Preludio del derrumbe patriarcal. Mujeres que quieren ser libres sin miedo

Montserrat Vila Planas

11/03/2018

 

“Ahora sabemos que el hombre no es la medida de todo lo que es humano;

lo son los hombres y las mujeres.

Los hombres no son el centro del mundo:

lo son hombres y mujeres”.

Gerda Lerner1

 

Si nosotras paramos, se para el mundo” ha superado el estadio de consigna para convertirse en una realidad con esta Huelga Feminista 8M de este memorable 2018.

En mi artículo precedente “Una huelga de mujeres que cambia la conciencia universal sobre la igualdad, los derechos y las relaciones entre los géneros 2, exponía los antecedentes que confluían en la movilización internacional de este año. Las expectativas, muy halagüeñas, se han visto superadas con creces este 8 de marzo.

Las mujeres como un sujeto político que representa a la mitad de la humanidad se han puesto en pie de igualdad. Nuestro mar de lágrimas ha sido de una satisfacción inmensa.

La movilización indica un cambio milenario y universal

Las protagonistas han sido las mujeres de todas las edades: desde las abuelas de mayor edad a las chicas del instituto. Una profunda, verdadera y sentida marea que ha surgido de los cimientos de la sociedad patriarcal. Un vendaval, una voz de millones de voces que marca la luz en este siglo.

Ha sido emotivo, “piel de gallina” y “brillan los ojos” son las expresiones afortunadas que han aportado las mujeres en las grandes ciudades y en los pueblos rurales más recónditos. En aldeas de 100 habitantes ha habido la primera manifestación en su historia protagonizada por mujeres. En algunas unos corros discretos transmitían lo que significaba este día. La masividad de las ciudades medias y grandes no tiene parangón.

La ilusión y los objetivos son de naturaleza internacional. Una disciplina de sororidad y una fortaleza descubierta ha recorrido a centenares de ciudades y Estados. Un hito inaudito.

La concepción de una huelga de los cuidados le da un carácter distinto; las mujeres, en todo el mundo y en todos sus rincones, reivindican y reconocen el inmenso trabajo oculto de la economía doméstica y social en general no renumerada, tratada en lo que se va denominando economía feminista.

Las mujeres hacen un trabajo productivo que el mercado, o los grandes pensadores, hombres, no tienen en cuenta en sus compendios teóricos y económicos. La economía de la propiedad privada de los medios de producción no habría avanzado ni un ápice sin ese trabajo sumergido diario esencial. Amas de casa, masas precarias, junto a mujeres de todas las profesiones se han alzado por la misma causa de su emancipación.

En el Estado español, se han incorporado como factor diferencial las mujeres de las empresas. Distintivo de otros países es que los sindicatos se han sumado a la huelga feminista, unos con la convocatoria de 24h y otros con una organización extensa de las dos horas por turno. Me ha emocionado especialmente los piquetes y la huelga encabezada por las trabajadoras de Seat, pero que puede hacerse extensivo a muchas otras empresas, Nissan, Pegaso, etc., a sectores, como la enseñanza y sanidad, los medios de comunicación, en el sector de la limpieza, las medianas y pequeñas empresas, una oleada que ha pasado por encima de cualquier previsión. En las empresas, con la gran participación de las mujeres sindicalistas, se ha respondido positivamente a la propuesta del segundo encuentro estatal hacia la huelga feminista que se celebró en Zaragoza el pasado mes de enero.

Han sido mujeres de todas las condiciones, ideologías y credos.

Dirigentes de Ciudadanos, como Inés Arrimadas y Albert Rivera, que se habían opuesto a la huelga feminista, ante la presión emergente han tenido que decir el 8M aquello de “donde dije digo, digo Diego”. Rivera ha tenido la desfachatez de promulgarse como líder transversal del movimiento feminista; no entiende nada o pretende que todo siga igual. Programas de consumo femenino como los de Ana Rosa, que abonaban el ataque a la huelga del 8M, no han podido emitir durante el día por falta de las periodistas en huelga. El Presidente Mariano Rajoy se vio obligado a ponerse un lazo violeta, comiéndose el sapo de las diputadas del PP, las cuales habían anunciado que harían “huelga a la japonesa”, es decir, este día trabajarían más. El lazo de Rajoy no ha comportado de momento ningún compromiso para cumplir la financiación del Pacto de Estado.

Si las mujeres con el Tren de la Libertad de 2014 obligaron al ministro Gallardón a dimitir, ahora es obvio que tienen la fuerza para doblegar al gobierno del PP.

La rebelión del delantal

Sin género de dudas la bandera espontánea del delantal ha llegado al corazón de todas las mujeres, han dado la vuelta a un símbolo de su dominación y se lo han apropiado para su emancipación.

La Huelga Feminista, con millones de mujeres, ha puesto en la agenda de la ciudadanía y de las instituciones los derechos reales que han de conseguir; para ello el cambio estructural que se necesita es el derrumbe patriarcal.

La lucha por estos derechos denostados desde hace milenios ha llegado para quedarse. Es un macro “15M” feminista. El siglo XXI será el de la igualdad, la no violencia y la libertad para todas las mujeres del mundo. Haremos justicia a las mujeres que nos han precedido, cuyas luchas ahora han cristalizado y estallado en la más grande indignación social de los últimos tiempos. Las mujeres están descubriendo la historia oculta de sus diosas, sus heroínas y sus pioneras en todos los campos del saber; desde la filosofía, las matemáticas, las ciencias y las artes.

Un nuevo contrato social

Gerda Lerder nos aporta que “el colectivo masculino (en el inicio de la agricultura, neolítico) tenía unos derechos sobre las mujeres que el colectivo femenino no tenía sobre los hombres” 3.

El Siglo XXI las mujeres han de tejer el contrato de la ciudadanía de la humanidad.

No es un cambio sólo cultural, de “la cultura patriarcal”, es un cambio estructural del poder en la sociedad y en el Estado. Un cambio de paradigma que remueve los cimientos de la socialización y de los pactos implícitos en la moral y en la práctica, a pesar de las leyes con igualdad formal. Los pactos del dominio de los hombres sobre lo público, relegan siempre a las mujeres a lo privado y a no poder decidir ni sobre ellas ni sobre el mundo. Las mujeres no quieren seguir siendo consideradas personas imperfectas de segundo orden, ni supeditadas a los hombres y a sus instituciones patriarcales.

La emancipación de las mujeres implica una concepción holística, global, un cambio en los derechos y de la realidad de las personas, un cambio de la humanidad.

Esto es una revolución. Cuando coreamos “sin las mujeres no hay revolución” a mí me gusta más “la revolución será con las mujeres o no será”. Porque desde la Revolución francesa con nuestra Olimpia de Gouges, guillotinada por defender los derechos universales de las mujeres, hasta nuestros días, con el capitalismo más salvaje y depredador, ha habido muchas revoluciones que no han tenido en cuenta a las mujeres, a sus derechos y a sus opiniones.

En estas revoluciones siempre se ha dejado este cambio para otra ocasión posterior. Incluso en la revolución del Octubre soviético, en la que se dieron importantes pasos en esta dirección, luego fueron los primeros en recortarse.

En las reivindicaciones cotidianas y recurrentes en el ámbito laboral o en el ámbito de las libertades siempre hay prioridades que dejan “los temas de la mujer” para otra ocasión. Ahora sabemos que las condiciones existen para eso de que “cambie todo”.

La huelga feminista, con su entronque en las distintas generaciones, ha situado lo entrelazado que está el sistema de explotación capitalista con el sistema de dominación patriarcal. La imbricación es tan milenaria y está tan grabada en las relaciones entre los hombres y las mujeres que liquidar el patriarcado conlleva la lucha contra el sistema social imperante.

Paramos para que cambie todo

Las mujeres jóvenes han tomado las calles, son conscientes de que su poder es el de la mitad de la humanidad. Han hecho suyo el sometimiento de miles de años, la apropiación indebida de su sexualidad, de su cuerpo, de su trabajo, de ser fuente de vida; desde el patriarcado combaten las consecuencias de la dominación patriarcal. Ya basta de dominación, ya no es sostenible. Han hecho suya la lucha de tantos años de los movimientos feministas y por los derechos de las mujeres.

La voz amplificada de las mujeres ha dicho “para que cambie todo”. Ese es su profundo sentido universal. Las reivindicaciones de las mujeres han logrado expresar un malestar más general (jubilados, precariedad, paro, corrupción, medio ambiente). La presión social y el cambio de conciencia conducen a un estallido de este “cambiarlo todo”.  

Este cambio universal no durará los 2.500 años que representó el asentamiento del patriarcado en el estado arcaico, la familia patriarcal y el desarrollo de las clases y la propiedad privada.

Estamos dispuestas a asaltar los cielos para bajar a la tierra los privilegios y el dominio masculino patriarcal.

Las mujeres tardan mucho tiempo en comprender que conseguir partes <iguales> no las convertirá en iguales, mientras el argumento, el atrezo, la puesta en escena y la dirección estén en manos de los hombres”, argumenta Lerner4.

Se hace visible que las mujeres de hoy en día no quieren que ningún dios, aún menos uno masculino, pueda seguir enterrando a las mujeres bajo la neo-propiedad patriarcal.

Que empiecen los hombres a bajar de su pedestal. Que se despojen de sus privilegios que, al fin y al cabo, son las migajas de sus cadenas.

El impacto del gran éxito que analizamos no va a quedar en un día de conmemoración y fiesta. Tiemblen los poderes que pretenden sostener lo insostenible. Vivimos el preludio del derrumbe del patriarcado.

Las costumbres, el poder, las leyes, la filosofía y la moral han de cambiar. Y para que cambie todo lo primero es que las mujeres empoderadas, como sujeto político de la humanidad, tomen el destino en sus manos. Se ha terminado que los hombres y sus instituciones, incluida su historia y el relato de los derechos sostengan que la situación actual es lógica por ancestral y natural.

Las mujeres hemos de asumir el futuro. Una luz de humanidad y socialidad dialógica.

El siglo XXI puede ser el de los derechos reales, el de los servicios universales y comunes, el de la igualdad de las personas, el de una humanidad centrada en las mujeres y los hombres, respetuosa y cuidadosa de las personas y de la naturaleza.

La vida es libertad y bella de vivir.

“La felicitat (felicidad) no pesa, alimenta”.

Ivette Nadal 5

Notas:

1 Gerda Lerner. La creación del patriarcado, Katakrak, Liburuak, P. 40, noviembre 2017.

2 Una huelga de mujeres que cambia la conciencia universal sobre la igualdad, los derechos y las relaciones entre los géneros. SinPermiso

3 Gerda Lerner. Idem. P. 319.

4 Gerda Lerner. Idem. P. 39.

5 Ivette Nadal. arbres, mars, desconcerts. Poesia al cànter. Llibres del Segle. P.69, 2017.

Coordinadora de la Plataforma unitària contra les violències de gènere de Catalunya.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 11 de marzo 2018