Por qué vuelve Marx

Emir Sader

06/08/2005

 Cuando la revista Times hizo una consulta a los lectores para escoger el personaje del siglo XX, asustada con los resultados, hizo correr la noticia de que Hitler estaba en primer lugar, en un desesperado llamado a los lectores para frenar ese acceso de sinceridad de los que se habían pronunciado. Una articulación paralela llevó la victoria a Einstein —en un homenaje inocuo a la ciencia, a partir de la teoría de la relatividad, sobre la cual la mayoría abrumadora de los lectores del Times no entiende el significado. Pero salvaron la cara.

La BBC hizo circular hace algunas semanas la noticia de que Marx lideraba la lista de los mayores filósofos de todos los tiempos en una investigación que estaba realizando, apelando para que alguna articulación paralela evitara esa victoria. La revista The Economist recogió, en el fondo del baúl de los filósofos clásicos, y decidió que aquel que podría hacer frente al barbudo subversivo era... David Hume —tal vez considerando que David podría ser asociado a Beckham y dar popularidad al empirista inglés. Otros apelaron a Wittgenstein, eaKant, Nietzsche y casi a Churchill.

No resultó: Marx fue elegido por los oyentes de la BBC —la vetusta emisora estatal británica, durante el tercer mandato de la tercera “vía” de Tony Blair, bajo el patrocinio teórico de Anthony Giddens— el mayor filósofo de todos los tiempos.

El resultado, imprevisto para los apostadores de la Bolsa de Londres, colocó a Marx en primer lugar, con un 28% de los votos. Es decir, casi uno de cada tres oyentes de la BBC escogió a Marx como el mayor filósofo de todos los tiempos. En segundo, el candidato de The Economist, Hume, con un 12,7%., en tercero, el candidato del The Independent, Wittgenstein, en cuarto Nietzsche, después, por orden, Platón, Kant (candidato del The Guardian), Santo Tomás de Aquino, Sócrates, Aristóteles y, finalmente, Karl Popper.

Bien, antes de la BBC, Marx ya había recibido otras consagraciones, como la de Sartre: “El marxismo es la filosofía insuperable de nuestro tiempo”. Sin embargo, desde el fin de la URSS, la derecha se apropió de la idea de que “la rueda de la historia no vuelve hacia atrás”, de que el horizonte insuperable de la historia es la economía capitalista de mercado, la democracia liberal, y de que la libertad se identifica con “el libre comercio”.

Pasada la euforia del corto ciclo expansivo de la economía de los EEUU en los años 90, que tuvo en Davos la Microsoft y el McDonalds como sus iconos, después de que se dieron cuenta de que las promesas de la nueva “economía” de que el capitalismo a partir del toque de Midas de los ordenadores crecería sin parar eran falacias, algunas publicaciones conservadoras volvieron a dar valor a Marx. Pero, ¡atención! Conforme el capitalismo de mercado se extendía a la zonas inesperadas del mundo —de China a las empresas públicas privatizadas, de la explotación del trabajo esclavo y de niños a la explotación del trabajo de presidiarios— y conforme se revelaba de manera espectacular que los análisis de Marx sobre las crisis cíclicas continuaban acompañando al capitalismo como su piel inseparable —de que la crisis, acompañada de los mayores escándalos de su historia económica, de los EEUU, la crisis del sudeste asiático, de Brasil, de Argentina, eran solo algunos nuevos ejemplos—, Marx era revalorizado. Pero solo como analista.

Como tantos “marxólogos” o ex-marxistas convertidos a Witgenstein, a Kant o a Foucault, se pasó a separar el Marx analista del Marx político. Aquél sería rescatado, para intentar prevenir las crisis del capitalismo, para entender fenómenos de productividad del trabajo, para calcular la tasa de explotación de la fuerza de trabajo. Pero el Marx político sería un desastre. Sus “pronósticos” tendrían resultados en quimeras —revolución en el centro del capitalismo— o en desastres —la URSS.

Pero entonces, ¿por qué Marx? ¿Por que fue elegido el mayor filósofo de todos los tiempos, en el país del apóstol fundador del liberalismo, John Locke, por un órgano conservador de prensa?

Porque la obra de Marx sigue siendo el instrumento fundamental para la comprensión del mundo contemporáneo, un siglo y medio después de ser escrita. Tantos que “abandonaron” el marxismo, lo sustituyeron ¿por cual visión del mundo? ¿Que grandes obras fueron producidas por esos refugios alternativos al “marxismo superado”? ¿Cuáles son las visiones del mundo producidas por esos “superadores” del marxismo?

Mientras tanto, es en el marco de los análisis de Marx que se consigue comprensión del mundo contemporáneo, dominado cada vez más por la lógica del capital, de la mercancía, de las crisis cíclicas. Pero también por la lógica de la lucha de clases, cuando el capitalismo liberal reproduce de la forma más aguda las contradicciones entre propietarios del capital y la abrumadora mayoría de la humanidad, que vive de su trabajo. La hegemonía del capital financiero corrompe por dentro la capacidad del capitalismo de imponerse como “fuerza civilizadora”, contrapuesta a la barbarie plebeya de los proletarios.

El reconocimiento de Marx como el mayor filósofo de todos los tiempos solo reafirma con fuerza sus ideas y su método —la dialéctica—, como marcos insuperables de comprensión y de propuesta de transformación revolucionaria del mundo. La lectura de sus obras y su aplicación creadora siguen siendo los instrumentos esenciales de todos los revolucionarios. Sus palabras resuenan con más fuerza que nunca en el nuevo siglo: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”

Traducido por Fernando Henríquez

Emir Sader es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO

Fuente:
Rebelión, 6 agosto 2005