Miedo y pobreza. Italia después de votar

Mario Pianta

11/03/2018

El mapa de la Italia que ha votado pinta sobre todo  dos fenómenos: miedo y pobreza.

El centro-norte (Lazio incluido) se ha encomendado a un nuevo Centroderecha con hegemonía liguista: en el norte de Lombardía y del Véneto rebasa el 50%, con la Liga que llega a puntas entre el 33 y el 38% en sus zonas de asentamiento tradicional; en el Piamonte alejado de Turín, el Centroderecha está cerca del 50%, con la Liga menos fuerte; en el resto del Norte rebasa casi por doquier el 40%; en Emilia, Toscana y Umbria el porcentaje supera el 35%; en Lazio, quitando Roma, está en un 40%.

El centro-sur (incluidas las Marcas) ve difundirse con rapidez a los Cinco Estrellas: rozan el 50% en Sicilia y el norte de Campania, rebasan el 40% en Calabria, Basilicata, Apulia, Molise y Cerdeña.

Más definida está sólo la fotografia de los colegios uninominales de las grandes ciudades.  El Centroderecha logra victorias en colegios de Turín, Milán, Venecia, Palermo. Los Cinco Estrellas conquistan algunos colegios de Turín, Génova, Palermo, Roma y tienen Nápoles. Turín, Milán, Bolonia, Florencia, Roma dejan algunas circunscripciones al PD.

El 37-38% (en la Cámara y el Senado, respectivamente) conseguido por el Centroderecha proviene del éxito de la Liga, que ha pasado del 4% de las elecciones generales de 2013, al 6% de las elecciones europeas del 2014, al 18% de hoy, mientras que Forza Italia baja del 22% del 2013 al 17% del 2014 y al 14% actual. El 32-33% (en el Senado y en la Cámara, respectivamente, con un electorado más joven) de los Cinco Estrellas ha de compararse con el 26% de las generales del 2013 y con el 21% de las europeas del 2014. La participación electoral ha sido análoga a la de hace cinco años, en torno al 75%, mientras que en las europeas había bajado mucho, al 57%.

El del Centroderecha y el de los Cinco Estrellas son éxitos paralalelos, alimentados por ingredientes comunes:el voto de protesta, la retórica populista, la crítica a Europa, el resentimiento contra los inmigrantes. En el Centroderecha estos impulsos coexisten con intereses muy distantes – los del poder económico en torno a Berlusconi – y la definición de las relaciones de fuerza dentro de la coalición será complicada, en términos de hegemonía política antes incluso que en la formación del gobierno.

En los Cinco Estrellas esos ingredientes conviven con el intento de pasar de movimiento de protesta a partido de gobierno, también en esto con una evolución de la identidad y de la agenda política todavía enteramente por definir.

Impulsos análogos, sin embargo, toman caminos distintos en el Norte y el Sur. El enraizamiento liguista en el Norte ha interpretado la defensa de un bienestar en peligro, la demanda de menos impuestos, el egoísmo local y nacional. El Sur 'relegado' por la política y por la economía, abandonado por la nueva emigración, marcado por la degradación social y los poderes criminales, toma el rumbo de una protesta que  reclama un nuevo poder. La operación de Matteo Salvini de construir un 'Frente Nacional' a lo Le Pen ha encontrado en estas diferencias regionales su límite principal.

Detrás de esto hay diez años de crisis económica y social del país. La renta per cápita en Italia ha descendido a los niveles de hace veinte años; detrás de esta media hay un auténtico y absoluto desplome – del 30% aproximadamente – de los ingresos del 25% más pobre de los italianos, los que viven en el Sur o en las periferias en declive del Centro-Norte. Veinte años de estancamiento y declive quiere decir una generación con expectativas de ingresos, de trabajo y de vida cada vez peores. El empobrecimiento se ha convertido en una realidad para una parte muy amplia de los italianos. El voto a los Cinco Estrellas refleja la pobreza del Sur – y se entiende bien el aliciente de su demanda de renta mínima. El voto de la Liga expresa el temor a empobrecerse del Norte. Sólo en los centros de las ciudades máyores, donde viven los más ricos, los más instruidos, y la economía va mejor, el voto toma rumbos distintos, hacia Forza Italia y el PD.

La pobreza se acopla al miedo: a estar peor, a tener al lado a inmigrantes y demás pobres con los que se tiene que competir por trabajos menos cualificados y servicios públicos más escasos. En estas elecciones el miedo que más se ha agitado ha sido el de los inmigrantes: los que desembarcan en Lampedusa, l a acogida imposible, las tragedias de Macerata [en la región de las Marcas, escenario de recientes disturbios racistas]. Salvini ha hecho de ello su bandera más peligrosa, Los Cinco Estrellas expresan la misma hostilidad: los salvamentos de las ONG, vistas como 'taxis del mar', la negativa a reconocer la ciudadanía a las segundas generaciones.

Miedo y pobreza, en este extraño entrelazamiento, se han convertido en las fuerzas que dibujan  la politica italiana. El miedo que se afirma como ideología de la Liga; la pobreza como condición del éxito del de los Cinco Estrellas. En lugar de izquierda y derecha, la política del miedo (también el de estar peor) y el lamento de los empobrecidos, de los excluidos de la 'casta'.

La tragedia de la izquierda es que desigualdad, seguridad social y solidaridad han sido sus emblemas durante doscientos años. Poco a poco desaparecidas en la pérdida de identidad colectiva, en prácticas políticas cada vez menos cautivadoras, en políticas de gobierno cada vez más en contraposición a esos valores. En esta degradación política queda subrayado que pulsiones peligrosas como miedo y pobreza se expresan con los instrumentos de la democracia: el 75% de votantes y las colas en las mesas electorales son la única buena noticia del 4 de marzo de 2018.

profesor de Economía Política en la Universidad de Urbino, ha sido miembro (2011-2014) del Centro Linceo Interdisciplinare de la Accademia Nazionale dei Lincei, la Academia de Ciencias de Italia, con un proyecto sobre 'Evolución y cambio económico', además de investigador Braudel del European University Institute, profesor visitante en la London School of Economics y en la Université de Paris 1 Panthéon-Sorbonne, como especialista en crecimiento económico, desigualdad, innovación y alternativas de política industrial y política económica para Europa.
Fuente:
Sbilanciamoci, 5 de marzo de 2018
Traducción:
Lucas Antón
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