Portugal: los riesgos del presupuesto de 2018

Francisco Louça

02/01/2018

Dice el Presidente de Portugal, en un gesto de comentarista excesivo: cuidado con los electoralismos en 2019. La buena noticia es que Marcelo, como todos los demás, da por sentado la ejecución del presupuesto de 2018; la mala noticia es que hay nerviosismo en el horizonte de 2019. Me gustaría contrariar esa fluctuación y recomendar más prudencia. En este artículo, presento mi lista de los riesgos del presupuesto, para demostrar que las habichuelas no están contadas.

Riesgo 1. Mirar sólo a lo lejos puede provocar tropiezo, falta cumplir con el presupuesto de 2018. Y surgirán previstos e imprevistos. Previstos: el desgaste de los servicios públicos, que tienen una deuda oculta que corresponde a la falta de inversión. En el caso de la salud, el déficit es tal que el fortalecimiento de las partidas no ha sido suficiente para evitar la reducción de los servicios sanitarios garantizados por el Estado, es decir, las familias pagan un impuesto secreto que es su coste sanitario suplementario. Así, las listas de espera han aumentado y hay menos consultas de atención primaria que en 2011. Es cierto que Portugal ha hecho grandes progresos, que nacer aquí es más seguro que en la mayoría de los países europeos, que las complicaciones post-quirúrgicas se han reducido. Pero falta inversión en las carreras profesionales y en la renovación de los equipos. La salud siempre será más cara, incluso a causa de los problemas estructurales del envejecimiento y el estilo de vida. El presupuesto necesitaría un 1% adicional del PIB para comenzar a revertir el deterioro de los servicios públicos. Además tenemos los imprevistos internos, como los resultados de las negociaciones sobre las carreras de la función pública, o externos, como Trump.

Riesgo 2. La banca da sustos y sustos caros, porque ya ha costado 40 mil millones en una década. Ahora son más de 30 mil millones de euros en “prestamos malos” que la banca quiere que el Estado pague de una u otra manera (vía impuestos o donaciones). Pero hay otros problemas, como la Unión Bancaria europea. El Gobierno quiere que se lleve a término. Una insensatez, porque el problema es que ese mecanismo está diseñado para sustraer poder al soberano de actuar sobre el sistema bancario del país y promover la concentración bancaria, como explica Danièle Nouy en Público. Es decir, para hacer que el Banco Santander sea el banco del sur de Europa. Y esto puede temblar, especialmente con la banca italiana e incluso alemana. Nadie sabe cuánto va a costar.

Más riesgos: a partir de septiembre no se sabe qué hará el BCE con los títulos de la deuda portuguesa (37 mil millones). La mejor solución sería una garantía de recompra de los valores emitidos cuando alcancen la madurez. Pero puede haber otros aumentos de las tasas de interés y efectos recesivos (y las aventuras de Trump también empujan hacia arriba las tasas de interés).

Riesgo 3. El Consejo de Finanzas Públicas ya había sermoneado sobre otro riesgo, que Portugal no cumpla con el ajuste del "equilibrio estructural". Tal vez hubiera hecho mejor leyendo The Economist , que pregunta: "¿Qué pasa con el barroco libro de normas presupuestarias del euro, que evalúa los presupuestos de los gobiernos en función de una proyección fantasmal del 'déficit estructural' que nadie sabe cual es y que aparentemente se reinventa, según un funcionario, cada vez que Italia sufre un terremoto? "(16 de diciembre, 2017). El "equilibrio estructural" es un artefacto estadístico, un juego político que simplemente sirve para amenazar a los gobiernos (siempre que no sea el francés, por supuesto). Es un riesgo permanente sólo porque las autoridades europeas siempre pueden volver a la versión Schäuble.

Riesgo 4. El aumento del PIB en 2,5% este año (4% en términos nominales) significa un aumento de las importaciones, principalmente debido a que la estructura de producción es deficiente. Hasta el momento, las exportaciones crecen más, pero estas principalmente gracias al turismo que, incluso manteniéndose, no altera la posición internacional de la economía portuguesa. La balanza por cuenta corriente siempre va a sufrir los efectos negativos de un euro sobrevalorado y de la falta de inversión en Portugal. Si no hay crecimiento de la capacidad productiva gracias a la inversión y el empleo no puede haber exportaciones netas positivas a largo plazo. Para ello es necesario al menos un 2% del PIB en inversión pública, si no más.

Riesgo 5. Es el riesgo más grande, la deuda. No va a crecer, porque el déficit previsto para 2018, del 1,1%, ya se ha alcanzado en 2017, se va produciendo una reestructuración modesta con el pago anticipado al FMI y parte de la deuda es anticipada o amortizada (en 2018 se amortizarán 6,7 mil millones, con nuevas emisiones a un interés más bajo). Y como desde 2012 hay un excedente de la balanza por cuenta corriente y de capital, tenemos una ligera reducción de la deuda externa neta. Pero es demasiado grande y Portugal está condenado por dos razones: en primer lugar, estamos utilizando parte del ahorro interno para pagar al exterior, cuando deberíamos usar estos fondos para la inversión, y el sector privado se está endeudando más; segundo, la tasa de interés media es demasiado alta, más del 3%. Con un vencimiento medio de la deuda pública de alrededor de 8 años, el interés del mercado es ahora un 1,4%, un tercio de lo que pagamos. En otras palabras, la propuesta de reestructuración de la deuda que presentó el grupo de trabajo del gobierno-PS-Bloque de Izquierda es realista ( sustituir unas obligaciones por otras con una tasa de interés del 1% y largo plazo), y más aún en la actualidad, a diferencia de lo que sugiere el gobierno, que ha dejado claro que tiene otra agenda. El efecto en la cuenta de ingresos de la reestructuración propuesta sería atender las necesidades antes identificadas de recuperación de los servicios públicos y la inversión.

El callejón sin salida es el siguiente: no se hace lo que hace falta, la reestructuración de la deuda, para no hacer lo que falta y que es esencial, recuperar los servicios públicos. Por lo tanto, el presupuesto, un éxito político, ya que reduce el IRS, es muy poco ambicioso. Navega, pero no corrige el rumbo. Y deja para el año más corto de 2019 las tareas que definen la modernización de una democracia competente para el día a día de cada uno y una. No hay lugar para electoralismos, pero se necesita rigor en las cuentas que importan a las personas.

catedrático de economía de la Universidad de Lisboa, ex parlamentario y miembro del Bloco de Esquerda, actualmente es Consejero de Estado.
Fuente:
Publico, 27 de diciembre 2017
Traducción:
G. Buster