Taylorismo digital: la educación no impedirá que Occidente se empobrezca

Peter Wilby

13/03/2011


Los empleados cualificados irán al más bajo postor globalizado. El declive de los sueldos y la satisfacción laboral de la clase media no ha hecho más que empezar.

Los europeos occidentales y los norteamericanos están a punto de sufrir una profunda conmoción. Durante los últimos 30 años, diversos gobiernos han explicado que, si bien ya no pueden proteger el empleo mediante formas tradicionales de intervención del Estado tales como subsidios y aranceles, pueden ampliar y reformar la educación a fin de maximizar las oportunidades. Si hay un número suficiente de gente que se ponga manos a la obra para adquirir habilidades y títulos de nivel superior, europeos y norteamericanos seguirán disfrutando de un nivel de vida en ascenso. Si trabajan lo bastante, cada nueva generación puede arreglárselas mejor que sus padres. Todo lo que hay que hacer es conseguir que los colegios dén la talla y persuadir a las universidades para que impartan habilidades "mercantilizables". Ese pensamiento es el que se esconde tras las medidas políticas de Michael Gove y las de todos sus últimos predecesores como ministro de Educación [británico].

Pero el derrumbe financiero de 2008 y los consiguientes recortes de la renta empiezan a revelar lentamente una espantosa verdad. Tal y como muestran las cifras publicadas la semana pasada por la Office for National Statistics, los salarios reales del Reino Unido no han subido desde 2005, la mayor congelación continuada del nivel de vida desde la década de 1920. Si bien no ha golpeado a la élite que trabaja en banca, la congelación afecta a la mayoría de la clase media tanto como a la clase trabajadora. No se trata de un problema pasajero ni del resultado de deficiencias en la educación. En los EE. UU., que adoptaron la educación masiva mucho antes que Gran Bretaña, el poder adquisitivo apenas se ha elevado en los últimos 30 años. Del mismo modo que la educación ha fallado a la hora de cumplir las promesas socialdemócratas de igualdad y movilidad sociales, fracasará a la hora de cumplir las promesas neoliberales de oportunidades universales de mejora.

 "El trabajo de conocimiento", la supuesta salvación de Occidente, se exporta hoy como el trabajo manual. A un mercado global masivo de trabajo no cualificado le está sucediendo rápidamente un mercado de trabajo de clase media, especialmente para  industrias, como la electrónica, en las que se invirtió tanta esperanza de oportunidades de empleo y de elevados salarios. Conforme aumenta la oferta, los patronos se dirigen inevitablemente a la fuente más barata. Un diseñador de "chips" cuesta en India diez veces menos que uno de los EE. UU. Los neoliberales se olvidaron de leer (o releer) a Marx. "A medida que se acumula capital, la situación del trabajador, sea su paga elevada o reducida, debe empeorar". 

 Estamos familiarizados con la deslocalización de empleos de cuello blanco de secciones administrativas ("back office"), [1] tales como la introducción de datos. Pero es que ahora están desapareciendo también los de las oficinas de contacto directo con los clientes ("middle office"). El análisis de rayos X, la elaboración de contratos legales, el procesamiento de declaraciones de la renta, la investigación de clientes bancarios, y hasta el diseño de sistemas industriales son ejemplos de empleos cualificados que se van allende los mares. Ni siquiera la enseñanza está inmune: el año pasado una escuela primaria del norte de Londres contrató a matemáticos de la India a fin de proporcionar tutorías unipersonales a través de la Red. Microsoft, Siemens, General Motors y Philips se encuentran entre las grandes empresas que realizan hoy parte de su investigación en China. El ritmo se acelerará. La exportación de "trabajo de conocimiento" exige sólo la transmisión de información electrónica, nada de fábricas ni de maquinaria. Alan Blinder, antiguo vicepresidente de la Reserva Federal norteamericana, ha calculado que un cuarto de todos los empleos del sector servicios en los EE.UU. podrían acabar fuera del país.

 os neoliberales occidentales "de tierra plana" (de acuerdo con el libro de Thomas Friedman) [2] creían que los puestos de trabajo emigrarían al exterior de una forma ordenada. Podría perderse eventualmente algo de empleo cualificado, sostenían, pero eso dejaría sitio para nuevas industrias, que seguirían demandando habilidades más elevadas y pagando mejores salarios. Sólo los occidentales de elevada formación serían capaces de desarrollar la originalidad y adaptabilidad necesarias. Los países en desarrollo esperarían cortésmente a que innovásemos en nuevos terrenos antes de intentar competir.

 Pero, ¿por qué no iban a dar el salto los países en vías de desarrollo por encima de Occidente? Asia produce hoy más científicos e ingenieros que la Unión Europea y los EE. UU. juntos. Para  2012, de seguir las actuales tendencias, los chinos patentarán más inventos que cualquier otra nación. Tal como mantiene un nuevo libro, The Global Auction [Subasta global] [3] (de los sociólogos Phillip Brown, Hugh Lauder y David Ashton), la próxima generación de empresas innovadoras puede que no sea norteamericana o británica y, aunque lo fuera, puede que no dé empleo a trabajadores norteamericanos o británicos. 

 Eso sugiere que los neoliberales cometieron un segundo y acaso más importante error. Asumieron que el "trabajo de conocimiento" entrañaría siempre la autonomía personal, creatividad y satisfacción en el empleo a las que estaban acostumbradas las clases medias. No entendieron que, igual que la revolución industrial permitió que el trabajo manual se convirtiera en rutina, en la revolución electrónica le sobrevendría el mismo destino a muchos empleos profesionales. Muchas "habilidades de conocimiento" acabarán del mismo modo que las habilidades artesanales. Están siendo trituradas, codificadas y digitalizadas. En cada calle mayor había antaño un gerente de banco que hacía uso de su discreción y conocimiento del lugar para decidir qué clientes podían optar a un crédito. Ahora ese trabajo lo hace el programa informático. La capacidad humana de juicio queda reducida al mínimo, lo que explica por qué se le niegan con frecuencia créditos a algunos solicitantes debido a algún pago vencido mínimo y ya olvidado.

 Brown, Lauder y Ashton denominan "taylorismo digital" a este fenómeno, siguiendo a Frederic Winslow Taylor, que inventó la "gestión científica" a fin de mejorar la eficiencia industrial. Los servicios telefónicos de atención al cliente exigen que los clientes marquen una serie de números que te dirigen a un trabajador, posiblemente de un país en desarrollo, que responderá a las preguntas de acuerdo con una serie de protocolos prescritos. No estamos más que al principio; hasta la enseñanza se ve cada vez más reducida a metas a corto plazo, enormemente concretas, gobernadas por listas informatizadas. 

 El taylorismo digital hace más fácil exportar empleos, pero, de forma crucial, cambia la naturaleza de buena parte del trabajo profesional. Los aspirantes a licenciarse se enfrentan no sólo a la perspectiva de salarios más bajos, pensiones más reducidas y menos seguridad en el puesto de trabajo de lo que disfrutaron sus padres sino de carreras que les satisfagan menos. Es verdad que en cualquiera de las profesiones y empleos quedará un equipo de pensadores y decisores en lo más alto – tal vez un 10% o un 15% del total – pero la gran masa de empleados, tengan o no alta cualificación, desempeñara funciones rutinarias por un modesto sueldo. Sólo quienes posean cualificaciones de élite de universidades de élite (no todas en Europa o Norteamérica) obtendrán de la educación las recompensas prometidas. 

 Los efectos de las restricciones financieras y el programa de reducción del déficit supondrán una amenaza que rebasa con mucho la supervivencia de este gobierno. Con toda probabilidad, asistiremos a una reducción permanente de los niveles de vida británicos que no podrá detener la reforma de la educación. El neoliberalismo, ya bastante mellado por el derrumbe financiero, quedará completamente desacreditado. Los gobiernos tendrán entonces que repensar sus actitudes con respecto a la educación, la desigualdad y el papel económico del Estado. 

 Notas del t.: [1] En inglés se distingue entre "front office", "middle office" y "back office" que se refieren respectivamente en una oficina a la recepción, la sección de contacto directo con el público y aquella parte administrativa o "trastienda" que no es directamente visible al cliente. [2]The World is Flat, A Brief History of the Twenty-First Century, Farrar, Strauss & Giroux, Nueva York, 2005 [La tierra es plana, breve historia del mundo globalizado del siglo XXI, Ediciones Martínez Roca, Barcelona, 2006].  Si bien Thomas L. Friedman, conocido comentarista del New York Times, es uno de los adalides periodísticos de las ventajas y beneficios de la globalización, en el libro señala la necesidad de disponer de una fuerza productiva mejor formada, dado que los trabajos menos especializados se subcontratan en otros países. [3] The Global Auction: the broken promises of education, jobs, and incomes [Subasta global: las promesas rotas de la educación, empleos y rentas ] Oxford University Press, 2010.

  Peter Wilby escribe habitualmente en The Guardian y The Observer

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

 

 

Fuente:
The Guardian, 28 de febrero de 2011