Un peligroso intento de distorsionar la historia de la Guerra Civil española en Madrid

David Mathieson

14/07/2013

Todos los días miles de estudiantes madrileños pasan por un arco monumental llamado el Arco de la Victoria de camino a la universidad Complutense. La enorme estructura resulta semejante en apariencia al Arc de Triomphe en París, pero a diferencia del modelo francés no se construyó para festejar alguna famosa victoria en la que España derrotara a un enemigo extranjero. Esa grandiosa construcción la erigió el general Franco para conmemorar la derrota de la Segunda República por parte de sus tropas nacionales en la Guerra Civil, librada entre 1936 y 1939. La victoria de Franco se produjo al final de un conflicto que dejó cerca de medio millón de muertos entre sus compatriotas y el país en ruinas, presagiando el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Al adentrarse en el campus universitario, esos mismos estudiantes pasan delante de un memorial mucho más pequeño, tan modesto que muchos de ellos ni siquiera se darán cuenta de su existencia. Una sencilla columna de metal, sufragada con numerosas donaciones individuales, lleva una inscripción dedicada a los miles de voluntarios de las Brigadas Internacionales que fueron a luchar en España. En noviembre de 1936, el campus universitario se convirtió en escenario clave de la guerra. Al tratar Franco de tomar la ciudad, sus tropas se toparon con la resistencia ofrecida en algunos de los combates más sangrientos del conflicto: cientos de brigadistas internacionales murieron junto a los lugareños defendiendo los edificios de las facultades con el famoso lema convertido desde entonces en consigna de los antifascistas: “No pasarán”.

Se podría pensar que en una época en la que asistimos a un ascenso de la xenofobia y el racismo por toda Europa, este pequeño memorial inspirado por la lucha contra el fascismo de los años 30 sería bien apreciado por la ciudad. En realidad, parece que el derechista Partido Popular (PP) que gobierna la villa no está preparado siquiera para tolerar su existencia.

A principios de esta semana, el Tribunal Supremo de Justicia de Madrid ratificó la demanda según la cual el memorial carecía de licencia urbanística y a las autoridades universitarias se les ha dado dos meses para retirarlo. Por su parte, las autoridades universitarias argumentan que solicitaron la licencia, pero que el Ayuntamiento no contestó a dicha solicitud. La Universidad señala también que otros monumentos conmemorativos – como el de las víctimas de los atentados en los trenes de 2004 – se levantaron sin los permisos requeridos.

Explicar el pasado para dar forma al futuro constituye un principio básico de cualquier proceso político maduro. Fuera de España, hay otros países que son capaces, cada vez más, de encararse con la obscuridad de su propia historia. Quienes visitan ciudades como Berlín, Nuremberg o Lyon, por ejemplo, se encuentran con museos de primera clase que arrostran con honestidad su papel en el siglo XX, y el museo sobre la esclavitud de Liverpool arroja luz sobre un episodio vergonzoso para los británicos. En cambio, no hay en Madrid un solo punto de información o centro de visitantes que intente contar la historia de la Guerra Civil. La administración del PP es incapaz de habérselas con la diversidad de afirmaciones respecto al pasado y prefiere por tanto clausurar por completo cualquier discusión.

No obstante las muchas calles y plazas de Madrid que aún llevan el nombre de miembros del régimen de Franco, y no digamos ya monumentos como el Arco de la Victoria, que conmemoran el aplastamiento de la mitad de la población, parece ahora que el rencor político se llevará por delante la única placa conmemorativa de las Brigadas Internacionales en toda la ciudad.

Con frecuencia se dice que la historia la escriben los vencedores. Pero lo que está sucediendo en Madrid no es tan solo un ejercicio asimétrico de memoria histórica. Es una forma intolerante, peligrosa, disfuncional de tratar el pasado y se condice mal con la imagen que a Madrid le gusta proyectar de ciudad del futuro abierta, diversa y transparente.

David Mathieson trabajó como asesor especial para Robin Cook, difunto ministro de Exteriores del gobierno Blair. Reside en Madrid desde hace más de 15 años y es fundador de Spanish Sites, un proyecto educativo para fomentar la comprensión de la Guerra Civil Española.

Traducción para www.sinpermiso.info. Lucas Antón

 

Fuente:
The Guardian, 6 junio 2013