Reino de España: 15 minutos con Trump

G. Buster

12/02/2017

“Trump es una maldición que ha caído sobre el mundo”

Carlos Espinosa de los Monteros, Alto Comisionado de la Marca España

 

Finalmente se produjo en la noche del miércoles 8 de febrero. Cómo habían acordado, el gabinete de comunicaciones de la Casa Blanca conectó con el gabinete telefónico de Moncloa y los interpretes entraron en funcionamiento. Trump llamaba a Rajoy.

No sabremos hasta que se desclasifiquen los documentos de la Administración Trump lo que de verdad se dijo en la llamada de 15 minutos. Moncloa no deja acta sino versiones interesadas, como la que distribuyó a EFE y a otros servicios informativos. Trump tampoco le dedicó uno de sus habituales tweets a Rajoy y la Casa Blanca se limitó a un comunicado de un párrafo, que es lo que tenemos con el despacho de EFE.

Así que empecemos por los antecedentes.

Trump al teléfono

Cuatro días antes de la llamada a Rajoy, el 4 de febrero, la Casa Blanca distribuyó la lista de las 18 llamadas telefónicas efectuadas desde la toma de posesión por el nuevo presidente de EE UU. De ella es posible deducir un cierto orden de prioridades y una visión del mundo. Y puede ser comparada con la lista divulgada de 29 llamadas efectuadas en los primeros días del interregno tras la victoria electoral de Trump, así como con la de las visitas oficiales que ya ha recibido tanto en la Torre Trump de Nueva York como en la Casa Blanca de Washington DC.

Mapa de las 18 primeras llamadas de Trump. Fuente: Casa Blanca

Convertidas en el principal mecanismo diplomático de la nueva Administración, mientras se producían en cadena las dimisiones de altos y medios cargos en el Departamento de Estado, las fotos distribuidas por la Casa Blanca muestran a Trump al teléfono acompañado solo por su nuevo estratega en jefe, Steve Bannon.

Los efectos han sido fulminantes –a lo que hay que añadir los apretones de manos en las visitas- y ha provocado la crisis, probablemente definitiva, de la presidencia de Peña Nieto en México; ha preguntado que estado miembro sería el siguiente en abandonar la UE después del Brexit; ha calificado de “fantásticos” –expresión que parece mostrar su aprobación- a personajes como los presidente Al Sisi de Egipto, Nazarbayev de Kazajstan, de “país fantástico” a Pakistán (con la consiguiente reacción de la India, que exigió un tratamiento similar, al menos para el presidente Modi); ha dejado sin desmentir la afirmación del presidente Duterte de Filipinas de que “está haciendo lo que hay que hacer en la lucha contra las drogas” (las ejecuciones extrajudiciales superan las 6.000); ha anunciado el traslado de la Embajada de EE UU a Jerusalén, para aplazarla después y apoyar las nuevas construcciones de asentamientos en Cisjordania; y tras el anunció de su conversación con la presidenta de Taiwan, unido a las declaraciones sobre un posible conflicto militar en el Mar del Sur de China, ha tenido que templar gaitas y hacer una llamada menos espontánea a Xi Jinping, para anunciar a todos en un comunicado oficial su “respeto mutuo”.

El aviso a navegantes que son “aliados estratégicos” tuvo lugar en la conversación con el primer ministro Turnbull de Australia, el 2 de febrero. Prevista para una hora de duración, Trump colgó en el minuto 25, después de que Turnbull le recordará el acuerdo alcanzado en noviembre de 2016, por mediación de ACNUR, con la Administración Obama. Por el mismo, Australia acogería a refugiados de Guatemala, Honduras y El Salvador a cambio de que EE UU hiciera lo mismo con otros 1.254 actualmente en campamentos en las islas de Nauru y Manus. Trump, furioso, filtró a la prensa inmediatamente la conversación, a la que calificó de “la peor del día”, y escribió un tweet asegurando que estudiaría “este acuerdo idiota”.

Rajoy al aparato

Según el despacho de Efe, Rajoy recalcó que “con un Gobierno estable y con una economía que crece a más del 3 por ciento, [España] está en las mejores condiciones para ser un interlocutor de Estados Unidos en Europa, América latina y también en el Norte de África y Medio Oriente". Asimismo, “Rajoy le ha transmitido su convicción de que en los próximos meses se fortalecerá el proceso de integración europea y que España trabajará por ello”. Por último, “han comentado igualmente la celebración en mayo de una cumbre de la OTAN que se celebrará en Bruselas y que puede ser la primera ocasión en la que ambos se saludarán personalmente”.

Según la Casa Blanca, “los líderes discutieron de intereses comunes, incluyendo esfuerzos para acabar con Isis. El presidente Trump reiteró el compromiso de EE UU con la OTAN y recalcó la importancia de que todos los aliados compartan el esfuerzo de los gastos de defensa. Los líderes acordaron continuar su estrecha cooperación en temas de seguridad, económicos y contraterrorismo”.

Ambos comunicados permiten entrever a un Rajoy en su mejor “galleguidad”, dispuesto a no dar ninguna excusa para un roce con Trump, ni comprometerse a nada, dando la impresión de que aquí esta España, “para lo que haga falta”. El único punto en común de ambos comunicados es la mención a la OTAN como eje del vínculo trasatlántico y la clara petición de Trump de un aumento de los gastos y contribuciones españolas en materia de defensa (ver cuadro).

La agenda pendiente con EE UU

El despacho de Efe también da una idea bastante cabal de cuales son las tres prioridades de Rajoy: 1) estabilidad del gobierno (que no tiene, porque está en minoría y depende de la gestora del PSOE para alcanzarla); 2) mantener el crecimiento del 3% para poder cumplir sus compromisos de ajuste fiscal con la UE; y 3) el mantenimiento de la UE (“fortalecimiento” es un deseo piadoso) tras el Brexit y de las políticas de flexibilización cuantitativa del Banco Central Europeo, sin las que la gestión de una deuda pública del 100% del PIB puede ser insostenible.

El ofrecimiento de “ser un interlocutor en Europa, América latina y también en el Norte de África y Medio Oriente” no deja de ser un recordatorio también piadoso de las zonas en las que España considera tener intereses estratégicos y, por lo tanto, desearía ser tenida en cuenta, más que un ofrecimiento de posible mediación como potencia regional, como han entendido algunos dirigentes de América Latina y del PSOE (“el mayordomo de Trump”). En México, el periódico La Jornada le dedicó un duro artículo y el presidente boliviano Evo Morales le recordó el carácter soberano de los países latinoamericanos.

De hecho, con una política exterior mortecina durante los últimos cinco años, la máxima aspiración del nuevo gobierno Rajoy II era reconducirla a la gestión tecnocrática de la llamada “política de estado”, enfocarla prioritariamente a las relaciones en el seno de la UE y difuminar en el olvido las “originalidades” de García Margallo, borrado definitivamente de la memoria del PP en su congreso de este fin de semana. Un programa expuesto, sin mucho detalle ni convicción, por el nuevo ministro Dastis en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso.

En esa intervención parlamentaria, Dastis se refiere a que “el triangulo Europa – vínculo Atlántico- Iberoamérica constituye en estos tiempos un marco de referencia ineludible para nuestra política exterior”. Y recuerda los elementos estructurales de las relaciones entre España y EE UU, “con independencia del inquilino de la Casa Blanca”: “una historia compartida que se remonta a nuestra contribución a su independencia; un idioma también compartido, que es el segundo más hablado en aquel país;  o nuestra sólida presencia en regiones relevantes para ambos, como son la propia Europa, Iberoamérica, el mediterráneo y Oriente Medio. A ello se une un marco de cooperación en materia de defensa y seguridad muy estrecho y que ha sido profundizado aún más en la anterior legislatura. Somos socios eficaces en la lucha contra el terrorismo y disponemos de una presencia considerable en una zona muy sensible como es el Sahel. Por último, nuestro comercio e inversiones recíprocos son ya elevados y siguen creciendo. Además de estos puntos de convergencia, que constituyen una sólida agenda de trabajo, hay materias concretas que debemos tratar con urgencia. Me refiero en particular a la negociación del Acuerdo vinculante con EE UU para el traslado de residuos contaminantes de palomares, sobre la base del acuerdo político ya alcanzado con la Administración Obama”.

A esta “sólida agenda de trabajo”, hay que añadir la situación de Rota, transformada en los últimos días del gobierno Zapatero en base de cuatro destructores y del sistema de control de la red de lucha naval y del escudo antimisiles de la VI flota de EE UU en el Mediterráneo y de su unidad de despliegue rápido para África del Norte, autorizada por Rajoy, sin que la contrapartida de la modernización de las fragatas españolas para su integración en el sistema se haya producido aún.

(Meme que ha circulado estos días en las redes sociales con una frase auténtica de Rajoy en castellano)

Ante la maldición, “serenidad y sin precipitaciones”

A pesar del encendrado atlantismo de la clase dominante española -herencia del franquismo, pero también de la experiencia del gobierno Aznar ante la crisis y el corralito argentino- la elección de Trump ha supuesto un importante revulsivo como fuente de inestabilidad. Durante la campaña electoral han sido excepcionales las muestras de apoyo a Trump y si evidentes las preferencias por Hillary Clinton de los analistas, la prensa y el propio PP. Las declaraciones del Alto Comisionado de la Marca España, uno de los nuevos cargos diplomáticos creados por el gobierno Rajoy, responden a esa visión profundamente conservadora, herida en su pequeño nacionalismo tras la desaparición de la web en español de la Casa Blanca o el menosprecio de la población latina en EE UU, uno de los pretendidos símbolos instrumentales de la influencia de España.

Todas las señales de alarma se dispararon con las declaraciones de Trump sobre México y la construcción del muro en la frontera. España es el tercer mayor inversor extranjero en México (49.000 millones de dólares) y la cotización en bolsa de empresas como Telefónica, BBVA o Iberdrola depende en buena medida de los beneficios de sus inversiones allí. El presidente Peña Nieto pidió que España llevará la situación con EE UU al Consejo Europeo y que estudiara la posibilidad de una reunión extraordinaria de la Cumbre Iberoamericana.  Rajoy redujo la presión y aconsejó calma a Peña Nieto, haciendo algún acto simbólico como la reunión con la secretaria general iberoamericana, Rebeca Grynspan, y la llamada de Dastis a su homólogo mexicano, Luis Videgaray, a quién ofreció la convocatoria de la Comisión Binacional, aplazada en 2016, como muestra de solidaridad con México.

Las declaraciones y prohibiciones de entrada a EE UU de refugiados de países musulmanes en conflicto o de mayoría chiíta, duramente criticada por la UE –que respira por la herida del apoyo de Trump al Brexit y los ataques a la canciller Merkel y al proceso de construcción europea, que considera periclitado- dieron lugar a una de las intervenciones no por cínica, más típicas de Rajoy: “Bueno, yo no estoy a favor de los vetos ni de las fronteras ni creo que el mundo vaya a caminar en esa dirección, por tanto espero que en el futuro esto se arregle y nos instalemos todos en una situación de normalidad”. Pronunciada por uno de los responsables político máximos de la inoperancia de la política de refugiados de la UE y de las vallas de Ceuta y Melilla, la hipocresía no tiene límites.

Un aguerrido Eduardo Madina, coordinador de la ponencia marco del próximo congreso del PSOE, pidió explicaciones a Dastis en el Congreso de los Diputados, acusando al gobierno de guardar silencio y de practicar una “política de apaciguamiento frente al ataque directo contra México, la democracia y los derechos humanos” y anunció una iniciativa parlamentaria de su grupo “en defensa de la dignidad de México”. Dastis justificó actuar “con serenidad y sin precipitaciones”, mostrando su preocupación y defendiendo una “emigración ordenada”.

Faltaban todavía siete días para la llamada de Trump.

Miembro del comité de redacción de Sin Permiso.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 12 de febrero 2017