Trump, el plutócrata globalista

Robert Kuttner

11/02/2018

En caso de que aún quedase alguna duda, Davos nos ha demostrado que Donal Trump es miembro verdaderamente de la plutocracia globalista. Si le quitamos el racismo a su apelación nacionalista, no queda nada. Es un camuflaje para sus servicios a la clase multimillonaria global de la que procede.

La recepción entusiasta a Trump en el Foro Económico Mundial de Suiza nos enseñó también algo acerca de la élite capitalista global. Mientras Trump se adhiera a sus intereses, no se mee en el estrado y lea un discursao enlatado sin improvisaciones groseras, le alabarán como estadista global renacido.    

Al capital global no le importa que seas un matón, un impostor, un aspirante a dictador, mientras sigas sus invitaciones. Lo mismo vale para la idea de que el sistema de mercado y la democracia liberal son complementos naturales. No lo son.

La democracia se fue extendiendo en el siglo pasado precisamente gracias a que mantuvo en su sitio a los mercados, y no yendo a por todas con eso mercados. La destrucción a manos de Trump de la regulación de interés público, su recorte de impuestos al 1 %, y sus esfuerzos por aplastar la democracia van todos de la mano.

El periodista conservador David Frum, detractor de Trump, lo expresa muy bien en su nuevo libro, Trumpocracy, cuando describe a los republicanos como “una coalición de los mayores ganadores de la globalización y sus mayores perdedores. Los ganadores han redactado las medidas políticas; los perdedores han puesto los votos”. Se podría decir que a los perdedores, los votantes pisoteados de clase trabajadora y nacionalistas blancos que todavía apoyan a Trump a rabiar, les han dado por todos lados.

Pero, ¿qué pasa con los aranceles de Trump a los paneles solares? ¿No es eso una especie de nacionalismofavorable a los trabajadores? Su represalia contra los paneles chinos, que están ingentemente subvencionados para dejar fuera de juego a la producción norteamericana, ha sido rotundamente criticada por la izquierda, la derecha y el centro.  ¿No convierte eso a Trump en rebelde y populista en materia de medidas políticas?

Ni por esas. La visión ortodoxa acribilla la medida política de Trump por “protecctionista”. Quizás pueda explicar alguien por qué es proteccionista poner en tela de juicio el proteccionismo de otro país.

El comercio chino con paneles solares fuertemente subvencionados y protegidos no es exactamente libre comercio o capitalismo de libre mercado. Mucha gente ha criticado los aranceles, tanto los librecambistas como los ambientalistas, porque a largo plazo harán que suba el coste de los paneles solares, ralentizando la transición a una economía renovable y haciendo que se pierdan probablemente algunos empleos de instaladores.

Pero sin una política industrial seria para volver a traer la producción solar a los EE.UU., estos aranceles no son, una vez más, otra cosa tiros al azar puramente simbólicos. El fracaso más profundo de Trump, y lo que vuelve falso su nacionalismo económico, es su negativa a vincular endurecer su postura frente al proteccionismo de China con recuperar la producción solar en los EE.UU. No podemos seguir en el juego de la innovación tecnológica si perdemos la industria, y es la innovación la que sigue rebajando costes con el tiempo.

Como no es de sorprender, el resto del discurso de Trump fue una insulsa reconfirmación de que también él cree en la globalización…en una globalización de ese género que ha ido dejando atrás a la mayoría de los trabajadores. La nueva ley fiscal de la que tanto ha alardeado aumenta de modo drástico los incentivos para deslocalizar empleos norteamericanos. Los tipos del impuesto de sociedades se recortaron hasta el 21%. Pero si una empresa invierte, en cambio, en el extranjero, el tipo es en la mayoría de los casos sólo la mitad de eso: el 10.5 %.

Por último, ¿qué hay de la jactancia de Trump de que la economía está manteniendo un rendimiento soberbio bajo su vigilancia — gracias a la confianza e inversión empresariales, los supuestos frutos de la desregulación y el recorte de impuestos —como demuestran el bajo índice de desempleo y la remontada del mercado de valores? Esto también es falso.

La recuperación empezó finalmente a surtir efecto con Obama, impulsada principalmente por tipos de interés muy bajos. Si se echa un vistazo atento a la tasa de crecimiento del PIB en el primer año de Trump, resulta casi idéntica a la tasa de crecimiento de los últimos tres años de Obama.

La tasa de crecimiento para 2017, el 2,5 %percent, estaba en torno a la línea de tendencia. El crecimiento era del 2,4 % en 2014 y el 2,6 % en 2015, antes de caer ligeramente en 2016. El crecimiento más fuerte de los dos primeros trimestres de 2017, el 3.1 y 3.2 % respectivamente, no podían haber sido resultado de las medidas políticas de Trump, porque ninguna de ellas había sutido todavía efecto.

Por lo que respecta al mercado de valores, es también resultado de tasas de interés muy bajas, respaldadas además por la recompra de acciones por parte de empresas. Cuando las empresas utilizan sus beneficios y exenciones fiscales para volver a comprar acciones e inflar el valor de las mismas, eso enriquece a los ejecutivos (a los que se recompensa parcialmente con opciones sobre acciones) e inversores, pero no hace nada por la conomía real, que precisa de más inversiones. El Premio Nobel Robert Shiller investigó por qué el mercado busátil norteamericano se comporta mejor que otros, y atribuye buena parte de la diferencia a la recompra de acciones por parte de las empresas.

De acuerdo con las informaciones de la prensa, los pequeños inversores están hoy lanzándose al mercado de valores por temor a salir perdiendo, inflándola todavía más. Siempre son los últimos y los primeros en quemarse cuando el mercado se da la vuelta. 

Pero, ¿no ayudará la economía en auge a los republicanos en las elecciones de mitad de mandato de 2018? No es tampoco probable. El problema del goteo hacia abajo (“trickle-down”) es que no gotea. .

Con un desempleo que ha bajado hasta el 4,1 %, los trabajadores están empezando a conseguir (muy modestos) aumentos. Pero nada ha cambiado la sombría perspectiva de toda una generación, que se enfrenta a trabajos precarios en lugar de empleos de verdad, a abominables empleos de servicios mal pagados, la tasa más baja de propiedad de viviendas de adultos jóvenes en medio siglo y más de 1,3 billones de dólares en deudas estudiantiles. A estos profundos cambios estructurales no les pondrán remedio las bajas tasas de desempleo; así que estas estadísticas no bastarán para rescatar la presidencia de Trump.

Y ahora, su turno, Robert Mueller [fiscal especial que investiga las interferencias rusas en la pasada campaña presidencial]. 

 

cofundador y codirector de la revista The American Prospect, es profesor de la Heller School de la Universidad Brandeis. Columnista de The Huffington Post, The Boston Globe y la edición internacional del New York Times, su último libro es “Debtor´s Prison: The Politics of Austerity Versus Possibility”.
Fuente:
The American Prospect, 30 de enero de 2018
Traducción:
Lucas Antón
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