Renta Básica y Estado de Bienestar. Entrevista

Philippe van Parijs

14/01/2007

 

Cosma Orsi entrevista en Il Manifesto al filósofo belga Philippe van Parijs, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.
”Mi propuesta de una renta incondicional y universal puede ser interpretada como la via capitalista al comunismo”.

El ingreso de existencia es la oportunidad que ofrece la gran transformación actual para garantizar una libertad real de todos. Una entrevista con el académico belga Philippe Van Parijs con ocasión de la salida de su último libro.

La tesis de Philippe Van Parijs es expresión del pensamiento democrático radical que mira a la “gran transformación” del capitalismo como una oportunidad para introducir criterios de justicia social que garanticen, como gusta de repetir este estudioso belga, una “libertad real para todos”.

Docente de ética económica y social en la Universidad Católica de Lovaina, desde hace algunos años divide su vida entre la pequeña ciudad en la que profesa, Bruselas –a la que va a menudo a dictar cursos convocado por la Unión Europea- y la Universidad de Harvard, en donde imparte clases de filosofía social.

Van Parijs es especialmente conocido por sus propuestas de una “renta básica” o  “ingreso ciudadano”, elaboradas hace veinte años y “refinadas” en el transcurso del tiempo. Una trayectoria de investigación que alterna textos de “filosofía social” e incursiones en la historia del pensamiento económico, condensada en innumerables ensayos y libros.

En Italia hemos estado traduciendo ¿Cuánta desigualdad podemos aceptar?, escrito con Christian Arnsperger (Il Mulino), ¿Qué es una sociedad justa? (Ponte delle Grazie). Recientemente la casa editorial Egea, de Milán, ha publicado el volumen escrito con Yannick Vanderbought La renta básica universal (pp. 160, euro 14) [hay traducción castellana de David Casassas con Prólogo de Daniel Raventós en la Editorial Paidós de Barcelona]. Y la entrevista se basa en las tesis contenidas en el libro.

Desde siempre usted es un activo defensor de la “Renta básica”. ¿Qué fue lo que le llevó a abrazar esa línea de pensamiento?

Son dos las principales razones. La primera deriva del intento de encontrar una solución a las injusticias que no se basara en la idea de hacer crecer el PIB, siempre más preocupada por aumentar el ritmo de crecimiento de la productividad.  En segundo lugar, me ha guiado la esperanza de que fuese una alternativa al capitalismo tal como lo conocemos.

¿Y en qué dirección? La respuesta más breve es libertad real para todos. La justicia consiste en organizar las instituciones sociales de modo tal, que garanticen el máximo de libertad compatible con un desarrollo socialmente sostenible a todos quienes gozan de menos libetad en conducción de su existencia de acuerdo con sus creencias.

En su último libro publicado recientemente, usted define la “Renta Básica ” como un ingreso otorgado por la comunidad política a todos sus miembros, individualmente y sin contrapartida. ¿En qué sentido su propuesta se diferencia de las neoliberales y de las socialdemócratas?

El ingreso ciudadano es individual, universal e incondicional. Estas tres características lo hacen totalmente diferente de las políticas basadas en la evaluación de los medios económicos de que disponen las personas, como el ingreso mínimo de inserción, adoptado en muchos países (por ejemplo, en Francia).

Introducidos por los socialdemócratas, los demócrata-cristianos o los liberales, sus esquemas constituyeron un significativo progreso respecto del sistema de apoyo a la renta que se basaba en la seguridad social de base contributiva y asistencia social discrecional.

Y respecto de esos esquema, una imposición fiscal negativa constituye un ulterior progreso. El mecanismo de seguridad social actualmente existente otorga a  las familias la diferencia entre lo que logran ganar y un hipotético umbral de pobreza.

Evidentemente, esta medida penaliza todo intento por parte del beneficiario de ganar cualquier ingreso declarable: de hecho, si lo hiciera, vería reducidos sus beneficios. En cambio, un esquema de fiscalidad negativa permite que todos disfruten de los ingresos de su trabajo. De aquí que no sea necesaria restricción alguna frente a quienes quieran trabajar.

En su libro usted destaca las razones éticas que avalan la introducción de una “Renta Básica”. Las razones económicas se limitan a la reducción de fenómenos negativos como la pobreza y la desocupación. ¿No cree que habría asimismo que aportar razones económicas a favor de la sostenibilidad de su propuesta?

A mi modo de ver, no es posible separar los argumentos ético-filosóficos de los económicos. Es por razones éticas que nos preocupamos de fenómenos como la pobreza y la desocupación. Pero, por otro lado, necesitamos argumentos económicos para determinar la manera de combatirlos con inteligencia.

Por tanto, si hay algo que justifique específicamente para el capitalismo cognitivo actual la introducción de la Renta Básica son razones de orden ético, mientras que en el análisis económico lo que hay que buscar es el modo de introducirla .

Considero que un capitalismo cada vez más basado en el conocimiento refuerza la exigencia de combinar trabajos de baja remuneración con los beneficios dimanantes de una forma universal de renta de existencia.  con el beneficio derivado de una forma universal de renta de existencia.

El argumento no es que el capitalismo cognitivo tienda a producir una demanda de trabajo cada vez menor. Más bien es que tiende a distribuir el poder derivado de las ganancias de un modo más y más asimétrico, llegando a reducir los salarios del grueso de quienes se hallan por debajo de un nivel de vida decente.

De esta manera, la trampa de la desocupación creada por las medidas focalizadas deja de ser un fenómeno marginal. Para evitar que la mayoría de la población caiga en esta trampa se hace entonces necesario extender el beneficio quienes trabajan remuneradamente, como se vio con el famoso Earned Income Tax Credit (EITC) promovido por el ex presidente de los EEUU, Bill Clinton, y sucesivamente importado por el Reino Unido de Tony Blair (Working Families Tax Credit) y por la Francia de Jospin (Prime pour l’Emploi ).

La izquierda política y sindical parece estar dividida respecto de la “Renta Básica”. En Italia ha habido un debate muy encendido en el curso del año que ha conducido inevitablemente a interrogarse sobre la relación entre la propuesta de la Renta Básica y la cultura política del movimiento obrero organizado. ¿Cómo interpreta esta “relación”?

En un artículo publicado hace veinte años con Robert Van der Veen, presenté la introducción de una renta básica incondicional y su gradual incremento como la “vía capitalista al comunismo”: consiste en “capitalizar” el dinamismo del capitalismo del cual hablaba Karl Marx para incrementar gradualmente la proporción del producto social redistribuido tanto según las necesidades de cada uno, como según su contribución, reduciendo gradualmente el número de personas empleadas en actividades alienantes.

Todavía creo que esta es una propuesta sensata que permite que aquellos que creen en los ideales de Marx mirar positivamente una renta de existencia. Se perfila así una concepción coherente de justicia social, definiendo los medios que permiten llevar a su realización.

Algunos críticos consideran que aunque la renta básica pueda hacer más soportable la situación de precariedad por un breve periodo, no contribuirá a la lucha por  un verdadero trabajo garantizado para todos. Además, piensan que un ingreso de existencia introducido sólo a nivel local y sólo a los trabajadores precarios podría multiplicar la fragmentación de la clase obrera…

Según yo la entiendo, la Renta Básica no es una medida para hacer más cómoda la vida de quien la percibe aunque no tenga un trabajo (que tampoco es el objetivo declarado de las medidas focalizadas), sino un modo de ayudar a todos a encontrar un trabajo que tenga sentido.

Su universalidad la pone en vivo contraste con los subsidios para trabajadores con bajos salarios. Sea como fuere, eso va de la mano con el requisito de flexibilidad del capitalismo cognitivo. Está en el interés de todos que haya flexibilidad en el mercado laboral, tanto para entrar como para salir de él. Como en el interés de todos está el que haya educación y sanidad públicas.

Durante el llamado período fordista, el estado social se basaba en la oportunidad de tener un trabajo. Hoy asistimos al desmantelamiento del sistema de bienestar. La introducción de una Renta Básica, ¿significaría un apuntalamiento del viejo estado de bienestar, o habría de llevar a una nueva forma de estado de bienestar?

El ingreso de existencia debe ser visto como el corazón propulsor de la emancipación para un estado socialmente activo. En las condiciones actuales –que incluyen no sólo el “paradigma cognitivo”, sino también, por ejemplo, mayores movilidad y expectativas de vida, y la transformación de la familia— necesitamos urgentemente una alternativa al estado de bienestar pasivo, los beneficios del cual estaban demasiado centrados en los económicamente inactivos.

Pero un estado de bienestar activo no precisa de una forma represiva que active políticas sociales; puede emprender una vía para la emancipación que remueva las trampas perversas, que refuerce la seguridad mínima para la categoría social más débil y que incremente la gama de opciones de quienes tienen pocas.

Philippe van Parijs es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Acaba de aparecer en castellano su libro (escrito en colaboración con Yannick Vanderborgh) La Renta Básica (traducción castellana de David Casassas, Prólogo de Daniel Raventós, Barcelona, Editorial Paidós, 2006).

Traducción para www.sinpermiso.info: Camila Vollenweider

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Fuente:
Il Manifesto, 9 enero 2007