Reino Unido: Espías rusos, venenos y Corbyn, todo junto

Paul Demarty

27/03/2018

El intento de asesinato de un ex agente doble ruso, Sergei Skripal - y de su hija, Yulia, también hospitalizada - hubiera creado un gran revuelo en cualquier caso. Es bastante extraordinario que se utilicen agentes nerviosos en Salisbury, una provinciana ciudad del sur de Inglaterra famosa por el campanario de su catedral.

Por ello, es muy poco probable que alguien aparte de agentes del Estado ruso llevasen a cabo el ataque contra los Skripals. Existen, por supuesto, las lamentaciones usuales de los teóricos de la conspiración en sus interminables batallas con los 'borregos', según las cuales fue una provocación de los propios servicios de espionaje británicos; o, como pretenden otros, del gobierno violentamente anti-ruso de Ucrania. La primera teoría puede ser descartada de entrada, y la segunda - aunque al menos se relaciona con un gobierno que podría tener acceso a esta clase de agentes tóxicos - parece implicar un riesgo demasiado grande para Kiev, teniendo en cuenta las posibles consecuencias de ser descubierto.

A menos que aparezca alguna revelación espectacular, la navaja de Occam parece la lógica más acertada: al igual que la mayoría de los homicidios de mujeres son obra de sus parejas, a los desertores los suelen ajusticiar sus antiguos espías jefes. El Estado ruso niega toda participación, pero no ofrece ninguna explicación alternativa del hecho de que un desertor que entregó los nombres de 600 agentes de inteligencia rusos al contraespionaje británico este a las puertas de la muerte gracias a un agente tóxico nervioso ruso. La verdad es que muy probablemente se quiera enviar sobre todo un mensaje para el consumo interno ruso. Para los autócratas puede que sea fácil ganar elecciones, pero es más difícil hacerlo con una participación que confiera legitimidad y este espectacular acto de reafirmación nacional - a pesar de su no reconocimiento - no puede sino reforzar el herido orgullo nacional ruso. Las acusaciones de irregularidades en las elecciones abundan, pero desde lejos todo indica que las elecciones de la semana pasada fueron un éxito para Putin y sus compinches.

Sin embargo, una cosa es decir en general “fueron los rusos”, y otra muy distinta demostrar quienes cometieron el crimen: ¿qué rusos? Hay cerca de 150 millones de ellos, después de todo. ¿Quién lo ordenó? Parece imposible que no haya contado con la aprobación de Putin, dadas las elecciones presidenciales; pero no bastan las conjeturas para acusar a alguien ante los tribunales. ¿Cómo llegó el veneno ruso a Hampshire? La teoría actual parece ser que fue plantado en el equipaje de Yulia, lo que parece bastante improbable, pero no hay duda de que surgirán otras conjeturas. Muchas preguntas siguen abiertas. ¿Cómo no? Los detalles de crímenes de este tipo son necesariamente oscuros.

Contra Corbyn

Jeremy Corbyn estuvo entre quienes su respuesta inmediata no fue simplemente tocar los tambores de más sanciones contra Rusia, sino que planteó una serie de preguntas de difícil objeción a  la primera ministra Theresa May. Pidió conocer las pruebas existentes hasta el momento, criticó una serie de donaciones de los oligarcas rusos a los conservadores británicos, e hizo algunas otras observaciones normales y dolorosamente moderadas. La respuesta de May fue extraña por su ferocidad, como si Corbyn hubiera estado implicado en el ataque tóxico. El periódico The Sun lo declaró un hombre de Putin, Newsnight supuestamente lo situó en una fotografía manipulada en la Plaza Roja con una gorra a los Lenin, y comenzó a circular una vez más el rumor de una escisión 'moderada' en el laborismo británico.

¿Qué diablos está pasando? Entre la brigada de cabezas envueltas en papel de aluminio y la histeria anti-Putin, hay una vasta colección de personas que tienden a situarse en un chovinismo paranoico. No es necesario ser un dirigente histórico de la izquierda laborista en la oposición para recordar la cantidad de dinero ruso sucio que circula por la City, o que acaba en las arcas del Partido Conservador, o para hacer la pregunta de cómo es posible que se pueda producir un ataque con gas nervioso en Hampshire. Francamente, podemos imaginar a un Tony Blair despellejando al gobierno de John Major por ello, si todo esto hubiera ocurrido en 1996. Es mera rutina de los francotiradores de la oposición: ¿cuál es de verdad el problema?

Lo qué está ocurriendo, en este frente, es una variante de un tema obsoleto, mediante el cual el establishment británico utiliza un escándalo cocinado para intentar domesticar a Corbyn, con más o menos éxito. Así ocurrió con el dinero sobre las conmemoraciones de la Primera Guerra Mundial; sobre si entonaba o no el himno nacional británico en las celebraciones del estado; la permanente acusación torticera de antisemitismo; y así ad infinitum. El instinto de Corbyn es generalmente retroceder, y fortificarse en el monotema de la austeridad - como ocurrió en su débil argumentación sobre los recortes Tory al presupuesto del servicio diplomático (y sin duda los presupuestos del MI6 y del Estado Mayor del ejército han sido cruelmente recortados también ...). Esto demuestra a los poderosos que sus operaciones propagandísticas de acoso funcionan - y vuelven a la carga. Ello explica la situación actual, y la manipulación de la campaña sobre el ataque contra los Skripal.

Por lo que se refiere a la izquierda, la manipulación más sorprendente es, por supuesto, la del programa de la BBC Newsnight; pero, si las acusaciones son correctas, la BBC sólo cometió el error de hacer de la manera más vulgar posible exactamente lo mismo que cualquier otro medio de comunicación 'respetable' contra toda evidencia. Hemos indicado ya que este episodio encaja en un patrón más amplio de los ataques de la clase dominante contra el dirigente laborista.Pero, francamente, hay otras razones para el cinismo en este caso - no menos importantes son las cuestiones planteadas por el propio Corbyn en sus “inaceptables” intervenciones parlamentarias.

Habló de “grandes fortunas” transferidas de Rusia a Londres - algunas veces en relación con “elementos criminales”. No es para menos. Incluso las “fortunas legítimas” -como la de Roman Abramovich, por ejemplo - tienen pasados muy turbios; además de las de conocidos mafiosos. Y todos ellos van a Londres como primera opción; compran casas de generosas proporciones en Chelsea y Hampstead, y periódicos, clubes de fútbol y obras de arte; y la administración británica les ayuda en cada paso del camino. El non plus ultra de esta “comprensión” británica  fue el caso ante los tribunales entre Abramovich y su ex colega Boris Berezovsky, que utilizaron a los jueces británicos para airear extraños detalles de acontecimientos que habían tenido lugar 15 años antes en Rusia (Abramovich ganó; Berezovsky más tarde fue encontrado ahorcado, presumiblemente suicidio).

Todo esto es perfectamente esperable en el aparato para lavado de dinero sucio en el que vivimos. Los oligarcas rusos no son las únicas personas que pasan sobres de dinero a todos a quienes se avengan a no hacer preguntas al respecto. Es algo bastante habitual en la decadencia de las grandes potencias mundiales, en la medida en que sus imperios dan paso a otros más jóvenes y vigorosos. Britannia ya no gobierna las olas; así que debe vender su virtud en los muelles. (Incluso un macro caso judicial como el de Abramovich v. Berezovsky puede ayudar, gracias a las minutas de una gran cantidad de abogados y a los impuestos que implican).

Las circunstancias particulares en la actualidad refuerzan esta tendencia. Las negociaciones sobre Brexit con la UE siguen avanzando con escasos resultados: la Unión Europea parece dispuesta a negar a la City cualquier trato de favor, llegado el fatídico día, lo que aumentaría el daño que sufriría Gran Bretaña como destino preferencial para el saqueo de la cleptocracia inteligente global. Recientemente se ha informado que David Green, el jefe de la Oficina Anti Fraudes Graves (OFS), corría peligro de perder su trabajo, ya que, bajo su dirección, la OFS había comenzado a encausar con éxito a presuntos criminales. No hay exagerar las cosas: los procesamientos ''acaban en su mayor parte en acuerdos prejudiciales, que no implican algo tan vulgar como la cárcel. Pero incluso eso es aparentemente demasiado para Theresa May, que ha tratado de acabar con estas investigaciones durante media década. Imagínese el daño que podría hacer un gobierno laborista que realmente tratase de separar el dinero sucio del limpio.

Cabe sospechar, irónicamente, que los ataques a Corbyn por ser blando con Putin se producen al menos en parte no por la preocupación de que convierta a Gran Bretaña en un estado vasallo de Rusia, sino todo lo contrario - porque podría cometer el error de acabar con el atractivo del Reino Unido para los oligarcas, y otros personajes encantadores, como los príncipes saudíes (y otros por el estilo). Es notable que, a pesar de los gritos, las sanciones reales contra Rusia se reduzcan a la expulsión de unos cuantos diplomáticos - una rutina ante la que es difícil contener un bostezo. Esa es la historia aquí: la economía británica se basa en relaciones corruptas con regímenes como el de Putin y sus beneficiarios, y una parte de ese dinero gotea hacia las arcas del Partido Conservador, donde seguro que se acepta con la mayor probidad y sin la menor influencia política a cambio.

No es extraño que a los poderosos les guste tanto convertir el extraño ataque en Salisbury en un episodio más de sus ataques contra Corbyn.

filósofo y analista político, es miembro del comité de redacción del semanario Weekly Worker, cercano a la corriente Labour Party Marxists.
Fuente:
https://weeklyworker.co.uk/worker/1195/russian-weapons/
Traducción:
Enrique García