No se trata de ser populistas, sino de hacerse populares combatiendo el populismo alimentado por el establishment

Yanis Varoufakis

24/12/2016

Hace unos días, recibí un correo electrónico del Guardian: “Estamos organizando un panel con escritores e intelectuales que quieran comentar el anuncio de Jeremy Corbyn de que quiere relanzar su imagen y sus políticas presentándose como un populista de izquierda. Le pedimos 300 palabras en respuesta a esta pregunta: ¿Cómo debería ser el populismo de izquierda de Corbyn?”. Lo que sigue es mi respuesta a esta pregunta. 

[El tabloide sensacionalista] The Sun y William Shakespeare son, ambos, populares, pero sólo uno de los dos es populista. No puede hacerse de Jeremy Corbyn un populista, como no podría hacrse un populista del bardo. La cuestión es si Corbyn puede llegar a ser popular. Si es necesario un cambio de imagen, sea en buena hora. Pero es puramente malicioso retratar eso como una deriva hacia el populismo.

Cuando yo conseguí la más grande mayoría parlamentaria en las elecciones generales griegas de hace dos años, también fui calificado como un populista. El establishment descalifica como populista a cualquiera que consiga buenos resultados electorales desafiando a sus hijos e hijas predilectos. Pero eso pone las cosas demasiado fáciles a los populistas. Un populista promete todo a la gente explotando sus supersticiones y sus miedos. En cambio, cuando yo concurrí para entrar en el parlamento cité a Winston Churchill prometiendo “sangre, sudor y lágrimas” como el precio a pagar por nuestra liberación de la esclavitud por deuda y de la oligarquía griega. En términos financieros, no prometí un solo euro a nadie que ganara más de 750 euros al mes. El resultado electoral demostró que los políticos anti-establishment pueden ganar popularidad sin caer en el populismo.

El reciente auge del populismo tare su causa en el inane manejo que de la crisis está haciendo el establishment. Los populistas necesitan que el establishment siga siendo relevante, mientras que el establishment depende, para mantenerse, del miedo a los populistas. La oposición real se da entre los progresistas, como Corbyn, y el mecanismo de retroalimentación sin fin entre el establishment y el populismo.

La clave del éxito es el respeto universal por las preocupaciones de los que se sienten débiles, abandonados, descartados. Los blancos pobres no tienen que sentir que nos preocupamos menos por ellos que por las minorías étnicas o los LGTB. Si les hacemos sentir que nos preocupamos igualmente por ellos, podremos convencerles de que la inmigración no es el problema y la xenofobia no es la solución. Pero eso exige también un esquema económico que rompa con la austeridad y garantice los recursos necesarios para financiar, no sólo a los innovadores que producirán los próximos apps de entretenimiento, sino también a los olvidados limpiadores de letrinas, a los colocadores de traviesas ferroviarias y a quienes se ocupan de lavar las sábanas sucias de nuestros hospitales.

exministro de finanzas del gobierno griego de Syriza, es Profesor de política económica en la Universidad de Atenas. Su libro El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6 décadas, fue publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada. Una extensa y profunda reseña del Minotauro, en SinPermiso Nº 11, Verano-Otoño 2012.
Fuente:
https://yanisvaroufakis.eu/2016/12/20/becoming-popular-by-opposing-populism-a-progressives-task-the-guardian/
Traducción:
Mínima Estrella