Una Navidad con Marx. Sobre la muerte de Elmar Altvater

Guido Speckman

30/05/2018

La Navidad de 1961 tuvo que ser solitaria para un estudiante de Sociología de Múnich. Dinero para volver a casa, a su Kamen natal, en el Ruhr, no tenía. Para la calefacción, tampoco. Su padre era minero, un empleo que no concedía grandes oportunidades. Sin embargo, esa Navidad sería para Elmar Altvater, que tenía entonces 23 años de edad, de extremo interés para su futuro como intelectual.

Un librero de Múnich le había convencido, en efecto, para que leyera los tres volúmenes de El Capital de Marx. Los más econónicos eran los de la RDA, todavía con su portada de color marrón. Fueron las lecturas de esa Navidad las que encaminaron la extraordinaria carrera intelectual de Elmar Altvater. Y empezó enseguida aprendiendo una lección: “Por desgracia, he descubierto que Bertolt Brecht tenía razón cuando decía que salía caro entender a Marx. Hace falta comprarse mucha literatura para convertirse en un buen marxista”, contaba Altvater, entrevistado en la sección “ZEIT Geschichte” del diario homónimo, junto al difunto (2012) Norbert Walter, economista jefe del Deutsche Bank.

El hecho de que un intelectual que se definía abiertamente marxista fuera entrevistado por un periódico liberal junto a un representante del gran capital deja intuir fácilmente la estatura y el respeto que alcanzó. Altvater era un autoridad, en el sentido mejor del término, no sólo en los círculos marxistas y de izquierdas, sino también en círculos con otros intereses de clase, donde sus opiniones se tomaban igualmente en serio.

Después de sus estudios en Múnich, de 1968 a 1970, Altvater fue ayudante científico en la Universidad de Erlangen-Nuremberg. Fue un periodo laborioso. Altvater siguió la llamada de un tal Rudi Dutschke, de Erlangen. Cuando los “68ers” habían pasado su cénit, llegó Altvater a uno de sus centros, Berlín. Participó en la “célula asistente socialista”, fundò la revista Problemas de la lucha de clases – hoy “Prokla” – y estuvo activo en la oficina socialista con sede en Offenbach, que era una importante asociación de la nueva izquierda.

Diez años después de sus primera lecturas de Marx, en 1971, Altvater se convirtió en profesor de Economía Política del Instituto Otto Suhr, en la  Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Libre de Berlín (Freie Universität Berlin), donde permaneció hasta su jubilación en 2004. Altvater pertenece, por tanto, como ha escrito el periodista alemán Mathias Greffrath, a la “generación de los ayudantes” de 1968 que descubrieron la obra de Marx “por sí mismos” y que trataron de separar el mensaje del materialismo histórico de las distorsiones estalinistas, reconstruyendo el verdadero eje de la crítica marxiana de la economía política.

Esta reconstrución se reflejó después en una producción literaria constante. Obra de referencia de la crítica de la globalización fue de hecho el trabajo Límites de la globalización (Grenzen der Globalisierung), publicado en 1996 junto a su compañrera Birgit Mahnkopf, que llegó a siete ediciones.

Su curiosidad intelectual, junto a numerosos viajes a América del Sur, le llevaron a recoger cada vez más argumentos nuevos. En su enfoque, evidentemente, fue fiel al método de Marx. Se dedicó de hecho a cuestiones de desarrollo capitalista, teoría del Estado, política de desarrollo y deuda y crisis financiera, así como también a la conexión entre economía y ecología. En este último terreno, en particular, determinó baremos de referencia en la discusión eco-marxista y eco-socialista, llevada a cabo mucho más intensamente en el área lingüística anglosajona que en este país.  “La cuestióon ecológica es una cuestión social y hoy la cuestión social puede afrontarse adecuadamente sólo como cuestión ecológica”, escribió en 1992 en el Precio del bienestar (Der Preis des Wohlstands).

La izquierda socialista tradicional aceptó esta intuición, al menos aparentemente, sólo como una interesante teoría. Hasta hoy, la izquierda considera de hecho la esfera social como algo separado de la esfera ecológica. Los marxistas que hablan del desarrollo de las fuerzas productivas, los sindicalistas keynesianos que piden paquetes de incentivos gubernamentales, no consideran que la produción puede transformarse en una fuerza destructiva y que un mayor crecimiento económico puede llevar a la contaminación y la destrucción del medio ambiente. En palabras de Altvater: “Los procesos económicos son transformaciones substantivas y energéticas que no funcionan de modo circular, como se asume en la teoría económica”.

Altvater se mantuvo además políticamente activo. Miembro inicialmente del SPD, en los primeros años 80 se comprometió asimismo en el proceso de fundación de los Verdes. El “aburguesamiento” de los Verdes no fue para él motivo suficiente para dejar el Partido. Por el contrario, como él mismo declaró en una entrevista, trató de combatir este proceso desde dentro. Sólo abandonó el partido cuando los Verdes tomaron posición a favor de la guerra de Afganistán. Los diputados “se dejaron manipular por Joshua Fisher, que les tiró de la anilla de la nariz sin que a ninguno le doliera”, declaró Altvater. Como última alternativa, en 2007 entró en la Izquierda (Die Linke), donde estuvo activo en la comisión programática. Además de su compromiso político, se mostró también activo en Attac. “Hay que bailar con ambos matrimonios, política y sociedad civil“, declaró una vez en una entrevista.

En 2005 predijo “el fin del capitalismo tal como lo hemos conocido”, como titula el libro homónimo (Das Ende des Kapitalismus, wie wir ihn kennen). Eso estaba claro como la luz del sol. Tres años después, se desencadenó la crisis financiera global con la bancarrota de Lehman Brothers. Una crisis que se transformó en una crisis económica mundial. No supuso una sorpresa para Altvater. La “financiarización” del capitalismo y su  vulnerabilidad respecto a las crisis fueron siempre objeto de sus análisis.

En sus conversaciones con Raul Zelik – que representan una excelente introdución al pensamiento de Altvater –, el punto crucial para la “medición de la utopía” es: “Nosotros – igual que los 9.000 millones que pronto seremos – podemos llevar una vida decente, pero es mucho lo que tenemos que hacer, al mismo tiempo que mucho que debemos dejar de hacer. Debemos transformar la tierra, volverla, por así decir, ecológica”. ¿Qué quería decir con esto? En primer lugar, despedirse de los combustibles fósiles y una transición a un socialismo del siglo XXI. Y esto debe ser “solar, democrático y solidario”.

Altvater ha muerto en Berlín a la edad de 79 años, el Primero de Mayo del año del doscientos aniversario del nacimiento de Karl Marx. La izquierda, marxista o no, pierde una de sus mentes más brillantes.

periodista independiente y colaborador de medios diversos, estudió Ciencias Políticas e Historia en la Universidad de Marburgo. Ha trabajado para la editorial VSA y la revista Sozialismus de Hamburgo, y como redactor del diario Neues Deutschland.
Fuente:
Neues Deutschland, 3 de mayo de 2018, reproducido por Sbilanciamoci.info, 5 de mayo de 2018
Traducción:
Lucas Antón
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