papel en el seno del movimiento republicano el que será recordado con gratitud por el Estado británico y menos favorablemente por sus críticos revolucionarios republicanos como el mayor logro de Martin McGuinness, lo que le permitió jugar posteriormente otros papeles más públicos en el gobierno con Ian Paisley en 2007. En este sentido, su vida es un todo que no puede dividirse fácilmente entre una fase inicial violenta y una carrera política posterior.

Al igual que con el movimiento que dirigió a través de la “época de los problemas”, lo uno no es posible sin lo otro: el voluntario del IRA y el político eran uno y el mismo, pero también dos personas radicalmente diferentes - condicionadas y finalmente definidas por los acontecimientos históricos y las dramáticas circunstancias que les dieron forma a esos dos Martin McGuinness y a Irlanda en el último tercio del siglo XX.

Profesor del Instituto de estudios Irlandeses de la Universidad de Liverpool y autor de The New Politics of Sinn Féin, Liverpool 2007.
Fuente:
http://weeklyworker.co.uk/worker/1147/from-guns-to-government/
Traducción:
Enrique García