Socialdemocracia y austeridad: ¿por qué el periodismo económico mercenario, incluido el del New York Times, ignora completamente lo que escribe Paul Krugman?

William K. Black

17/05/2015

A propósito del resultado de las recientes elecciones en Gran Bretaña, el distinguido economista y jurista norteamericano William Black plantea unas preguntas tan oportunas como incómodas sobre el trasfondo de la baja calidad del periodismo económico tácitamente mercenario que cubre los asuntos europeos en los grandes medios de comunicación establecidos de los dos lados del Atlántico. 

Ignoro cuándo el New York Times adoptó la (obviamente secreta) norma que prohíbe a sus periodistas que cubren la actualidad europea leer las columnas publicadas semanalmente por Paul Krugman en ese oscuro diario llamado New York Times.

Pero puedo decir que esa norma es observada en prácticamente el 100% de los casos. Es un misterio, huelga decirlo, por qué el NYT tiene que ofrecer a Krugman, un Premio Nobel de economía, la posición más prominente del mundo para explicar teoría económica al gran público para luego exigir al propio personal que cubre las noticias de Europa que ignore todo lo que el Nóbel explica desde sus mismas páginas.

El último ejemplo de eso es la columna en la que Krugman explica que un meme mítico impera en el grueso de los medios de comunicación del Reino Unido, unos medios de comunicación, dicho sea de paso, que, en su defensa de políticas conservadoras y en su manifiesto desdén por el periodismo profesional, se parecen mucho a los oligarcas que todavía dominan el grueso de los medios de comunicación en América Latina. Krugman tituló su artículo “El triunfo de lo irreflexivo”:

“Y en ningún lugar fue el triunfo de la necedad tan completo como en la patria de Keynes, que acude a votar mientras escribo esto. Las elecciones británicas deberían haber sido un referéndum sobre una doctrina económica fallida, pero no lo fueron, porque ninguna figura influyente está cuestionando de forma clara las afirmaciones falsas y las ideas erróneas.

“(…) Como Obama y compañía, los dirigentes laboristas probablemente sepan que son estupideces, pero han decidido que es demasiado difícil resistirse al cómodo atractivo de la mala economía, especialmente cuando la mayoría de los medios de comunicación británicos presentan esta mala economía como una verdad. Aun así, ha sido muy descorazonador contemplarlo.

“¿A qué sinsentidos me refiero? Simon Wren-Lewis, de la Universidad de Oxford, que ha sido un incansable pero solitario defensor de la sensatez económica, lo llama “mediamacro” [la macroeconomía de los medios de comunicación]. Es una historia sobre Reino Unido que transcurre así: primero, el Gobierno laborista que dirigió el país hasta 2010 fue extremadamente irresponsable y gastó mucho más de lo que podía permitirse. A continuación, este derroche fiscal provocó la crisis económica de 2008-2009. Esto, a su vez, hizo que la coalición que subió al poder en 2010 no tuviese otra opción que imponer medidas de austeridad, a pesar de la depresión económica reinante. Finalmente, como Reino Unido reanudó el crecimiento en 2013, se consideró que la austeridad estaba justificada y que quienes la criticaban se equivocaban.

“Ahora bien, cada uno de los elementos de esta historia es demostrable y ridículamente erróneo. El Reino Unido de antes de la crisis no cayó en el derroche fiscal. La deuda y el déficit eran bajos, y en aquel momento, todo el mundo esperaba que siguiesen así; fue la crisis la que hizo que aumentara el déficit. La crisis, que fue un fenómeno mundial, la provocaron los bancos sin control y la deuda privada, no el déficit público. Las medidas de austeridad no eran urgentes: los mercados financieros nunca se mostraron preocupados por la solvencia británica. Y Reino Unido, que no volvió a crecer hasta que se interrumpieron las políticas de austeridad, no ha recuperado nada de lo que perdió durante los dos primeros años de gobierno de la coalición.

“Pero esta narrativa sin sentido domina por completo la información que ofrecen los medios, quienes lo tratan más como un hecho que como una hipótesis. Y los laboristas no han intentado desmentirlo, probablemente porque piensen que es una batalla política que no pueden ganar. ¿Pero por qué?.”

Si dejamos de lado la locución sobre la “no urgencia” y la cuestión nada menor –que Krugman se niega incluso a considerar, por no hablar de analizar— sobre el papel jugado en el desencadenamiento de la crisis financiera por las tres epidemias de fraude financiero más devastadoras de la historia, todo lo que dice Krugman aquí es, simple y llanamente, teoría económica sensata.

Los comentarios de Krugman sobre la negativa del Partido Laborista a intentar siquiera revertir la mala práctica económica son fácticamente correctos. En el asunto económico capital del momento, el Partido Laborista ha apoyado sin fisuras la austeridad autodestructiva. Eso, y el papel desempeñado por los laboristas –campeones de las tres “des”: des-regulación financiera, des-supervisión y des-penalización de facto— como arquitectos de la epidemia de fraude en el Reino Unido y la resultante crisis financiera y consiguiente Gran Depresión bajo los mandatos de Tony Blair y Gordon Brown, llevó a los escoceses a motejar a los laboristas como los “Tories Rojos” y a rechazar en masa al Partido Laborista a favor del antiausteritario Partido Nacional Escocés (SNP).

Como saben los lectores de esta revista, los comentarios de los líderes del SNP revelan que no acaban de comprender muy bien cómo funcionan los sistemas monetarios modernos. (Si alguno de ustedes tiene acceso a su dirigencia, que sepan que nosotros apreciaríamos la oportunidad poder explicarles personalmente el asunto.) El caso es, sin embargo, que el SNP es el único partido en el Reino Unido con una política opuesta a la austeridad. Incluso tras la debacle laborista en Escocia y perder las elecciones en Inglaterra, se espera que los probables líderes venideros del Partido Laborista sigan siendo campeones de la austeridad. El SNP, por lo tanto, es el único partido en el Reino Unido que “piensa” en los términos de Krugman y que es lo bastante valiente como para enfrentarse a los mitos mediáticos sobre las pretendidas virtudes de la austeridad.

De modo, pues, que si eres un periodista del NYT y optas por propagar los mitos de los medios del Reino Unido sobre el Laborismo y la austeridad criticados por Krugman, tienes que salvar un obstáculo. Por lo menos tienes que explicar por qué Krugman y los economistas en general que han estudiado el asunto dicen que todos y cada uno de los elementos de tu mito son “demostrable y ridículamente falsos”. Tienes los datos en contra. Tienes que poder despachar el éxito mucho mayor de los (muy insuficientes) estímulos de los EEUU frente a los años perdidos de austeridad del Reino Unido (por no hablar del desastre causado por una austeridad todavía severa en la periferia de la UE). Y está también el hecho, nada menor, de que tus conocimientos de economía en relación con Krugman (y con el grueso de los economistas que se oponen a la austeridad como respuesta a la Gran Recesión) son muy precarios…

La pretensión de que Krugman y la teoría económica no existen

La respuesta a esos molestos obstáculos que los periodistas del NYT que cubren la UE parecen haber adoptado es la de no leer nunca, ni citar, no digamos responder, a Krugman (o a la posición de consenso entre los economistas competentes), ni buscar comparaciones con la espectacularmente superior recuperación de unos EEUU que rechazaron las formas más dañinas de la austeridad en los primeros años de la Gran Recesión. En vez de eso, los periodistas del NYT copian el enfoque de sus primos del Reino Unido, y se empeñan en presentarnos una “narrativa sin sentido, que domina completamente los noticieros y a la que se da el rango de hecho y no de hipótesis”.

La pretensión de que el Partido Laborista perdió, porque los Tories Rojos no se fueron suficientemente a la derecha

El último ejemplo de esta “narrativa sin sentido” en el NYT lleva por título: “La apelación a su núcleo menguante se revela muy costosa para el Partido Laborista en Gran Bretaña. Esta narración carente de todo sentido iba firmada por dos de los más destacados corresponsales en Europa (muy avezados en punto a presentar la catastrófica perpetración de la austeridad por Bruselas en el consabido marco de “no hay alternativa posible a la austeridad”):

“El Laborismo fue prácticamente expulsado de Escocia, uno de sus inveterados bastiones. Algunos de sus más brillantes y experimentados parlamentarios perdieron su es escaño, incluido el canciller en la sombra y el ministro de exteriores en la sombra.

“Más importante aún, el Laborismo perdió el argumento sobre el mejor camino hacia el futuro de Gran Bretaña, y se ha quedado sin una filosofía orientativa clara.”

Sólo que, como bien dejó dicho Krugman, el Laborismo nunca “perdió el argumento” sobre la austeridad con los Tories, porque él mismo fue campeón de la austeridad. Nunca hubo un “argumento” contra la austeridad presentado a los electores, salvo en Escocia, en donde los argumentos del SNP contra la austeridad lo llevaron al mayor triunfo electoral de la historia moderna del Reino Unido: de los 59 escaños escoceses en disputa en la cámara  británica de los Comunes, el SNP ganó 56. De modo que los únicos votantes a los que se presentó un “argumento” sobre la austeridad la rechazaron abrumadoramente para apoyar la estrategia económica competente que sí dibuja “el mejor camino hacia el futuro”.

Entre optar por imitar a los Tories (como los “Tories Rojos” del Nuevo Laborismo) o votar a los Tories genuinos, los electorados de todo el mundo tienden a votar por los conservadores oficiales. Como explicaré en seguida, sin embargo, ni siquiera ése fue el principal problema del Laborismo en las elecciones del Reino Unido. En lo substancial, los Tories Rojos del Nuevo Laborismo perdieron frente a los laboristas reales de Escocia: el SNP. Unos cuantos Tories Rojos perdieron porque los votantes de la clase obrera, disgustados con la entrega a los báncgsters de los Tories Rojos, se rebelaron populistamente votando por el UKIP. Eso permitió a los Tories, por ejemplo, derrotar al portavoz económico del Nuevo Laborismo, y principal defensor laborista de la austeridad, Ed Balls: perdió su escaño por Leeds, un bastión obrero.

El Nuevo Laborismo ha carecido de “filosofía orientativa” desde el principio, porque su estrategia de convertirse en Tories Rojos y sumarse a los asaltos a la clase obrera y a la regulación perpetrados por el Partido Conservador, así como su resuelto apoyo a los funcionarios más corruptos de la elite bancaria mundial, no constituyen una “filosofía”. Se trata, a lo sumo, de una pusilánime táctica que, para su (efímero) éxito electoral, depende de la extremada impopularidad del liderazgo del Partido Conservador. Las epidemias de fraude, las crisis financieras y las recesiones graves resultantes de apoyar a la elite bancaria más corrupta del mundo garantizan que los posibles éxitos electorales efímeros del Nuevo Laborismo terminarán repetidamente en desastre.

Los periodistas del NYT afirman que el Partido Laborista perdió porque el volumen de los trabajadores industriales en el Reino Unido es un “núcleo menguante”. El problema más obvio de este aserto es el inmenso auge del apoyo al SNP en Escocia concurriendo como un partido progresista frente a los Tories Rojos del Nuevo Laborismo.

Las elecciones del Reino Unido, así pues, lejos de atestiguar el “menguante” apoyo a las políticas progresistas, lo que revelaron es un gran incremento del apoyo a esas políticas progresistas. De hecho, en otro artículo aparecido en el NYT, y que a los autores del “núcleo menguante” se les debió escapar una vez mas,  se explicaba que el porcentaje de votos a favor del Partido Laborista en estas elecciones, había crecido, no “menguado”. En efecto, el porcentaje de votos laboristas ha sido en estas elecciones significativamente mayor que el del incremento de votos conservadores.

El artículo de Josh Barro, que lleva por título “Cómo el Partido Laborista, ganando votos, perdió escaños”, fue publicado el 8 de mayo, mientras que el artículo del “núcleo menguante” se publicó el 9 de mayo. Barro, a pesar de escribir antes, se tomó la molestia y el tiempo suficientes para analizar los datos electorales.

No sólo el Partido Laborista consiguió una mayor proporción de voto que en 2010, sino que también mejoró su proporción substancialmente en relación con la mejora del Partido Conservador: su proporción aumentó un 1,4% (perdiendo 26 escaños), mientras que los conservadores consiguieron una mayoría absoluta con un aumento de sólo 0,8 puntos.

Los grandes perdedores, así pues, fueron los liberal-demócratas. Lo mismo que el Nuevo Laborismo, los liberal-demócratas se desplazaron mucho a la derecha para formar coalición de gobierno con los Tories. Los votantes decidieron rechazar la imitación de los Tories a favor de los auténticos Tories (y en medida harto menor, a favor del Laborismo). Resultado: los liberal-demócratas fueron aniquilados como partido político importante. Barro lo explica muy bien.

Al tiempo que los conservadores perdían votos –que no escaños— a favor del UKIP, ganaban votos procedentes del centrismo liberal-demócrata. Esas ganancias se tradujeron en un montón de escaños arrebatados a los liberales, particularmente en el Sudeste de Inglaterra. También el Laborismo quitó votos y escaños a los liberal-demócratas, pero el Laborismo fue menos eficiente a la hora de convertir votos en escaños.

Fue el desplome de los liberal-demócratas y la fuga de mucho de su voto al Partido Conservador lo que ha dado a los Tories la mayoría que les permite controlar la cámara de los Comunes. El partido que supuestamente tenía una estrategia de moverse hacia la clase media para compartir gobierno con los Tories fue políticamente aniquilado como fuerza política en estas elecciones. El único partido progresista grande que queda en el Reino Unido, el SNP, incrementó espectacularmente su voto, su proporción de voto y el número de sus escaños en los Comunes.

Pero los autores del “núcleo menguante” se han tragado entero todo el meme “demostrable y ridículamente errado” imperante en los medios de comunicación británicos sobre las glorias de la austeridad y el carácter manirroto del Nuevo Laborismo. Los autores del “núcleo menguante” están indignados porque el Nuevo Laborismo no se ha movido todavía más hacia la derecha, convirtiéndose en un guardián aún más celoso que los Tories en punto a infligir austeridad al Reino Unido. Los autores consideran un “hecho” fuera de toda duda “esta narrativa sin sentido”. Obsérvese la total ausencia de teoría económica, así como las distorsiones históricas a que proceden los autores a la hora de explicar las políticas económicas del Nuevo Laborismo. 

Ello es que la campaña de Milliband representó también un desafío –y un rechazo— a la estrategia “neolaborista” del antiguo Primer Ministro Tony Blair, que ganó tres elecciones sobre la base de abandonar toda idea socialista, de acercarse al centro y de convencer al mundo de los negocios de la amistad laborista.

Al final, los conservadores parecieron triunfar en buena parte de la Gran Bretaña con su argumento de que no se podía confiar económicamente en el Laborismo bajo el señor Miliband, especialmente si iba a aliarse con el Scottish National Party.

Lo cierto es que la estrategia de Blair no fue la de “acercarse al centro” en el contexto de “convencer al mundo de los negocios de la amistad laborista”. Blair y Brown (como ministro de finanzas de Blair, y luego como Primer Ministro) se fueron hacia la extrema derecha amparando el fraude bancario de la elite más corrupta del mundo. Blair y Brown se convirtieron en los campeones de la City financiera de Londres como “ganadora” de la carrera regulatoria hacia el abismo.  (…)

William Black es autor de La mejor manera de robar un banco es ser dueño de uno y profesor asociado de economía y derecho en la Universidad de Missouri-Kansas City. Pasó años trabajando en la política de regulación y prevención de fraudes como Director Ejecutivo del Instituto para la Prevención del Fraude, Director de Litigios de la Junta Federal de Préstamos del Banco Hipotecario y Director Adjunto de la Comisión Nacional para la Reforma de las Instituciones Financieras, además de otros cargos.

Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro


Fuente:
New Economic Perspectives, 11 mayo 2015