Reino de España: Un debate fraternal y republicano sobre la cuestión nacional

Joan Tardà i Coma

Pablo Iglesias Turrión

18/06/2017

El intercambio que reproducimos entre Joan Tardà y Pablo Iglesias tuvo lugar al final del primer día de debates de la moción de censura presentada por el grupo confederal de Unidos Podemos, En Comú Podem y En Marea el 13 de junio de 2017.SP

 

El señor TARDÀ I COMA: Compañero Pablo Iglesias, compañeros de Podemos, compañeiros de nación galega En Marea, companys i companyes de En Comú Podem, atendiendo a la trascendencia de este debate, permitidme unas palabras de introducción sinceras y emotivas en nombre del republicanismo catalán.

Conocéis nuestros ideales políticos y sociales, ideales hijos de los grandes valores universales de la libertad, porque nadie es más que nadie; de la igualdad, porque no hay vida digna sin un reparto equitativo de la riqueza, y de la fraternidad, la fraternidad entre los hombres y las mujeres, la fraternidad entre los pueblos del mundo, porque nuestra causa internacionalista es la causa del género humano. Conocéis también nuestros objetivos como partido nacional catalán: proclamar la república para poder repartir, para poder socializar la riqueza y construir una democracia de excelencia que nos permita encarar los retos del siglo XXI, una democracia participativa, una democracia en la que no quepa la corrupción, una democracia que nunca más esté supeditada a los poderes financieros.

También conocéis cuál es nuestro compromiso inmediato: abrir los colegios electorales el día 1 de octubre a fin y efecto de que los ciudadanos y las ciudadanas de Cataluña puedan decidir su futuro libremente. También conocéis que siempre hemos actuado bajo el imperio de la coherencia. Un republicano catalán o una republicana cuando toma posesión de un cargo electo promete acatar la Constitución española por imperativo legal, no se trata de un ejercicio estético… (Rumores).

La señora PRESIDENTA: Silencio, por favor. Silencio.

El señor TARDÀ I COMA: … se trata de un acto de respeto a nosotros mismos, porque es evidente que nosotros nunca hemos legitimado una Constitución que fue aprobada bajo el mandato fáctico de aquellos poderes franquistas que todavía supervivían. De hecho se trata de una Constitución que no reconoce la capacidad de relación, la capacidad de interlocución, de articulación de los distintos territorios de los països catalans: País Valencià, Illes Balears y Catalunya. Una Constitución que niega la igualdad de las distintas lenguas del Estado, una Constitución que nos endosó la monarquía patrocinada por el dictador y que nos robó a los ciudadanos del Estado español la capacidad de decidir si aquello que queríamos era la monarquía borbónica patrocinada por el dictador o bien la recuperación de la legalidad republicana abortada por las armas en 1936. Y también es una Constitución que niega el derecho a la autodeterminación de los distintos pueblos del actual Estado español. Pero también conocéis vosotros, compañeros, que siempre el republicanismo catalán se ha sentido concernido a actuar solidariamente con todas las izquierdas del actual Estado español, de igual manera que nos sentimos merecedores de la solidaridad del antifascismo, del antifranquismo, de las izquierdas, de los demócratas y sobre todo de vosotros, que sois izquierda transformadora. Por ello os felicitamos, porque habéis provocado un debate, una batalla ideológica urgente, necesaria en este Parlamento y en el conjunto de la sociedad.

Vuestro coraje adquiere todavía mayor relevancia ante el desprecio del Partido Popular, de Ciudadanos y del Partido Socialista. De hecho, la suya es una soberbia que les impide contemplar la magnitud de la crisis de este régimen; solo hace falta recordar cómo y de qué manera se pusieron de acuerdo para mantener al señor Rajoy en el banco azul. (Aplausos). Pero, además, esta soberbia también les impide reconocer, contemplar la magnitud de la indignación catalana y aun cuando hoy no lo consigáis —aun cuando hoy no lo consigamos—, es cierto que habréis —habremos— dado un gran paso hacia delante solamente por tener la dignidad de recoger la ira de tanta gente decente y además señalarles que hay alternativa al statu quo del 78. Efectivamente, por primera vez existe un partido político —unos partidos políticos— que, como nosotros, cuestionan el statu quo del 78, es decir, el régimen de la segunda restauración monárquica, por cierto, tan corrupta como la primera.

Por eso, los republicanos y las republicanas catalanas estamos orgullosos de apoyaros. Nosotros formamos parte de una tradición política que se remonta a Pi i Margall y a Companys, pero también nos sentimos fraternalmente hermanos de los republicanos españoles de alta moral y gran dignidad, Salmerón, Giner de los Ríos, Ramón y Cajal, Azaña, Severo Ochoa y tantos otros de entonces y de hoy, con los cuales compartimos el convencimiento de que existen alternativas de presente y de futuro, aquí y en Cataluña, donde ciertamente ya hemos iniciado esta alternativa. De hecho, estamos muy orgullosos de poder decir que ya hemos andado un buen trecho: se llama derecho a decidir, se llama referéndum, se llamará proceso constituyente, y si los ciudadanos de Cataluña lo quieren, llevará por nombre república catalana. (Aplausos).

Por todo ello, nosotros —con vuestro permiso— hacemos nuestra vuestra moción de censura, porque lo es a un Gobierno que no ha roto de forma categórica con el franquismo, que ha actuado como la mejor herramienta para desguazar el Estado del bienestar y condenar a la precariedad —cuando no a la pobreza— a millones de personas, y porque además es un partido político instalado en la corrupción. La corrupción está instalada en el Partido Popular, en el de antes y en el de hoy. Solamente hace falta recordar que once de los diecisiete ministros del último Gobierno de Aznar están relacionados con algún caso judicial, relacionados con una cierta corrupción en algunos casos y con una gran corrupción en otros. De manera que ni mucho menos se trata de una infección de corrupción superficial, se trata de algo mucho más grave, algo que ha alcanzado a otros partidos, al Poder Judicial, al Tribunal Constitucional, al conjunto de las administraciones y a parte de la clase empresarial, es decir, los corruptores. Se trata, pues, por un lado, de una enfermedad muy grave y, por otro, de una democracia que tiene un sistema inmunológico muy deficiente.

En consecuencia, moción de censura a un Gobierno del Partido Popular, que es el partido con más causas judiciales abiertas en Europa por corrupción, pero también moción de censura al régimen de la restauración monárquica de 1978, corroído por la corrupción. De hecho, se trata ya de un régimen convertido en un estercolero, rebosante de corrupción: corrupción económica —la más conocida—, corrupción judicial —la que nos escandaliza ahora—, corrupción policial —la que pretende tapar a toda costa el mismo Gobierno—. Y no habrá solución hasta que la misma sociedad no responda al porqué ha aguantado tanto, al porqué todavía la soporta y asume las causas de esta corrupción, desde la Operación Lezo sobre una inmensa trama de corrupción en la Comunidad de Madrid hasta las maniobras del Gobierno español para controlar la justicia, desde la dimisión del fiscal Anticorrupción Moix, relacionado con un paraíso fiscal, hasta la próxima comparecencia del mismo Mariano Rajoy ante la Audiencia Nacional. Nada ya puede sorprendernos; de hecho, todo forma parte de una misma lógica fruto de los pecados originales del régimen: Gürtel, Púnica, tarjetas black, Emarsa, Bárcenas, Bankia, Rodrigo Rato, Caixa Catalunya, Narcís Serra, acciones preferentes, Mercasevilla, ERE andaluces, casos Campeón y Pokemon en Galiza, Taula y Brugal en el Paìs Valencià, caso Palma Arena y otros en las Illes Balears, Pretoria, ITV, casos Mollet y Pujol en Cataluña, y tantos otros. Pero incluso podríamos retrotraernos un poco más: caso Flick, fondos reservados del GAL, privatización de Rumasa, Ibercorp y Mariano Rubio, gobernador del Banco de España; caso Roldán, Casinos, Naseiro, Forcem; pelotazos de Juan Villalonga, presidente de Telefónica; caso Tabacalera y César Alierta, etcétera. Y que no se nos olvide la negativa a investigar el enriquecimiento de Juan Carlos I, que en su reinado acumuló una fortuna de 1600 millones, según los cálculos del profesor de finanzas Herman Matthijs, de la Universidad de Bruselas, y del periódico The New York Times. (Aplausos).

Señorías, mientras no se reconozca que la corrupción es un mal congénito del régimen monárquico de 1978, por haber nacido bajo el signo de la impunidad, no habrá solución. La impunidad es la madre de la corrupción del régimen actual; la impunidad que impidió la creación de comisiones de la verdad sobre los crímenes del franquismo, aquello que posibilitó lo que el sociólogo Durkheim llamó la anomia social, es decir, que los gobernantes y los ciudadanos no interioricen en sus conciencias unos principios sólidos de moral pública. Luego la moción de censura es a un régimen que nos impide crecer como sociedad. Por tanto, fíjense, si los crímenes más horribles del franquismo quedaron impunes, ¿por qué algunos tenían que tener miedo a que les pasara algo en caso de que robasen, aun cuando robasen mucho y siempre? A quién puede extrañar, pues, la creación de una oligarquía de corruptores, poderes fácticos situados por encima de la ley, controlando la cúpula judicial, los medios de comunicación e incluso las jerarquías de los partidos constitucionalistas; por cierto, los mismos que impusieron el rescate de los bancos, que han puesto en jaque el Estado del bienestar, que han maniobrado para burlar la voluntad popular —fíjense lo que ocurrió en el Comité Federal del Partido Socialista Obrero Español—; por cierto, los mismos —me refiero a la oligarquía— que pretenden que los catalanes el día 1 de octubre no podamos votar.

Sí, señorías, lo afirmamos: la causa de la decadencia de este régimen no es otra que la impunidad penal y moral del franquismo, una impunidad que impidió la creación de un sistema inmunológico que en las verdaderas democracias se activa, reacciona contra las infecciones de la corrupción del dinero, la corrupción de la intelectualidad y la corrupción de los medios de comunicación. Como dijo Fabiola Letelier, hermana del ministro chileno asesinado por Pinochet, la impunidad —fíjense qué palabras más certeras— socializa la perversa idea de que todo está permitido y los delitos más graves no merecen castigo, fomentando así la corrupción en los más variados ámbitos de la vida social.
Compañero Iglesias, también apoyamos vuestra moción de censura porque va dirigida a un Gobierno y a un régimen irreformables, que han demostrado la incapacidad para resolver el conflicto entre el Reino de España y Cataluña, tal como sí han hecho Reino Unido, Canadá o Bélgica, o sea, con alternativas democráticas y no autoritarias. Este Gobierno, al revés, ha agudizado el problema. Es más, ha mantenido y ha acrecentado la catalanofobia y los prejuicios atávicos, aquellos que, sustituyendo a judíos, conversos y herejes perseguidos por la Inquisición, tuvieron por objeto a los catalanes, tal como constató el historiador marxista Pierre Vilar; prejuicios mantenidos a lo largo del siglo XIX (Aplausos), prejuicios que se incrementaron en el siglo XX a partir del auge del catalanismo político, llegando hasta nuestros días a caballo de la Brunete mediática anticatalana.

Paréntesis. No me citen a Quevedo, porque si me citan a Quevedo deberé recordarles aquellas palabras que tanto dolor han provocado a Cataluña —recuerden—, cuando dijo aquello de que las criaturas más tristes y miserables que Dios creó son los catalanes, que son el ladrón de tres manos. Es decir, intenten buscar otros autores, inténtenlo. Pero no vamos a tropezar por esto. (Aplausos).

Sin ninguna duda, compañeros, el conflicto entre Cataluña y el Reino de España se centra en el reconocimiento o no de Cataluña como sujeto político y su derecho a la autodeterminación. Pero según el Tribunal Constitucional, el pueblo catalán es una subespecie, no es un sujeto político. Así pues, se mantiene el dogma franquista defendido en 1978 por Fraga Iribarne, que reza de la siguiente manera: Cataluña forma parte de manera voluntaria de España desde hace quinientos años. Frente a estos dogmas y falsedades, nosotros planteamos la realidad objetiva. En 1714 las constituciones de Cataluña, sus Cortes, la Generalitat, sus instituciones municipales —caso por ejemplo del Consell de Cent de Barcelona—, fueron abolidas por la fuerza de las armas invocando el derecho de conquista. Tan cierto es esto como que, a pesar de siglos de voluntad asimilacionista, no han conseguido —no ustedes, el Estado español— desnacionalizar Cataluña ni a los catalanes porque, como cantó Raimon —lo traduzco al castellano—, venimos de un silencio antiguo, de gente sin místicos ni grandes capitanes, i perque no som d’eixe món. Por supuesto, no queremos ser del mundo de quienes nos niegan ejercer el derecho a decidir, ni el de sus marcos mentales creados por la dictadura y por la monarquía que la sucedió.

Solo el Partido Popular del señor Fraga Iribarne puede intentar hacer creer que referéndum y urnas es igual a golpe de Estado. Y si quieren hablar de golpe de Estado, hablemos. Hablemos de la sentencia del Tribunal Constitucional contra el estatut refrendado por el pueblo de Cataluña. Eso sí fue un golpe de Estado porque vulneró el artículo 152.2 de la Constitución. Ciertamente, el Tribunal Constitucional podía pronunciarse sobre el estatut —estatut pactado entre el Congreso y el Parlament y refrendado por el pueblo de Cataluña—, pero no podía modificarlo porque, de acuerdo con la Constitución, solo podía ordenar un nuevo procedimiento que tenía que culminar con un nuevo referéndum estatutario. Luego desde el año 2010 Cataluña se encuentra en una situación antidemocrática, no se rige hoy por el estatut que ratificaron sus ciudadanos en referéndum. Este fue el verdadero golpe de Estado.

Pero compañeros, ellos no nos conocen ni lo desean. Vosotros sí, porque vosotros creéis en la movilización popular. Ellos creían que los catalanes aceptaríamos estoicamente la castración química de nuestra autonomía y se encontraron con seis manifestaciones de un millón de personas, el pueblo movilizado. Coincidimos en que la movilización popular es la clave de todo el éxito del progreso social; la movilización en Cataluña ha sido determinante y les voy a poner un ejemplo. A raíz de la gigantesca movilización, de la gigantesca manifestación del año 2010 contra la sentencia del Tribunal Constitucional, ¿qué hicieron las instituciones catalanas? ¿Saben lo que hicieron? Poco, poquito. Es más, el president de la Generalitat tuvo los votos en la investidura —al menos no obtuvo el voto contrario— del Partido Socialista de Cataluña y el Gobierno de la Generalitat tuvo el apoyo presupuestario del Partido Popular. Luego, ¿por qué estamos aquí? Estamos aquí porque ha sido el pueblo movilizado quien ha empujado a las instituciones catalanas bajo el signo, bajo el lema, haciendo el surco de la libertad nacional, unos motivados por el derecho a decidir, otros motivados por la independencia. Luego si estamos donde estamos, es por la movilización popular, y vosotros que comprendéis, fomentáis y estáis de acuerdo en que la movilización popular es imprescindible, entenderéis el carácter popular de lo que nosotros reivindicamos. Ellos no nos conocen; vosotros sí, porque vosotros os declaráis autodeterministas y, ciertamente, conformamos todos este 80 % de ciudadanos catalanes que queremos decidir nuestro futuro mediante un referéndum.

Ellos, ciertamente, no nos conocen ni lo desean; vosotros sí, porque vosotros creéis en el «Sí se puede». Es más, vosotros creéis en la desobediencia ante la tiranía y la desobediencia en Cataluña empezó ya hace algunos años, en el año 2006, con una manifestación de 300 000 personas en contra del acuerdo entre el president Mas y Rodríguez Zapatero. En el año 2007, cuando 700 000 personas marcharon por las calles de Barcelona por el derecho a decidir cómo querían sus infraestructuras. Prosiguió la desobediencia celebrando 517 consultas en 517 municipios, a pesar de la actuación del fiscal general del Estado. Prosiguió la desobediencia el 9 noviembre, cuando 2 300 000 catalanes fueron a votar en un proceso participativo y la desobediencia culminará, ciertamente, el próximo 1 de octubre de este año. (Aplausos). De hecho, ¿saben ustedes lo que nos ha hecho desobedientes? Nos ha hecho desobedientes la indefensión; la indefensión del pueblo es lo que ha provocado nuestra desobediencia y estamos orgullosos de saber reaccionar.

Sí, señorías, compañeros, el día 1 de octubre votaremos; votaremos sí o no a una pregunta muy fácil de entender: ¿Quiere que Cataluña sea un estado independiente en forma de república? A esto, ellos le llaman desafío; nosotros lo llamamos mandato democrático, voluntad democrática. Porque todos los catalanes, al margen de nuestra posición ideológica, tenemos derecho a decidir sobre las ventajas y los inconvenientes de la independencia, como hicieron los escoceses, que escucharon a ambas partes y decidieron libremente. Solo los marcos mentales franquistas pueden presentar esta demanda como un golpe de Estado; solo mentes franquistas pueden presentar la prohibición de referéndum y las amenazas penales como actos democráticos. Partido Popular, Ciudadanos y Partido Socialista hablan de inhabilitaciones, amenazas, multas, embargos de patrimonios y detenciones. Pues bien, sepan que el Gobierno de Cataluña, sepan que el president de Catalunya, Carles Puigdemont, sepan que el vicepresident de Catalunya, Oriol Junqueras, sepan que todos los miembros del Gobierno asumen todas las consecuencias penales de sus actos. Nunca vamos a traicionar el mandato democrático que hemos recibido de la ciudadanía. Lo repito, asumimos todas las consecuencias penales porque no somos corruptos, no somos delincuentes y no intentamos escapar de la justicia. (Aplausos). Vamos con la cara descubierta porque, en todo caso, desobedecemos y desobedeceremos una legislación que atenta contra el derecho inalienable del pueblo de Cataluña a decidir su futuro. Los partidos constitucionalistas dicen que no se puede dialogar, de hecho niegan la negociación. Afirman que el referéndum no se celebrará y repiten una y otra vez que todo va a acabar con unas nuevas elecciones autonómicas. Pues no, como quiera que todo depende de la mayoría democrática del Parlament de Catalunya les digo —y creo que nunca les hemos mentido— que solamente habrá elecciones con posterioridad a la celebración del referéndum; elecciones autonómicas si gana el no, elecciones constituyentes si gana el sí. (Aplausos). No nos rendiremos. Si acaso se atrevieran a impedir mediante la violencia, mediante la represión violenta el ejercicio cívico, pacífico y democrático del voto, actuando contra la ciudadanía, contra el Gobierno de Cataluña, contra sus instituciones nacionales y contra los representantes legítimos de su pueblo, no solo se demostraría que el Reino de España es incapaz de reconocer a Cataluña como sujeto político y de resolver de manera democrática el conflicto con ella, sino que si esto ocurriese —escuchen— el Parlament de Catalunya actuará en consecuencia. Repito, si esto ocurre, el Parlament de Catalunya actuará en consecuencia. (Aplausos). Los centenares de miles de personas que se han manifestado en los últimos años ocuparán los espacios públicos, a la catalana, cívica, pacífica e insumisamente y centenares, centenares y centenares de cargos electos en los ayuntamientos se solidarizarán con los represaliados. Lo que hará que quede cuestionada, todavía más, la segunda restauración monárquica, el statu quo de 1978.

Llegados a este punto, permítanme que les recuerde un hecho que acaeció aquí, en este mismo hemiciclo, hace cien años. Hace cien años todos los diputados catalanes, todos, presentaron un modestísimo proyecto de estatuto de autonomía. El entonces jefe de los conservadores, Antonio Maura, hizo un discurso muy patriótico y muy florido que concluyó diciendo: Nunca nada. Nunca nada autonomía, nunca nada federalismo. Por cierto, recibió el apoyo del Conde de Romanones, liberal, igual que ahora Sánchez apoya al Partido Popular en todo aquello que afecta a Cataluña. Todos los diputados catalanes, incluso Largo Caballero, que había sido elegido por la circunscripción de Barcelona, se levantaron y se marcharon, abandonaron el hemiciclo. Antes de marchar hubo uno que aquí, desde la tribuna, ya profetizó que solamente un cambio de régimen permitiría el reconocimiento de Cataluña. Palabras proféticas.

Efectivamente, solo con la caída de la Monarquía borbónica Cataluña, en el marco de la República, fue reconocida. Así pues, valdría la pena que recordaran o que tuviesen el interés de recordar que, primero, nadie a principios de abril del año 1931 pensaba en la proclamación de la República española aquel mismo mes y, segundo, que la prevaricación del Tribunal Constitucional al modificar el estatuto de autonomía aprobado en referéndum, vulnerando el artículo 152.2, ha tenido el mismo efecto deslegitimador que tuvo el perjurio de Alfonso XIII al aceptar la dictadura de Primo de Rivera. Por tanto, señorías, no nos rendiremos porque estamos convencidos de que el ejercicio del derecho a decidir puede ser y será la palanca para un proceso constituyente español que nos debería llevar —este es nuestro anhelo también— a la autodeterminación de los distintos pueblos del actual Estado español y, ojalá, a la proclamación de la III república española. (Aplausos).

Termino, señora presidenta. Estamos abiertos a negociar; va con nuestro ADN pactista, va con el ADN pactista de los catalanes. Les recuerdo que el 8 de abril de 2014 tres comisionados del Parlament de Catalunya vinieron a este Parlamento para solicitar la autorización, a través de una proposición de ley, para la celebración de referéndum y esa proposición de ley ni siquiera fue admitida a trámite. Así pues, nosotros estamos dispuestos a negociar hasta el último momento, pero también tienen que saber que estamos preparados para dar voz a la ciudadanía para que decida libremente su futuro, un futuro de libertad, progreso y justicia social.

La democracia es imbatible, la democracia siempre triunfa y quizá valdría la pena que no nos hicieran sufrir tanto. Pero no les quepa ninguna duda de que también estamos preparados para sufrir, sí, estamos preparados para sufrir pacíficamente, para sufrir insumisamente. Compañeros de Podemos, compañeiros de En Marea, companys i companyes de En Comú Podem, estamos convencidos de que próximo día 1 de octubre votaremos, estaremos juntos responsablemente y convertidos en la voz de la ciudadanía, construyendo democracia, construyendo futuro en beneficio de las clases populares, en beneficio de la justicia social, en beneficio de la sociedad. A pesar de las resistencias y las amenazas por parte de grandes poderes que nos quieren hacer descarrilar, lo conseguiremos. Sepan ustedes que los hombres y mujeres republicamos de Esquerra Republicana de Catalunya estamos hechos de una pasta que nos hace emocionar diciendo y gritando sin ningún complejo y llenos de orgullo: ¡Viva la republica catalana! ¡Visca la III república española! (Aplausos.—Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario de Esquerra Republicana, puestos en pie).

La señora PRESIDENTA: Tiene la palabra el candidato a la Presidencia del Gobierno, señor Iglesias Turrión.

El señor CANDIDATO A LA PRESIDENCIA DEL GOBIERNO (Iglesias Turrión): Gracias, señora presidenta. Moltes gràcies, companys i companyes d’Esquerra Republicana de Catalunya. De corazón, muchas gracias.
Compañero Joan, reconozco que me emocionan tus palabras. Hay muchas razones por las que yo no quiero que Cataluña se vaya de España y reconozco que una de ellas es que este Parlamento perdería mucho sin diputados como tú y sin los diputados de Esquerra Republicana de Catalunya. Creo que la fraternidad y la empatía son dos ingredientes necesarios para hacer frente juntos en este momento a un partido político que no solamente niega los derechos nacionales a Cataluña, sino que también está parasitando las instituciones del Estado y poniendo en riesgo la democracia.

Debo decir que es un orgullo aspirar a ser presidente del Gobierno con el apoyo de vuestro grupo. Creo que hoy hemos dado un paso adelante muy importante; quizá mañana no podamos desalojar al Partido Popular del Gobierno, pero creo que habremos avanzado mucho para que esa posibilidad se pueda concretar más pronto que tarde. Para eso hay algo que señalaba en mi intervención de esta mañana y que es muy importante para entender el futuro de nuestro país, y es el espíritu republicano, el espíritu de res publica, eso que no entienden los que siempre han identificado el Estado con la monarquía, no comprenden nuestra pluralidad nacional y tienen dificultades para entender una diversidad que va más allá de un Estado, que consideran un patrimonio propio. Creo que combatir ese nacionalpatrimonialismo del Partido Popular es una tarea democrática que debemos compartir ante todo como demócratas, y estoy convencido de que vamos a seguir trabajando juntos.

Hay algo que he dicho esta mañana y que quiero repetir para que no os quepa ninguna duda, y es una advertencia al Gobierno del Partido Popular. Si tienen la tentación de utilizar Cataluña para tapar sus casos de corrupción a costa de los derechos civiles, a costa de las libertades, a costa de las instituciones de Cataluña, os puedo asegurar que nos tendrán enfrente y haremos todo lo posible para convencer al Partido Socialista de que esté enfrente también (Aplausos) porque será un atentado contra la democracia. En este Parlamento, compañeros, han querido construir una barrera que os criminalizaba, que os ha presentado como extremistas y como aliados impresentables. Para mí sois demócratas y podremos tener muchas diferencias en muchas cosas, pero vosotros, ante todo, sois gente decente y estoy convencido de que caminaremos juntos en la lucha contra la corrupción, en la lucha por la democracia y en la lucha para que más temprano que tarde los catalanes y las catalanas puedan decidir en libertad y con garantías su propio futuro. Será un honor trabajar para hacerlo posible. Muchísimas gracias por vuestro apoyo, compañeros y compañeras. (Aplausos).

La señora PRESIDENTA: Tiene la palabra el señor Tardà i Coma.

El señor TARDÀ I COMA: Brevemente, porque creo que nos hemos dicho las cosas noblemente a la cara y sabemos que tenemos deberes por hacer en los próximos meses. (Rumores).

La señora PRESIDENTA: Silencio, por favor.

El señor TARDÀ I COMA: Solamente os quiero decir que yo pertenezco a una generación de independentistas, de republicanos, de hombres y mujeres de izquierda que habíamos previsto que solamente llegaríamos al pie de la montaña. No habíamos previsto que estaríamos en un escenario en el que es posible, existen las condiciones objetivas necesarias para que quizás —quizás— el proceso constituyente culmine con la proclamación de la república de Cataluña. Es cierto; en el año 2004 investimos al presidente Rodríguez Zapatero con toda la lealtad y honradez con que creo que los republicanos actuamos, porque entendíamos que nuestra generación solamente podía llegar al pie de la montaña, al Estado federal, desde el cual quizás —quizás— las nuevas generaciones catalanas decidirían hacer la montaña. La verdad es que la historia ha cogido velocidad como un caballo desbocado y quizás por la crisis económica —seguro—, pero también por la incapacidad del Estado español de reconocerse como un Estado plurinacional, lo que no teníamos previsto ha ocurrido, lo cual creo que es una lección para todos, para nosotros pero también para vosotros, porque lo que ahora parece lejano quizá no lo es tanto. Ahora bien, estamos convencidos también de que en estos momentos el régimen monárquico está en un cul-de-sac, pero está muy blindado, muy blindado. Fraga Iribarne, con la ayuda de la Casa Real y los poderes fácticos, sabía lo que hacía cuando bloqueaba y convertía la Constitución española en una Constitución muerta, que lo es, en la medida en que como ustedes saben es casi imposible un cambio constitucional de enjundia, porque ciertamente las tres quintas partes del Congreso y del Senado, más todo aquello que constitucionalmente también debe encararse, hace hoy por hoy imposible una reforma o al menos una reforma suficientemente profunda como para que tuviera algún aire de proceso constituyente. Así pues, creo que modestamente —modestamente— el proceso catalán puede ser una palanca. ¿Se acuerdan ustedes de aquel cartel tan icónico que en los años 1936 y 1937 inundó las calles de Barcelona? Decía en catalán: Defensar Madrid és defensar Catalunya. (Aplausos). Pues bien, ahora es al revés. Ahora es al revés: Defender Cataluña ahora es defender Madrid. Defender Cataluña ahora es defender Madrid. Tenemos una oportunidad histórica, porque quizás aquella ruptura democrática que no fue posible en los años 1976, 1977 y 1978 —y digo quizás, porque intelectualmente estamos obligados a decir quizás, porque las condiciones se tienen que ir construyendo—, quizás ahora tengamos una oportunidad y este es nuestro compromiso. Nuestro compromiso es culminar el proceso en Cataluña y que este proceso sea —repito— la palanca con la cual iniciar un proceso constituyente en el Estado español.
No queremos dar lecciones a nadie, a nadie, pero déjennos, a nosotros que no somos nacionalistas y que nos da cierto asco el chovinismo o mucho asco, poner en valor lo que estamos haciendo en Cataluña. Díganme en qué parte de Europa tres partidos tan distintos, con objetivos tan antagónicos como los de los compañeros anticapitalistas de la CUP, un partido de centroderecha, nacionalista, y nosotros, los republicanos, radicales, pero socialdemócratas… (Risas). Sí, somos socialdemocracia radical y con mucho orgullo. ¿Díganme dónde hay en Europa un proceso semejante? (Un señor diputado: ¡En Albania!—Rumores).

La señora PRESIDENTA: Silencio, por favor.

El señor TARDÀ I COMA: Es más, incluso adquiere mayor valor el proceso catalán cuando todavía tenemos al Partido Popular gobernando. Yo sé que no ha sido posible, pero es evidente que todos hubiéramos sentido un mayor orgullo hoy aquí si las izquierdas españolas hubieran sabido o hubieran podido… No quiero hacer valoraciones que puedan ser malinterpretadas —no es el momento—, pero ojalá que nos hubiéramos puesto de acuerdo para echar al Partido Popular; democráticamente, pero echarlos.

Así, pues, la experiencia catalana merece un cierto interés. Lo que estamos haciendo en Cataluña es muy importante porque, además, el pueblo está detrás. Los próximos meses van a ser difíciles. Hay grandes intereses en Cataluña para que todo descarrile. La oligarquía catalana, que junto con la oligarquía española ha acumulado tantos capitales en los últimos cuarenta años gracias al Boletín Oficial del Estado, no tiene ningún interés en que en Cataluña se abra un proceso constituyente. La Caixa no tiene ningún interés. De hecho, si La Caixa quisiera quizá ya seríamos independientes. El Banco Sabadell no tiene ningún interés y Foment del Treball tampoco. ¿Quiénes tienen interés? Pues los de siempre, los de siempre, las clases populares. ¿Quiénes son comprensivos? ¿Quiénes participan del proceso democrático? Los sindicatos de clase, las patronales de la pequeña y mediana empresa, los autónomos, las clases trabajadoras, las clases populares en definitiva, aquellas que tienen la percepción de que tenemos derecho en el siglo XXI a construir una sociedad más libre, más justa, es decir, tenemos derecho a ser protagonistas de nuestro presente y de nuestro futuro. Así, pues, es posible, compañeros, que tengamos muchos problemas. Es posible que suframos, pero para hacer triunfar la democracia ahora tenemos que ser generosos. Hay que abandonar sectarismos, y empiezo a hablar por mí mismo y por mi partido. Es momento de ser generosos, enterrar sectarismos y, sobre todo, prejuicios. Deseamos que los autodeterministas catalanes y los independentistas catalanes vayamos convergiendo durante estos meses, aunque no a fin y efecto de coincidir en el sí. No puedo pretenderlo; sería insultarte, compañero Pablo Iglesias, si te pidiera el sí. Solamente te pido, nos pedimos, que podamos encontrarnos en la llamada al pueblo a ir a las urnas y que cada uno vote lo que quiera. Además, así estaremos labrando con los compañeros de En Comú Podem y con todos los compañeros catalanes de la izquierda, porque no renunciamos ni renunciaremos nunca a entendernos con una pata del catalanismo, que es el Partido Socialista de Cataluña. Sin el PSC no hubiéramos llegado a salvaguardar la lengua catalana o a construir escenarios de Gobiernos de izquierda como los tripartitos, de los cuales estamos muy orgullosos. (Aplausos). Precisamente por eso, solamente pedimos que todos podamos encontrarnos en el llamamiento, porque así no habrá fractura política ni emocional, porque las fracturas emocionales son las que cuesta más superar. Si no nos encontramos en el llamamiento a la participación, es posible que durante muchos años no pueda existir una hegemonía de las izquierdas en Cataluña. Es decir, la unidad en el futuro inmediato nos la estamos jugando en estas semanas y en estos meses.

Por nuestra parte, compañeros, os pedimos solamente que seáis tan nobles con nosotros como nosotros lo seremos con vosotros y con todas las izquierdas catalanas. Repito, nosotros nunca renunciaremos a entendernos también con todas las patas, con todas las ramas del catalanismo, incluido el Partido Socialista de Cataluña.
Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario de Esquerra Republicana, puestos en pie).

La señora PRESIDENTA: Tiene la palabra el candidato a la Presidencia del Gobierno, el señor Iglesias Turrión.

El señor CANDIDATO A LA PRESIDENCIA DEL GOBIERNO (Iglesias Turrión): Gracias, señora presidenta.
Amigo Joan, te agradezco la altura de la intervención y la enorme lucidez sobre el momento histórico que estamos viviendo. En la intervención de esta mañana citaba a Ramón Carande cuando hablaba de la historia de España y decía: «Demasiados retrocesos». La historia de España tiene que ver mucho con la historia de Cataluña. Al menos desde el siglo XIX tiene que ver con intentos fallidos de democratización de España que siempre han tenido en Cataluña un elemento fundamental. Podemos hablar de Pi i Margall, de Almirall y de otros catalanes demócratas que fueron capaces de construir un sentimiento político que siempre tuvo un carácter popular.

Señorías, esta mañana he hablado muy mal de Cánovas. Cánovas no es santo de mi devoción, pero era inteligente. Cánovas fue capaz de usar La Gloriosa y el periodo de la I República para apuntalar después con mucha habilidad el régimen de la Restauración, que representó una derrota para los demócratas y para los republicanos. Del mismo modo, el periodo de la II República reveló la superioridad militar del bloque de poder más conservador que canceló la democracia en nuestro país y que canceló también la posibilidad de una apertura democrática de sentido republicano en Cataluña. Es verdad que en la transición se produjeron avances, pero, como decía Manolo Vázquez Montalbán, aquello era más una correlación de debilidades que una correlación de fuerzas, en las que los demócratas a duras penas contaban con la legitimidad cuando contaba con todo el poder una clase que hizo una metamorfosis; algunos de sus padres políticos pasaron de ser procuradores de la dictadura a honestos diputados en este Congreso. Creo que estamos viviendo un momento histórico que abre una nueva posibilidad para España y para Cataluña, para abrir posibilidades democráticas en un sentido social que replantee el proyecto europeo y también en un sentido plurinacional, y creo que el señor Tardà ha sido enormemente inteligente a la hora de reconocer el significado que tuvo entender Cataluña y el catalanismo por parte del Partido de los socialistas catalanes, cuya lucidez nosotros hemos reconocido siempre. Algunas de nuestras propuestas que señalan la posibilidad de llevar a cabo un referéndum pactado en Cataluña no son originales nuestras, están inspiradas en lo que dijeron algunos dirigentes del Partido de los socialistas de los catalanes. Ojalá la memoria de dirigentes fundamentales del socialismo catalán, como el señor Maragall, informara a partir de ahora su manera de relacionarse con lo que significa Cataluña y con la posibilidad de construir una alternativa democrática en España.

Creo que el señor Tardà les ha tendido la mano y yo quiero tendérsela también. Hay una oportunidad histórica en España de construir un camino constituyente sin el Partido Popular y sin sus aliados y, créanme, en un momento como este es una posibilidad democrática que no está en nuestro interés, como diferentes partidos políticos, sino que es un desafío histórico que quizá podamos legar a nuestros hijos e hijas y a nuestros nietos y nietas. Les decía esta mañana que seguramente nosotros habremos cometido errores y creo que ustedes también han cometido algunos. Les pido ahora que no piensen en su partido y que no piensen en el pasado, que piensen en la posibilidad de construir una nueva España que no se fundamente en una suerte del turno entre su partido y este partido, esa época ya pasó. Seguramente, nosotros no tendremos la fuerza suficiente para gobernar sin ustedes, pero creo que ustedes tampoco tendrán la fuerza suficiente para gobernar sin nosotros y, seguramente, para dar una solución democrática que permita a los catalanes y catalanas decidir su futuro nos tengamos que poner de acuerdo. Creo que las circunstancias de excepcionalidad que vive España ameritan una reflexión por parte de todos nosotros. Yo sé y entiendo que ustedes no están preparados para votar a favor de está moción de censura, pero espero que su abstención sea cuando menos una abstención reflexiva para que, como decía el compañero Joan Baldoví, podamos ponernos a reflexionar y a trabajar juntos para sacar lo antes posible a esta gente de las instituciones, que las están parasitando y que están poniendo en riesgo el futuro de nuestra democracia.

Muchísimas gracias, señorías. (Prolongados aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Confederal de Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea y del Grupo Parlamentario de Esquerra Republicana, puestos en pie).

Portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso de los Diputados.
Secretario general de Podemos y portavoz del grupo parlamentario confederal de Unidos Podemos, En Comú Podem y En Marea en el Congreso de los Diputados.
Fuente:
http://www.congreso.es/public_oficiales/L12/CONG/DS/PL/DSCD-12-PL-60.PDF