Perú: La que no quiere a su May...

Nelson Manrique

06/01/2018

El intento de vacancia de Pedro Pablo Kuczynski y el indulto a Alberto Fujimori inaugura una segunda fase del gobierno de PPK que será determinada por la lucha por la hegemonía entre las facciones del fujimorismo dirigidas por Keiko Fujimori y su padre. En este nuevo escenario PPK es apenas un arma arrojadiza, eventualmente utilizable por los contendientes en su enfrentamiento.

Sobre la naturaleza de la crisis la explicación fácil es que PPK fue puesto en evidencia como corrupto y una organización de izquierda, el Frente Amplio, presentó una moción para vacarlo, y apristas y fujimoristas se plegaron al proceso moralizador entregándole las firmas para que la moción fuera admitida a debate en el parlamento. ¿Qué objetivos buscaban quienes promovían la vacancia, y qué posibilidades tenían de conseguirlos?

No está claro el objetivo del Frente Amplio. Si quería castigar la corrupción, tan corruptos o más que PPK son los apristas y los fujimoristas con que se alió para la vacancia, y canjear unos corruptos por otros no es precisamente un avance. Aún más raro es que los aprofujimoristas se prestaran a promover una acción moralizadora. Algunos frenteamplistas han insinuado que el objetivo era provocar la caída del gobierno y la convocatoria a nuevas elecciones generales, que representarían un avance para la izquierda. Si era ese el objetivo, tampoco parece bien encaminado. Según la encuesta de Ipsos del 17 de diciembre, tres días antes del intento de vacancia, la intención de voto de Keiko ascendía a 27%, Verónica Mendoza tenía 9% y Marco Arana se encontraba subsumido en el 3% de la categoría “Otros”. Este no parece pues un auspicioso panorama electoral, salvo que se buscara lograr una elección excluyendo a Verónika Mendoza. Pero el riesgo de terminar entregando el poder absoluto al fujimorismo era muy elevado.

La lucha contra la corrupción como objetivo de los aprofujimoristas es simplemente risible, dado los prontuarios que éstos exhiben. Más verosímilmente, el intento de golpe fue precipitado cuando se supo que PPK preparaba el indulto para Alberto Fujimori desde el día 11 de diciembre, y Keiko tenía razones para verlo como una amenaza a sus intereses.

Según un testigo presencial, ya el 2014 Keiko bloqueó deliberadamente el indulto que Ollanta Humala ofrecía a su padre, con el argumento de que podía complicar su chance presidencial para el 2016. El sabotaje continuó bajo el gobierno de PPK. De allí la exigencia de Kenji-Alberto, de que, como condición para la reconciliación entre los fujimoristas, se reestructure el partido y Keiko les entregue la cabeza de Pier Figari y Ana Vega, sus principales asesores, a quienes acusan de conspirar permanentemente contra la libertad de Fujimori. Alejandro Aguinaga los trata de “dos tumores”. El otro hecho que precipitó el intento de golpe fue la inminencia de la llegada a Lima del testimonio de Marcelo Odebrecht, que, si se aplicaran los mismos criterios que se utilizó con Ollanta Humala y Nadine Heredia, podría provocar una orden de prisión preventiva contra Alan García y Keiko Fujimori.

Keiko quería tener el control del indulto, otorgándoselo ella a su padre luego de la caída de PPK, ya sea imponiéndoselo a Vizcarra o Mercedes Aráoz, o, si ambos renunciaban a suceder a PPK, a través de Luis Galarreta. Así, antes de liberarlo, Keiko podría imponer sus condiciones, definiendo los límites de la vida pública de su papá, eliminándolo como un obstáculo y hasta utilizándolo para afirmar su liderazgo. Que PPK lo haya indultado es para ella una muy mala noticia. ¿Es capaz una hija de actuar así? Cuando Alberto Fujimori repudió a Susana Higuchi, Keiko, con sus escasos 19 años, se apropió de inmediato del puesto de primera dama de su madre (“¡Keiko es el diablo!”, dijo doña Susana). Parafraseando a Celia Cruz: “¡La que no quiere a su may, tampoco quiere a su pay!”.

¿Habría sido mejor vacar a Kuczynski? Esa opción suponía avalar un golpe de palacio (legislativo), que negaba al acusado derechos básicos: presunción de inocencia y derecho de poder defenderse en plazos y en condiciones razonables. Petardear el orden constitucional cuando varios corruptos han sido puestos en prisión, otros están perseguidos y se entra en la fase crítica del caso Odebrecht favorece a los corruptos. ¿Qué ganarían los fujimoristas cambiando a PPK por Vizcarra o Aráoz? ¿Sería acaso su intención dejarles realizar un buen gobierno hasta el 2021?

En momentos de crisis se acelera radicalmente el tiempo histórico. La maduración de la conciencia antifujimorista de los jóvenes ha avanzado en estos días lo que en tiempos “normales” tomaría muchos años. De una lucha palaciega por la vacancia en la escena política se ha pasado a una lucha en las calles que no se detendrá en el indulto. Sólo hay razones para el pesimismo cuando la mirada se limita a la escena política y se pierde de vista la escena social.

historiador, sociólogo y periodista peruano, reconocido por sus ensayos y trabajos sobre la realidad social-política del Perú colonial y republicano. Actualmente es catedrático del Departamento de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).
Fuente:
http://larepublica.pe/politica/1165336-la-que-no-quiere-a-su-may