Otegi askatu

Pernando Barrena

Ramón Zallo

05/03/2016

Arnaldo Otegi como valor de futuro de la política vasca

Pernando Barrena

El pasado 1 de marzo Arnaldo Otegi abandonó la prisión de Logroño dejando atrás seis años y medio de prisión efectiva cumplida. Todo su “crimen” consistió en sentar las bases para un nuevo tiempo en Euskal Herria y realizar labor política en representación de una Izquierda Abertzale que en aquel momento fue ilegalizada por aplicación de la Ley de Partidos y que hoy es legal con SORTU. La gran paradoja es que Arnaldo Otegi ha pasado más de seis años en prisión por intentar organizar un espacio político y social que hoy es perfectamente legal, condición así ratificada por el propio Tribunal Constitucional.

En ese sentido, cabe decir que Arnaldo Otegi y los demás procesados de Bateragune o del sumario 04/08 son una pequeña representación de esa gran mayoría social vasca que hizo frente a las ilegalizaciones de las ideas y la criminalización del independentismo vasco.

La labor de Arnaldo Otegi por la apertura de un nuevo tiempo político en nuestro país está fuera de toda duda para cualquier analista mínimamente objetivo. Él y otras lideraron un cambio de estrategia que volvió a situar a la Izquierda Independentista en la centralidad política del país y que provocó decisiones de gran calado en el camino, todavía inconcluso, de desterrar la violencia política para siempre. Así, hay que recordar que a fecha de hoy el ex-Secretario General del sindicato LAB Rafa Díez Usabiaga todavía permanece en prisión y por lo tanto es necesario exigir su puesta en libertad inmediata con más fuerza si cabe.

Con la salida de prisión del elgoibartarra se pone punto final a una gran injusticia y a más de seis años de persecución política. Así lo han visto miles y miles de ciudadanos y ciudadanas vascas y de todo el mundo que no han cejado en todo ese tiempo en la denuncia del encarcelamiento de Arnaldo Otegi.

Su puesta en libertad es una excelente noticia; en primer lugar, por supuesto, porque vuelve con los suyos, y en segundo lugar porque con su vuelta a casa, la lucha política por la libertad nacional y social de Euskal Herria recupera un importante activo.

El intento por parte del Gobierno español y del PP de prohibición de los actos políticos en los que intervino Arnaldo Otegi el pasado día 1 en Elgoibar y el sábado 5 de marzo en Donostia se ha encontrado con una respuesta popular masiva que ha puesto en su sitio a quienes todavía hoy pretenden ser alguien por la fuerza y por encima de la voluntad popular de la ciudadanía.

El discurso inicial de Arnaldo Otegi conecta directamente con las cuestiones centrales que nuclean la situación política vasca; su denuncia del régimen del 78, la defensa de las clases populares y quien más crudamente está padeciendo las consecuencias de la crisis sistémica a la que nos han conducido los diferentes gobiernos neoliberales que padecemos ha sido central en las intervenciones que ha realizado hasta la fecha y muy especialmente en el acto político del Velódromo de Anoeta en San Sebastián. No faltaron referencias obligadas a la necesidad de la repatriación inmediata y de un proceso de excarcelación de todos los presos políticos vascos; y también a una apuesta nítida porque la sociedad vasca decida libremente su futuro; “nada ni nadie podrá parar la voluntad mayoritaria de la sociedad vasca en favor de la paz y y los derechos de este pueblo” repitió Arnaldo Otegi en un discurso que está llamado a jugar un papel más que relevante en el futuro inmediato de la política vasca.

Desde su excarcelación, pocos han sido los que no han especulado con la posibilidad de que Arnaldo Otegi sea candidato a lehendakari por Euskal Herria Bildu en las próximas elecciones al Parlamento de Vitoria-Gasteiz. El propio interesado ya ha dejado patente su intención de concurrir en las elecciones internas de la coalición soberanista y por lo tanto solo a la base militante de EHBildu corresponde en este momento decidir al respecto.

Hay quien está difundiendo interesadamente que Arnaldo Otegi no podrá ser candidato porque está inhabilitado. Lo cierto es que lo está, pero la inhabilitación a la que fue condenado no tiene efectos prácticos porque la sala que dictó sentencia no especificó esos efectos, no explicitó en que consistía la inhabilitación. El Tribunal Supremo ya ha establecido que en estos casos ningún derecho de sufragio, activo o pasivo se ve comprometido. Por lo tanto, si Arnaldo Otegi es finalmente candidato o no, solo lo decidirá él en primera instancia y la militancia de EHBildu.

La Izquierda Independentista vasca recupera con su excarcelación un importante activo político. Arnaldo Otegi representa un liderazgo indiscutible dentro de la Izquierda Abertzale, un liderazgo que va mucho más allá del espacio socio-político que abarca la coalición EHBildu; hay miles de ciudadanos y ciudadanas votantes de otros partidos que perciben a Arnaldo Otegi con cercanía y le otorgan confianza política; no en vano, personifica una apuesta política por abrir un nuevo tiempo político que es una realidad y supone todo un ejemplo de lo que los politólogos denominan “accountability” en política. El resto de partidos políticos son conscientes de ello, saben todo esto supone una potencialidad política a futuro enorme; y esta es la razón para entender ciertos discursos notoriamente defensivos y repletos de nerviosismo.

Esto no puede llevarnos a pensar que con la vuelta de Arnaldo Otegi se superan las dificultades del momento político. Un liderazgo sólido y lúcido es siempre importante, pero no puede llevarnos a quienes somos parte de la base social de la Izquierda independentista a aflojar en nuestras posiciones y la pelea diaria. Los objetivos de la paz, la justicia social y la libertad de nuestro país representan un reto que solo se puede alcanzar de manera colectiva, uniendo voluntades y haciendo que sean mayoritarias social y políticamente. En esa labor todos y todas somos importantes y necesarios; siempre ha sido así, eso no puede ni debe cambiar.

 

Los doce trabajos de Otegi

Ramón Zallo

La salida de Otegi de prisión es una magnífica noticia. Primero, porque nos repara colectivamente por algo que nunca debió ocurrir y que fue urdido por los enemigos de la democracia y de la normalización; y, segundo, porque ofrece una oportunidad -ya veremos si aprovechada- para remover el tablero vasco que ha estado trucado por la ausencia forzada del líder carismático de una importante corriente. Si el Barça es lo que es con Messi, y el Sinn Fein con Gerry Adams, Sortu y Bildu hoy no se entienden sin Otegi.

Ciertamente la Euskal Herria a la que le devuelven no es la misma que dejó. Ni como sociedad ni como agentes con sus relaciones de fuerzas ni como ciudadanía. Hoy está mucho más preocupada por lo social y se inclina hacia la izquierda según los sondeos, pero hay que recordar que toda la izquierda abertzale es de ese espacio. Igualmente cierto es que Otegi no ha vivido el aterrizaje discreto de Bildu en las instituciones, ni el hundimiento vasco de PSE y PP, ni la explosión electoral de un Podemos sin liderazgo ni gran arraigo social acá. Sí ha vivido la permanente capacidad del PNV para reinventarse como espacio central. Tampoco es la misma la Unión Europea de después del austericidio, ni España tras el huracán del PP, ni la Escocia y Catalunya desafiantes, ni la inmigración, ni el ISIS… Otegi no ha vivido socialmente esos cambios… pero tampoco ha estado en la estratosfera, sino encerrado en Logroño.

La bola que echó a andar, con Lizarra primero y en 2004 después, ha seguido girando pero, a falta de un fuerte liderazgo, ha circulado con más lentitud de la necesaria (el proceso Abian(1) se produce 5 años después del Zutik Euskal Herria!(2) hasta el punto de que en las últimas elecciones Bildu casi ni hizo campaña. Esos 6 años de ausencia podían haber generado nuevos liderazgos y “amortizar” a Otegi, pero no ha sido el caso. Asoma una nueva generación de líderes valiosos, pero el prestigio necesario para reconducir una dificilísima transición filosófica, programática y orgánica (para cambiar todas las coordenadas que han construido identidad, mentalidad, ideología y práctica política durante casi 50 años tutelados por una organización armada) y hacerlo de forma unitaria y ambiciosa, sólo la puede encauzar Otegi con un equipo fuerte. Esa constatación hace incuestionable su figura tanto dentro como, por eso mismo, fuera de la Izquierda Abertzale.

Otegi no representa el pasado sino el político-militante capaz de liderar el tránsito -y, ¡quién sabe! si el medio plazo- antes de entregar el testigo a otra nueva generación. Otegi -y su equipo intergeneracional- tiene, además, la pulsión de acabar la tarea que costó tanto hacer empezar por las resistencias numantinas de una ETA bocoiteadora (Loiola y T-4).

Personas que incluso reconocen y ensalzan su labor, corren el riesgo de teorizar sobre su amortización simbólica prejuzgando que inició el proceso de transformación abertzale pero ya no encajaría en la nueva etapa, puesto que los problemas y la mirada de la sociedad vasca han cambiado así como su juventud, y hay temas que se dan por amortizados: ETA, presos... Otegi simbolizaría una etapa a superar.

¡Discrepo! No fue el caso de Gerry Adams, quien lideró a los republicanos antes, durante y después. Ignoro si Otegi tendrá éxito o no en liderar Sortu y Bildu, pero tomo como excusa los míticos “Doce trabajos de Hércules” (salvando las distancias) para subrayar la complejidad de las tareas por venir y la necesidad de un liderazgo carismático, nutritivo y democrático en la izquierda abertzale.

Los tres primeros trabajos parecen ser: ayudar a la transformación de la Izquierda Abertzale para un contexto nuevo, manteniendo la unidad y revitalizando energías hoy en horas bajas; facilitar la definitiva hibernación de una ETA desconcertada por falta de cauces y de interruptores para apagar la luz; o intervenir como eventual candidato a las elecciones autonómicas para remontar el vuelo. Otegi concentra todos los boletos de inteligencia política, mirada estratégica y prestigio entre los suyos como para asumir esa primera triple tarea y hacerlo mejor que ningún otro. Por eso se le esperaba con expectación casi mesiánica.

Que la sociedad vasca sea otra, también significa verla como Heráclito pues no se ha salido de su cauce y siguen como problemas colectivos otros tres de los trabajos: la pacificación (el tema de presos es parte de la agenda colectiva aunque no esté en primerísima línea pero, a su vez, ignorarlo haría imposible un liderazgo abertzale y un nuevo tiempo para todos); el desencaje con España (que no haya una pulsión coyuntural independentista no quiere decir que, por la vía del derecho a decidir, no pueda ponerse en los primeros lugares de la agenda como ocurrió en Catalunya); y la agenda social (la de la Izquierda Abertzale ha tenido muchos déficits pero la experiencia programática y social de LAB pueden hacer más fácil su preeminencia en mejores condiciones de inserción en el tejido social que las de un partido como Podemos) y que incluye acuerdos estratégicos con algunas izquierdas del Estado Español, como dice Abian. Poner en primer plano esta sexta tarea es central para el espacio que pretende ocupar la Izquierda Abertzale transformándose en izquierda abertzale amplia.

Esa corriente cuenta con un background ideológico y de lealtad sacrificada,y hasta excesiva incluso en épocas de plomo, con distancias mínimas entre electorado, movilizados masivos, miles de simpatizantes activos y militantes. Redefinir eficazmente esos lazos, y los de bloque y alianzas, y sin un modelo clásico de vanguardia (inapropiado para una sociedad pacificada) sería el séptimo trabajo, sin que Abian haya definido claramente los modelos viables por los que se opta.

La recombinación de proyecto racional- emoción– mentalidad –ideología incluye la redefinición de la cuestión nacional en parámetros republicanos independentistas (o sea no nacionalistas clásicos, o si se quiere de nacionalismo cívico republicano) como los que ya han definido ERC y CUP, así como la redefinición de lo vasco en dobles claves sociales e identitarias. Este octavo trabajo permitiría una aproximación en clave moderna y de Bloque Histórico gramsciano, abierto a franjas sociales diferentes y a alianzas. Lo apunta Abian pero solo en esta segunda vertiente.

Con todo, el tema no es solo ideológico sino de estrategia transformadora o revolucionaria. ¿“Revolución democrática“ como apunta la “decantación independentista” y etapista de Abian?. ¿O socialismo democrático, rupturista e independentista como podría leerse desde el cambio social también en Euskal Herria?. Un noveno trabajo de definición que también interpela a la política de alianzas.

Ello supondría un nuevo modelo programático -décimo trabajo- centrado en una democracia radical, participativa y decisoria, pasando del hacer–hacer (puro movimiento, clásico en una izquierda siempre movilizada) a pensar para hacer ejerciendo un rol articulador tanto institucional como movimental (proyecto en desarrollo) lo que significa predefinir con detalle el país, el modelo institucional, las políticas concretas en todos los terrenos y la sociedad que se desean.

Desde ahí sería más fácil una perspectiva de gestión institucional -undécimo trabajo- para la que Bildu ya ha hecho un importante recorrido y que le puede congraciar con la ciudadanía menos ideologizada.

Espero que este artículo no lo lea Otegi; porque si lo lee el duodécimo trabajo será superar el sudor frío del agobio para estar a la altura de tanto reto que, para él y hoy por hoy, es más de orientar y representar una tarea que es de equipo y de compromiso colectivo de todas las izquierdas abertzales.

Notas:

(1) Abian (“En marcha”) es el nombre del debate estratégico que ha puesto en marcha la izquierda abertzale. El documento base de ese debate está disponible en: http://www.ezkerabertzalea.info/

(2) Zutik Euskal Herria! Es el documento con el que se inició el cambio estratégico de la izquierda abertzale en febrero de 2010: http://gara.naiz.eus/paperezkoa/20100216/183290/es/Zutik-Euskal-Herria

Portavoz de Sortu.
catedrático de la UPV-EHU.
Fuente:
Sin Permiso 5 de marzo, Naiz 2 de marzo 2016