Un grupo de trabajo y la denuncia de irregularidades contra esos mandarines, ladrones de esperanza, de ciencia y de futuro

Guido Scorza

29/09/2017

Digamos la verdad, y digámosla toda y hasta el fondo: la investigación de la fiscalía de Florencia ha abierto la caja de Pandora, que ya estaba llena de grietas y agujeros y a la que le faltaban los suficientes trozos como para haber permitido mirar dentro a quien hubiese querido hacerlo.

No es la primera vez que este fenómeno es llevado a los tribunales y rebotado después en los medios de comunicación, pero por desgracia, y dada la ausencia de medidas extraordinarias, no será la última.

La podredumbre en los procesos de selección para acceder a una plaza en la universidad es de sobra conocida, tanto por los medios, como por aquellos que toman las decisiones y por los propios tribunales desde siempre, porque –y así lo confirma la investigación de Florencia- ninguno de los protagonistas de esta epopeya antiética ha estado realmente preocupado por mantener la discreción, y han seguido manteniendo dinámicas y maniobras en la sombra

Muy al contrario, haber “colocado” a uno de sus discípulos, hacer un cambalache de una plaza de asociado por dos de investigador, renunciar a contemplar que uno de sus discípulos consiga la plaza a cambio de “obtener créditos” para la siguiente vuelta del concurso, o pedir y conseguir que un buen chico titulado, estudioso e inteligente renuncie a presentarse a una plaza para no crear un “problema” a las actuaciones producto de un pactum sceleris (pacto para delinquir). Todas estas actuaciones han representado a menudo, para esta “casta de mandarines” de la Universidad italiana, en absoluto nobles, un título de genuino orgullo, un testimonio vivo de su poder académico en un sistema crónicamente enfermo, como muestran las cuestiones que estamos tratando. Y que frecuentemente es medido más en número de candidatos colocados en plazas de profesores universitarios que en títulos verdaderos y proyectos de investigación realizados.

Nos encontramos en una encrucijada, no es la primera vez,  pero quizá es el momento de tomar el camino correcto.

El primer camino nos lleva a la celebración de un proceso ordinario, con suerte justo, verdaderamente imparcial y rápido, contra un puñado de académicos –algunos de ellos  incluso jubilados- y que podría, en el mejor de los casos, concluir con alguna condena y con la decapitación de este iceberg sumergido que aún seguiría en su avance a la deriva arrollándolo todo y a todos, y convirtiendo en carne picada el futuro de muchos talentos individuales, perfectamente capacitados y llenos de pasión, y -peor aún- el futuro del país entero, porque en 2017, en plena Sociedad de la Información, es o debería ser claro para todos que un país sin investigación, sin saber, sin innovación está condenado a padecer formas de neocolonialismo, tanto público como privado, por parte de otros países y de empresas extranjeras.

El otro camino es más largo, más cuesta arriba, nunca intentado en serio y supondría abordar el fenómeno como una verdadera emergencia, como una guerra contra un sistema corrupto, enfermo e inmoral que amenaza el futuro de nuestro país.

Que se constituya de inmediato una comisión de trabajo en la Autoridad Anticorrupción, que tenga poderes especiales y recursos adecuados. Es posible utilizar las mejores soluciones disponibles para facilitar las denuncias e invitar a los profesores honestos –que no son tantos- a los investigadores, licenciados y doctorandos de investigación a contar la historia de las malas prácticas universitarias de las que tienen conocimiento, con datos, nombres y apellidos, grupos de investigación y cualquier otra información útil para identificar episodios, reales o presuntos, de comportamiento poco ético o ilegal.

Y, por supuesto, después de que se verifiquen uno a uno, todos los incidentes denunciados, se realiza una “ingeniería inversa” de los concursos y de sus resultados y se deshaga la red y las tramas “de favores” a consecuencia de los ya denominados “pactos para delinquir” entre “mandarines” y aprendices de “mandarines”.

Será largo y complejo, pero fructífero, porque cualquiera que haya tenido la desgracia de entrar en contacto con ellos sabe bien que la dinámica de los procesos de selección académica es científica, matemática, casi algorítmica, y simplemente cruzando los datos de profesores miembros de comisiones, la pertenencia a grupos de investigación, las sociedades científicas en las que están inscritos conjuntamente con estudiantes, doctores,  investigadores y asociados. Reconstruir ese proceso nada ético que, a menudo, ha premiado las relaciones y amistades y sacrificado el mérito, la ciencia y la moralidad es un ejercicio accesible y destinado al éxito.

Y por supuesto, actuando con puño de hierro -por lo menos suspendiéndolos con efecto inmediato de cualquier actividad académica- con los profesores que se han manchado con uno de los crímenes más atroces contra el futuro: haber privado a jóvenes llenos de deseo de la posibilidad de estudiar y enseñar sus propias esperanzas.

Y cuando todo esto haya terminado, se publica una clasificación de transparencia con respecto a la valoración de méritos de las universidades, para que el estudiante sea libre de elegir dónde matricularse incluso en relación con las perspectivas de carrera académica que ofrece cada universidad.

De esta manera, la vigilancia de la honestidad de sus profesores también se convertirá en una preocupación de cada universidad.

Es una batalla que se puede ganar y que en cualquier caso debemos dar, porque si no podemos imponer la cultura del mérito, al menos en las universidades, el país está realmente perdido.

Docente universitario, abogado y periodista
Fuente:
http://scorza.blogautore.espresso.repubblica.it/2017/09/27/una-task-force-e-il-whistleblowing-contro-quei-“baroni”-ladri-di-speranza-di-scienza-e-di-futuro/
Traducción:
Ana Jorge
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