Yemen se muere de hambre

Helen Lackner

09/10/2016

¿Está convirtiéndose la guerra olvidada en una hambruna olvidada? ¿Qué respuesta daremos a las nuevas generaciones cuando nos pregunten cómo pudimos contemplar esta tragedia y quedarnos de brazos cruzados?

Muchos nos quedamos pegados a los medios audiovisuales observando la terrible pesadilla que se está desarrollando en Alepo, viendo cómo bombardean y asesinan sistemáticamente a una población que ha quedado sitiada en la ciudad, mientras los políticos de todo el mundo debaten en Nueva York sobre la atribución de responsabilidades entre comidas fastuosas en restaurantes dispendiosos. Ahora bien, mientras contemplamos lo que ocurre en Siria, hay otras tragedias que también se agravan en la región, como las de Libia o Iraq; no obstante, voy a centrarme exclusivamente en Yemen. Hace un año, la ONU predijo que el país, ya entonces desgarrado por la guerra, iba camino de la hambruna. Algunos hicimos notar que los yemenís, a diferencia de los ciudadanos de otros lugares, no tienen costumbre de morir de hambre en público. Su cultura es distinta y los impele a hacerlo en casa y en privado. 

Estos horrores son consecuencia de la guerra, no son desastres «naturales» originados por el cambio climático. Ocurren porque los políticos (¿es esa la palabra adecuada?) persiguen intereses y objetivos cortoplacistas a expensas del bienestar y de las vidas de millones de ciudadanos. ¿Cómo es posible que estos hombres (de momento hay muy pocas mujeres) estén desprovistos de un mínimo sentido de la humanidad?

Algunos nos preguntamos qué respuesta daremos a las próximas generaciones cuando quieran saber cómo pudimos ser testigos pasivos de estas tragedias y no hacer nada al respecto, igual que nosotros hemos preguntado a nuestros padres cómo permitieron que ocurriera el Holocausto nazi. En esta ocasión no hay modo de responder que no lo sabíamos. ¿Por qué nos sentimos impotentes? ¿De verdad no hay nada que podamos hacer? ¿Sólo escribir, observar, salir a manifestarnos frente a las embajadas y sentirnos ignorados? ¿Es esta la mejor «democracia» que podemos ofrecerles?

El sufrimiento es patente en los hospitales

Por más que muchos mueran en sus casas, algunos yemenís, en especial los niños, lo hacen en hospitales y su sufrimiento se hace visible. Dos periodistas nos lo acaban de recordar. En el programa del canal 4 Unreported World, Yemen: Britain’s unseen war [Yemen, el mundo del que no se informa: la guerra encubierta de Inglaterra], Krishnan Guru-Murthy nos ha mostrado escenas desgarradoras de los hospitales de Sana´a y de los campamentos al norte del llano costero Tihama, cerca de uno de los frentes de la guerra. La película de Nawal al Maghafi Starving Yemen  [Yemen se muere de hambre] se rodó en la misma ciudad de Hodeida y en Beit al Faqih, 60 km al sur por una carretera asfaltada sobre el llano de Tihama.

Ambas películas se acabaron de rodar hace unos dos meses, en zonas de acceso relativamente sencillo. Desde entonces, la situación no ha hecho más que empeorar. En las dos películas se ven niños que mueren de hambre y de desnutrición; también se explica en ellas el papel que desempeña la pobreza, agravada por la guerra, en ese sufrimiento. Los niños de estas regiones tienen acceso a los centros de salud, a despecho de las restricciones de suministro sanitario y de electricidad, y pese a todo muchos mueren de hambre. Las dos películas muestran claramente que la hambruna ya no es una posibilidad remota, sino una realidad que está ocurriendo en la actualidad. Los yemenís están muriendo de hambre en estos precisos momentos.

¿Y qué ocurre con los niños de otros lugares? ¿Qué pasa con los adultos? ¿Qué sucede con los millones de personas que viven en pueblecitos lejanos de las montañas y en las menos lejanas ciudades del interior, que tienen que conducir varios días por carreteras colapsadas y atravesar puentes destruidos para conseguir alimentos? El producto básico de las tierras montañosas es el pan, y el 90 % del trigo de Yemen es de importación. Pese a que las lluvias han sido buenas este año y los cultivos de sorgo, mijo y maíz también deberían de serlo, en ningún modo resultan suficientes. Las familias rurales de las zonas montañosas como mucho satisfacen entre el 20 y el 30 % de sus necesidades alimenticias con la producción propia, y las urbanas dependen completamente de la compra de alimentos. La ONU afirma que 14 millones de yemenís se encuentran en situación de «inseguridad alimentaria» y 7 millones en situación de «inseguridad alimentaria grave», es decir, desnutridos o padeciendo hambre.

Alimentos

¿Por qué no les llega ni la asistencia alimentaria del PMA ni los alimentos comerciales? Muchos señalan al bloqueo de la coalición liderada por Arabia Saudí como culpable de esta coyuntura. Pero este presuntamente no debería de ser el problema, pues la coalición y el régimen reconocido internacionalmente han otorgado autorización a la ONU para aplicar un mecanismo de verificación e inspección con objeto de facilitar que los buques atraquen en los puertos del mar Rojo controlados por la facción Huthi-Saleh. Ya se ha aprobado el desembarco de aproximadamente un millón de toneladas de alimentos y 923 000 toneladas de combustible desde mayo de este año, y se han supervisado 149 buques. Sin embargo, los aviones de la coalición liderada por Arabia Saudí atacaron anteriormente con extrema precisión y eficiencia las grúas del puerto de Hodeia dejándolas completamente inhabilitadas, lo cual supone una ralentización de la descarga y una prolongación del tiempo de espera de los buques en los muelles. 

Todo esto explica la impactante imagen de la película de Murthy de un almacén abarrotado con 45 000 toneladas de harina de trigo en descomposición, que ya no era apta para el consumo humano en el momento de la descarga. Esta provisión podía haber alimentado a 45 000 personas durante un mes. Lo cual lleva a otra pregunta: ¿cómo es posible que se destruyeran las cabinas de unas grúas tan cruciales de forma tan precisa y eficiente, cuando por lo visto fue la incompetencia de este tipo de ataques lo que produjo destrozos en cinco centros de Médicos Sin Fronteras, cuatro de los cuales son hospitales?

Enfermedad

Las personas con desnutrición son más vulnerables a las enfermedades. Por lo tanto, el empeoramiento general de los servicios médicos es un factor más que contribuye a la cifra de muertes que, hasta el momento, ha sido sistemáticamente infravalorada por la ONU. Esta cifra ha ascendido hace poco por encima de los 10 000 y, según afirma Ashwak Muharram, el médico de Yemen se muere de hambre, «solo contabilizan las muertes directas por ataques militares e ignoran las de los que mueren por falta de medicamentos, por falta de electricidad en los hospitales o por hambre. ¿Hay que ser víctima de un ataque aéreo para que contabilicen tu muerte? ¿Y qué ocurre con los demás?» 

Los cálculos totales de muertes asociadas directamente con acciones militares varían enormemente, pero la cifra más baja se equipara al número de muertes por causas indirectas. Esto situaría la cifra actual de muertes en Yemen por encima de los 20 000. Muchos observadores, particularmente los que han sido testigos de la coyuntura médica, piensan que está muy por debajo de la real.

Poca duda cabe de que los servicios sanitarios son incapaces de hacer frente a la situación. En primer lugar, carecen de provisiones, ya sean medicamentos, artículos fungibles o equipamiento. En segundo lugar, la mayoría carece de electricidad, pues la mayor parte de las redes eléctricas ha dejado de funcionar, muchos generadores han sido destruidos y el combustible es demasiado caro y difícil de obtener. En tercer lugar, la destrucción y los daños causados a los centros de salud han tenido repercusiones muy graves. Según un informe de la Organización Mundial de la Salud publicado a finales de septiembre, 274 centros de salud han sufrido daños materiales a causa de la guerra y unos 1900 de los 3507 existentes o bien no están operativos o sólo lo están parcialmente. En 267 distritos2 estudiados no hay ni un solo médico. En los hospitales que están operativos los servicios primarios para reducir las operaciones sometidas a presión se producen en quirófanos y unidades de cuidados intensivos: esto garantiza casi con toda certeza a que los que padecen los problemas más severos y urgentes les espera la muerte.

El Banco Central está paralizado

Los importadores de productos básicos se han visto enfrentados a enormes dificultades en los mercados internacionales en los últimos meses debido a los crecientes obstáculos en el sistema bancario y a las restricciones en las cartas de crédito, esenciales para los envíos de gran volumen. La situación está al borde de empeorar drásticamente a causa de la decisión del gobierno, respaldado por la coalición y reconocido internacionalmente, de paralizar de forma efectiva el Banco Central del Yemen (BCY). Esta era la única institución común a escala nacional que quedaba y que estaba aún en funcionamiento, en un país prácticamente dividido entre una región que está bajo el control de la alianza Huthi-Saleh y las regiones que la rodean, de las cuales el gobierno de Hadi reclama el control. El BCY se ha mantenido neutral y se ha gestionado todo lo bien que ha podido dadas las circunstancias. Sus reservas se han agotado en los últimos meses debido a la falta de ingresos, puesto que ha seguido pagando salarios. El gobierno de Haidi decidió «trasladar» el banco a la capital provisional de Adén y renegó del órgano de dirección del banco radicado en Sana´a, dando con ello fin a la tregua imperante sobre su funcionamiento. Todo esto no es más que el precursor de un desastre aún mayor para el pueblo de Yemen.

Esta decisión, adoptada con la aprobación de la nueva «Banda de los cuatro», un grupo establecido el 25 de agosto en Riyadh e integrado por los EE. UU., Arabia Saudí, los EAU y el Reino Unido, ciertamente infligirá mucho más sufrimiento a los yemenís de todas las regiones. Pese a que los estados del Consejo de Cooperación del Golfo que lideran la coalición han prometido respaldar al nuevo BCY ubicado en Adén mediante cuantiosos fondos, los observadores deben preguntarse si estas promesas se mantendrán y, si lo hacen, con qué grado de urgencia; los sueldos de la mayor parte del personal militar y de seguridad en algunas partes de las regiones «liberadas» se están recibiendo con un retraso considerable. Tanto el personal militar como el civil en la nómina del gobierno se manifiesta diariamente en Yemen exigiendo que se les paguen los salarios, en zonas controladas por los dos bandos. La paralización efectiva del Banco Central solo hará que agravar la crisis humanitaria, pues dificultará la importación de suministros alimenticios y médicos. Puede que incluso impida que numerosas transferencias lleguen a los millares de familias que solo sobreviven a las condiciones de extrema pobreza y hambruna gracias a la ayuda que reciben de sus parientes de fuera de yemen. 

Entretanto, la guerra y el tráfico de armas siguen

Mientras tanto, la guerra prosigue. Los frentes habituales han sido testigos de una escalada de la violencia bélica desde la ruptura de las negociaciones de paz a principios de agosto. Losataques aéreos de la colación liderada por Arabia Saudí se han intensificado. El bloqueo militar ciertamente ha contribuido a la decisión de poner fin a la tregua sobre el Banco Central, una decisión que es garantía de que el sufrimiento se va a agravar. Las cifras de muertos se disparan: las de muertes por ataques y las de muertes por desnutrición y hambre. Los responsables políticos, ya sean yemenís de ambos bandos, ya sean colaboradores ahora concentrados en la nueva Banda de los cuatro, continúan mostrando un desprecio absoluto por las vidas y el bienestar de los ciudadanos yemenís.

No obstante, por fin parece que se está produciendo un impulso público con el que ejercer presión sobre los gobiernos británico y estadounidense, para que dejen de vender armas y municiones al país que lidera la coalición, Arabia Saudí. La oposición está creciendo. Tanto el Parlamento británico como el Congreso de los EE. UU. están siendo testigos de grandes movilizaciones para detener la venta de armas; hasta la fecha las manifestaciones no han tenido éxito, pero al menos se está mostrando una gran preocupación. Es bastante improbable que nuestros gobiernos prioricen las vidas y el bienestar de millones de yemenís sobre los beneficios del tráfico de armas a corto plazo con la venta a los estados del Consejo de Cooperación del Golfo, y los «trabajos» que esto propicia. Estos trabajos, en la esfera de la alta tecnología, podrían reciclarse en sectores mucho más pacíficos y provechosos. El Reino Unido llevará a cabo una revisión judicial de la política de venta de armas del gobierno el próximo enero. 

¿Podemos hacer algo más? Yo insto a los lectores a que escriban a cualquier político o autoridad que les parezca y les exijan que pongan fin a la venta de armas, que exijan que su gobierno haga un llamado a una resolución más ecuánime en el Consejo de las Naciones Unidas, el cual puede hacer que las negociaciones de paz tengan más probabilidad de éxito, y que pongan fin a esta guerra sin sentido. También se puede contribuir informando a tantas personas como sea posible sobre la verdadera situación, de modo que la de Yemen deje de ser una guerra «olvidada». Las donaciones a Médicos Sin Fronteras o a otras ONG que estén también presentes en Yemen pueden servir para paliar el sufrimiento de al menos unas cuantas personas. Cada una de estas pequeñas acciones tiene una repercusión mínima, pero si un número suficiente de nosotros las lleva a cabo, ¿quién sabe? Quizás podamos finalmente responder a nuestros hijos que pusimos fin a los horrores de la segunda década de este siglo.


[1] Yemen tiene un total de 333 distritos.

 

ha trabajado en el campo de desarrollo rural en Medio Oriente, África y Asia durante 30 años, especialmente en Yemen o en proyectos relacionados con el país desde 1973. Es autora de los libros A House Built on Sand: A Political Economy of Saudi Arabia (1978), PDRY: Outpost of Socialist Development in Arabia (1985), co-directora de Yemen into the Twenty-First Century: Continuity and Change (2007) y directora de Why Yemen Matters: A Society in Transition (Saqi, 2014).
Fuente:
https://www.opendemocracy.net/arab-awakening/helen-lackner/starving-yemen
Traducción:
Vicente Abella