Oriente Próximo: cuando la tragedia se convierte en farsa

Yassamine Mather

01/12/2017

La misma semana que el general Qasem Soleimani, el líder de la Guardia Revolucionaria de Irán, declaró que el Estado Islámico había sido derrotado, 40 yihadistas armados de EI atacaron la mezquita de Al-Rawda en el Sinaí, Egipto, matando a 309 fieles e hiriendo a muchos más. También fue la semana cuando el príncipe heredero saudí Mohammad bin Salman afirmó que la República Islámica de Irán es la principal amenaza en la región y que el líder supremo Ali Jamenei era “el nuevo Hitler de Oriente Próximo”.

Los atacantes en el Sinaí eran de un grupo asociado con el EI desde 2014, pero tanto el número de víctimas como el hecho de que fueran fieles orando en una mezquita marcan especialmente este ataque. A diferencia de muchas otras operaciones de EI, éste fue llevado a cabo por voluntarios locales. En el Sinaí, al parecer, sólo el 10% de los combatientes de EI son yihadistas extranjeros. La gran mayoría son habitantes locales, radicalizados en respuesta a la represión del gobierno militar del general Abdel Fattah el-Sissi. Egipto, por supuesto, es uno de los principales aliados regionales de Arabia Saudí. Y no olvidemos que los clérigos saudíes han apoyado persistentemente a los Hermanos Musulmanes en Egipto. Se podría decir que sin la financiación de Arabia Saudí, los yihadistas no habrían durado tanto como lo han hecho.

El Príncipe Salman ha afirmado que tres eventos en 1979 catalizaron el extremismo islámico: el ataque a la Gran Mezquita de La Meca por parte de extremistas puritanos saudíes; la revolución islámica en Irán; y la invasión soviética de Afganistán. Según Salman, todo cambió cuando Jomeini llegó al poder. Es evidente que la comprensión del príncipe saudí de la historia es tan deficiente como la de sus amigos en Washington. En primer lugar, la revolución de Irán no comenzó como una revolución islámica: los obreros, intelectuales, soldados y campesinos de ambos sexos habían estado manifestándose y protestando desde hacía más de un año contra una dinastía corrupta. Los documentos recientemente desclasificados muestran el alcance de la relación de Estados Unidos con Jomeini, primer líder supremo del régimen islámico, después de 1979. No era la opción ideal de la administración estadounidense para reemplazar al Sha, pero, dada la situación revolucionaria en Irán, fue claramente la menos mala, en lo que a ellos cabía.

Por otra parte, cualquier persona con un poco más de idea de la política regional sabe que, a pesar de todos sus esfuerzos, el clero chiíta ha fracasado (y lo admite) en sus intentos de cambiar el comportamiento cultural y social de la inmensa mayoría de la población de Irán - con independencia de sus creencias religiosas y a pesar de los sucesivos intentos del gobierno para restringir la libertad-, que sigue teniendo unos puntos de vista muy liberales para los estándares de la región, cuando se trata de los derechos de las mujeres y de los homosexuales, o incluso el consumo de alcohol. Pero la mayor equivocación de Salman es que olvida - o, como en tantos otros temas, ignora el hecho - que las ideas más reaccionarias de Jomeini, a pesar del matiz chiíta que les dio, provienen directamente de teólogos salafistas.

Pero eso no es todo. Esta semana, para recordarnos que vivimos en una era post-verdad, Arabia Saudí organizó una conferencia contra el terrorismo. El 26 de noviembre, el príncipe heredero inauguró un “mega encuentro antiterrorista en Riad” (1).  Teniendo en cuenta la historia reciente de Oriente Próximo, se podría decir que el título de la conferencia era una contradicción en términos, un oxímoron. Bin Salman, que algunos creen que será proclamado rey muy pronto (presumiblemente con el apoyo de Donald Trump), afirmó que su país “no permitirá que tales elementos empañen la imagen del Islam”.

Irónicamente la conferencia tuvo lugar no muy lejos del hotel Hyatt Regency, donde están detenidos una serie de príncipes saudíes y ex ministros por corrupción. En algunos casos, relacionados con el  'apoyo financiero' a otro enemigo de Arabia Saudí, Qatar. Es evidente que algunas personalidades pro-saudíes en la región exageraron la nota en la conferencia: por ejemplo, el ex jefe de la policía de Dubai, Dhahi Khalfan Tamim, que incluso pidió el bombardeo de la emisora Al Jazeera : “La alianza debe bombardear la máquina del terrorismo ... el canal de EI, al Qaeda y el frente al-Nusra: al Jazeera, los terroristas”. Khalfan parece olvidar que han sido precisamente los bombardeos indiscriminados en Irak, Siria y otros países los que han permitido a el EI y otras ramas de al Qaeda reclutar tan fácilmente. En marzo, Khalfan instó a los árabes a aliarse con Israel contra los “enemigos de Oriente Próximo” - otro (velado) ataque sobre Irán y los musulmanes chiítas de la región.

Sin duda, la primera lección para cualquier persona que intenta forjar una nueva alianza es no alienar a sus posibles partidarios, sin embargo, Salman hizo precisamente eso. La ceremonia de apertura de la conferencia, a la que asistieron 41 países, mostró un video que incluía una escena de un palestino, claramente representado como un terrorista, en lucha contra las fuerzas de ocupación israelíes. Si fue sólo incompetencia o la búsqueda de una nueva alianza saudí-israelí no sé, pero la reacción al video fue abrumadoramente hostil.

En general, no ha sido un buen año para Salman. A todas luces, su intento de crear el caos - algunos dirían guerra civil - en el Líbano, orquestando la 'dimisión' del primer ministro Saad Hariri, ha tenido el resultado opuesto. Como un periódico árabe escribe, de un solo golpe el príncipe heredero ha logrado lo que sólo era un sueño: ¡la unidad de todas las facciones libanesas!

El papel de EE.UU.

Todo esto ha planteado nuevas preguntas sobre el papel de Estados Unidos en el fiasco actual en Oriente Próximo. Marcos Penny, un analista de política exterior y colaborador habitual de The American Conservative , afirmó que “el drama ha dejado al Secretario de Estado temblando” - no solo por el caso Hariri (2).  Penny se pregunta si Jared Kushner, yerno de Trump e importante asesor, había ocultado a Rex Tillerson las maniobras de Arabia Saudí en Líbano.

El Secretario de Estado Tillerson estaba aparentemente “ciego unilateralmente”. Y aunque más tarde sería acusado de estar “totalmente desconectado” de la crisis, el secretario adjunto para Oriente Próximo, David Satterfield, había mantenido conversaciones con los ayudantes de Hariri en Beirut. Al parecer, instruyó a Christopher Henzel, el encargado de negocios de EE UU en Arabia Saudí, que se reuniese con Hariri en Riad. “En Beirut, mientras tanto, la embajadora de Estados Unidos Elizabeth Richard recogía información de los funcionarios libaneses sobre la crisis y la transmitía a Washington” (3). Al parecer Tillerson también se había quedado fuera de juego, cuando los saudíes rompieron relaciones con Qatar e impusieron sanciones económicas - un movimiento que provocó la división del Consejo de Cooperación del Golfo e hizo añicos los esfuerzos de EE UU de construir un bloque unido contra Irán.

Como los lectores sabrán, el asunto Hariri se ha convertido en una farsa cuando se retractó y retiró su dimisión. Pero las cosas no parecen estar mucho mejor. Su última declaración política afirma que “Hezbollah debe mantenerse fuera de la política de otros países” (supongo que Siria). Dado que operan en Siria docenas de grupos políticos y militares asociado a Turquía, Arabia Saudí, Qatar, Irán, por no hablar de la intervención militar directa en Siria de Estados Unidos y Rusia, resulta difícil ver por qué Hezbollah debe ser el único grupo acusado de 'injerencia'.

Como Irán y Arabia Saudí compiten por la hegemonía regional, también hay que mencionar una similitud. En concreto, esas detenciones anti- corrupción en Arabia Saudí, incluidos miembros de la familia real saudí en Riad (algunos han sido liberados, entre ellos el hijo del príncipe Matab Ben Abdullah). Porque en Irán, un número de parientes cercanos y asesores de Mahmud Ahmadineyad, ex presidente de Irán, han sido procesados también por corrupción.

Ahmadineyad ha reaccionado amenazando con revelar secretos del gobierno y llamando a la judicatura corrupta. En respuesta, altos clérigos han calificado al ex presidente de gamberro o criminal común. Por supuesto, son parte del mismo poder judicial que supervisó la detención, el encarcelamiento y la tortura de los jóvenes iraníes que se atrevieron a cuestionar los resultados de las elecciones en las que fue re-elegido presidente Ahmadinejad en 2009.

Notas:
1. http://gulfnews.com/news/gulf/saudi-arabia/saudi-crown-prince-opens-mega....
2. www.theamericanconservative.com/articles/kushner-kept-tillerson-in-the-d....
3. Ibid .

es una socialista iraní exiliada en el Reino Unido, profesora de la Universidad de Glasgow y Directora de la Campaña "Fuera las manos del Pueblo de Irán" (HOPI).
Fuente:
http://weeklyworker.co.uk/worker/1181/descent-into-farce/
Traducción:
Enrique García