Turquía: Erdogan se juega el todo o nada en el referéndum del 16 de abril

Esen Uslu

17/03/2017

Los vientos de cambio que agitan las aguas turbulentas de la política turca han estado ronzando al presidente Recep Tayyip Erdogan, y amenazan con hacerlo naufragar en las montañas kurdas. Erdogan, el timonel desafortunado, ha sido abandonada por muchos seguidor y es plenamente consciente de que su tiempo se ha acabado, pero está tratando desesperadamente de aferrarse al cargo, dispuesto a hacer cualquier cosa para evitar perder el poder.

Erdogan y su camarilla dentro del AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo) han alistado a todos los posibles aliados en los círculos políticos islamistas en un intento de frenar la influencia de la burocracia militar y civil sobre la vida política de Turquía. Incluso ha convocado a algunos liberales a apoyar al AKP en su intento de poner fin a la tutela militar, y un sector considerable de la izquierda ha consentido en el uso anti-democrático de Erdogan de las fuerzas de seguridad y el sistema judicial.

Erdogan ha conseguido dar al movimiento islamista de Gülen una nueva oportunidad después de años en el desierto - los seguidores del fundador Fethullah Gülen habían sufrido regularmente la represión desde la constitución de la república. Pero cuando los Gülenistas se vieron libres de la tutela militar y burocrática gracias al AKP, rápidamente se convirtieron en el grupo más importante dentro del Islam político turco. Esto condujo a un rápido florecimiento de su influencia dentro de la burocracia de la seguridad del estado y el poder judicial, así como en el ámbito académico, los medios de comunicación y diversos municipios, a menudo a través de un flagrante nepotismo. Durante un tiempo fueron el modelo a seguir para los musulmanes moderados, en una época en la que el "terrorismo islámico 'se ha convertido en el enemigo número uno de Occidente.

Erdogan ha sido muy consciente de la atracción de su "líder carismático" - él mismo ha sido descrito de esa manera por el AKP. Sin embargo, su "carisma" no puede compararse con el de Gülen. Gülen, el Hodja Effendi (respetado erudito), dirige el experimentado y bien organizado movimiento Nur (luz divina) de la época de la Guerra Fría, y ha tratado de adecuarlo al siglo XXI.

Sin embargo, la fuerte organización clandestina del movimiento no estaba preparada para llevar a cabo un trabajo político público. No tiene ninguna posibilidad de ganar a las masas de los islamistas conservadores y de centro para formar un partido político independiente a corto plazo. Trabajar bajo la cobertura proporcionada por un partido islamista establecido, como el AKP, parecía una mejor estrategia.

Erdogan no tardó en darse cuenta de que era inevitable un enfrentamiento final con los Gülenistas y que si esperaba demasiado tiempo tendrían más oportunidades de organizarse como un partido político independiente. Si lo hacían, arrastrarían a una parte considerable de la organización del AKP, incluyendo algunos parlamentarios. Una división de este tipo sería un desastre para la camarilla de Erdogan, y sin duda le imposibilitaría mantenerse en el poder.

El primer enfrentamiento velado tomó la forma de las famosas investigaciones sobre la corrupción. Erdogan se vio obligado a sacrificar a cuatro de sus ministros, que dimitieron después de recibir garantías de inmunidad judicial. Con ese sacrificio ha impedido que la investigación alcanzara a las relaciones turbias de los miembros de su propia familia.

El siguiente episodio de la lucha de poder se produjo cuando miembros del MIT, la organización nacional de inteligencia, fueron detenidos acusados de complicidad con terroristas islamistas en Siria - que fueron capturados in fraganti con vehículos alquilados por el MIT y cargado de armas ilegales. El movimiento Gülen quería presentar cargos contra el director del MIT, pero Erdogan se resistió. Este pulso, que empañó la imagen invencible de Erdogan, no logró sin embargo desalojarlo del poder. Pero anunciaba el enfrentamiento final.

Orzar

La única opción de Erdogan era cambiar de rumbo rápidamente. Necesitaba desesperadamente nuevos aliados; pero los únicos disponibles lo suficientemente poderosos eran sus archienemigos de ayer: la burocracia militar. Sin duda, golpeada y debilitada, pero todavía tiene una fuerza considerable. Y sus miembros estaban dispuestos a actuar contra el movimiento Gülen tirando de las pistas surgidas durante el juicio espectáculo de los oficiales del MIT.

El precio a pagar por Erdogan fue el abandono del proceso de paz con los kurdos, que había defendido. Abruptamente canceló el proceso de paz, a pesar de los avances de las negociaciones. Se declaró la guerra abierta contra los kurdos, empezando por destruir sus bases de poder en las ciudades, construidas durante el período de tregua. No hubo piedad - manos de las fuerzas paramilitares policiales y militares no estarían atadas por sutilezas legales. La brutal guerra utilizó una potencia de fuego devastadora en los distritos urbanos en los que se concentró la resistencia kurda.

La guerra ayudó a desarrollar una alianza con el MHP, el partido político parlamentario nacionalista-fascista. La táctica de Erdogan también atrajo al llamado Partido Socialdemócrata Republicano del Pueblo (CHP), un miembro de la Internacional Socialista. Los instintos estatistas de ambos partidos y su bien atrincherada política anti-kurda les arrastró al campo de Erdogan.

El presidente estaba ya casi listo para saltar sobre el movimiento de Gülen. Se había asegurado una mayoría viable y el apoyo del ejército y de la burocracia, con la designación de funcionarios a carteras importantes en el gabinete. El movimiento de Gülen estaba ahora entre la espada y la pared. Tenía que actuar, pero sus acciones tenían que ser coherentes con su fachada 'islamista moderada', aceptable para los EE UU y otros aliados occidentales.

La complicidad de Erdogan con los terroristas islamistas en Siria fue la baza que jugaron los Gülenistas , mientras que la corrupción ampliamente aceptada de su camarilla fue también otro activo. Tenían la esperanza de tomar el poder a través de un "golpe ordenado”, presentado como la acción de un estado mayor militar unificado. Creyeron - o se les hizo creer - que un golpe de estas características sería visto como un mal menor temporal por las potencias internacionales. Los líderes Gülenistas parecían confiar en sus poderes de persuasión sobre el estado mayor.

Estaban equivocados en sus cálculos. Erdogan estaba preparado para frustrar el intento de golpe de estado del 15 de julio 15 una vez que se puso en marcha. Fracasó a pesar de las operaciones de algunas unidades de la Junta, dispuestas a derramar sangre inocente, y bombardear y ametrallar los centros de las ciudades.

Después de la derrota del golpe, Erdogan desencadenó una ola de terror contra el movimiento Gülenista, usando los poderes que le confiere el estado de emergencia para emitir edictos sin control parlamentario. Y el terror contra los kurdos alcanzó nuevas proporciones mediante una incursión a gran escala en el norte de Siria a través de la frontera turca, con el pretexto de la lucha contra el terrorismo islamista.

Los edictos fueron utilizados para suprimir la oposición liberal, incluyendo algunos miembros de su propio partido. Miles de intelectuales, académicos y periodistas, así como sindicalistas y conocidos izquierdistas fueron detenidos, enfrentándose a unos juicios sin garantías. Miles de empleados estatales fueron despedidos de un día para otro. Sus pasaportes confiscados; sus certificados profesionales y licencias anulados. Muchos acabaron en la pobreza y miles fueron encarcelados. El poder judicial fue purgado hasta el punto de que incluso fue encarcelado el juez designado por Turquía al Tribunal Penal Internacional.

Referéndum

Mientras duró su auge político, Erdogan optó por la propuesta de una enmienda constitucional. Bajo el nuevo sistema presidencial sería inmune legalmente y concentraría todos los poderes del estado.

Los miembros de su camarilla estaban dispuestos a permitir que se convirtiese en el arbitro de la política turca, a pesar de que perderían su control sobre los acontecimientos políticos. La mayor parte del grupo parlamentario del MHP siguió la línea de su dirección de apoyar a Erdogan. Muy pronto el Parlamento aprobó una enmienda constitucional de 16 artículos. Sin embargo, lo que faltaba era la mayoría de dos tercios necesaria para la entrada en vigor de la enmienda. Lo que implica que la enmienda aprobada por el Parlamento tendrá que ser ratificada por un referéndum el próximo 16 de abril.

En un primer momento, las medidas draconianas adoptadas parecían empujar a la opinión popular a favor de Erdogan. Sin embargo, poco a poco se hizo evidente que, mientras que un sector considerable de la población sigue indecisa, proporcionalmente el «no» es más grande que el campo del "sí". La historia electoral de Turquía sugiere una derrota para el presidente en el referéndum.

Así que, una vez más, la desesperación se ha apoderado de Erdogan y su camarilla. Son conscientes de que un resultado negativo significaría el fin del actual régimen. Ya no sería capaz de controlar a su propio partido o mantener su unidad. Y las maniobras de Erdogan y su partido se han vuelto cada vez más desesperadas. El reciente conflicto con Alemania y los Países Bajos es un ejemplo. Hay un intento de arroparse en el aura de "victima del Occidente imperialista" - una estratagema empleada muchas veces para galvanizar el apoyo de la base de poder del régimen.

Varios discursos recientes han reflejado esta desesperación. Intentan establecer la narrativa de la amenaza de las "organizaciones terroristas", como el movimiento de Gülen, el Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK), que actuarían junto con grupos de izquierda pequeños o grandes, para lograr l a victoria del No en el referéndum. Por lo que un "no" es un voto ¡a favor del terrorismo!

Pero tan pronto la camarilla en el poder comprendió que tales declaraciones eran contraproducentes, que alienaban incluso a los musulmanes moderados, que no están dispuestos a “conceder tales poderes draconianos ni a mi propio padre”. Necesitan nuevas maniobras más drásticas para atraer votos a favor del Si. Y la oposición en Turquía cree que son más que posibles: Erdogan es muy capaz de sacar un conejo de su chistera cuando lo cree necesario.

Pero las incertidumbres políticas mundiales no le están ayudando. A diferencia de 2008, cuando las políticas de flexibilización cuantitativa de los centros imperialistas permitió a Erdogan navegar la crisis con pocos daños. Esta vez, sin embargo, no tiene esa suerte.

Desde las elecciones de noviembre en Estados Unidos, la 'ola' de Donald Trump ha hecho que las monedas de los 'mercados emergentes' pierdan valor, y han recuperado sólo parcialmente algunas de sus pérdidas. Pero la lira turca ha perdido el 18,5% de su valor desde noviembre de 2016.

Para combatir la caída de la tasa de cambio y las presiones inflacionarias, manteniendo al mismo tiempo una sensación de control, el gobierno de Erdogan ha acabado con la independencia del banco central. Esa independencia tan preciada era una de las piedras angulares de la reforma bancaria y el control presupuestario impuesto con la ayuda del Fondo Monetario Internacional después de la crisis de 2001. Pero las nuevas medidas provocarán inevitablemente turbulencias en la economía real, lo conllevará el cierre de plantas, quiebras, desempleo, y finalmente un desplome del PIB.

La nueva política monetaria expansionista del gobierno turco, que pretende ayudar a los pequeños comerciantes y fabricantes que forman la base de poder del AKP, pretende evitar una recesión antes del referéndum. Sin embargo, la crisis económica ha empezado a morder. Teniendo en cuenta la pérdida de ingresos procedentes del turismo y la disminución de los mercados de exportación debido a la participación de Turquía en la guerra de Siria, las corrientes económicas ronzan a Erdogan en todas las direcciones.

Anti-Kurdo

Pero no es el único. La grandiosa política exterior del gobierno Erdogan que buscaba asumir el liderazgo del mundo islámico ha fracasado estrepitosamente. La incursión desesperada en Siria - sorteando los objetivos islamistas y con los kurdos sirios como objetivo militar - parecía progresar adecuadamente en las primeras etapas: sólo era una guerra simulada, ya que por acuerdo tácito o formal, el Estado Islámico retiró sus fuerzas de la ciudad de Al-Bab.

Fueron necesarios cinco meses para que las fuerzas anti-Estado Islámico llegaran a las zonas periféricas de Al-Bab, hasta tal punto el llamado Ejército Libre de Siria, la milicia islamista sunita, ha demostrado ser poco fiable. Cada vez más fue necesario que el ejército turco interviniera directamente. Se desplegaron mas tropas y, por tanto, el número de bajas ha aumentado.

Sin embargo, la situación ha llegado a un punto muerto: Al-Bab es controlado por Turquía y sus aliados musulmanes sunitas, mientras que la carretera que pasa por las afueras de la ciudad está en manos del ejército sirio y de las milicias chiíes. Por lo tanto, el deseo de Turquía de utilizar su ejército para ayudar a liberar Raqqa parece imposible de satisfacer por el momento. Uno de los conejos proverbiales de Erdogan se niega a salir de su sombrero mágico.

Y la noche antes del Día Internacional de la Mujer, un extraño e insólito encuentro tuvo lugar en la ciudad turca de Antalya, donde se reunieron militares de los EE UU, Rusia y Turquía. De acuerdo con los comunicados oficiales, discutieron cómo demarcar sus posiciones para evitar un choque involuntario entre sus fuerzas, que se encuentran muy próximas.

Todos los observadores, por otra parte, creen que EEUU y Rusia trataban de frenar la intervención no deseada de Turquía. Los EE.UU. han intentado contentar a Erdogan, permitiendo que sus fuerzas se queden por el momento en el territorio que han ocupado en Siria, mientras mantienen sus propias bases en Turquía, que son muy importantes para sus esfuerzos en el terreno. Por su parte, Rusia está defendiendo sus propios intereses en la región, representando al gobierno sirio, y por lo tanto, los intereses iraníes.

Mientras tanto, las fuerzas armadas turcas han lanzado operación tras operación contra los kurdos en Turquía, así como dentro del territorio iraquí. También están tratando que Masoud Barzani y sus Peshmergas adopten abiertamente una posición anti-PKK, lo que puede provocar nuevos derramamientos de sangre.

En respuesta, las organizaciones políticas kurdas respaldadas por Barzani en Turquía han declarado que no van a votar en el referéndum, ya que la reforma constitucional no prevé la autonomía kurda. Esto se ha interpretado como una maniobra de Erdogan para dividir a las consolidadas fuerzas a favor del No en las provincias kurdas de Turquía.

La involucración de Barzani podría proporcionar una oportunidad para que Erdogan pudiera lanzar un ataque desesperado en el Kurdistán sirio, que está controlado por los kurdos después de la heroica defensa de Kobanê, con el fin de abrir un corredor hacia la ciudad iraquí de Sinjar mediante un hecho consumado, sin obtener el acuerdo de las otras fuerzas en la región.

Eso significaría una escalada imprevisible de la guerra. Sin embargo, el régimen de Erdogan se encuentra en una situación tan desesperada que no puede descartarse. No ganaría esa guerra, pero le atraería suficientes apoyos políticos internos. Puede que en secreto tenga la esperanza de que una intervención internacional impida semejante incursión militar; pero mientras tanto, puede alardear de enfrentarse al imperialismo occidental-cristiano y ganar alguna legitimidad. Al mismo tiempo que lucha contra el Estado Islámico, asumiría el manto de un defensor del Islam, que espera le ayude a ganar el referéndum del 16 de abril.

es un analista político residente en Estambul que contribuye artículos regularmente a las revistas Sercesme y Sakayak.
Fuente:
http://weeklyworker.co.uk/worker/1145/all-or-nothing/
Traducción:
Enrique García