Una confusión importante en el debate sobre la renta básica

Daniel Raventós

07/09/2014

La contestación que firmé con Jordi Arcarons y Lluís Torrens a un artículo de Eduardo Garzón sobre 7 críticas a la Renta Básica (RB) ha sido respondido a su vez en una contrarréplica. No es mi intención, después de haberlo hablado con mis coautores, hacer una nueva contestación porque sería inevitablemente redundante, como lo es la contrarréplica, y porque podría cansar a algunas personas que hasta ahora quizás han seguido con interés la polémica.

Y de acuerdo también con Jordi y Lluís, me limitaré a un solo punto de la contrarréplica de Garzón que me parece particularmente importante. No es que no haya mucho más a comentar en otros varios puntos de su escrito, pero al enfocar la atención solamente en uno ganaremos, espero, en claridad y, a buen seguro, en brevedad. Y, por lo tanto, no se trata ahora de evaluar en ningún sentido el trabajo garantizado (TG) [1], ni la larguísima contrarréplica de Garzón. Se trata de algo mucho más breve y directo.

Se escribe en la contrarréplica:

“Por otro lado, me sorprende muchísimo esta incredulidad frente a la financiación del TG cuando la RB se enfrenta a desafíos similares e incluso de mayor envergadura. Por ejemplo, si suponemos simplemente que la cuantía por persona es la misma tanto en el RB como en la RB, es fácil concluir que la financiación de la RB es muchísimo más complicada al tener que movilizar recursos para 47 millones de personas, y no para unos 13 (en el peor de los casos) como ocurriría en el TG. Por todo ello, creo que en este punto los autores se precipitaron imprudentemente.”

Al margen de un error de tecleo evidente y sin importancia que no ha dificultado a nadie la comprensión (donde dice “en el RB como en la RB” debe decir, claro, “en el TG como en la RB”), esta cita denota algo más preocupante: el desconocimiento de cómo se financia la RB. Para seguir intentando ayudar en la simplificación, no discutiré esta rara aseveración según la cual “si suponemos simplemente que la cuantía por persona es la misma tanto en el TG como en la RB”, puesto que no es tan inmediata y alegre la operación de la igualación monetaria de dos propuestas tan diferentes. Pero, repito, admitamos la equiparación. El problema de calibre está en lo que viene después: “la financiación de la RB es muchísimo más complicada al tener que movilizar recursos para 47 millones de personas, y no para unos 13 (en el peor de los casos) como ocurriría en el TG.”

Intentaré despejar esta confusión de la forma más clara posible.

La RB puede financiarse de algunas formas diferentes. Con Lluís y Jordi hemos propuesto una que supone una inmensa redistribución de la renta de la población más rica al resto. Todo ello mediante una reforma fiscal, algunos cambios en el gasto social evidentes y necesarios por sí mismos con una RB y sin creación de masa monetaria. Esta propuesta está explicada con mucho detalle en castellano en varios lugares: los originales aparecieron en las páginas electrónicas de Sin Permiso y de la Red Renta Básica en diciembre de 2013. Está a disposición de quien quiera descargarse el estudio. Como la simulación econométrica está realizada a partir de casi un cuarto de millón de IRPF catalanes (año 2010), la propuesta de financiación es para Cataluña. Para el conjunto del Reino de España se podría hacer sin problemas siempre que dispusiéramos de una muestra estadística significativa, como lo hicimos para Guipúzcoa unos meses después al disponer de la totalidad de los IRPF de aquel territorio vasco. Esta pequeña introducción es un intento de despejar la menor duda, imprecisión o confusión de que la financiación de la RB en ningún caso es más complicada (que el TG) “al tener que movilizar recursos para 47 millones de personas, y no para 13”. Si se comprende cabalmente la financiación de la RB la explicación es trivial: los 13 millones de personas con TG, efectivamente, son 13 millones (o 12, o 10, o 9 o los que sean) que deberían tener un TG cada una de ellas y el coste correspondiente; en cambio los 47 millones de personas no tienen un coste para la RB igual, ni mucho menos (no se trata de multiplicar la RB por 47 millones, como increíblemente todavía algunos sedicentes críticos de la RB van escribiendo por algún lugar). Las únicas personas que tienen un coste completo de la RB son las que no disponen de ningún ingreso, es decir, las que “tienen” 0 euros: recibirían la RB completa. Hay personas, como yo que soy profesor titular de universidad [2], que deberían aportar algo más de lo que recibiría como RB. Y aquella persona que ganase 100.000 euros anuales, debería aportar mucho más. Y aquella que recibiera 200.000 anuales, mucho más aún. Y aquella que recibiera 500.000 anuales, más que la anterior. Supongo que tal progresión no ofrece la menor duda. Es decir, “movilizar recursos para 47 millones de personas” es mucho más fácil con la RB que con el TG para 13, o 12, o 10.

Quiero insistir para que quede más claro si cabe. La RB la recibe todo el mundo, por definición, pero no todo el mundo gana. Los muy ricos pierden mucho, los ricos pierden bastante, los menos ricos pierden algo, etc. Los resultados de nuestra propuesta [3] de financiación de la RB los resumíamos así:

“La gran mayoría de la población declarante actual en el IRPF y no declarante resultaría ganadora respecto a la situación actual. Solamente un porcentaje que oscilaría entre el 10 y el 15% de la población más rica saldría perdiendo con la reforma propuesta. Un porcentaje similar quedaría en una situación parecida a la actual, dependiendo claro está de la situación de sus respectivos hogares, y entre un 70 y un 80% de la población situada en los niveles inferiores de renta de los otros dos grupos saldría ganando con la reforma. Dicho con otras palabras: se produciría una gran redistribución de la renta de los sectores más ricos al resto de la población. Es decir, lo contrario de lo que se ha producido a lo largo de las últimas décadas, especialmente en los últimos años. De hecho el índice de Gini en Cataluña pasaría de ser uno de los  mayores valores [es decir, que indica notables desigualdades. NdA] de Europa a ponerse al nivel de Noruega, el país europeo que presenta la menor desigualdad.”

Creo que el debate con Eduardo Garzón, aunque haya llenado más páginas de las necesarias, lo que probablemente ha repartido ineficazmente la atención entre demasiados puntos insubstanciales, quizás ha servido para despejar algunas confusiones. Porque si algo me parece necesario para poder enriquecer cualquier discusión, es identificar lo que es una confusión y lo que es una discrepancia. Particularmente interesado estoy en que si algo debe quedar claro es que la financiación de la RB no es nada del otro mundo y mucho menos de lo que, de entrada, puede parecer. Lo decíamos también al final del estudio repetido:

“No cualquier proyecto, ocurrencia, ideal que tengamos, por deseable que pueda ser, es realizable. En muchos ámbitos (desde el muy abstracto de la matemática al muy concreto de la economía) investigar sobre imposibles ‘puede conducir a perder el tiempo y el dinero’ [el entrecomillado es una frase de Jesús Mosterín. NdA]. Proponer utopías estériles, por imposibilidad lógica o empírica, nos aboca al desengaño cuando no a situaciones peores. Hay límites absolutos a lo que podemos hacer, saber o concretar. No es el caso de nuestra propuesta de la RB. Los obstáculos a la RB son políticos, como políticos fueron (o son, dependiendo del lugar) los obstáculos al sufragio universal, las vacaciones pagadas, el derecho de huelga, el aborto libre o el matrimonio del mismo sexo. No hay una imposibilidad lógica o empírica a la RB, pero es un objetivo posible que no puede despertar simpatías unánimes. En política, hay que elegir. En política económica también. Y nuestra  propuesta de RB es una elección para garantizar la existencia material de la población. Ese objetivo no será nunca bien visto por aquellos que se benefician o incluso disfrutan de que esa existencia no la tenga toda la ciudadanía. Constatarlo es apuntar más razonablemente a las tareas que hagan posible la conquista de la RB. La RB no solamente es deseable, también es factible.”

Si con Jordi y Lluís hemos logrado despejar, para algunas personas interesadas en la RB pero que se quedan paralizadas ante la aparentemente insuperable pregunta de “sí, pero ¿cómo se financia la RB?”, aunque tan solo sea esta confusión, agradeceremos a Eduardo Garzón el haber hecho de catalizador que ha posibilitado tal prodigio. Sería una muestra de que el debate ha tenido una indiscutible utilidad. Y no es la utilidad la característica más frecuente de muchos debates, vamos a seguir llamándolos así, que más bien parecen una colección de patochadas, dislocaciones y dicterios.

Notas:

[1] En Sin Permiso hemos publicado desde hace tiempo artículos sobre fundamentos teóricos del “Estado como empleador de última instancia” o TG, especialmente de Randall Wray, pero como he apuntado, ahora me abstendré del menor comentario al respecto.

[2] Fraude fiscal de los ricos aparte. Ya decíamos en el reiterado estudio que un catedrático de universidad con una retribución anual bruta en 2010 de 54.000 euros formaba parte, según el IRPF, del 5% más rico de la población. Y concluíamos: “Una muestra nada despreciable del mencionado fraude fiscal de la población rica, que repercute negativamente en la financiación de la RB, puesto que al disminuir la parte alta de las rentas, se reduce el montante global que debe redistribuirse, lo que determina un coste más elevado para la población declarante.”

[3] A estas alturas supongo que no es necesario volver una vez más a repetir (pero por si acaso) que en nuestro estudio no detraemos ni un céntimo de euro de la sanidad ni de la educación públicas para financiar la RB. Es más, puestos a ser “realistas”, nuestra propuesta no detrae un céntimo de los que ya recoge el actual IRPF. Más concretamente: “no supone la detracción de ningún otro ingreso público por la vía del IRPF. Es decir, el modelo deberá financiar lo que ya se financia actualmente (sanidad, educación… y todas las demás partidas de gasto público) y además la RB que se propone”.

Daniel Raventós es profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, miembro del Comité de Redacción de sinpermiso y presidente de la Red Renta Básica. Es miembro del comité científico de ATTAC. Su último libro es ¿Qué es la Renta Básica? Preguntas (y respuestas) más frecuentes (El Viejo Topo, 2012).

 

Fuente:
www.sinpermiso.info, 7 de septiembre de 2014