Unión Europea: A varias velocidades ¿adónde?

Francisco Louça

16/03/2017

Cuando se celebró en Berlín el 50 aniversario del Tratado de Roma, el documento fundacional de la actual Unión Europea, el ambiente era más optimista que en la actualidad: todavía se recordaba la caída del muro con satisfacción y el éxito del euro parecía rotundo. Sólo Benedicto XVI no estuvo de acuerdo, declarando que Europa estaría en vías de desaparición al no reafirmar su fidelidad cristiana, pero, francamente, el Papa fue visto por los gobiernos como un fundamentalista extravagante cuya propuesta teocrática era contraria a las tradiciones europeas. Merkel afirmó en su discurso que la "herencia judeo-cristiana" era importante y volviendo a lo importante, amenazó con que "Europa necesita más poderes y más claros". Han pasado diez años.

Aquel mismo verano, unos meses después de la cumbre, el mercado hipotecario de Estados Unidos se derrumbó, arrastrando a la quiebra a un gran banco y a la compañía de seguros más grande del mundo, y después a decenas de bancos en los EEUU y Europa. A partir de ahí, tuvimos la recesión más larga desde la Segunda Guerra Mundial y la única en la que el producto en todo el mundo cayó. A continuación, la crisis de la deuda soberana y el euro y estamos todavía en ella.

Diez años más tarde, y en cuestión de semanas, la Cumbre de Roma celebrará el 60 aniversario pero el ambiente es más sombrío que el de Berlín. Se aprobó una "declaración árbol de Navidad" (en la que cada cual cuelga su bola) y eso ya es un alivio, porque para los gobernantes europeos, lo mejor es una declaración irrelevante y mejor no correr el riesgo de adoptar decisiones divisoras y peligrosas. En otras palabras, Roma será una juerga y se espera que la resaca se disipe muy rápidamente.

Sin embargo, para tranquilizar los espíritus y asegurarse de que no pasa nada, la Comisión Juncker ha presentado varios escenarios para el futuro de la Unión Europea, en un Libro Blanco en el que se resumen las grandes opciones: retroceder, avanzar, permanecer igual. Hacia dónde ir, Juncker no tiene una opinión. Gato escaldado, sabe que si toma cualquier posición corre el riesgo de que Merkel le desautorice y, por lo tanto, con el mapa en la mano, que cada cual vaya para donde quiera.

Como era de esperar, Merkel reaccionó y convocó a los líderes de Francia, Italia y España para hacerles aceptar la doctrina de las "varias velocidades" (la prensa portuguesa informa de "dos velocidades", pero Merkel habla de "varias"). Para estas "velocidades", los ejemplos del gobierno alemán son la seguridad y la defensa. Pero si leemos el referido Libro Blanco, nos encontramos con que se admiten algunas hipótesis más: además de la seguridad (policía e investigación criminal conjunta o la fabricación de un avión no tripulado militar) estarían en la agenda una ley común para las empresas y una legislación laboral unificada. A quienes entusiasma este menú, me limito a preguntar: ¿hay alguna garantía de convergencia, de un enfoque que permita a los ciudadanos reconocer una democracia con voluntad común? ¿Soluciones a la deuda, el desempleo, para la humillación? Pero no, lo que tenemos es policía, aviones no tripulados y una legislación laboral unificada - y mejor no elaborar sobre lo que será dicha legislación, ¿no creen, queridos lectores?

Por tanto, la estrategia parece clara y se está repitiendo en la cumbre que termina hoy: la movilización de las amenazas externas para crear un núcleo de política europea en torno a la respuesta militar y así subyugar todas las preguntas sobre la vida de las personas; continuar la destrucción de empleo; y, si todo va bien, construir un avión no tripulado.

Muy bien, mientras Portugal continúe en "la vanguardia", dice el primer ministro. Como siempre, António Costa busca ganar tiempo: no quiere conflictos con Europa. Comprendo la estrategia, solo se deben provocar conflictos cuando permiten un cierto progreso. Pero entendámonos: el "árbol de Navidad" de Roma y las "varias velocidades" son bombas retardadas contra una Unión en la que puede haber convergencia. En este proyecto de "varias velocidades" no se crea un solo puesto de trabajo, ni protección contra la pobreza, ni inversión, ni educación; por el contrario, las "varias velocidades" son todas contra nosotros. Y sin convergencia la Unión es un proyecto fallido y peligroso para las democracias.

catedrático de economía de la Universidad de Lisboa, ex parlamentario y miembro del Bloco de Esquerda, actualmente es Consejero de Estado.
Fuente:
http://blogues.publico.pt/tudomenoseconomia/2017/03/10/a-varias-velocidades-para-onde/
Traducción:
G. Buster
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