Reino Unido: 10 cosas que hemos aprendido del congreso laborista

Andrew Sparrow

01/10/2017
1 – El Partido Laborista está más unido de lo que lo ha estado durante veinte años. Probablemente hay que remontarse a 1997 para encontrar un congreso laborista con una ausencia tal de divisiones significativas. Después del primer año de Tony Blair como primer ministro, el congreso se convirtió en escaparate de divisiones, bien en el seno de la dirección (Blair versus Brown), o entre la dirección y los afiliados. Este año ha habido una explosion de armonía, lo que en buena medida se explica por el hecho de que...
2 – La oposición interna a Corbyn se ha derrumbado dentro del Partido.Eso no se debe a que todos esos diputados y afiliados del Partido que se mostraban escépticos respecto a él el año pasado hayan visto la luz. En privado, muchos de ellos albergan todavía dudas acerca del proyecto de Corbyn, aunque los resultados de las elecciones hicieron mucho por aquietar sus temores. Pero no hay ni rastro de agenda política alternativa alguna en el Partido por el momento y no hay ningún diputado que vaya más allá de un tibio esfuerzo por articular alguna. La única excepción la constituye Europa, respecto a la cual los europeistas han estado tratando de movilizarse contra la dirección, pero...
3 – El pro-corbynismo laborista se impone a su pro-europeísmo. Ese fue el significado de la decision del congreso de este domingo pasado (24 de septiembre) de no llevar a cabo una “votación significativa” (por usar la frase acuñada por Keir Starmer en otro contexto, al referirse al voto final del Parlamento en torno al acuerdo del Brexit) sobre la permanencia en el mercado único. Parecía un clásico apaño de los del liderazgo de la época de Blair, pero los afiliados del Partido (siguiendo la consigna oficiosa de Momentum [primer y principal grupo favorable a Corbyn dentro del Partido Laborista]) votaron abrumadoramente a favor de no llevar a cabo una votación, lo mismo que los sindicatos, de modo que se trató de una auténtica decisión democrática. Cuando los miembros de tu partido te hacen ellos el apaño es que has conseguido un grado de control que habría envidiado hasta Blair. Pero, después de algún desahogo en Twitter el domingo por la noche, los europeistas del laborismo se quedaron en buena medida tranquilos…posiblemente porque saben que la política del Partido se escurre gradualmente de su lado. Corbyn se niega a descartar el mantener para bien al Reino Unido en el Área Económica Europea después del Brexit, quizás porque está más interesado en seguir siendo líder laborista y convertirse en primer ministro que en satisfacer su escepticismo de toda la vida respecto al mercado único.
4 – El laborismo tiene un verdadero problema para aceptar que perdió las elecciones generales. El Partido parece estar sufriendo colectivamente una suerte de disonancia cognitiva en este punto, para gran regocijo de algunos periodistas.  Considerando que las expectativas de lo que iba a alcanzar el laborismo antes de las elecciones generales eran tan universalmente funestas (incluyendo a los corbynistas,  aunque algunos de ellos parecen haberlo olvidado),  resulta comprensible su alborozo. Pero también significa que….
5 – El laborismo parece complaciente y no ha ido pensando en serio qué necesita para ganar las próximas elecciones. El paso sensato para cualquier partido que ha perdido unas elecciones generales consiste en llevar a cabo una autopsia, averiguar qué es lo que ha ido mal, y crear una estrategia en torno a lo que se precisa para ganar esos escaños que faltan. Casi no ha habido en esta semana pruebas de que el Partido esté haciendo conjuntamente nada de esto. Por el contrario, se presume de modo generalizado que, ahora que ha quedado sentado que  Corbyn no representa un riesgo electoral evidente, es probable que el laborismo venza la próxima vez, porque los tories van trastabilleando y todos los gobiernos acaban inevitablemente por caer. Bien puede ser que sea eso lo que suceda, pero no tenemos garantías, y un partido más empecinado estaría diciendo cosas destinadas a incrementar su atractivo electoral. Eso no ha sucedido hasta ahora en esta semana, aunque se nos dice que Corbyn recurrirá a su discurso posterior para dirigirse no sólo al Partido sino al país en su conjunto.
6 - Corbyn mantiene un dominio tal que no sólo no ha de afrontar desafío alguno a su liderazgo sino que no hay ni siquiera un sucesor evidente. En la mayoría de los partidos políticos, en cualquier momento dado, hay alguien al que se identifica como siguiente líder a la espera. A menudo sucede que no llegan jamás a líderes (Yvette Cooper ócupó esta casilla durante unos cuantos años en la época de Miliband), pero su presencia significa que el líder está siempre, en cierta medida, a prueba. Corbyn, sin embargo, resulta tan preeminente que el habitual parloteo acerca de quién podría ser el próximo líder es extremadamente tenue. El peligro estriba en que el Partido empieza a parecerse a un culto a la personalidad. No lo es, claro, pero aunque se reconozca que hay un elemento de ironía en el cántico del “Oh, Jeremy Corbyn” que se ha convertido en himo del congreso (¿substituirá a The Red Flag [himno laborista] al término de las sesiones de hoy?), hay algo un poquitín norcoreano en todo esto.
7 – El laborismo se entiende ahora acaso mejor como partido de los jóvenes que de clase trabajadora. Es esto algo que sabemos gracias a la demografía del voto, pero ha quedado espectacularmente ilustrado en Brighton por los miles de jóvenes que han acudido a los actos de The World Transformed [TWT – El mundo transformado], organizados por Momentum, un festival de política progresista alternativa que se celebra al tiempo que el congreso. Ha estado extremadamente bien organizado y se ha visto a gente que hacía colas que daban la vuelta para oír al género de oradores que solo atraían a un public minúsculo en actos marginales hace sólo pocos años. Después de sólo dos años,  TWT parece hoy parte integral de los congresos laboristas.
8 – El sector de negocios se está tomando al laborismo mucho más en serio. Después de la elección de Corbyn como líder del Partido, muchos cabilderos empresariales que habitualmente acudían al congreso han estado ausentes. Asumieron que no tenían que preocuparse de tener que prepararse para un gobierno laborista. Pero eso ha cambiado, y este año están aquí en bloque. Podrá ser que no les guste necesariamente mucho el laborismo, pero tienen la impresión de que hay que  implicarse.
9 - Corbyn está mejorando muy mucho en el manejo de los medios. Le eligieron como líder a causa de su política, no porque diera bien en television, y hasta este año sus entrevistas radiotelevisivas se habían visto enturbiadas por sus meteduras de pata o su irritabilidad. Pero en los últimos seis meses ha mejorado enormemente, y no menos en la habilidad política esencial de saber cómo esquivar preguntas delicadas (¿se acuerdan de cómo se manejó con la pregunta de Andrew Marr sobre las huelgas ilegales?). Por lo que a esto respecta, está actuando en buena medida como un politico convencional, sin haber tenido que sacrificar su reputación de autenticidad, un logro inusitado.      
10 – La transformación del laborismo todavía no ha concluido. Puede que Corbyn haya conseguido un completo dominio sobre el Partido, pero volver a remoderlarlo constituye un trabajo todavía en marcha y, entre bambalinas, hay nervios considerables entre aquellos parlamentarios que menos simpatizan con  Corbyn respecto a dónde va a acabar el Partido, y respecto a si van a acabar siendo desechados como candidatos. El Partido aprobó ayer algunos cambios en la reglamentación, pero el fundador [Jon Lansman] de Momentum ha dejado claro que le gustaría ir más allá, y la secretaria política de Corbyn, Katy Clark, está llevando a cabo una revisión de la democracia interna del Partido – que ha provocado sorprendentemente poca discusión en el congreso – que podría acabar siendo el vehículo mediante el cual se produzca esto.
corresponsal político del diario The Guardian y como tal acudió al congreso del Partido Laborista de esta semana en Brighton.
Fuente:
The Guardian, 27 de septiembre de 2017
Traducción:
Lucas Antón