Cartografía de la memoria obrera de Madrid

José Babiano

01/12/2023

Fue en plena dictadura franquista cuando Madrid se erigió, al fin, en una ciudad industrial. Esta nueva industria incorporó al paisaje urbano grandes factorías, que se nutrieron por miles, de fuerza de trabajo inmigrante expulsada, a su vez, de una agricultura que, paralelamente, se mecanizaba. Estos inmigrantes se asentaron en la periferia de la capital, de manera que la fábrica y el barrio se fusionaron espacialmente.

Una mano de obra descualificada se empleó en talleres regidos por la lógica implacable del taylorismo. Mientras tanto, la reproducción social operaba en una vivienda social media de bajas calidades y en barrios carentes de servicios tan elementales como el asfaltado o el alumbrado. Por supuesto los centros de salud y educativos resultaban insuficientes, o simplemente brillaban por su ausencia. Tampoco faltaron los poblados chabolistas, como primeras e improvisadas residencias de quien llegaba a la capital para vivir y trabajar en ella. Pero quienes se ganaban el pan en esas fábricas y habitaban esos barrios aprendieron los hábitos de la solidaridad a partir de esas experiencias compartidas y de la interpretación colectiva de las mismas. Interpretaron así que formaban parte de una misma clase, diferente, cuando no opuesta a las otras. En este proceso surgieron las reivindicaciones laborales y democráticas, así como la exigencia de la mejora de los espacios habitacionales.

Luego, la Transición y los primeros años de la democracia coincidieron con un proceso de desindustrialización intenso que cambió el paisaje del Madrid Obrero y desestructuró a la clase trabajadora industrial. De ese modo comenzó un cambio de largo aliento en la cultura obrera. Apenas quedan algunas fábricas en pie y muchas menos en funcionamiento. En su lugar se alzan edificios de servicios y viviendas y a duras penas puede reconocerse la antigua ubicación de las factorías. Ninguna marca, ninguna huella que nos remita a los antiguos espacios.

Por eso, la Fundación 1º de Mayo ha tomado la iniciativa de reconstruir una cartografía de la memoria obrera madrileña. Diversos mapas alojados en una página web (www.cartografiamemoriaobrera.com) nos conducen, a través de la fotografía, a esa memoria; o mejor aún, a esos lugares de memoria. Aparecen así, las fábricas tal como eran entre los años cincuenta y setenta y en qué se han convertido ahora: viviendas, oficinas, solares… Las colonias de vivienda obrera, como Pegaso o Boetticher, que han perdurado hasta hoy, como una suerte de survivals.

Se accede asimismo a los lugares que han acogido las manifestaciones de protesta, tanto en los barrios obreros como en las arterias que conducen al centro de la ciudad. Durante el franquismo y aún después, estos lugares de protesta también han sido lugares de represión, espacios intervenidos policialmente, asaltados por la extrema derecha. En este sentido, las autoras de esta cartografía -Susana Alba y Mayka Muñoz- se refieren a la disputa del espacio público. El espacio público, son las calles y plazas, pero también los lugares de reunión: locales del Sindicato Vertical, parroquias o simplemente un descampado, antes de que lo sindicatos pudieran disponer libremente de locales.

Los recintos represivos de la dictadura configuran también lugares de memoria obrera. No sólo porque miles de trabajadores y trabajadoras fueron detenidos, torturados o encarcelados, sino también porque constituyeron hilos, a menudo tenues, de resistencia: una huelga de hambre, un plante o simplemente tratar de resistir a la tortura. En este capítulo figuran en cabeza la Dirección General de Seguridad y las prisiones como Carabanchel o Yeserías. Los recintos represivos han desaparecido o han cambiado de uso, de manera que es difícil descifrar su pasado.

La cartografía se completa con una bibliografía y las correspondientes referencias, dado que junto a las fotografías actuales y del pasado, pueden encontrarse diversos textos para hacer más comprensibles tanto las imágenes como los mapas.

Ni cuando se mantienen los edificios cambiando su uso –como sucede con la fachada de la antigua fábrica de bombillas Osram-, quedan vestigios que nos recuerden el pasado industrial u obrero. Lo mismo sucede cuando han desparecido, como la vieja cárcel de Carabanchel, convertida en un solar. Ni una placa conmemorativa, ni una estela mínimamente explicativa. Por eso, esta cartografía resulta tan necesaria para evitar el borrado de un pasado reciente siempre útil para comprender el presente.

Debe subrayarse por último, que este proyecto, que ha contado con la ayuda de la Secretaría de Estado de memoria Democrática, pretende ser interactivo y ampliarse a lo largo del año próximo.

Director de Historia, Archivo y Biblioteca de la Fundación 1º de Mayo.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 1 de diciembre 2023