¿Qué fue del movimiento por la paz de hace 5 años?

Tariq Alí

23/03/2008

 

¿Qué le ha pasado a un movimiento contra la guerra que irrumpió explosivamente en 2003, movilizando a millones de personas en todo el mundo occidental, al punto de merecer por parte del New York Times el calificativo de “segunda superpotencia”?

El hecho es que nunca fue, propia y genuinamente, un movimiento; sólo el espasmo de un día, una tentativa espontánea y desesperada de ciudadanos de todos los colores políticos para evitar la guerra.

Estaba concebido, si así quiere decirse, como un golpe preventivo contra una guerra que, instintivamente, la gente sabía fundada en un montón de embustes. El día que de verdad empezó la guerra, empezaron a morir las movilizaciones antibélicas. Los ciudadanos, desmoralizados por su fracaso, no han encontrado ya la fuerza que les había llevado en gran número a la calle. Sin embargo, en el quinto aniversario de esa cruel e inmoral ocupación, los datos procedentes de Irak son dramáticos: más de un millón de civiles muertos, y otros tantos, por lo menos, heridos; tres millones de prófugos refugiados en países vecinos; un total desbaratamiento de las infraestructuras sociales del país, y la práctica balcanización del mismo. Frente a todo eso, la respuesta de los ciudadanos norteamericanos y europeos es el mutismo. ¿Por qué? No hay solidaridad con los iraquíes. Son árabes, en gran parte islámicos: y la ola de islamofobia que ha invadido al mundo occidental ha traído consigo la deshumanización de quienes estaban siendo asesinados. Lo mismo ocurría cuando el colonialismo europeo dieciochesco y decimonónico conquistó el Magreb. Las atrocidades cometidas por los italianos en Libia y el público empalamiento del dirigente Sheikh Mukhtar no suscitaron la menor emoción en Italia. Los franceses dejaron pasar una eternidad antes de protestar contra la guerra de Argelia. ¡Hay tantos ejemplos! La “fiebre civilizatoria”, hoy como entonces, ha desmovilizado a la opinión pública occidental. Luego está el hecho de que los grupos que resisten en Irak a la ocupación tienden a ser religiosos (aunque no sólo): y los movimientos de los trabajadores, y en general, progresistas en Europa occidental, cada vez más en crisis, son indiferentes a su destino (como son indiferentes al sufrimiento de los palestinos). Todo eso es también reflejo de lo que está pasando en el mismo Occidente. Porque, aunque en los últimos años apenas se puede hablar de alguna movilización contra la guerra, lo cierto es, sin embargo, que la mayoría de los ciudadanos norteamericanos y europeos se mantiene todavía a favor de la retirada de todas las tropas extrajenras de Irak: pero el establishment político hace oídos sordos a sus voces. Hay una creciente crisis de representación política en Occidente. Se está vaciando la democracia. En la campaña electoral estadounidense, los dos candidatos demócratas se manifiestan públicamente a favor de una retirada de Irak, pero dan en privado garantías a los militares de que no piensan en serio retirarse a pesar de verse obligados a decirlo porque la gente está descontenta. A fin de cuentas, el hecho de que haya leva obligatoria en EEUU implica que la mayor parte de la gente no se ve afectada directamente por la guerra. Las familias de los militares hostiles a la guerra constituyen el único grupo importante de presión. Como substituto del reclutamiento obligatorio, los EEUU han contratado a mercenarios del mundo entero: hay 50.000 ugandeses, millares de centroamericanos, sudafricanos y de otras procedencias, todos pagados a precio de mercado, combatiendo en Irak. ¿A quién le importa que mueran? Es un riesgo que asumen, a cambio de un salario y de la obtención de ciudadanía estadounidense. Un cuadro siniestro, que debería mover a reflexión a los ciudadanos de Occidente.

Tariq Ali es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.

Traducción para www.sinpermiso.info: Leonor Març

 

Fuente:
Il Manifesto, 20 marzo 2008