Por qué importa la sentencia de Berlusconi, aunque no vaya a la cárcel

John Hooper

27/10/2012

Hay una sabrosa ironía en lo sucedido en Italia esta semana.

Desde que Silvio Berlusconi decidió entrar en política hace 19 años, él y sus partidarios se han ceñido al argumento de que sus problemas legales eran consecuencia de esa decisión. Las investigaciones sobre sus asuntos financieros y su vida privada, insistían, eran obra de fiscales  izquierdistas, que trataban de conseguir en los tribunales una victoria que los partidos de la izquierda eran incapaces de conseguir en las urnas. Se deducía por lógica que, tan pronto como se retirase de la política, los juristas con motivaciones políticas empeñados en meterle en la cárcel perderían interés y dirigirían el foco de sus investigaciones sobre el sucesor del magnate de los medios en el liderazgo de la derecha.      

Sus partidarios decían a menudo: "No hay más que esperar: el día que se retire, se desvanecerán sus problemas legales".

El miércoles, después de meses de titubeos, Berlusconi anunció que abandonaba, definitiva e irrevocablemente, la candidatura de su partido a primer ministro en las elecciones que han de celebrarse en Italia a finales de abril. Hoy, dos días después, un tribunal de Milán le ha sentenciado a cuatro años de cárcel.    

Eso, por lo que respecta a la teoría.

Berlusconi, por supuesto, no irá a la cárcel. El sistema legal italiano es demasiado indulgente para eso. O, para ser más preciso, es bastante mejor metiendo gente en la cárcel antes de juzgarla que después.

Pronto quedó claro que se le descontaban tres años de una sentencia de cuatro a causa de una amnistía introducida por el gobierno (de centro-izquierda) en 2006. Por lo que toca al año restante, bueno, Berlusconi tiene dos apelaciones y, puesto que los tribunales se mueven en Italia con lentitud, puede asumir que antes de que se hayan oído las apelaciones, se habrá puesto en práctica una ley de prescripción por la que hayan caducado las acusaciones en su

contra.

Por lo cual, ¿importa de veras lo sucedido hoy en Milán? Importa, pero más política que judicialmente.

Berlusconi considera la unificación de la derecha italiana el triunfo cimero de su carrera política. Hace tres años, fundó el Pueblo de la Libertad, que fundía su partido Forza Italia! con la grupa del movimiento neofascista italiano. Conocido por sus iniciales en italiano como PdL, el Polo de las Libertades no es un partido conservador monolítico como el Partido Conservador en Gran Bretaña o el Partido Popular en España. La Liga Norte quedó fuera. Lo mismo pasó con el principal partido democristiano conservador. Pero supuso, sin embargo, un logro considerable.    

Hoy en día, el PdL se encuentra en una absoluta confusión. Encuestas recientes muestran que goza de un apoyo menor que el del Movimiento Cinco Estrellas del cómico y bloguero Beppe Grillo. De media, en las cinco encuestas realizadas a escala nacional antes del 21 de octubre, el PdL obtenía menos del 17% de los votos, comparado con más de un 27% del Partido Democrático del centro-izquierda.

Privado del carismático liderazgo de Berlusconi (no se puede negar que el hombre sabía cómo fabricar titulares) y falto de toda ideología de cohesión, el PdL lleva perdiendo pie desde hace meses. Pero lo que verdaderamente le hizo caer en picado fue el efecto acumulativo de una ristra de escándalos de corrupción en las administraciones regionales dominadas por el PdL. Los gobernadores del Lazio, la región de Rome, y de Lombardía, la región de Milán, se han retirado de resultas de ello.

En épocas normales, los italianos se muestran bastante fatalistas acerca de la sordidez que se desprende de sus instituciones. Pero estos no son tiempos normales. Después de más de una década prácticamente sin crecimiento, están empezando a sentir la auténtica punzada de las finanzas. Y no les divierte nada leer acerca de legisladores que poseen ocho viviendas y gobernadores que pasan vacaciones en el Caribe pagadas por sus compadres de negocios, y no digamos ya de ministros regionales al servicio del crimen organizado.   

El domingo, el PdL se enfrenta a una prueba crucial en las elecciones regionales que se celebran en Sicilia. Será la primera prueba real de la opinión pública conforme se acercan las elecciones generales. La última cosa que necesitaba el PdL era que su fundador – y el hombre que fue primer ministro durante la mayor parte de los años durante los que languideció su economía – fuera condenado dos días antes por evadir esos  impuestos que los votantes más corrientes no tienen más remedio que pagar.

John Hooper ha sido corresponsal en el exterior para el diario británico The Guardian durante más de dos décadas, actualmente en Roma y, con anterioridad, en Madrid. Fruto de su estancia en el Reino de España fue The New Spaniards, obra de referencia sobre la política, sociedad y cultura del  postfranquismo

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

 

Fuente:
The Guardian, 26 de octubre de 2012