Siria: Los efectos tóxicos de la “nueva guerra fría”

Gustavo Buster

15/04/2018

Una semana después del supuesto ataque con cloro contra la ciudad de Duma y una escalada verbal cruzada de amenazas y advertencias, EEUU, Francia y Gran Bretaña han desencadenado en la madrugada del sábado 14 de abril un ataque con 107 misiles de diferentes tipos, lanzados desde cazabombarderos y fragatas en el Mediterráneo y el Mar Rojo. Su objetivo era triple: el Centro de Investigación de Barce en Damasco, un supuesto almacén de armas químicas y un puesto de mando, ambos al oeste de Homs. Según las autoridades iraquíes, el Centro de Barce ha sido destruido parcialmente, ha habido tres civiles heridos y 71 de los misiles han sido interceptados. De acuerdo con los atacantes, la operación militar ha sido un completo éxito, que ha demostrado su capacidad decisiva de intervención en Siria, pero no están previstos nuevos ataques a menos que “se vuelvan a utilizar armas químicas” por parte del régimen sirio. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, convocado urgentemente a petición rusa, ha permitido repetir el intercambio de acusaciones entre las potencias, polarizar aún más el escenario de la nueva guerra fría, y constatar el poder de veto de los tres miembros permanentes del Consejo de Seguridad que han llevado a cabo el ataque en una clara violación de la Carta de Naciones Unidas.

La utilización de armas químicas en la guerra de Siria

Por otra parte, hace un año, en abril de 2017, EEUU llevó a cabo un ataque con 57 misiles como respuesta a la utilización de gas sarín contra Khan Sheikhorum, en Idlib, cuya responsabilidad se atribuyó a las fuerzas iraníes desplegadas en Siria. Pero la historia -al menos esta historia sobre la utilización de armas químicas en Siria- viene de mucho más atrás, del comienzo mismo del conflicto. El 21 de agosto de 2013 tuvo lugar el primer ataque de cohetes con gas sarin en dos zonas urbanas de Ghouta Oriental, que causó 350 víctimas según Médicos Sin Fronteras y 1.429 según los EEUU. Una misión de investigación de NNUU -que se encontraba en el país a solicitud del régimen sirio para estudiar un ataque anterior aquel año en Khan al-Assal por parte de la oposición- recibió permiso del gobierno sirio para acceder a la zona en cuestión. Su informe concluyó que los agentes químicos utilizados formaban parte del arsenal químico del ejército sirio, desarrollado durante años como posible represalia de la utilización de armamento nuclear por el ejército israelí. Pero el régimen sirio y Rusia acusaron a las milicias yihadistas de haberse apropiado de parte de dicho armamento químico y de haberlo utilizado.

El agosto de 2012, Obama había establecido una serie de “líneas rojas” para evitar la utilización de armas químicas en Siria y el Senado de EEUU aprobó en septiembre de 2013 una “autorización del uso de la fuerza” contra el régimen sirio. Negociaciones diplomáticas ruso-estadounidenses evitaron esa intervención a cambio de la entrega y destrucción de todo el arsenal militar químico sirio y la firma por el régimen de Bashar al Assad de la Convención de Armas Químicas de 1997. El proceso de destrucción del arsenal químico bajo control del régimen sirio se llevó a cabo de acuerdo con los protocolos internacionales y fue considerado un importante éxito diplomático y militar de EEUU (y celebrado como tal en Israel).

Sin embargo, el VII informe de la Comisión Internacional Independiente de Consejo de Derechos Humanos de NNUU estableció en febrero de 2014, a partir de los datos de la misión de investigación de NNUU, que el gas sarín utilizado tanto en Khan al-Assal por la oposición yihadista como en Ghouta por el régimen de al Assad tenían el mismo origen. Y posteriores informes y declaraciones han acusado a los servicios de inteligencia turcos de haber proporcionado gas sarín y otras armas químicas al Frente Al Nusra y al Ejército Libre Sirio (FSA), al mismo tiempo que a las fuerzas iraníes en Siria de haber hecho lo mismo con las fuerzas del régimen sirio. A falta de nuevas investigaciones sobre el terreno en posteriores ataques con armas químicas, parece muy probable que después de 2014 las potencias regionales involucradas en el conflicto sirio hayan proporcionado armamento químico de distintos tipos a las milicias y fuerzas que financian y controlan, de la misma manera que han hecho con armamento convencional. De las 400.000 victimas de la guerra en Siria, unas 1.900 son atribuidas a armas químicas

El ataque del 7 de abril en Duma, en el Este de Ghouta, por parte del ejército sirio contra zonas controladas por la milicia Jaysh al Islam, financiada por Arabia Saudí, no ha podido ser investigado por fuentes independientes. El informe de la OMS se basa en fuentes terceras con las que tiene relaciones habituales y, según las cuales, el ataque causó 47 víctimas con síntomas relacionados con productos “químicos altamente tóxicos”, de unos 70 muertos; y solicitaron asistencia médica unas 500 personas. Con ello, la OMS parece referirse a un ataque con cloro, que el régimen sirio ha utilizado lanzándolo en barriles, junto con explosivos, desde helicópteros. El cloro no es un elemento químico prohibido, como el gas sarín, pero si esta prohibida su utilización militar, como la de cualquier otra sustancia química. No existe antídoto contra las quemaduras externas e internas que produce el cloro en sus diferentes formas y combinaciones.

Tras la derrota de ISIS, la fase final de la guerra de Siria

El ataque del régimen sirio, en una ofensiva iniciada a mediados de febrero de este año, se produjo después del bloqueo de las negociaciones para el alto el fuego, entrega del territorio y traslado de los yihadistas desarmados y sus familias hacia la bolsa de Idlib, bajo el control de las milicias pro turcas de Hay’at Tahir al Islam, en una estrategia que reproduce la de la toma del Este de Aleppo en diciembre de 2016. Los suburbios de Damasco en Ghouta Oriental han sido desde 2013 una amenaza constante para las zonas de la capital controladas por el régimen de al Assad, sometidas a continuos ataques de artillería y morteros y viceversa. La población civil de los suburbios, unas 400.000 vive en los sótanos y refugios construidos bajo los edificios demolidos, cercados por el ejercito sirio y sometida al régimen despótico de las milicias islámicas locales, centralizadas por Jaysh al Islam, cuya primera victima fueron los Comités Locales de la oposición democrática siria.

La noticia del ataque y del uso de armas químicas llegó acompañado por un video estremecedor de niños víctimas, cuya autenticidad ha sido cuestionada por Rusia como un montaje de los servicios de inteligencia británicos. Macron afirmó taxativamente que tenía pruebas irrefutables de la responsabilidad del régimen sirio, pero solo presentó un informe, resumen de los publicados por NNUU, con tres fotos de internet. La falta de pruebas reales fue obviada, por unos y otros, alegando el carácter secreto de las fuentes de los respectivos servicios de inteligencia. Trump inició su propia escalada de twitters contra el régimen sirio y contra Rusia, asegurando la utilización de “misiles bonitos, nuevos y listos”. El Secretario General de NNUU solicitó el envío a Siria de una comisión de investigación…

"Rusia promete derribar todos y cada uno de los misiles disparados contra Siria. Preparate Rusia, porque iran ¡los mas bonitos, nuevos e "inteligentes"! No deberíais ser socios de un asesino brutal ¡que mata a su pueblo con gas y lo disfruta!"

Pero poco importaba si el régimen sirio había lanzado el ataque con cloro para imponer la rendición condicionada de Jaysh al Islam o se trataba de una provocación del propio grupo, entre cuyas prácticas se cuenta el secuestro de civiles en zonas pro-Assad para utilizarlos como escudos humanos, o simplemente no se ha producido. La experiencia de como se vendió la existencia de armas de destrucción masiva en Irak solo contribuye al escepticismo. Como demostró el ataque aéreo israelí contra la base T4 de Palmyra, el jueves 12 de abril -en el que dos cazabombarderos lanzaron desde espacio aéreo libanés 8 misiles, de los que 5 fueron interceptados, matando a 7 soldados sirios y otros tantos iraníes, entre ellos el coronel Madi Dajakan, responsable de la defensa antiaérea y drones de los Pasdarans en Siria- bajo la escalada propagandística se había entrado en otra fase diplomático-militar: lo que se enfrentaban en Siria ya no eran fuerzas autóctonas interpuestas, sino directamente las potencias regionales.

Desde la toma de Aleppo Este en diciembre de 2016, la guerra de Siria ha prácticamente finalizado con la recuperación por el régimen de Bashar al-Assad del 85% de la población en la llamada “Siria útil”. Lo que queda por delante es la guerra en Siria entre las potencias regionales. La zona controlada por los kurdos-sirios al este del Éufrates se ha desarrollado como el frente territorial protegido por la fuerza aérea y las tropas especiales de EEUU en la guerra contra ISIS, pero esta amenazada por Turquía, que no solo es el principal sostenedor del yihadismo islamista en la bolsa de Idlib, sino que ha intervenido para expulsar a las milicias YPG kurdas de Afrain, estableciendo una continuidad territorial entre su frontera sur e Idlib. La desaparición del Estado Islámico como califato en buena parte de Irak y Siria, no así de ISIS, ha roto el corredor sunita apoyado por Arabia Saudí y Qatar y lo ha sustituido por un continuo territorial chiita de la alianza Irán-régimen de al Assad-Hezbollah, con apoyo ruso, que ha establecido un frente con Israel en el sur del Libano y los altos del Golan en Siria.

Intervención imperialista directa en la guerra en Siria

El fracaso de las distintas conferencias de paz entre fracciones sirias, propiciadas por Francia o Rusia -la última de ellas en Sochi en febrero de este año- ha sido la demostración palpable de la voluntad de las potencias occidentales, con Arabia Saudí e Israel, de no permitir que la situación militar sobre el terreno se convierta en el nuevo statu quo regional y forzar una negociación diplomática geopolítica en Oriente Próximo sostenida con su intervención militar directa aérea y naval. El hipócrita debate sobre los objetivos “morales” e incluso “estéticos” del ataque aéreo de EEUU, Francia y Gran Bretaña responde a este objetivo estratégico imperialista, no a impedir la “normalización de la guerra química” tras el ataque con cloro de Duma, después de años de su utilización en la guerra de Siria, por Saddam Hussein contra los kurdos y por Irak en la guerra con Irán.

Las dos señales del nuevo equilibrio de poderes y de la confrontación geopolítica entre las potencias regionales, más que el ataque de Duma, hay que buscarlas en la Conferencia tripartita de Ankara de Rusia, Irán y Turquía (formalmente miembro de la OTAN) y en la preparación israelí para un nuevo conflicto militar en Libano y Siria, de la que los ataques de la aviación israelí en septiembre de 2017 contra el centro de investigación de Masyaf y ahora contra la base T4 de Palmyra son la mejor prueba.

No atacar a Siria- un ataque no traerá más que problemas a EEUU. ¡Hay que centrarse en hacer a nuestro país fuerte y grande de nuevo!

La respuesta ante estos acontecimientos de la nueva administración Trump no han podido ser más errática. En 2013 y durante la campaña electoral, Trump criticó la intervención de Obama en el conflicto sirio, defendida por Hillary Clinton. Escasamente hace una semana, en esta línea, anunció su intención de retirar a los 2.000 miembros de las fuerzas especiales de EEUU que asesoran y operan en la zona controlada por las YPG kurdo-sirias. A continuación se produjo la escalada verbal con Rusia tras el ataque de Duma, que ha servido para arrinconar en los medios de prensa de EEUU la investigación del fiscal especial sobre el apoyo cibernético de origen ruso a Trump en su campaña electoral. En su intervención en el Congreso la semana pasada, el secretario de defensa Mattis declaró que su mayor preocupación era prevenir que un ataque de represalia en Siria provocase una “escalada fuera de control”, que impidiese una negociación geopolítica de las grandes potencias sobre el reparto de zonas de influencia en Oriente Próximo. Dos semanas antes se había producido la visita a Washington del príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman (que es una de las principales fuerzas desestabilizadoras de Oriente Próximo, con la guerra de Yemen, su conflicto con Qatar y la financiación de las milicias islámicas sunís en Siria e Irak*) y a comienzos de marzo la de Benjamin Netanyahu.

La situación del principal aliado en estos ataques, el presidente Macron de Francia, tampoco está mucho mejor desde el punto de vista interno. El giro neoliberal y conservador de su administración se enfrenta a un clima social conflictivo y a un endurecimiento de su política frente a la inmigración y la comunidad musulmana en Francia. El ataque contra Siria le ha permitido exigir “unidad nacional” frente al enemigo, mientras posponía al limite legal de tres días el debate en la Asamblea Nacional. La primera ministra británica May, reducida a “tercer componente” de la alianza occidental, tiene en perspectiva otra humillación como es el resultado de las negociaciones con la UE sobre el Brexit y también ha aplazado el debate parlamentario, que su antecesor Cameron perdió en 2013, bloqueando de hecho la respuesta punitiva de Obama contra Siria. Pero el ataque contra Siria le ha permitido contextualizar sus acusaciones y conflicto con Rusia por el "caso Skripal".

La nueva guerra fría en su tercer frente de Oriente Próximo responde en buena parte a las dificultades internas que atraviesan Trump, Macron, May, y también Netanyahu y Mohammed bin Salem. A las que se suman sin duda las de Putin, Erdogan o Rouhani. La supuesta “racionalidad” de la defensa de los valores occidentales o geopolíticos de las nuevas potencias regionales esconde y retroalimenta los conflictos sociales nacionales, como ha puesto al día John Smith en su análisis del “nuevo imperialismo”.

La guerra en Siria inicia ahora su fase más peligrosa, que será determinante para cualquier negociación posterior del equilibrio geopolítico regional. La batalla de Idlib que se avecina implicará una confrontación de intereses estratégicos entre el régimen de al Assad y la Turquía de Erdogan, con Rusia como mediadora y potencia decisiva, amenazando con desarticular definitivamente el flaco suroriental del cerco de la OTAN sobre Putin. Y al mismo tiempo, ha puesto fin a la zona de amortiguación establecida por Israel en el sur del Líbano y el Golan, con bases iraníes en Siria y el fin del proceso de paz de Oslo con Palestina. Regionalmente, Isis mantiene una presencia, que será más activa en los próximos meses, en Irak, este de Siria, Sinai y Libia y sigue abierta, en medio de una catástrofe humanitaria desesperada, la guerra de Yemen.

¿Se acordará alguien dentro de un año del ataque químico y de las víctimas de abril de 2018 en Duma?

Nota:

* Parece gratuito recordar que tras la visita a Washington, el heredero saudí visitó Madrid donde, agasajado como se merecía por sus pares, cerró contratos militares por varios miles de millones de euros que incluyen, además de las habituales armas ligeras y munición, cinco fragatas de combate y la construcción de una base naval con tecnología comparable a la de Rota. Conocemos así las contrapartidas del contrato de construcción del AVE Riad-Meca y de la comprensión saudí para el aumento de los costes y plazos de construcción licitados.

Es miembro del comité de redacción de Sin Permiso.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 17 de abril 2018