Pongamos fin a la dominación plutocrática: un programa en 12 pasos

Sarah Anderson

Sam Pizzigati

22/06/2008

Nuestros bisabuelos y nuestros abuelos lucharon para sobrevivir en un mundo dominado por los archiricos. Ahora, nos toca a nosotros. Sarah Anderson y Sam Pizzigati colaboran en el suplemento extraordinario, coordinado y prologado por  John Cavanagh y Chuck Collins , de la revista The Nation sobre las consecuencias políticas de la desigualdad económica en EEUU.

No es que la Primera Era de la Codicia en Norteamérica se terminara, simplemente. Es que la izquierda luchó para acabar con ella. Nuestros antepasados batallaron, década tras década, con propuestas que se avilantaron a "poner en remojo a los ricos".

¡Qué extraño suena eso ahora! Las gentes de izquierda hablan hoy de hacer que los superricos paguen unos "impuestos equitativos"; pero ya no nos atrevemos a soñar con una Norteamérica sin superricos. Nos hemos hecho adictos a una forma de entender la política que ignora el poder que tienen los que son fabulosamente ricos para determinar –y distorsionar— la agenda política de la nación.

¿Cómo podemos librarnos de esa adicción? Conforme al espíritu de los programas de rehabilitación en doce pasos para quebrar todo tipo de adicciones, ofrecemos aquí una docena de medidas políticas que podrían ayudar a disminuir drásticamente el tamaño de los archiricos, reduciéndolos a unas dimensiones compatibles con la democracia. Para ayudarnos a reconstruir la confianza que hemos perdido en la posibilidad de quebrar la adicción plutocrática de la política, empezaremos por lo más fácilmente hacedero.

Paso 1.-  Admitid que somos impotentes, a menos que aprendamos más sobre el grado de concentración de la riqueza que ha llegado a producirse en nuestro país.

En 1907, Joseph Pulitzer terminó su carrera periodística con un mensaje de despedida en el que urgía a sus lectores a estar siempre alertas sobre la "plutocracia predadora". Había empezado su carrera, unas décadas antes, denunciando a los ricos que evadían impuestos. La revelación de información ha sido siempre, desde entonces, arma de primer uso en la izquierda.

Exigid a las empresas que reciben contratos del gobierno que revelen los honorarios de sus ejecutivos. La SEC [Comisión Supervisora del Mercado de Valores, por sus siglas en inglés; T] exige normalmente a las compañías públicas que comercian en los mercados de valores que revelen los ingresos de sus cinco ejecutivos de mayor rango. Pero las compañías de titularidad privada no están sujetas a esa imposición, y el presidente del consejo de administración de la megaempresa privada de seguridad Blackwater se negó el pasado otoño a divulgar cuánto se había embolsado personalmente con los contratos que su compañía logró en Irak. Una ley aprobada en el Congreso ahora –llamémosle Ley de Control de las Empresas que reciben Contratos del Gobierno— forzaría a empresas como Blackwater a revelar lo que cobran sus máximos ejecutivos.

Exigid que las corporaciones empresariales informen sobre los hiatos salariales existentes entre sus ejecutivos y sus trabajadores. Los altos ejecutivos ingresan ahora, como participación en los beneficios de la corporación, el doble de lo que se llevaban hace sólo una década. En cambio, la participación del trabajo en el producto interior ha bajado a niveles récord. ¿Qué compañías son las que están moviendo efectivos escaleras hacia arriba de la jerarquía empresarial? Si se exigiera a las corporaciones que informaran anualmente del hiato en ellas existente entre sus empleados mejor y peor pagados, lo sabríamos.

Exigid a los archiricos que hagan públicas sus declaraciones fiscales. En 1934, un New Deal incipiente promulgó una ley para que los ingresos de los ricos y los impuestos por ellos pagados fueran de conocimiento público. Pero los archiricos no tardaron en desencadenar una febril campaña de relaciones públicas, atacando la nueva disposición legal como una abierta invitación a los secuestradores. En una Norteamérica todavía conmocionada por el infame robo del bebé Lindbergh, esa alegación proporcionó a los legisladores una útil coartada para rechazar esa iniciativa legal de luz y transparencia fiscal. En 2005, las 400 personas que más ganaban en EEUU pagaron un miserable 18,2% de sus ingresos en impuestos federales. Es hora de que regresen la luz y la transparencia.

Paso 2.- Confiad en un poder mayor que el de los presidentes de los consejos de administración y sus amigachos.

El 0,01% de los contribuyentes ha visto cómo se cuadriplicaba su ingreso colectivo, descontada la inflación, en las dos últimas décadas. Los ejecutivos de las corporaciones representan una quinta parte de ese ingreso. ¿Cómo se las han arreglados los altos ejecutivos para lograr remuneraciones tan alucinantes? Ocurre, en substancia, que se pagan a sí mismos. Intercambian lugares en los comités directivos de las corporaciones y unos ejecutivos que no son sino hombres de paja de otros pagan planes forjados por consultores que saben muy bien dónde hay que mojar el pan. Democratizar el gobierno de las corporaciones ayudaría a poner fin a esas prácticas.

Dad a los accionistas "voz en la remuneración". La cámara de representantes votó el año pasado a favor de dar a los accionistas derecho de voto en la compensación de los ejecutivos. Pero esos votos serían sólo consultivos, y ese tipo de sufragio no vinculante en parte alguna (en Gran Bretaña, por ejemplo) ha servido de mucho para romper la espiral de pagos a los ejecutivos. Sin embargo, la perspectiva de un "No" de los accionistas podría mitigar la tendencia de los consejos de dirección de las corporaciones a seguir firmando cheques en blanco. Hasta ahora, el Senado se mantiene encallado en la "voz en la remuneración".

Terminad con unas elecciones à la Kremlin de los consejos de administración de las corporaciones. Para embridar realmente las pagas de los ejecutivos, los accionistas necesitan más que una voz consultiva no vinculante. Necesitan tener voz a la hora de decidir quién se sienta en los consejos de administración de las corporaciones. Las elecciones a esos consejos exhiben normalmente todos los rasgos democráticos del Soviet Supremo de Leonid Breznev, incluidas las listas cerradas de candidatos. En 2003 la SEC propuso otorgar a los accionistas un voto medio simbólico para candidatos alternativos. Pero una feroz oposición por parte de la Business Roundtable, la principal organización nacional de presidentes de consejos de administración, propinó un sonoro Niet ! a este modesto intento de perestroika empresarial.

Dad a todas las partes interesadas una voz real en las corporaciones. Las partes interesadas, convenientemente dotadas de poderes, podrían ayudar a contener los excesos de los ejecutivos. Pero los trabajadores de esas empresas y las comunidades en las que ellas actúan están tan concernidos e interesados como los accionistas por las decisiones que afectan al pago de los altos ejecutivos, porque los planes de remuneraciones hiperbólicas dan a los altos ejecutivos un incentivo para alzaprimar líneas de acción a corto plazo a expensas del éxito empresarial a largo plazo. Una representación obligatoria de los trabajadores y de las comunidades en los consejos de administración de las corporaciones podría servir para institucionalizar una voz de todas las partes interesadas en la corporación.

Paso 3.- No permitáis que la legislación fiscal facilite los excesos de los ejecutivos.

Los consejos de administración de las corporaciones merecen todos los reproches por las excesivas remuneraciones de los ejecutivos. Pero los legisladores les han facilitado también las cosas. Han contaminado la legislación fiscal con disposiciones prontas a estimular las recompensas desmedidas de la cúspide de la jerarquía empresarial. La izquierda debería lanzar aquí una campaña anticontaminación.

Eliminad el juego de prestidigitación de las opciones sobre acciones. Las corporaciones de nuestros días pueden exigir legalmente deducciones fiscales por opciones sobre acciones que montan diez veces más que el valor de esas opciones que aparece cada año registrado en las declaraciones fiscales de las corporaciones. En 2005, unas cifras recientemente hechas públicas por el IRS [la agencia fiscal federal de los EEUU; N.] muestran el hiato existente entre los que les cuestan a las corporaciones las opciones y lo que las corporaciones deducen fiscalmente a cuenta de esas opciones: ¡una diferencia de 61 mil millones de dólares! El senador Carl Levin ha propuesto una legislación que cerraría esa brecha y proporcionaría cada año miles de millones de dólares de ingreso fiscal nuevo.

Basta de contemporizar con las bancarrota; poned fin a eso. En 2005, el Congreso prohibió la política de las empresas en bancarrota consistente en dar a los ejecutivos pagos y finiquitos por un valor diez veces superior al percibido por los trabajadores. Pero la nueva ley no limita los pluses "basados en el rendimiento", lo que permite a las corporaciones seguir navegando por ese resquicio. Calpine, una empresa energética radicada en California, salió de una bancarrota el pasado año con un recorte de personal rayano en un tercio. El presidente de su consejo de administración salió con una indemnización de 10,9 millones de dólares.

Poned coto al "pago diferido" libre de impuestos. De las 1.000 compañías norteamericanas que figuran en cabeza de la lista de la revista Fortune, el 90 por ciento han puesto por obra procedimientos de pago diferido que permiten a los altos ejecutivos eludir del fisco sumas ilimitadas de compensaciones. El paradigmático alto ejecutivo Robert Ulrico, por ejemplo, tenía en su cuenta de pagos diferidos 133,5 millones de dólares a finales de 2006. En cambio, la masa de los de a pie se enfrenta con estrictas limitaciones en la cantidad de ingreso que puede diferir a través de los planes de pensiones regulados por el artículo 401(k) del Código Fiscal estadounidense: 15.000 dólares es la cifra máxima para la mayoría de los trabajadores. Los lobbies de las corporaciones hicieron naufragar el año pasado una iniciativa del Senado que habría significado un modesto tope de 1 millón de dólares para los pagos diferidos de los altos ejecutivos.

Paso 4.- Insistan en la creación, por parte de la IRS, de un registro públicamente consultable de las carteras archiricas.

Los actuales inspectores fiscales de la IRS, según informó a comienzos de este año la organización OMB Watch, gastan actualmente más tiempo en la inspección los contribuyentes pobres que en la de los ricos. La izquierda debe exigir a la IRS que investigue a fondo a los alucinantemente opulentos.

Acabad con los escondites del ingreso en el exterior. Un estudio de la Universidad de Michigan estima que los archiricos están evadiendo unos 50 mil millones de dólares cada año al fisco por la vía camuflar sus ingresos en ultramar. Las arbitrarias limitaciones de tiempo a que están sometidas las investigaciones de la IRS contribuyen a que la recuperación de esta millonada evadida sea poco menos que imposible.

Terminad con la estafa de las donaciones caritativas. Los ricos norteamericanos acostumbran a sobrevalorar las obras de arte que donan a los museos, y la IRS sigue sin tener personal bastante como para pararlos. En conjunto, los norteamericanos ricos, solicitan 1.000 millones de dólares al año en concepto de deducciones fiscales por donación de obras de arte. Dejad de subsidiar los arranques de vanidad de los museos de arte.

Terminad de una puta vez con el almacén de riqueza en las alma mater de elite. Los alumnos archiricos se ahorran un montón en impuestos vertiendo montañas de dinero en las universidades privadas de elite. Las donaciones a Harvard ascendieron el año pasado a 36,4 mil millones: ¡en una época en la que las universidades públicas están cortando programas de estudio y abarrotando las clases! Las donaciones de elite pagan tan solo un 2% de impuestos sobre los rendimientos de sus inversiones. Deberían pagar el doble, e incluso más, si no gastan en educación al menos el 5% del valor de la donación anual recibida.

Paso 5.- Actuad contundentemente contra los reyezuelos de los fondos hedge de derivados financieros.

El año pasado, cincuenta ejecutivos de fondos hedge se llevaron más de 210 millones de dólares cada uno. Aún más asombroso, si cabe: las recepcionistas de las oficinas de los fondos hedge pagan más impuestos por sus ingresos que sus jefes. ¿Cómo es posible?  Una buena parte del ingreso de los ejecutivos de los fondos hedge procede de una participación en los beneficios que los fondos generan. Las realezas financieras pueden declarar que esa porción no es sino ganancia del capital, maniobra que rebaja su tasa impositiva del 35 al 15 por ciento. El año pasado, un intento de cegar ese resquicio de salida de los fondos hedge y de los fondos privados de capital-riesgo murió en el Senado.

Paso 6.- Compensad a quienes se ganan verdaderamente sus ingresos.

Podríamos prescindir del paso 5 si nos limitáramos a gravar fiscalmente el "ingreso ganado" –los dineros conseguidos merced al trabajo real de la gente— a la misma tasa impositiva que el "ingreso no ganado" –el que viene de quedarse sentado y esperar a que el dinero haga todo—. Los más ricos de Norteamérica se hacen regularmente con enormes cantidades de ese ingreso no ganado, sobre todo a través de dividendos y ganancias de capital procedentes del comercio de acciones, bonos y otras formas de propiedad. Por esos miles de millones de dólares no ganados, pagan impuestos a una tasa del 15%, menos de la mitad de la tasa máxima del 35% para ingresos ganados normalmente.

Paso 7.- Tratad los pagos en el extranjero como un defecto de carácter de las corporaciones.

Nuestras leyes fiscales permiten que las corporaciones puedan exigir, en concepto de deducciones fiscales, gastos empresariales razonables. ¿Pero qué es razonable? Hoy en día, las corporaciones pueden deducir como gasto "razonable" cualquier cantidad que despilfarren en pagas excesivas a los ejecutivos, mientras llamen a esos excesos "recompensas por rendimiento". Una ley propuesta el año pasado por la congresista Barbara Lee, la Income Equity Act [ley de equidad en el ingreso], pretendía poner límites a las remuneraciones de los ejecutivos sobre las que las corporaciones pueden proceder a deducciones 25 veces mayores que las que pueden realizar a cuenta de las remuneraciones de sus trabajadores peor pagados. El senador del estado de Maryland Paul Pinsky ha propuesto una legislación similar para su estado.

Paso 8.- Abrid los ojos a la simplicidad de las sobrecargas fiscales.

Debatir los pros y los contras de la legislación fiscal puede llevar tiempo. En el pasado, la izquierda se sirvió de un atajo, a fin de aumentar los impuestos a los financieramente afortunados: la sobrecarga, un sencillo añadido al impuesto legalmente debido. El congresista Charlie Rancel propuso el año pasado una sobrecarga fiscal del 4% para los ingresos superiores a los 200.000 dólares y de un 4,6% para los ingresos superiores a los 500.000 dólares, unos incrementos que vendrían a representar cerca de 832 mil millones de dólares en los próximos diez años. Comentando esa propuesta, Nicholas von Hoffman ha urgido a una sobrecarga algo más perfilada, un impuesto especial llamado "Victoria sobre el Terror" que sometería a los ingresos superiores a los 5 millones de dólares a una carga fiscal extra del 20%, carga que sólo expiraría "cuando se declarara terminada la guerra al terror".

Paso 9.-  Echad cuentas más progresistas con el legado de los seres queridos desaparecidos.

En 2001, el primer recorte fiscal de Bush incluyó una retirada progresiva del impuesto de sucesión, el único gravamen a la riqueza heredada que existe en nuestra nación. Pero después de 2010, y a menos que el Congreso haga algo, el impuesto de sucesión sobre las mayores herencias norteamericanas volverá a los niveles de preguerra. Para evitar que el Congreso haga algo, los enemigos del impuesto de sucesión defienden que las tasas del impuesto sucesorio se vean reducidas al punto de no constituir sino, cuando mucho, un pequeño fastidio simbólico. Si lo consiguen, las últimas tres décadas de excesos granempresariales en Norteamérica terminarán por echar unos solídisimos cimientos sobre los que habrá de levantarse una nueva aristocracia con riqueza y poder bastantes como para frustrar cualquier cambio social progresista durante generaciones.

El congresista Jim McDermoth tiene una idea mejor. Está promoviendo una legislación que introduciría una tasa fiscal sucesoria del 55% sobre las fortunas superiores a 10 millones de dólares.

Paso 10.-  Restaurad el sano sentido común en material de impuestos a la riqueza.

La familia norteamericana típica dispone de poca riqueza neta, aparte del valor de sus viviendas. Los superricos, incluso los que poseen un montón de mansiones, tienen el grueso de su riqueza depositada en inversions financieras. Los impuestos corrientes a la propiedad dejan esa riqueza financiera completamente al margen de la fiscalidad. Resultado: el norteamericano promedio paga impuestos por su riqueza; los norteamericanos ricos, no.  Cerca de una docena de naciones europeas evitan ese doble rasero con un pequeño impuesto anual sobre todas las posesiones. En los EEUU, el economista Edwuard Wolff ha calculado que un impuesto a la riqueza que dejara sin carga fiscal los primeros 250.000 dólares de patrimonio inmobiliario familiar, pero que impusiera a partir de ahí una carga fiscal progresiva hasta culminar en el 0,8% de las fortunas superioresa los 5 millones de dólares, reportaría unos ingresos fiscales cercanos a los 60 mil millones de dólares al año.

Paso 11.- Serviros del poder de las arcas públicas.

Por ley, los dólares de vuestros impuestos no pueden ir a parar a compañías que contribuyan a aumentar las desigualdades raciales o de género. Negamos contratos públicos a compañías que discriminen, en sus prácticas de empleo, por raza o por género. Pues bien; ¿por qué tienen que ir a parar los dólares de nuestros impuestos a empresas que contribuyen a aumentar la desigualdad económica? Centenares de miles de millones de dólares de los contribuyentes van hoy a parar a compañías que pagan por un día de trabajo de sus altos ejecutivos más que lo que cobran sus trabajadores por un año de trabajo. He ahí un antídoto: podemos negar contratos federales o subsidios a compañías que paguen a sus grandes ejecutivos más de 25 veces lo que reciben sus trabajadores peor pagados. Una ley que está ahora pendiente de discusión en el Congreso, la Patriot Corporation of America Act, apunta en esa dirección. La ley procuraría exenciones fiscales y preferencias a la hora de cerrar contratos públicos a las compañías que cumplieran con criterios de buen gobierno empresarial. Entre esos criterios: no remunerar a sus ejecutivos por encima de un 10.000% del --cien veces más que— el ingreso del trabajador a tiempo completo peor pagado de la compañía.

Paso 12.- Reconoced que tal vez Ike [Eisenhower] llevaba razón.

En la Norteamérica de Eisenhower, los ingresos anuales superiores a los 400.000 dólares –el equivalente a 3 millones de hoy— se enfrentaban a un tipo fiscal marginal máximo del 91%. Nuestro tipo actual: 35%. En 2004, luego de explotar los resquicios abiertos, los contribuyentes que ingresan más de 5 millones de dólares al año pagan un promedio del 21,9% en impuestos federales. En 1954, el mordisco federal a contribuyentes de ingresos comparables era, de promedio, un 54,5%. ¿Cuánto podrían ingresar las arcas públicas con un incremento fiscal significativo sobre las rentas de los norteamericanos más ricos? Si el tipo marginal máximo se elevara hasta el 50% para todos los ingresos entre los 5 y los 10 millones de dólares, y hasta el 70% para rentas superiores a los 10 millones de dólares, los ingresos fiscales en 2008 se incrementarían drásticamente en 105 mil millones de dólares, y el 0,1% más rico de la nación seguiría pagando menos impuestos que bajo Ike [Eisenhower].

Hace un siglo, las gentes progresistas y de izquierda no llegaron a ponerse unánimemente de acuerdo en un conjunto de propuestas para acabar con el imperio de los ricos. Debatieron vigorosamente –y constantemente— distintas propuestas. Necesitamos recuperar ese debate. Esperamos que esta lista sirva para eso.

Es preciso percatarse también de que los esquemas teóricos de cambio social no van a parte alguna sin gente dispuesta a luchar por el cambio social, sin una presión organizada desde abajo. En la primera gran victoria norteamericana contra la plutocracia, esa presión vino fundamentalmente de la mano de un pujante movimiento obrero. Para repetir un éxito parecido, es preciso que el trabajo vuelva a ser pujante, poderosa razón por la cual las iniciativas que buscan la reorganización sindical –como Campaña por el Derecho de Elegir de los Trabajadores— están llamadas a jugar un papel clave en cualquier ofensiva destinada a quebrar la dominación plutocrática. ¿Puede tener éxito una ofensiva así?  ¿Y por qué no? Nuestros antepasados se enfrentaron a una plutocracia aún más abroquelada que la nuestra. Y la hicieron retroceder.

Ahora os toca a vosotros.

Sarah Anderson y Sam Pizzigati son investigadores del Institute for Policy Studies en la John Hopkins University, Baltimore, EEUU.

Traducción para www.sinpermiso.info: Roc F. Nyerro

Fuente:
The Nation, 16 junio 2008