Una coalición anti-social en Austria

Joachim Becker

02/01/2018

El nuevo gobierno del ÖVP (Partido Popular de Austria) y el FPÖ (Partido de la Libertad de Austria) abre el camino hacia la radicalización neoliberal de las políticas económicas y sociales en Austria. Al igual que en otros países de la UE, como Bélgica, Bulgaria, Dinamarca y Finlandia, un partido liberal-conservadora tradicional ha formado coalición con, o al menos logrado el apoyo indirecto, de una fuerza de extrema derecha con una agresiva agenda anti-inmigrantes con el fin de profundizar sus políticas neoliberales.

El nuevo canciller, Sebastian Kurz, ha roto la coalición con los socialdemócratas con el fin de formar una coalición de derecha después de nuevas elecciones. En este giro, Kurz contó con el apoyo de la Asociación de Industriales, que representa a los grandes grupos capitalistas, a menudo de propiedad extranjera en Austria. El ala del partido cercana a la pequeña y mediana empresa, organizada en la Cámara de Negocios, fue marginada en este proceso, pero ha acogido favorablemente algunas de las políticas pro-empresariales anunciadas.

Con el fin de ganar votantes del electorado del FPÖ, Kurz se embarcó en una agresiva campaña anti-inmigrantes y anti-refugiados que estigmatiza a los musulmanes. Tomó prestado el discurso tanto del FPÖ austriaco como del primer ministro húngaro, Viktor Orbán.

Pero esta postura anti-inmigración no ha sido la única área en la que se observa un acercamiento entre las nuevas fuerzas dominantes en el ÖVP y el FPÖ. Los elementos clave de los programas económicos de ambos partidos - como el ataque a los intereses de los trabajadores, la flexibilización del tiempo de trabajo y la reducción de impuestos a las empresas - se solapan y están en consonancia con viejas exigencias de la Asociación de Industriales.

El encanto de las políticas anti-laborales

Como era de esperar, la Asociación de Industriales está bastante entusiasmada con el programa del gobierno. Se reducirá el poder institucional de los sindicatos. En particular, la capacidad de la Cámara de Trabajo de influenciar la política económica y social y de apoyar la actividad sindical con investigaciones y asesoramiento. Pero el pequeño y mediano capital también puede perder influencia política a través de la reforma del sistema de Cámaras. Los grandes grupos empresariales verán aumentar su poder frente a los trabajadores y las pequeñas y medianas empresas.

Aunque el FPÖ había exigido inicialmente terminar con la pertenencia obligatoria a las Cámaras y, por tanto, el desmantelamiento de facto del sistema de Cámara, la resistencia a un cambio tan radical era fuerte en el ÖVP que está bien representado en las Cámaras, en particular la Cámara de Negocios y la Cámara de Agricultura. El compromiso entre ambos partidos apunta en la dirección de una reducción de las cuotas de los miembros, lo que reduciría la capacidad de maniobra de las Cámaras.

En la actualidad, las Cámaras son algo más que meros proveedores de servicios para sus miembros; tienen una experiencia considerable en las políticas económicas y sociales y son capaces de intervenir de manera efectiva en los debates políticos. La Cámara de Trabajo es capaz de proporcionar una importante experiencia histórica para la negociación colectiva. Debido a la pertenencia obligatoria a las Cámaras, la cobertura de los convenios colectivos es cercana al 100%. Los detalles de la reforma de las Cámaras no aparecen en el programa de gobierno.

Los empresarios han exigido desde hace mucho tiempo la flexibilización de la jornada laboral. En la antigua coalición, los socialdemócratas habían bloqueado esta exigencia. El nuevo gobierno, sin embargo, tiene la intención de permitir picos de tiempo de trabajo de 12 horas diarias y 60 horas semanales. Los sindicatos se oponen claramente a este tipo de políticas que reflejan las prácticas del siglo XIX. En una línea similar, el nuevo gobierno tiene la intención de debilitar la inspección del trabajo.

Uno de los elementos más concretos de las propuestas fiscales es la reducción de impuestos a las empresas. Es bastante obvio que el nuevo gobierno de derecha quiere aumentar la “competitividad” bajando los estándares y los impuestos. Esta es una estrategia típica de un capitalismo dependiente. Y Austria es en cierta medida un país dependiente. Su industria de exportación es en gran medida proveedora de los fabricantes alemanes de exportación y es parcialmente de propiedad alemana. El nexo alemán es reconocido por el FPO. Aunque su base electoral es UE-escéptica, el partido ya no cuestiona la zona euro.

Desmantelar el sistema de bienestar

En las políticas sociales, el gobierno OVP-FPÖ está hasta cierto punto copiando las prácticas regresivas alemanas. En su programa, ha anunciado su intención de reformar las prestaciones por desempleo. Entre otras cosas, los parados recibirán beneficios por períodos más cortos. Posteriormente, deberían ser relegados a los programas de asistencia social. El nuevo gobierno prevé un enfoque más restrictivo y estigmatizador de bienestar social. Se recortarán radicalmente las ayudas para los refugiados. Como ya ha sido el caso en la región de Alta Austria, donde ÖVP y FPÖ gobiernan, la discriminación de los grupos más vulnerables sólo es el punto de partida para más recortes generales y el deterioro de la protección social.

Se proporcionarán ayudas de asistencia social cada vez más en especie en lugar de transferencias monetarias. El límite máximo para las ayudas de asistencia social será 1.500 euros, independientemente del tamaño de la familia. Aunque el nuevo gobierno de la derecha subraya sus políticas familiares, el apoyo a las familias con niños está dirigido a los estratos sociales medios. Su principal instrumento serán los subsidios fiscales en el pago de impuestos. Muchas familias mono-parentales, sin embargo, están por debajo del umbral de renta establecido.

Tanto en su enfoque para las clases medias como en la orientación conservadora de sus políticas familiares y la estigmatización de los pobres, el nuevo gobierno de derechas de Austria muestra un claro paralelismo con Fidesz en Hungría. Una clara tendencia en el programa de gobierno es la discriminación de los migrantes, incluidos los de la UE, en el mercado laboral y las políticas sociales. En este sentido, el nuevo gobierno austriaco promueve una forma más excluyente de estado de bienestar nacionalista que otros gobiernos de Europa Occidental que son apoyados por partidos nacionalistas, anti-inmigrantes. Mientras que la derecha nacionalista en Europa central-oriental y occidental comparten una agenda anti-inmigración, las medidas concretas contra los migrantes de la UE en Europa Occidental crean fisuras con la derecha nacionalista en Europa Central y del Este.

El nuevo gobierno de Austria comparte una inclinación represiva con Fidesz en Hungría y el PiS (Ley y Justicia del partido) en Polonia. El FPÖ de extrema derecha se hará cargo de los Ministerios de Interior y de Defensa y el control de los servicios secretos. El presidente de Austria, Alexander Van der Bellen que, de acuerdo con la constitución, juega un cierto papel en la formación del gobierno, insistió con éxito en que los Ministerios del Interior y de Justicia, no deben ser controlados por el mismo partido. El presidente quería evitar una situación en la que todos los Ministerios que se ocupan de la represión estén en manos del FPÖ.

Una nueva “Mitteleuropa” se esta formando en el corazón de Europa. Es bastante diferente de las visiones liberal-democráticas de Mitteleuropa, que Milan Kundera y otros habían alimentado en la década de 1980 y principios de 1990. El renovado eje entre Austria y Hungría se basa en políticas antisociales, la estigmatización de los pobres y de migrantes específicos y de otras minorías.

(1960), es profesor en el Instituto de Teoría y Política Económica de la Universidad de Economía y Empresa de Viena. Es coautor de “Socialismos" con Rudy Weissenbach.
Fuente:
http://www.criticatac.ro/lefteast/the-austrian-anti-social-coalition/
Traducción:
Enrique García