Desarrollo humano, trabajo y… ¿renta básica?

Rafael Borràs Ensenyat

15/01/2016

 

 

 

El acercamiento a la ciencia ficción que yo buscaba contándote la historia del doctor Frankenstein

y Matrix ayuda a entender no el futuro, sino lo que sucede hoy a nuestro alrededor.

 Nos descubre un espíritu, un fantasma, que vive en las entrañas de las sociedades

 de mercado y las desestabiliza. ¿Qué fantasma? El trabajo humano”.

 

(Economía sin corbata. Conversaciones con mi hija. Yanis Varoufakis)

 

 

Como, por obligación y devoción, me dedico a la observación y análisis de los mercados laborales, me ha sorprendido muy gratamente que el Informe sobre Desarrollo Humano 2015 esté dedicado a analizar en qué medida el trabajo puede influir en la mejora de dicho desarrollo humano. Efectivamente, el pasado 14 de diciembre el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) hizo público el documento titulado “Trabajo al servicio del desarrollo humano”[1] que contiene un análisis, sin duda, de referencia mundial. Hay que recordar que en sus veinticuatro entregas anteriores el PNUD ha tratado aspectos cruciales para la humanidad como, por ejemplo: “Participación popular” (1093), “Nuevas dimensiones de la seguridad humana” (1994), “Género y desarrollo humano” (1995), “Mundialización con rostro humano” (1999), “Poner el adelanto tecnológico al servicio del desarrollo humano” (2001), “La cooperación internacional ante una encrucijada: Ayuda al desarrollo, comercio y seguridad en un mundo desigual” (2005), “La lucha contra el cambio climático: Solidaridad frente a un mundo dividido” (2007/2008), “Sostenibilidad y Equidad: Un mejor futuro para todos” (2011), o “Reducir vulnerabilidades y construir resiliencia” (2014).

 

Apresurémonos a aclarar que el concepto de desarrollo humano y los indicadores para evaluarlo -el Índice de Desarrollo Humano (IDH)- tienen como objetivo evaluar el bienestar humano desde una perspectiva amplia, y no exclusivamente centrada en aspectos económicos y monetarios. Desde sus inicios, el PNUD ha sostenido que la verdadera finalidad del desarrollo no es solamente aumentar los ingresos, sino también ofrecer a las personas las máximas oportunidades, garantizando los derechos humanos, las libertades, las capacidades y las oportunidades, y permitiendo que los ciudadanos y ciudadanas tengan una vida larga, saludable y creativa. Puede decirse que el IDH es una forma de medir la situación de los países alternativa al PIB, un indicador cada vez menos útil para saber qué pasa en el mundo y qué le pasa a la gente[2]. Deberíamos, igualmente, apresúranos a afirmar que desarrollo humano[3] y la globalización turbocapitalista es, cuanto menos, un oxímoron.

 

Aun así, el último informe del PNUD tiene, al referirse, como se ha dicho, al trabajo, un plus de importancia ¿Por qué? Pues porque "oficializa" en el ámbito mundial cuestiones que sólo la ecología política y la economía feminista ponen, desde hace tiempo, en el frontispicio de cualquier análisis de la situación del trabajo. Valga como ejemplo la siguiente afirmación contenida en el documento que comentamos: "Desde la perspectiva del desarrollo humano, el concepto de trabajo es más amplio y profundo que exclusivamente el de la ocupación. La ocupación proporciona ingresos y sostiene la dignidad humana, la participación y la seguridad económica. Sin embargo, en el marco de la ocupación no se incluyen muchos tipos de trabajo que tienen importantes implicaciones para el desarrollo humano, como el trabajo de cuidados, el trabajo voluntario y el trabajo creativo (por ejemplo, la escritura o la pintura)”.

 

A partir de esta definición, se trata en profundidad la problemática del trabajo no remunerado y del de cuidados a las personas que, como es sabido, están extraordinariamente feminizados. Por eso, se aboga por acabar con los desequilibrios entre trabajo remunerado y no remunerado, y por una mayor participación masculina en los cuidados. Se trata de invertir la actual situación vergonzosa, en la cual se estima que, mientras las mujeres contribuyen en un 52% al trabajo mundial, los hombres lo hacen en un 48%, pero ellas ganan un 24% menos que los hombres. También se insiste en la necesidad de apostar por "el trabajo sostenible", que no es otra cosa que lo que se han llamado "ocupaciones verdes", y por una transición justa a un modelo de crecimiento que frene el calentamiento global. Creo que se puede afirmar que el Informe sobre Desarrollo Humano de 2015 apoya al sindicalismo internacional cuando afirma que "no habrá ocupación en un planeta muerto". No obstante,  para no quedarse en lo más o menos obvio sobre estos temas de los trabajos vitales para una especie tan dependiente de los demás como es la especie humana (los trabajos de cuidados que necesitamos al nacer, al enfermar y, generalmente, en la fase final de nuestras vidas), y de los cambios necesarios en la estructura ocupacional global para poder seguir viviendo -solidariamente con el resto de la biosfera- en el planeta, que se plantean en el Informe sobre Desarrollo Humano 2015, es imprescindible profundizar con la lectura de, al menos, el libro “La ecología en el trabajo. El trabajo que sostiene la vida”[4].

 

Obviamente, en el informe que se comenta, se habla, y mucho, del trabajo remunerado y sus poliédricas problemáticas, como por ejemplo:

 

1. La externalización como un fenómeno mundial que afecta a todo el mundo del trabajo remunerado, desde, pongamos por caso, las Camareras de Pisos de los hoteles, a empresas como Apple, que “sólo emplea a 63.000 de las más de 750.000 personas que en todo el mundo diseñan, venden, fabrican y montan sus productos”[5].

 

2.- La neodeslocalización productiva y de prestación de servicios y el papel trascendental de las multinacionales a la hora de extender por todo el mundo la precariedad y la pobreza laboral ya que, en palabras de PNUD: “Las empresas multinacionales, con el fin de proporcionar flexibilidad en la producción y gestionar los costos, recurren cada vez más a una mano de obra desprotegida, utilizando una combinación de empleados con contratos de duración determinada, trabajadores eventuales, contratistas independientes, trabajadores con contratos basados en proyectos y trabajadores subcontratados”. Se me ocurre como totalmente oportuno que empecemos a gritar: “¡Precariados del mundo, uníos!”

 

3. Las brechas de género, que, para ser superadas, requieren, además de hacer real el principio de “a trabajo de igual valor, igual salario”, políticas integrales de “igualdad sustantiva”[6]. Pero también requieren de cosas más concretas, como por ejemplo, en el caso del Reino de España, la ratificación del Convenio 189 de la OIT sobre la dignificación del trabajo doméstico[7], que es una actividad laboral remunerada extraordinariamente feminizada.

 

4. En mi opinión, es particularmente interesante el análisis de las repercusiones de la revolución digital y la robótica sobre el empleo ya que “las nuevas tecnologías están transformando los tipos de trabajo que desempeñan las personas y la forma en que los realizan. Este cambio no es nuevo, pero sí está reconfigurando la relación entre el trabajo y el desarrollo humano y los tipos de políticas e instituciones necesarias para promover resultados que redunden en beneficio de las personas. La divulgación y la penetración de las tecnologías digitales están cambiando el mundo del trabajo en todas partes”. Sobre este asunto, el PNUD no tiene complejos de ser tratado como una especie de “piquete ludista” –unos complejos que procuran infundirnos los que defienden como única lógica económica la de la mejora de la competitividad y la optimación de beneficios- al afirmar que “La revolución digital prometía de forma implícita que aumentaría la productividad laboral y que, por ende, lograría un aumento de los salarios. No parece que esa promesa se haya cumplido en ningún frente: la productividad no ha crecido a la velocidad esperada, y sólo una pequeña parte de las ganancias se ha traducido en salarios más altos”. O que “La revolución tecnológica ha venido acompañada de un aumento de las desigualdades. Los trabajadores tienen una menor participación en la totalidad de los ingresos”.

 

5. Lógicamente, el PNUD 2015 trata de la calidad de la ocupación remunerada. En este sentido, se afirma que “El vínculo entre el trabajo y el desarrollo humano no es automático. Depende de la calidad del trabajo, de las condiciones en que se realiza y de su valor social, entre otros factores. Es importante que la gente tenga trabajo, pero también lo son otras cuestiones. Por ejemplo: ¿Es seguro el trabajo?, ¿Se sienten las personas satisfechas con su trabajo?, ¿Hay perspectivas de progreso?, ¿Posibilita la ocupación un equilibrio flexible entre el trabajo y la vida personal?, ¿Hay igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres?”. Es más, como “en la calidad del trabajo también se incluye si un empleo aporta dignidad y un sentimiento de orgullo, y si facilita la participación y la interacción”, se tiene que contemplar la problemática de la “esclavitud moderna”, es decir, la de, entre otros, los trabajadores y trabajadoras sexuales, los trabajos en industrias peligrosas, o las víctimas de la trata de personas. Y de toda una serie de trabajos remunerados (generalmente mal remunerados) que hacen que, cada vez, haya más gente que no se reconoce en un proyecto de sociedad que le ofrece este mercado laboral envilecido para mal vivir.

 

El Informe sobre Desarrollo Humano 2015 “Trabajo al servicio del desarrollo humano” finaliza con una batería de medio centenar de propuestas para, según sus autores, conseguir la creación de oportunidades de trabajo, garantizar el bienestar de los trabajadores y trabajadoras, alcanzar un equilibrio entre el trabajo de cuidado y el no remunerado, hacer que el trabajo sea sostenible, abordar el desempleo juvenil, fomentar el trabajo creativo y el voluntariado, y proporcionar trabajo en situaciones de conflicto y posteriores a conflictos. No voy a mencionar todas estas propuestas, pero déjenme que, al menos, cite dos: a) Medidas para evitar una nivelación hacia bajo de las condiciones laborales. b) Establecer una Garantía de ingresos mínimos para vivir. Si descodificamos el lenguaje de la burocracia de la ONU, podemos deducir que lo que nos proponen es una impugnación a los modelos laborales impuestos por la Troika y, por tanto, ya se está tardando en derogar las Reformas Laborales de 2010 y 2015, impuestas por Zapatero y Rajoy, respectivamente. Por otra parte, la garantía de ingresos mínimos propuesta es definida en los términos siguientes: “Se trataría de unos ingresos mínimos básicos para todos los ciudadanos, independientes del mercado laboral, a través de transferencias en efectivo”. Desde la insuficiencia y la falta de precisión, no cabe más que alegarse que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo nos proponga una suerte de Renta Básica. No van mal encaminados, a estas alturas de la humanidad sin una autentica Renta Básica, como la que se propone desde la Red Renta Básica, hablar de desarrollo humano es, en el mejor de los casos, puro cinismo.

 

 

 



[2]   Hay  recordar  que el PIB  incluye el valor de  la prostitución, el tráfico de drogas y el contrabando. Por otra parte, cada vez está más demostrado que el crecimiento del PIB  va asociado a un crecimiento de la desigualdad.  En el informe del PNUD 2015 se afirma: “Un ejemplo son las crecientes desigualdades en cuanto a ingresos, riqueza y oportunidades. Actualmente, cerca del 80% de la población del planeta posee solo el 6% de la riqueza global. Es probable que en 2016 la participación del 1% más rico de la población en la riqueza mundial supere el 50%. En el mundo del trabajo, los salarios son inferiores a la productividad, y la participación de los trabajadores en el ingreso nacional ha ido disminuyendo”.

[3]  El PNUD anuncia en el informe 2015 que el de 2016 –que será  la 25ª entrega- estará dedicado a una propuesta de revisión  del concepto y de las herramientas  de medición del desarrollo humano.

[4]   Editorial Bomarzo. 2015. VVAA. Laura Mora Cabello de Alba (directora y editora).  Juan Escribano Gutiérrez (Editor). Prólogo:  Antonio Baylos Grau

[5]  Todos los entrecomillados del artículo pertenecen  al texto del Informe del PNUD 2015 titulado: “Trabajo al servicio del desarrollo humano”.

[6] Al respecto consultar el informe de  ONU Mujeres  “El progreso de las mujeres en el mundo 2015-2016. Transformar las economías para realizar los derechos”. Disponible aquí: http://www.unwomen.org/es/digital-library/publications/2015/4/progress-of-the-worlds-women-2015

 

fue secretario general de la Federación de Comercio, Hostelería y Turismo de CCOO de Balears y miembro de la Comisión Ejecutiva de la CS de CCOO de les Illes Balears. Actualmente trabaja como coordinador de programas de la Fundación Gadeso
Fuente:
www.sinpermiso.info, 17 de enero de 2016