Preguntas a Costas Lapavitsas: Grecia y la crisis de la eurozona. Entrevista

Costas Lapavitsas

Jon Henley

18/06/2012

 

¿Por qué se encuentra Grecia en un estado tan catastrófico? ¿Quién, entre Bruselas, los banqueros, los políticos y el pueblo, es realmente responsable? ¿Cuál es la opción menos mala: permanecer en el euro o abandonarlo (Grexit)?

Desde hace ya tres años, el calvario de Grecia – así como la respuesta internacional al mismo – ha dominado los titulares. Se estima que un tercio de la población griega actual vive hoy por debajo de la línea de pobreza. Los salarios y pensiones se han desplomado, las incesantes subidas de impuestos y los recortes cada vez más profundos han empujado al país al borde del derrumbe económico y social.

Aumentan las colas de sopa en las calles; las cifras de gente sin techo se incrementan a diario; hay cada vez más escasez de medicamentos esenciales. Muchos griegos sufren como no se ha sufrido desde la época de la guerra. Pero, ¿en qué medida entendemos verdaderamente las razones de la crisis, así como sus posibles soluciones?

Conforme Grecia se dirige hacia unas elecciones que podrían determinar no solo su propio futuro sino el de la moneda única europea y las perspectivas de recuperación, hemos pedido a nuestros lectores que envíen sus preguntas a Costas Lapavitsas, profesor de economía en la SOAS (School of Oriental and African Studies), radical y bien conocido comentarista en los medios de comunicación, así como autor de Crisis in the Eurozone [Verso, Londres, 2012]. No oculta el hecho de que cree que Grecia debería recortar sus pérdidas y retirarse del euro, y sostiene además que la austeridad europea más general es contraproducente y puede probablemente conducir a una recesión más larga y profunda y al fin de la unión monetaria. En última instancia, cree que los pueblos de Europa deben hacerse con el control democrático de sus instituciones financieras y asegurarse de que se reestructuran siguiendo lo más conveniente para la gente, no para los bancos.

Con el fin de cubrir el terreno más amplio posible, hemos condensado las preguntas de los lectores – casi cien– en diez interrogantes que esperamos respondan a la mayor parte de las cuestiones y preocupaciones suscitadas.

Jon Henley

1 ¿A quién ha de achacarse principalmente la culpa del ruinoso periplo de Grecia: a los políticos, a la gente corriente, a las medidas políticas de la UE y la eurozona o a alguna otra cosa? ¿En qué medida se trata de una crisis puramente griega?

Culpar a Grecia de la crisis de la zona euro ha sido una característica regular del debate público, que ha menudo ha adoptado formas virulentas, como por ejemplo, que los griegos son deshonestos y perezosos, los políticos griegos son corruptos, el país está atrasado, y así todo. No hay duda de que la sociedad griega tiene graves problemas, pero como explicaciones de la crisis, estos argumentos son pueriles. Lo que es asombroso es que haya habido funcionarios griegos que han formulado estos estereotipos mientras negociaban con la UE.

El ruinoso camino de Grecia se vio determinado por su ingreso en la eurozona, semejante al de otros países periféricos, como Portugal, Irlanda y España. La periferia adoptó el euro esperando que llevara a una convergencia con el núcleo más desarrollado. Pero la unión monetaria tiene fallos estructurales. En su rígida estructura, y frente a la congelación de los salarios alemanes, los países periféricos perdieron competitividad. El resultado fueron inmensos déficits externos, que se financiaron con préstamos de los bancos del núcleo central. Los bancos de la periferia también se aprovecharon del crédito fácil para ampliar sus préstamos domésticos. Para 2009, las economías de la periferia estaban abrumadas por enormes deudas – nacionales, y extranjeras, privadas y públicas – que las convertían de hecho en insolventes. Los países del núcleo central, bastante razonablemente, se mostraron remisos a sobrellevar los costes de la insolvencia de la periferia. Esta es la causa de raíz de la crisis de la eurozona, y Grecia constituye sólo el caso más agudo de fracaso de la periferia.

2 ¿No tiene seguramente algo de razón la "troika" de la UE, el FMI y el BCE al culpar de los problemas de Grecia a la evasión fiscal, el amiguismo y otras formas de corrupción política?

Lejos de mí negar los defectos del Estado, la economía y la sociedad griegas: la extendida evasión fiscal; un sistema impositivo que favorece a las grandes empresas y los ricos; la corrupción en la contratación pública, incluyendo medicinas y armamentos; el mal funcionamiento de los mercados de trabajo con explotación en el sector privado y clientelismo en el sector público; el favoritismo hacia las grandes empresas estrechamente ligadas al Estado; las pequeñas y medianas empresas que a menudo evitan pagar impuestos; la desigualdad y la endeble provisión de bienestar. Pero dejemos claro que los actuales apuros de Grecia no son resultado de debilidades estructurales que nos acompañan desde hace mucho tiempo. El país está al borde de la ruina porque decidió sumarse a una unión monetaria errada. El euro ha puesto agudamente de relieve los defectos griegos, como los ha puesto en otros países. 

3 ¿Por qué habría que mostrar simpatía hacia Grecia, y qué oportunidades hay de auténtica reforma del país?

Los griegos no necesitan simpatía sino apoyo. Esta es verdaderamente una crisis europea, si el desastre griego se resolviera en interés de los trabajadores, el resto de Europa también se beneficiaría. No hay duda de que Grecia necesita un cambio de raíz, pero es improbable que las reformas necesarias vayan a llevarla a cabo las capas sociales dominantes. Se trata precisamente de la gente que no paga impuestos, mantiene las conexiones más estrechas con el Estado, posee extensas redes de patronazgo y está desesperada por seguir en la unión monetaria. La auténtica reforma en Grecia deben llevarla a cabo los trabajadores que pagan sus impuestos meticulosamente y sufren la corrupción y el patronazgo. La notoria aversión de Grecia a pagar impuestos sólo se curará si existe un profundo cambio político y social.

4 ¿Cree usted que el espectacular fracaso del BCE y el FMI a la hora de anticipar la crisis de la deuda europea se vio acompañado de un diagnóstico erróneo de los problemas económicos de Grecia una vez comenzó la crisis? ¿Y ha empeorado las cosas el cilicio impuesto a Grecia?

Los responsables políticos no pueden vanagloriarse muchode haber predicho la crisis europea, aunque ha habido muchas voces en el mundo anglosajón que dejaron sentado que la unión monetaria se edificaba sobre arena. Más que eso, las políticas de la "troika" (la UE, el FMI y el BCE) han empeorado las cosas. Incluyen, primero, la austeridad para reducir la exposición del Estado a la deuda y, segundo, el ajuste estructural Para mejorar la competitividad. Ambos están fracasando y han exacerbado la crisis en toda Europa.

La austeridad ha conducido a un menor gasto público y mayores impuestos, reduciendo así la demanda. Las empresas se han enfrentado, por tanto, a dificultades, sobre todo en la medida en que los bancos han reducido también la provisión de crédito. El resultado ha consistido en un desempleo en ascenso, la caída del consumo y la disminución de la inversión. Las cifras de Grecia recuerdan los daños de la guerra, con un desempleo del 22% y una pérdida de la producción de en torno al 20%. Conforme se ha contraído la renta nacional, se ha vuelto más difícil habérselas con la deuda pública y privada, por no hablar de la recaudación de impuestos.  

Los ajustes estructurales han aplastado los costes laborales, mientras liberalizan aún más los mercados y privatizan los activos públicos. Supuestamente, el capital privado sacará partido de las nuevas condiciones, insuflando dinamismo a la economía. Pero es improbable que recortar los salarios beneficie a la competitividad periférica de modo significativo, mientras Alemania mantenga una política de bajos salarios. La liberalización y la privatización, por otro lado, tardarán años en surtir efecto, y aun entonces es discutible que vayan a elevar la productividad de modo significativo.  Entretanto, la arremetida contra el sector público ha debilitado en realidad la capacidad del Estado de recaudar impuestos. Los recibos de impuestos de los últimos dos meses han sido espantosos. El país está a un paso de no poder pagar salarios y pensiones en el sector público.

5 ¿Han aprendido algo de la crisis los responsables políticos europeos? ¿Por qué impide Merkel que se haga algo?

No es cierto que los problemas políticos hayan sido el resultado de la incapacidad de los políticos europeos de estar a la altura del desafío. A buen seguro, las ideas neoliberales están extendidas en el estamento de poder de la UE. En las universidades alemanas y los círculos responsables de la política, las viejas tradiciones de la economía política están casi extintas. El pensamiento está dominado por diferentes versiones de la economía académica norteamericana, y la reacción instintiva, el “default mode”, consiste en predicar los méritos de los mercados libres. En ello se incluye a menudo colocar los intereses de los prestamistas en primer lugar e insistir en que debe cumplirse con las deudas contraídas a cualquier precio: una actitud que a veces se presenta como equivalente a defender  la "santidad del contrato", o evitar el "riesgo moral". La conclusión es que quienes pidieron prestados han sido irresponsables y deben sobrellevar los costes, mientras que a los prestamistas se les debe permitir salir de rositas, aunque se hayan comportado de modo imprudente.

No obstante, la posición alemana también refleja intereses económicos y políticos profundamente insertos en la unión monetaria, sobre todo la influencia combinada del sector de la exportación y los bancos en el diseño de la política de Berlín. Los bancos alemanes y los exportadores alemanes se han beneficiado substancialmente del euro, aun cuando el rendimiento de la economía interna se haya caracterizado por su mediocridad. Muestran mucho interés por preservar las estructuras básicas de la unión monetaria, y desean de veras imponer una disciplina fiscal más severa y más flexibilidad laboral. Estas medidas políticas se entienden como protección de los intereses geopolíticos de Alemania, y de aquí que el gobierno alemán pueda argumentar con toda seriedad que no hay nada estructuralmente erróneo en la unión monetaria. El problema consiste, aparentemente, en imponer disciplina fiscal y eficiencia económica a la descarriada periferia.  

6 ¿Puede superarse la crisis con la intervención del BCE y otros bancos centrales que impriman moneda y, por parte de los gobiernos en su conjunto, pidiendo préstamos y gastando para sacar a la economía de la ciénaga? Funcionaría una combinación de esas medidas complementada con una reducción de la deuda?

Se ha permitido que la crisis se enconara durante más de dos años. Resolverla ahora supondría una enorme transformación de la unión monetaria. Tendría que adoptarse un Plan Marshall para elevar la productividad en la periferia. Tendría que cambiar la política económica alemana, levantar las restricciones a los salarios, impulsar la demanda interna y reequilibrar la economía fuera de las exportaciones. Habría que  reestructurar las deudas de la periferia, o tendría que producirse una inflación sostenida para reducir la deuda.  Habría que supervisar el sector bancario de Europa con una autoridad transnacional dotada de recursos fiscales y poderes para clausurar bancos. Tendría que crearse un sistema de transferencias fiscales para permitir reequilibrar los déficits y superávits en el seno de la unión. Resulta difícil ver cómo pueden tener lugar estos cambios, dadas las estructuras políticas de la UE. Resulta aun más difícil ver que vayan a llegar a tiempo para los países periféricos.

7 ¿Está a punto de desfondarse la eurozona y podría ser eso algo bueno?

La eurozona constituye una estructura fallida que ha reunido a países que se diferencian enormemente en su competitividad, prácticas del mercado laboral, rendimiento bancario y hasta cultura económica y costumbres. No existe un Estado omniabarcador y, lo que es más significativo, no hay una entidad política común que apoye la moneda común. Ha surgido una aguda división entre centro y periferia, que se ha vuelto más aguda como resultado de las medidas políticas de los últimos dos años. Alemania se muestra reacia a hacer sacrificios de envergadura para rescatar a la unión monetaria: no es sorprendente, considerando las restricciones salariales que los trabajadores alemanes han afrontado durante años. Es probable que las cifras sean ingentes, de todos modos, hasta para la economía alemana.

Es probable que la eurozona comience a deshacerse, aunque es imposible predecir qué forma podría adoptar esa descomposición. Podría producirse una completa disolución, o la creación de un euro "duro" rodeado de variantes de las monedas nacionales. También podría darse la salida de algún país en primera instancia. Cualquiera que sea la forma que adoptara, la descomposición de la unión monetaria tendría enormes costes. Resulta absolutamente vital mantener un debate en toda Europa sobre cómo gestionar el proceso.

8 ¿Podría comenzar esa disolución con la salida de Grecia? ¿Implicaría esto la destrucción de Grecia?

Desde el inicio de la crisis quedó claro que un resultado probable podría ser la suspensión de pagos y la salida de Grecia. El país no puede afrontar sus enormes deudas y tampoco puede restructurar con éxito su economía dentro de las estructuras de la unión monetaria. La suspensión de pagos y la salida habrían sido la estrategia racional a principios de 2010. Grecia podía haber negociado condiciones favorable para sí, la conmoción habría sido probablemente menor que la pesadilla que se le ha infligido desde entonces, y hoy la economía iría recuperándose. La suspensión de pagos y la salida siguen siendo la única vía de escape factible, salvo por el hecho de que el sufrimiento será mayor para Grecia y menor para el núcleo central de la unión monetaria.

Los políticos griegos tienen que formular un plan B. Con medidas preparatorias y movilización popular podría aminorarse la conmoción de la suspensión de pagos y la salida. Tendría que producirse una intervención pública importante en todos los niveles, incluyendo la nacionalización de los bancos, controles de capital, medidas administrativas para garantizar los suministros de petróleo, medicinas y alimentos, y protección para las pequeñas y medianas empresas. Grecia podría atenerse al saber acumulado durante la gestión de esas crisis extraordinarias, de las que no fue la menor la de Argentina tras 2001. Una vez se encuentre liberada de la trampa de la unión monetaria, el país podría empezar a recuperarse aprovechando sus ventajas en capacidades laborales y otros recursos. Para el resto de la unión monetaria, la salida de Grecia supondría una conmoción económica y políticamente, a despecho de lo preparados que crean estar los responsables políticos de la UE. Podría acabar siendo el momento Lehman de Europa, considerando el tenso y precario estado del sector bancario. Pero no es esta una cuestión que deba resolver el pueblo griego.  

9 ¿Qué implicaciones tendría para los británicos y gente de otros países que poseen propiedades en Grecia?

Es probable que el valor de la propiedad en Grecia caiga de modo substantivo en términos de euros, libras y dólares una vez se introduzca la nueva divisa. Los que compraran ahora sufrirían significativas pérdidas de capital; los que esperasen y compraran tras los acontecimientos saldrían ganando. Se trata de un cálculo que, por desgracia, también están hacienda los griegos ricos, de aquí que se haya intensificado la exportación de capitales, empeorando las cosas en el país. Mucho dependerá de la actitud que adopte el nuevo gobierno respecto a los flujos de capital del extranjero.

 10 Grecia se encamina a la repetición de las elecciones el 17 de junio. ¿Podría formar gobierno la coalición de izquierdas Syriza y qué significaría esto?

El ascenso de Syriza supone un cambio muy positivo en la izquierda griega y europea, sobre todo en conjunción con el ascenso de la izquierda en Francia. La fortaleza de Syriza refleja la extendida oposición a la austeridad de los últimos dos años, que se reflejó en actos, manifestaciones, desobediencia cívica y demás. Syriza cabalga la ola de ira y desilusión con las medidas políticas de la troika en Grecia. Promete rechazar la austeridad y el ajuste estructural, renegociar la deuda, pero permanecer en la unión monetaria.

Syriza se parece cada vez más a una facción política así como a un partido de gobierno. Por esta razón, ha motivado el surgimiento de un bando opuesto, reunido en torno a la derechista Nueva Democracia, que acepta básicamente las políticas de la troika y tiene la esperanza de poder ajustarlas un poco. Grecia se encuentra enormemente polarizada y aun lo estará más en el periodo inminente.

Syriza bien pudiera quedar primera en las elecciones, aunque es imposible decir si dispondrá de votos suficientes para formar gobierno. Es probable que ningún partido se encuentre en situación de poder hacerlo, y se produzca entonces alguna clase de regateo. Syriza tendrá una elección clara. Podría abandonar su posición preelectoral y participar en un gobierno que acepte las políticas de la troika. Esto resultaría catastrófico políticamente para Syriza, pero también para el país. Al final, no se evitarían la suspensión de pagos ni la salida del euro, y la beneficiaria política podría ser la derecha fascista.

O bien Syriza podría negarse a participar en un gobierno de compromiso y adoptar cualesquiera acciones políticas necesarias para apoyar su programa. Si fuera esto lo que sucediese, se produciría una tensión creciente en los países centrales de la UE, y Grecia podría encontrarse pronto fuera de la unión monetaria, pero Europa se vería cara a cara con la locura de una unión monetaria que amenaza la estabilidad del continente en su conjunto.

Costas Lapavitsas es profesor de economía en la SOAS (School of Oriental and African Studies) de Londres. Jon Henley es periodista de la sección de opinión del diario londinense The Guardian, del que fue corresponsal en París durante nueve años.

 

 

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

 

 

Fuente:
The Guardian, 13 de junio de 2012