Una pequeña victoria obrera en Industrias Titán

Miguel Salas

18/02/2018

No por conocido hay que dejar de repetirlo: cuando se lucha se puede ganar. No es fácil la situación en las empresas, ni la respuesta cuando los patronos las cierran, despiden o amenazan con todos los males si no se acepta rebajar salarios o precarizar aún más las condiciones de trabajo, pero si no se lucha no es posible medir las fuerzas ni saber si se puede ganar o no. En Industrias Titán lo han comprobado.

Situada en El Prat de Llobregat (Barcelona), Industrias Titán es una empresa líder en el sector de las pinturas - ¿quién no ha pintado alguna vez con Titanlux? – con una gestión familiar, pertenece a la familia Folch-Rusiñol, y sin demasiada tradición conflictiva. Con más de 100 años de actividad nunca registró pérdidas y en 2016 facturó 103 millones de euros y obtuvo 2,3 millones de beneficios. Pero, a partir del pasado verano se inició una cascada de despidos. De una plantilla que supera los 350 trabajadores en seis meses abandonaron la empresa 74 personas, muchas de ellas con ceses pactados tras amenazas de despido, 20 de ellos no pactados. La alerta cundió entre la plantilla y el comité de empresa reaccionó. En el mes de julio se convocaron los primeros paros y se abrió un proceso de mediación y negociación en la Inspección de Trabajo que duró dos meses. No dio ningún resultado. De hecho, al terminar el proceso había 14 despedidos más.  

El plan de la empresa, informado directamente a la representación sindical, consistía en seguir despidiendo hasta conseguir sus objetivos económicos: reducir en un 10% los costes salariales sobre la facturación, lo que equivaldría a eliminar un 33% de la plantilla. La empresa lo hacía mediante despidos individuales para eludir la vía de los despidos colectivos, que le obligaría a demostrar que existen causas reales para ello y, si las hubiera, a negociarlas con los representantes de los trabajadores. La situación no dejaba muchas alternativas: había que luchar.

Más aún al saber que la verdadera causa de la reestructuración no estaba en la evolución económica de la empresa sino en unas malas inversiones de los propietarios. La familia Folch-Rusiñol realizó en 2006 importantes inversiones financieras junto a la familia Lara (Planeta) e Isak Andic (Mango) formando una sociedad con un importante peso accionarial en Banco Sabadell. La crisis iniciada en 2008 les representó una importante pérdida de valor, calculada en unos 90 millones de euros. La necesidad de refinanciación ha afectado a la empresa y obligó a los propietarios a realizar ventas que descapitalizaron la empresa.  

En noviembre se decidió dar un salto en las movilizaciones. El comité de empresa, con 4 delegados de UGT y 11 de Co.Bas (Comisiones Obreras de Base) (Surgida de la anterior sección sindical de CCOO) propuso a la asamblea convocar huelga desde el 21 de noviembre hasta final de año. Se acordó convocar paros de dos horas todos los martes y jueves. En la huelga coincidían ambos turnos, lo que permitió reforzar la solidaridad entre la plantilla. El llamamiento a la huelga dejaba claros los objetivos: “No nos parece justo que los trabajadores paguemos, en forma de despido problemas económicos ajenos a la marcha de la empresa. No estamos de acuerdo en que se externalicen las actividades productivas propias a empresas que funcionan con salarios y condiciones precarias. No aceptamos que se despidan trabajadores, para reducir los costes salariales, mientras la dirección y los altos cargos eluden su obligación legal de declarar en los balances los altos salarios que cobran. No aceptamos que sobren trabajadores, mientras se nos sobrecarga de trabajo con cada nuevo despido. No toleramos que se nieguen abordar de forma seria y rigurosa los planes de viabilidad de la empresa con los representantes de los trabajadores”.

Con esos objetivos y con buenos ánimos se fueron desarrollando los paros, seguidos muy mayoritariamente en fábrica y con menor incidencia en oficinas. Sin embargo, esa presión no fue suficiente. La empresa no cedía, pero los ánimos de la plantilla seguían fuertes y la huelga empezaba a tener repercusión en diferentes ámbitos, notas publicadas en prensa, apoyo solidario de otras empresas, etc. Paco García, de Co.Bas y del comité de empresa, lo explica así: “La huelga permitió estrechar lazos entre la gente de toda la plantilla. Nos unió mucho. Pero teníamos claro que no queríamos una huelga aislada. Hemos visto demasiadas luchas que se quedan en el polígono, que no tienen visibilidad. Desde el primer momento nos planteamos la necesidad de romper esa situación. Hemos utilizado mucho las redes sociales, se creó una plataforma de solidaridad y una red de apoyo con fuerzas parlamentarias y no parlamentarias. Logramos una moción de apoyo del Ayuntamiento de El Prat. Realizamos concentraciones ante los distribuidores de la empresa y nos fue de mucha ayuda que una parte de la huelga se desarrollara durante la campaña electoral de las elecciones en Catalunya, pues nuestra lucha fue un elemento de referencia”.

Sin embargo, la empresa seguía sin ceder. Tras las vacaciones de Navidad se da otro paso, se convoca huelga de 3 horas por turno y durante tres días de la semana. La situación se tensa. Ya no habrá marcha atrás. Durante todo el proceso de movilizaciones la asamblea fue la base de participación de toda la plantilla, en ella se debatieron los problemas, los pasos a dar y donde se tomaron las decisiones. La asamblea facilitó reforzar la unidad y fraternidad entre la gente. Finalmente, se decidió convocar 5 días de paro total, del 29 de enero al 2 de febrero. Los intentos de la empresa de utilizar esquiroles fracasaron y la huelga fue seguida mayoritariamente. La empresa ya no estaba en condiciones de servir a los distribuidores y temiendo una prolongación del conflicto se avino a proponer un acuerdo al comité. El 2 de febrero se firmó un acuerdo que fue ratificado por la asamblea. En él se dice: “Industrias Titán ofrece la readmisión de los (3) mencionados trabajadores, con efectos del día siguiente de la fecha del despido objetivo. […] Asimismo Industrias Titán asume el compromiso de no proceder a extinguir ningún contrato de su plantilla, por las causas objetivas reguladas en los artículos 51 y 52 del Estatuto de los Trabajadores, y ello durante un lapso temporal de dos años y tres meses a computar desde la firma del presente acuerdo”. ¡Es una victoria!

[Más de 60.000 visionados han podido compartir la celebración de la plantilla.]

https://twitter.com/TrabajTitanlux/status/959522346796290048

Paco García añade su valoración del resultado de las movilizaciones: “Un tema muy importante es que hemos logrado ir de menos a más, hemos podido ir madurando el conflicto y también la conciencia y organización de la gente. Hemos aprendido de otras luchas para poder desarrollar la nuestra, hemos querido recuperar las mejoras enseñanzas de otras luchas, la creación de una caja de resistencia (que al final no hemos tenido que utilizar), dañar la imagen de la empresa, ha sido inevitable no recordar la huelga de Panrico (que duró 8 meses). Somos conscientes de que toda victoria es parcial, temporal. La empresa pretenderá aplicar su plan, no lo ha abandonado, querrá hacerlo de forma más suave o dilatado en el tiempo, de hecho, nos ha anunciado que en abril presentará su proyecto de viabilidad. Estaremos atentos y vigilantes”. La lucha ha valido la pena. Se han parado los despidos y la empresa tendrá que presentar su plan de futuro. Se ha reforzado la unidad y conciencia de la plantilla y las experiencias y las lecciones de esta huelga podrán servir para que otras también puedan vencer. La suma de pequeñas victorias es la que puede crear condiciones para batallas más amplias y decisivas.

Sindicalista. Es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso
Fuente:
www.sinpermiso.info, 18 de febrero 2018