Más negro en la noche: La represión de las huelgas mineras de 1948 en Francia. Entrevista

Dominique Simonnot

11/05/2014

Una investigación de la periodista Dominique Simonnot que acaba de publicarse en forma de libro, Plus noir dans la nuit [Más negro en la noche] (Calmann-Levy, París, 2014), relata la historia, apenas conocida, de las huelgas mineras del año 48 en Francia. La entrevista Bertrand Rothé para el semanario Marianne.

Marianne: Todo el inicio de su libro da la impresión de que estemos en una novela. Nos apasionamos con las vidas de los obreros, de los mineros, de la Liberación a nuestros días. Tenemos la impresión de oír hablar a nuestros padres, incluso a nuestros abuelos. Salvo que se trata de una historia verdadera y que constituye una espantosa acusación contra las élites socialistas…

Dominique Simonnot: Yo no he hecho más que mi trabajo de periodista, escuchar a siete antiguos mineros y a sus respectivas esposas y transcribir su vida. La historia comienza trés años después de la II Guerra Mundial, en plena fase de reconstrucción. Se cuenta con los mineros para contribuir  a ello. Se les pide que se pongan manos a la obra y produzcan y produzcan…El 80% de la energía de la época procede del carbón. Y un buen día de 1948, Robert Lacoste, ministro de Industria, decide suprimir las ventajas conseguidas con la Liberación. Ventajas que representaban en principio la contrapartida de los esfuerzos que se les había exigido, pero que eran también una recompensa por su resistencia frente a los nazis. Ya en 1941 habían ido a la huelga. Una huelga de la que nadie se acuerda, que, en todo caso, yo no conocía. Una huelga horriblemente reprimida, con decenas de fusilados y centenares de deportados. Contra la supresión de estas ventajas en 1948, los mineros deciden una nueva huelga, que es nacional  De norte a sur, participan todas las cuencas. Jules Moch, ministro del Interior en la época, lo tenía todo previsto. Había conseguido que se votase una ley que permitiera recurrir al ejército, reclutar a 80.000 militares y CRS [Compañías Republicanas de Seguridad, los antidisturbios de la policía]. Para reprimir cualquier forma de rebelión, había situado sus tropas a pocos kilómetros de las cuencas mineras de modo que pudieran intervenir rápidamente, y eso es lo que pasó. La represión fue muy violenta.

En la región del Paso de Calais, más de 700 obreros fueron condenados  a penas de prisión por los magistrados, por acciones de huelga para “impedir la libertad de trabajo”. Cuando salen, ¡todo se les viene encima! Pierden todas sus ventajas. Aparte de no tener trabajo, no tienen ya alojamiento ni calefacción ni medicinas gratuitas…  Pero la cosa no termina ahí. Comienza su calvario, que va a durar mucho, muchísimo tiempo. De un día para otro se encuentran dando tumbos por la región. El tiempo justo de apilar lo poco que tienen en carretillas y de poner a los chiquillos encima. Se les prohíbe a los demás mineros darles alojamiento. Pasaron muchísimo tiempo hasta encontrar dónde refugiarse. Una familia se instaló en un descampado en una casa de hormigón sin calefacción, sin agua y, evidentemente, sin electricidad. Otras dos acabaron en un blocao del ejército alemán que rezumaba humedad. ¡Y sin trabajo! Nada, sin salario. Las compañías mineras mandan en la región, todas las sociedades están bajo contrato con ellas de un modo u otro, y cada vez que se contrata a un antiguo huelguista, exigen que se le despida en el acto.    

Cita usted ejemplos de gente que no tuvo tiempo de trabajar ¡ni una hora antes de ser despedidos!

¡Tal cual! Y sobre todo, hay que recordar que la mayor parte de las empresas de la región dependen entonces de Charbonnages de France [explotaciones hulleras francesas], nacionalizada con la Liberación.

A duras penas se creería que estos dos ministros, Robert Lacoste y Jules Moch, fueran ministros socialistas…

Evidentemente. Es la época del bipartidismo. Los comunistas han abandonado el gobierno. Pero hay que recordar que es también un momento de intensa tensión en la Guerra Fría. El gobierno –y sobre todo Moch- sospecha que los huelguistas están manipulados por Moscú, por los rojos, la CGT [el sindicato comunista francés]. Todos los días, o casi, acusa a los comunistas de fomentar un “golpe de Praga” en Francia. Afirma en la Asamblea Nacional que posee una nota de Jdanov, dirigente soviético, que empuja a los obreros a la huelga, incluso a la insurrección. Ese documento no se ha encontrado jamás. ¿Habrá siquiera existido?

¿Puede hablarnos del papel de François Mitterrand en este asunto?

Da escalofríos…He recuperado un texto, un artículo de Le Monde  fechado el 28 de octubre de 1948, que reproducía una rueda de prensa de François Mitterrand. Tenía un puesto que se asemejaba al de portavoz del gobierno. Veinte veces he leído el texto, tan difícil se me hacía creerlo. Viene a recordar que la ley permite a la tropa, tras los requerimientos de rigor, disparar sobre los huelguistas. Y eso es lo que pasó, hubo seis muertos. 

En el Consejo de ministros, François Mitterrand, entonces secretario de Estado de la presidencia del Consejo, remite las felicitaciones del gobierno a los CSR y a la guardia republicana, a la gendarmería y al ejército por la calma demostrada ante “masas importantes de hombres armados con herramientas y barras de ferralla que les atacan enérgicamente y les causan pérdidas sensibles”. Mitterrand adorna estos cumplidos con un mensaje inquietante: “La repetición de estos ataques salvajes obliga al gobierno a decidir que, en el futuro, las fuerzas del orden podrán, cuando sean objeto de asalto,  defenderse tras los requerimientos necesarios”.  

Lo que pasa a continuación pasma tanto como asombra. ¡Nos muestra a unos socialistas cada uno más ligero, cínico y despreciativo que el anterior!

Efectivamente, desde 1981, algunos de los mineros, dos en este caso, piensan que el nuevo gobierno socialista va a reparar lo que sus predecesores les han hecho pasar. Bien que se engañaban: tengo cajas llenas de cartas suyas con las respuestas de los ministros socialistas de 1981 a nuestros días, que se van pasando el muerto unos a otros, y acusan recibo cuando tienen tiempo: “Le remito aquí a los servicios competentes de mi ministerio, aquí al Ministerio de Trabajo, de Justicia. Pongo en copia al Ministerio de Industria, de Finanzas”. Y así van dando vueltas y vueltas y vueltas…Su expediente sigue una ronda infernal. A veces, los ministros responden que hay grupos de trabajo ocupándose del problema.       

(Con la llegada de la izquierda al poder en 1981, los mineros George y Norbert escriben cartas a todos los ministros. Por cortesía, los ministerios, y hasta los ministros, les responderán; ninguno llegará a recibirlos. He aquí algunos extractos de las respuestas:

“El señor Lionel Jospin ha examinado atentamente los documentos que le ha hecho usted llegar y me ha encargado enviar este expediente a Martine Aubry (…) Se le mantendrá directamente informado de lo que se resuelva”. Respuesta un mes más tarde de Martine Aubry: “La señora Aubry ha tenido conocimiento de su interés por este expediente y me ha encargado seguidamente someterlo a la atención del director de Relaciones Laborales. La señora ministra no dejará de mantenerles informados…”. Cinco meses más tarde, sin haber recibido respuesta, Georges se dirige a Matignon [oficina del Primer Ministro]: “Señor, Lionel Jospin me ha pedido que le remita este expediente a la señora Martine Aubry…”. Respuesta un mes más tarde de Martine Aubry: “La señora ministra me ha encargado pedir a sus servicios que se apresuren en el examen de del expediente”. Georges le responde entonces a su diputado: “Señor, camarada, permítame transmitirle mi asombro, como para llorar de asco (…) Este expediente no se ha tratado jamás como merece y esto a todos los niveles”. Después de eso, nada, no hay más respuestas. Algunos meses más tarde, lo reenvía a Elisabeth Guigou, que substituye a Martine Aubry. “He pedido a mis servicios que traten este asunto con detenimiento”. En un post-it apunta Georges: “Desprecio, hasta odio”.)     

Pero ¿qué es lo que explica esta actitud, dado que estamos lejos de la Guerra Fría y que no hay riesgo de golpe de Estado comunista?

Es así. Por su parte, Georges Carbonnier decide irse a ver a la HALDE, la Alta Autoridad de Lucha contra la Discrininación y por la Igualdad, y allí le sugieren que vaya a entrevistarse con  a Tiennot Grumbach. A Tiennot, abogado de los sindicatos y del mundo del trabajo, que hará que la historia dé un vuelco. Con gran rapidez, encuentra una falla jurídica para relanzar sus expedientes. Pierden primero en Magistratura, pero ganan la apelación.   

 ¿Es en ese momento cuando descubre usted el dossier?

En 2007 trabajo en Le Canard Enchaîné [célebre revista satírica y de investigación] cuando me llama Tiennot: “Tengo un asunto para ti”. Nos vemos en un café de la Place de la République. Yo llego pensando que tendré para una hora y acabaré pasando cuatro. La historia que me cuenta me fascina, me quedo boquiabierta. Trabo enseguida conocimiento con los antiguos mineros y la viuda de uno de ellos. Me parece formidable la manera de contar su vida. Nunca se quejan, son valerosos, han vivido cosas increíbles, con las mujeres levantándose a las tres de la mañana durante años para hacer la casa. Me cuentan la receta del ragú de cordero sin cordero, de la tarta de arroz que se te pega a la barriga y te impide pasar hambre. Parece que el pan con mostaza quita el apetito, ¿lo sabía usted? He visto su rabia, pero jamás les he visto llorar su suerte.

Y el único político que acepta recibirlos…

Nicolas Sarkozy. Sí, ¡increíble! Pero así es. No acudieron ellos mismos. Fue en el Ministerio de Finanzas y allí es donde recibió a una delegación de mineros que le pide que les pague la calefacción, los alquileres que perdieron los huelguistas tras su despido injustificado. Dinero en metálico: “¿Cuánto?”, les pregunta Sarkozy. Uno de los mineros le responde en francos. Hay 106.000 euros en juego, y de eso recibirán 15.000. En fin, el hecho es que el único ministro que les recibe es Sarko.

Cuando Daniel Amigo, uno de los antiguos mineros, afirma que los socialistas “nunca han sabido hacer otra cosa que traicionar”, ¿qué piensa usted? 

Esta historia les da la razón con matices. Pues algunos años más tarde el mismo Sarkozy, por intermedio de Christine Lagarde, presenta un recurso contra el fallo que reconocía en 2009 el despido injustificado y les asignaba 30.000 euros a cada uno. Y en 2013, aun con la presión de diputados comunistas, Pierre Moscovici [actual ministro de Economía, Hacienda y Comercio], ha aplazado los reembolsos.   

Dominique Simonnot, periodista francesa, especialista en asuntos judiciales, trabajó para el diario parisino Libération, donde presidirá la asociación de redactores e iniciará en 1998 una crónica judicial bajo el título de “Carnets de justice”. En 2006, comienza a trabajar para Le Canard Enchaîné, donde se ocupa también de la crónica judicial en la sección titulada “Coups de barre”.

 

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

 

Fuente:
Marianne, 25 de abril-1 de mayo de 2014