Trump, el Dragón y el Minotauro

Yanis Varoufakis

03/12/2016

Si Donal Trump entiende de algo, es del valor de la quiebra y la reconversión financiera. Conoce todo sobre cómo ganar vía impagos estratégicos, seguidas de grandes quitas de deuda y conversión de deuda en activos. Pero, ¿entiende la profunda diferencia entre la deuda de un empresario y la de una gran economía? ¿Y entiende que la burbuja de deuda privada China es un barril de pólvora bajo la economía mundial? Mucho dependen de que lo entienda.

Trump fue elegido gracias a la ola de descontento con la desastrosa gestión del boom económico anterior a 2008 y la posterior recesión. Sus promesas sobre un estímulo doméstico y políticas proteccionistas para traer de vuelta los empleos en el sector de la manufactura le han llevado a la Casa Blanca. Si puede o no llevar a cabo estas políticas depende de si entiende el rol que América  tenía en los “viejos buenos tiempos”, el rol que puede jugar ahora y, crucialmente, el papel de China.

Antes de 1971, la hegemonía  mundial de EEUU se sostenía en el superávit exportador con el resto del mundo capitalista, el cual los EEUU ayudaron a estabilizar reciclando su superávit en Europa y Japón. Esto sustentó la estabilidad económica y redujo fuertemente la desigualdad en todo el mundo. Sin embargo, al deslizarse América hacia el déficit comercial, ese sistema mundial no pudo funcionar más, dando lugar a lo que he venido a llamar la fase del Minotauro Global.

Según el antiguo mito, el Rey Minos de Creta debía su dominio al Minotauro, una trágica bestia encarcelada bajo el palacio de Minos. La vehemente soledad del Minotauro era solo comparable al miedo que inspiraba por todas partes, ya que su voraz apetito solo podía satisfacerse –y así garantizar el reino de Minos- con carne humana. Por lo que un barco cargado con jóvenes navegaba regularmente a Creta desde la lejana Atenas para entregar su humano tributo a la bestia. El horrible ritual era esencial para mantener la pax cretana y la hegemonía del Rey.

Cuanto más crecía el déficit, mayor era el apetito de capital de Europa y Asia. Lo que hizo al Minotauro realmente mundial fue su función: ayudó a reciclar el capital financiero (beneficios, ahorros y excedentes monetarios). Mantenía las relucientes fábricas alemanas ocupadas. Consumía todo lo producido en Japón y, más tarde, en China. Pero al mismo tiempo, Wall Street aprendía como acrecentar y potenciar esos influjos de capital a través de exóticos instrumentos financieros. Las compuertas de la financiarización estallaron y el mundo se inundó de deuda.

En el otoño de 2008, el Minotauro estaba herido mortalmente tras chocar contra el muro de deuda privada, que era al mismo tiempo un subproducto de su apetito. A pesar de que la Fed y el Tesoro reflotaban los mercados estadounidenses (a expensas de los débiles americanos abandonados desde los 70), nada sería igual: se desvaneció la capacidad de Wall Street para continuar “cerrando” el ciclo de reciclaje mundial. El sector bancario estadounidense no pudo seguir aprovechándose de los déficits gemelos, comercial y público, con el propósito de seguir financiando la demanda interna que sostenía las exportaciones netas del resto del mundo. Desde entonces, la economía mundial no encontraría como recuperar su aplomo.

Tras la mortal herida del Minotauro, América no solo tenía que agradecer a la Fed y el Tesoro por ayudarle a evitar una nueva Gran Depresión. Los EEUU fueron también salvador por el Dragón: el gobierno chino puso en marcha la inversión doméstica hasta niveles sin precedentes para llenar el vacío creado por la contracción del gasto en EEUU y Europa. Durante años, China permitió la desbocada creación de crédito a través de su sistema bancario tradicional y sus bancos en la sombra, incluso permitiéndoles beneficiarse de la enorme cantidad dinero fácil proveniente de la Fed endeudándose en dólares. Dicho escuetamente, el Dragón intervino para equilibrar la economía occidental cuando el Minotauro era ya incapaz de ello.

Los dirigentes chinos sabían lo que hacían. Estaban creando una burbuja de insostenible inversión para dar a Europa y los EEUU una oportunidad para unirse y actuar. Pero, ¡ay!, ambos fallaron: América por el estancamiento entre el presidente Barack Obama y el congreso controlado por los Republicanos, y Europa por razones demasiados dolorosas como para recodar. Y cuando azotó la tormenta perfecta, con los tipos de interés escalando mientras los precios de las materias primas caían, China tuvo que aumentar el crédito una vez más.

Hoy, el boom crediticio de China está sustentado por activos colaterales casi tan dañinos como aquellos en los que Bear Stearns, Lehman Brother y el resto confiaban en 2007. Además, como el renminbi chino está exageradamente sobrevalorado, las empresas están adquiriendo préstamos en dólares para pagar sus anteriores préstamos ya denominados en dólares, añadiendo presión bajista sobre el tipo de cambio.

El plan de Trump para ayudar a aquellos abandonados desde los 70, según lo que uno puede discernir, parece apoyarse en dos ejes: un estímulo doméstico y una negociación bilaterales sobre comercio bajo la amenaza de tarifas y cuotas. Pero si juega duro con China, obligándolos a revaluar el renminbi y lleva a cabo las amenazas sobre tarifas y cuotas, puede también acabar pinchando la burbuja de deuda China –desencadenando un diluvio de horribles consecuencias que aplastarían cualquier estímulo que introdujese.

En ese caso, el gasto en infraestructuras de Trump mutaría en mayor enriquecimiento de las empresas, implicando un efecto multiplicador insignificante. A su vez, sentaría las bases para una futura austeridad, ya que el pánico a mayores subidas de los tipos de interés americanos y a que los presupuestos federales se hinchen pondrá restricciones en los actuales y ya escasamente financiados compromisos del gobierno (por ejemplo, la seguridad social).

Si la estrategia a medio plazo de Trump pasa por tener cualquier oportunidad ganadora, debe entender que no es la deuda pública de los EEUU, sino la deuda privada China, la que necesita ser reestructurada. De otro modo, los tipos de interés que paga el Tesoro americano se puede disparar, debilitando severamente la sostenibilidad de la deuda.

Del mismo modo, Trump debe entender que no puede hacer “America great again” emulando el estímulo sin financiación de Ronald Reagan. Aquel truco funcionó cuando el Minotauro estaba encadenado y alimentado; no funcionará ahora que el Dragón se ha quedado sin su fuego. En cambio, si Trump quiere realmente equilibrar la economía de EEUU de tal modo que el crecimiento beneficie a la gente abandonada, a los que él tanto ha prometido, debe emular a Franklin D. Roosevelt y llevar a cabo una renovación keynesiana de Bretton Woods.

exministro de finanzas del gobierno griego de Syriza, es Profesor de política económica en la Universidad de Atenas. Su libro El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6 décadas, fue publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada. Una extensa y profunda reseña del Minotauro, en SinPermiso Nº 11, Verano-Otoño 2012.
Fuente:
https://www.project-syndicate.org/commentary/trump-chinese-debt-global-imbalances-by-yanis-varoufakis
Traducción:
Ayoze Alfageme