Desmontando los mitos sobre Kautsky: democracia y republicanismo

Ben Lewis

20/09/2020


Ben Lewis presenta Karl Kautsky on democracy and republicanism (‘Karl Kautsky sobre la democracia y el republicanismo’), el libro que acaba de publicar. Este artículo está basado en una charla que dio en el Foro Comunista de Londres el 1 de marzo [de 2020].

En primer lugar, me gustaría dar las gracias al Foro Comunista de Londres por invitarme a hablar sobre mi libro. En sus cerca de 350 páginas está una parte considerable de mi tiempo y esfuerzo, y estoy encantado de verlo impreso como parte de la colección Historical Materialism.

De hecho, si bien presenté el libro a la editorial en 2016, ya empecé a trabajar en 2011 en el meollo del material que contiene. Como recordaréis, fue el año de la boda del príncipe Guillermo y Kate Middleton. Algo molesto —por decirlo suavemente— por la inundación de propaganda monárquica, comencé a leer acerca del marxismo y el republicanismo para ver qué encontraba; no solamente por salud mental, sino también en beneficio de los lectores del Weekly Worker.

Una de las interpretaciones izquierdistas más estúpidas del republicanismo —la cual, quizá por su absurdidad, jamás he podido olvidar— me la encontré leyendo sobre antiguos debates en el seno de la Alianza Socialista (Socialist Alliance). Allí, un camarada que creo que formaba parte del Partido Socialista de los Trabajadores (Socialist Workers Party) rechazaba el concepto de republicanismo arguyendo que había que rehuir la agitación republicana en la SA porque —decía— “no queremos ser como Francia o los Estados Unidos”. Ciertamente, no queremos, camarada. Y, como veremos en seguida, Karl Kautsky, quien un día fue el principal teórico de la Segunda Internacional, tenía algo que decir sobre este asunto.

Fue alrededor de la primavera de 2011, durante mis investigaciones, cuando di con un artículo publicado en 2009 en Historical Materialism por el historiador Lars T. Lih con el título “The book that didn’t bark: Karl Kautsky’s ‘Republic and social democracy in France’” (en castellano, ‘El libro que no ladraba: ‘República y socialdemocracia en Francia’, de Karl Kautsky’). El artículo analizaba una serie de siete artículos —relativamente desconocida, aunque fascinante de veras— que Kautsky publicó en Die Neue Zeit en 1905. Se trataba del semanario teorético de la socialdemocracia alemana, editado por el mismo Kautsky hasta que fuera expulsado del cargo por el partido en 1917 a raíz de su censura del papel del SPD en la Primera Guerra Mundial. Lenin tenía la colección completa de la revista, que sigue expuesta en su estudio. República y socialdemocracia en Francia versaba sobre la postura que debían adoptar los marxistas respecto de la cuestión de las repúblicas y el republicanismo. Hasta donde sé, la serie contiene una exposición amplia sobre el republicanismo insólita en el marco del canon marxista, por eso quise apresurarme a traducirla para el Weekly Worker; fue mi regalito para los recién casados de la realeza.

Como veremos, resulta curioso que Lars usara República y socialdemocracia en Francia para poner en cuestión algunas afirmaciones que Lenin había hecho sobre Kautsky en El estado y la revolución, de 1917. Traduje varios de los artículos para el Weekly Worker y Lars hizo una introducción a esta serie abreviada. Por desgracia no generó muchas reacciones, pero quedé muy satisfecho con el resultado final.

En 2014 empecé a estudiar y traducir Der Parlamentarismus, die Volksgesetzgebung, und die Sozialdemokratie (en castellano, ‘Parlamentarismo, legislación directa del pueblo y socialdemocracia’), de Kautsky, publicado en 1893 y reeditado en 1911. El texto tuvo un fuerte impacto en Lenin a finales de los años noventa del siglo XIX, así que decidí examinarlo más de cerca. Mi libro presenta la primera traducción al inglés de este texto, que Lenin y otros dispusieron a toda prisa para que fuera traducido al ruso. De hecho, a lo mejor los lectores del Weekly Worker ya están familiarizados con parte de su contenido: a lo largo de los años lo he ido tratando en la Universidad Comunista y, tanto yo como otros autores, hemos usado sus argumentos de manera crítica en el Weekly Worker con la intención de subrayar las razones de Kautsky al respecto de las debilidades de la democracia directa y los referendos desde el punto de vista de la lucha de clases. Puesto que no quiero extenderme ahora hablando de Der Parlamentarismus, recomiendo a los lectores que para una excelente revisión crítica de este texto acudan al reciente artículo de Mike Macnair en el Weekly Worker.

Además de la tarea de traducción, mi libro brinda una extensa introducción —mi trabajo de final de máster, presentado en 2015 en la Universidad de Sheffield— que aborda la vida y la obra de Kautsky, su legado en disputa y la relevancia potencialmente imperecedera de su republicanismo democrático, expresado tanto en República como en Der Parlamentarismus. El libro también incorpora una traducción del artículo autobiográfico de Kautsky “The development of a Marxist” (‘El desarrollo de un marxista’), escrito en 1924, y una panorámica de los diversos borradores del programa de Erfurt del SPD de 1891. El programa fue emulado por los revolucionarios en Rusia y constituyó la base del programa del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Estos borradores son, tal vez, un recurso un tanto más “especializado”, pero creo que los camaradas los encontrarán de utilidad en la medida en que ponen de manifiesto la seriedad de la organización a la hora de plantear sus ideas estratégicas y nos permite trazar con cierta exactitud las contribuciones concretas al programa de personajes como Engels, Bebel o Kautsky, así como las diferencias entre ellos.

En este momento el libro es desorbitadamente caro, pero no hace mucho he sabido que la edición de tapa blanda, que va a salir el 13 de octubre de este año, ya se puede pedir en Amazon por un precio mucho más razonable de 20 libras (a 9 de septiembre, 22,03€). Espero que pueda hacerse un hueco junto a los demás estudios sobre el pensamiento estratégico de la Segunda Internacional, aunque me da miedo que se convierta en un libro de los que “no ladra”. He encargado que se manden ejemplares para reseñar a varias organizaciones y publicaciones de izquierdas, pero, con la notable excepción del Weekly Worker, todavía no he oído ni pío. Quizá la versión de tapa blanda va a permitir que el libro gane terreno.

Una vez repasado el libro y su concepción, en este artículo me gustaría centrarme en las que considero sus dos contribuciones más importantes. En primer lugar, el redescubrimiento de la relevancia de Kautsky “cuando era marxista” —libre del consenso apabullantemente negativo que ha rodeado las ideas de este antiguo “bolchevique honorario”—.  En segundo lugar, el sentido revolucionario del republicanismo de Kautsky como pilar básico —si bien, desafortunadamente, casi del todo olvidado— de la estrategia política marxista. Finalmente, me gustaría apuntar algunas sugerencias sobre la importancia potencial de trabajos futuros tanto para los historiadores como, más importante aún, para el desarrollo de políticas y perspectivas marxistas en el presente. Obviamente, estos son temas enormes, pero vamos a intentar resumirlos a continuación.
 
Tres escuelas

Cuando se trata del legado de Kautsky, hay un término pegado a su nombre más que cualquier otro: renegado. Historiadores, especialistas en pensamiento e historia alemana, y, desafortunadamente, muchos activistas de izquierda lo conocen, si es que lo conocen, como el "renegado" de La revolución proletaria y el renegado Kautsky, de Lenin. Este panfleto ridiculiza a Kautsky por su posición vacilante al oponerse a la Primera Guerra Mundial y su abierta hostilidad hacia la Revolución rusa de octubre de 1917 (Kautsky vio con buenos ojos la revolución de febrero y escribió un brillante artículo sobre su importancia).

Además, los relativamente pocos especialistas que están familiarizados con su trabajo tienden a tener una visión bastante negativa al respecto. Incluso los académicos que se consideran marxistas o que simpatizan con el marxismo, como Stephen Eric Bronner, a menudo rechazan gran parte del pensamiento de Kautsky. Así, Bronner afirma que "el marxismo de Kautsky nunca fue dialéctico, [sino] siempre mecánico" y que este pensamiento le impidió "poner en tela de juicio el Estado burgués y los modos de organización sociopolítica existentes". La autoridad de Kautsky como teórico marxista ha estado seriamente en cuestión desde las airadas acusaciones de Lenin. De hecho, se dice que no solo la crítica de Lenin a Kautsky, sino también el propio título de su panfleto anti-Kautsky, ha moldeado la conciencia histórica. El estudioso sobre Kautsky Hans-Josef Steinberg, por ejemplo, recuerda —o dice recordar— haber escuchado de su colega Georges Haupt que, durante los años 70 y 80, en varios congresos de historia en todo el mundo, conoció a estudiantes y académicos que pensaban que el nombre de pila de Kautsky era "Renegado". El nieto de Kautsky, John, habla de reacciones similares al ser presentado a otros en conferencias y eventos.

Sea como fuere, vale la pena tener en cuenta la elección de Lenin del término "renegado" al considerar la representación del legado de Kautsky. Llamar a alguien renegado es afirmar que ese alguien, por la razón que sea, ha renegado o se ha alejado de lo que una vez valoró, no que todo lo que una vez tuvo en consideración fuera inútil desde el principio. Visto así, Lenin no acusó a Kautsky de haber sido siempre un traidor a la causa del socialismo, sino de haberse retractado en un momento dado de sus anteriores planteamientos. En efecto, tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, Lenin recomendó a un camarada: "¡Obtenga sin falta y relea (o pida que se lo traduzcan) El camino del poder de Kautsky [y vea] lo que escribe allí sobre la revolución de nuestro tiempo! Y ahora, cómo actúa el lameculos y reniega de todo eso". Lenin trató de explicar la deserción de Kautsky en el ámbito de la política. Clara Zetkin, amiga cercana de la familia Kautsky en Stuttgart, adoptó la misma posición. En 1920 escribió:

Nadie discute el gran y perdurable servicio de Kautsky al enseñar el ABC del socialismo científico o del materialismo histórico a los trabajadores más avanzados. Nadie discute tampoco que luchó para arrojar más luz sobre el mundo del pensamiento de Marx, para desarrollar este pensamiento y hacer que un cuadro de avanzados luchadores proletarios se lo hicieran suyo. Pero es precisamente esto lo que hace que su "caída en desgracia" sea aún más inexcusable.

Así, para Lenin y Zetkin fue Kautsky quien cayó en desgracia, quien no logró alcanzar las alturas a las que una vez había apuntado. Fue Kautsky quien rompió con Kautsky, quien rompió con el marxismo revolucionario que había inspirado los puntos de vista fundamentales de Lenin y Zetkin sobre la revolución de su tiempo. Sin embargo, por diversas razones y de diversas maneras, tres escuelas de pensamiento del siglo XX buscaron o bien restar importancia a la conexión entre el bolchevismo y el principal pensador de la Segunda Internacional, o bien acrecentar el abismo entre Kautsky "cuando era marxista" y la teoría y la práctica del bolchevismo. Estas tres escuelas son el neohegelianismo, el estalinismo y la historiografía occidental sobre la Guerra Fría. Como veremos, hay puntos en común y coincidencias entre ellas, pero constituyen tres tendencias diferenciadas por derecho propio.

Para el enfoque neohegeliano, el pensamiento de Kautsky era básicamente inútil desde el principio desde el punto de vista de la estrategia revolucionaria, ya sea porque no entendía la dialéctica o porque era un determinista —o incluso un darwinista mecanicista que pensaba que las sociedades seguían leyes inmutables de desarrollo desde las formas más bajas a las más altas y avanzadas—. Kautsky —o eso dicen— esperaba la transición ordenada al socialismo desde la comodidad de su sillón. Obsérvese que esta escuela sitúa predominantemente la ruptura entre Lenin y Kautsky en el ámbito de la filosofía, no en el de la política o el programa. Esto ha llevado a varios pensadores a afirmar que realmente fue Lenin quien tuvo que renegar de la perspectiva kautskiana con la que él mismo había comulgado encerrándose en las bibliotecas suizas, releyendo a Hegel y revisando la dieta no dialéctica del marxismo internacional del que había vivido hasta ese momento.

Esto no quiere decir que la filosofía o la dialéctica tengan una importancia secundaria para la comprensión de la política revolucionaria, pero se ha enfatizado demasiado el tiempo de biblioteca de Lenin en Suiza como una clave para comprender su desarrollo político. Le hace un flaco favor a la estatura de Lenin como pensador afirmar que hay una ruptura fundamental en su pensamiento y que, por ende, la mayor parte de lo que escribió antes de eso debe ser ignorado. Más aún, esta afirmación tergiversa lo que Lenin estaba diciendo en realidad sobre Kautsky: Lenin buscaba, simplemente, mantener las perspectivas revolucionarias sobre Rusia que Kautsky una vez sostuvo, no romper con el llamado evolucionismo de la Segunda Internacional.

El enfoque neohegeliano ha gozado de una amplia aceptación en el mundo académico, en la "nueva izquierda" y también en la izquierda trotskista, expresado, por ejemplo, en las ideas de pensadores como John Rees. Pero más adelante veremos hasta qué punto es disparatado pensar que Kautsky concibió la transición al socialismo como una especie de necesidad evolutiva objetiva. Por contra, lo que le importaba en última instancia era el factor subjetivo: la política estatal, el partido y el programa.

El auge del estalinismo representa la distorsión más significativa de la relación intelectual entre el "centro" del SPD en torno a Kautsky, por un lado, y el bolchevismo, por el otro. Esto es particularmente notorio en la noción del bolchevismo como un "partido de nuevo tipo". Como el propio Stalin lo expresó en su infame manual de 1939: "El partido se fortalece purgando sus filas de elementos oportunistas; esta es una de las máximas del Partido Bolchevique, que es un partido de nuevo tipo fundamentalmente diferente de los partidos socialdemócratas de la Segunda Internacional".

Esta declaración conlleva una absoluta fabricación de la historia. De un lado, los escritos de Kautsky anteriores a 1914 fueron usados extensamente como herramientas educativas para los nuevos cuadros del partido en la Rusia Soviética temprana. En este sentido, el énfasis de Zetkin en el papel de Kautsky en la difusión del "ABC" del marxismo se aplicó más bien literalmente: El ABC del comunismo: una exposición popular del programa del Partido Comunista de Rusia (1919), de Bujarin y Preobrazhensky, está lleno de textos de Kautsky en la "bibliografía recomendada" al final de cada capítulo. Por otro lado, el Instituto Marx-Engels de Moscú planificó inicialmente una edición de las obras completas de Kautsky. En 1923 se habían publicado unos pocos volúmenes, pero los planes se archivaron —obsérvese la fecha— en 1930. El obituario de Kautsky que escribió Trotsky apunta a las trampas estalinistas que esto implicaba:

Los intentos de la historiografía actual de la Comintern de presentar las cosas como si Lenin, casi en su juventud, ya hubiera visto en Kautsky un oportunista y le hubiera declarado la guerra, son radicalmente falsos. Casi hasta la época de la guerra mundial, Lenin consideraba a Kautsky el genuino continuador de la causa de Marx y Engels.

Sin embargo, aquí Trotsky también insinúa que el joven Lenin se dejó llevar por la retórica de Kautsky. Esto no solo implica una tergiversación de la relación real: es ligeramente hipócrita, ya que el joven Trotsky era tan fanático de Kautsky como Lenin, tal como muestra la aduladora correspondencia de Trotsky, escrita en alemán, al "Papa del marxismo".

La tercera gran escuela en distorsionar y marginar el legado de Kautsky fue la historiografía occidental de la Guerra Fría. Esta escuela se hizo eco del consenso estalinista sobre la diferencia fundamental entre Kautsky y Lenin, pero enfatizó lo que los estalinistas relativizaban y viceversa. Ahora no hay tiempo para entrar en esto, pero los exiliados mencheviques en Alemania desempeñaron un papel clave en este consenso, así como algunos miembros de la familia de Kautsky, como su hijo, Benedikt, un diputado socialdemócrata austriaco, y su nieto, John, el cual escribió un libro sobre su abuelo en el que afirmaba que había sido Lenin quien había roto con el —más moderado— Kautsky. Según John, puede que Kautsky fuera un determinista, pero al menos no era un voluntarista sanguinario como Lenin.

Así, durante la Guerra Fría surgió un consenso peculiar. Desde diferentes ángulos y por distintas razones, las tres escuelas principales que hemos identificado coincidieron en sugerir que las opiniones de Kautsky sobre la democracia, la organización y el cambio revolucionario tenían poco o nada que ver con la práctica política del bolchevismo ruso y la Revolución rusa de 1917.

Estas escuelas de pensamiento siguen dominando la recepción de Kautsky y de su trabajo, pero afortunadamente algunos investigadores están revisando su obra y desafiando esta communis opinio —a menudo mirando los materiales originales de la fuente en alemán o ruso en lugar de basarse simplemente en explicaciones de segunda mano. El deshielo del consenso del siglo XX sobre Kautsky también se ha hecho evidente, aunque de manera muy limitada y decepcionante, en el reciente repunte de los debates sobre Kautsky y las actuales "guerras Kautsky" en la izquierda estadounidense. No voy a comentarlo, simplemente señalaré que la mayoría de estos escritores parecen haber "descubierto" a un Kautsky bastante bersteiniano; proyección o bien de su propio reformismo en el pasado, o que intenta mantener las opiniones engañosas sobre él que se han esbozado anteriormente.

Emerge una imagen bastante diferente de Kautsky cuando consideramos en más detalle su trabajo "cuando era marxista" como una de las influencias más centrales en la política del bolchevismo y la Revolución rusa. Desafortunadamente, estos textos reciben escasa atención por parte de la izquierda actual. Y así llegamos hasta República y socialdemocracia en Francia y al principio estratégico fundamental que defiende —sostenido tanto por Kautsky como por Lenin, antes de que Kautsky renegara de él—: los partidos socialistas no deben participar en gobiernos burgueses de coalición y deben en cambio obtener un apoyo mayoritario para lo que Marx y Engels llamaron el estado comunal, la dictadura del proletariado. Esto significa el dominio de la clase obrera, con el que —parafraseando a Marx— "la clase obrera no solo se aferra a la maquinaria estatal existente y la ejerce para alcanzar sus propios objetivos".

A menudo se dice —como es bien sabido, sobre todo, por Estado y revolución de Lenin— que el pensamiento político de Kautsky no se vio influido por el espíritu revolucionario de Marx y Engels en su valoración de la Comuna de París de 1871. Pero esto, como veremos, es erróneo. Examinemos con más detenimiento la serie República para ver por qué.

Republicanismo

El trasfondo de la serie en Die Neue Zeit de Kautsky, de 1905, es el debate en la Segunda Internacional sobre la experiencia millerandista —una corriente que lleva el nombre de Alexandre Millerand, quien terminó expulsado de la Internacional por aceptar un puesto como ministro de comercio en un gobierno francés encabezado por Pierre Waldeck-Rousseau, carnicero de la Comuna de París—. El propio Kautsky redactó el borrador de la resolución que condenaba la participación socialista en los gobiernos burgueses, la cual fue adoptada en el Congreso de París de la Internacional en 1900.

Sin embargo, resulta interesante señalar que la resolución tenía una debilidad clave: aunque censuraba inequívocamente el coalicionismo socialista en “circunstancias normales", dejaba la puerta abierta a tal participación en situaciones extremas o catastróficas —como, quizá, durante una invasión u ocupación— . Esta advertencia fue del agrado del ala derecha "revisionista" de la socialdemocracia, que generalmente tenía por objetivo la asunción de cargos por parte de los socialistas en el estado burgués. De la misma manera, se ganó la condena del comité editorial de Iskra, que se refirió a ella no como la "resolución Kautsky", sino como la "resolución de goma"— una declaración maleable y por lo tanto oportunista.

De todos modos, para el Congreso del SPD en Dresde en 1903, Kautsky esbozó una resolución sobre la participación en el gobierno exenta de ambigüedades y eliminó toda referencia a las situaciones extremas. ¿Explicó alguna vez este cambio de opinión y este alejamiento del oportunismo a cara descubierta? Gracias al camarada Mike Taber, he podido localizar el discurso de Kautsky en el Congreso de Dresde en 1903. Dice que:

Cabe destacar que todos los revisionistas se han pronunciado a favor de Millerand. [Ignaz] Auer ha intentado señalar ahora una contradicción en mi pensamiento sobre esta cuestión y ha afirmado que yo también defendí a Millerand. Él, Auer, había defendido mi resolución en aquel entonces y dice que yo había expresado mi total apoyo a su discurso.

Creo que la memoria de Auer le está jugando malas pasadas. Mi reconocimiento de su discurso solo puede aplicarse a la habilidad con la que lo pronunció, porque fue excelente. Pero mis observaciones no eran válidas en relación con el contenido, ya que su discurso esquivaba el quid de la cuestión. No obstante, en aquel entonces intenté formular la resolución de un modo que en principio se volvió contra Millerand, pero que presentaba su comportamiento como un error, no como un crimen. Quería preservar el punto de vista de los principios y sin embargo preparar el camino para la unidad entre los franceses. (Interrupción: "¡Eso es oportunista!" [Porque esta vez la resolución de Dresde a la que se refiere no está formulada de esta manera —BL]). Mis últimos esfuerzos fueron en vano. Y esto les ha ocurrido también a otros.

Los esfuerzos de Kautsky por preservar la unidad del movimiento socialista francés en esta cuestión fueron en vano, y en consecuencia cambió su posición. Cuando la cuestión de la participación en el gobierno se puso en la agenda del Congreso Internacional de Ámsterdam en 1904, se produjo un encarnizado enfrentamiento. A un lado estaban algunos de los socialistas franceses, encabezados por Jean Jaurès, que rechazaban la vehemencia de la resolución de Dresde. En lado opuesto estaba la mayoría del SPD con August Bebel al frente, que la defendía.

Aparte del típico rechazo revisionista del SPD por ser un grupo de opositores impotentes y dogmáticos (una crítica de la que inconscientemente se hace eco mucha gente de la izquierda actual), Jaurès acusó a los alemanes —que vivían bajo un monarca imperial, por supuesto— de ser indiferentes al significado de la república y el republicanismo. Al fin y al cabo, para algunos socialistas reformistas franceses si la república francesa estaba amenazada —como lo estaba por la derecha en aquel momento— podía ser necesario, y por lo tanto políticamente permisible, no solo formar un bloque junto con las fuerzas burguesas para defenderla, sino unirse a ellas en el gobierno. Este sería un peaje necesario para mantener un logro histórico de aquel calado del pueblo francés.

Tras el congreso de Ámsterdam, Kautsky se siente obligado a alzar su pluma para defender a Bebel y a lo que identifica, más ampliamente, como republicanismo marxista. Él también cree que la Tercera República debe ser defendida, pero que la mejor manera de hacerlo es exponiendo lo que él denomina sus "medios monárquicos de gobierno" en la iglesia, la burocracia estatal, las elecciones, el ejército…

Kautsky rechaza la lógica de Jaurès y compañía. Al igual que Engels sostuvo una vez que la Tercera República Francesa era como un "imperio sin emperador" y la contrapuso con una república genuinamente democrática, Kautsky identifica dos tipos de republicanismo: una variedad burguesa encarnada en la Tercera República Francesa y un tipo de república radical y proletaria en la línea de la Comuna de París. En función de su contenido concreto, las repúblicas pueden constituir la base de lo que Kautsky denomina "el dominio de clase" de la burguesía o del proletariado:

Así, la misma república que constituye la base de la emancipación del proletariado puede a la vez convertirse en el fundamento de la dominación de clase de la burguesía. Es una contradicción, pero no es ajena al papel contradictorio que desempeña la máquina en la sociedad capitalista: la máquina es a un tiempo precondición indispensable de la liberación del proletariado y el medio de su degradación y esclavitud.

A continuación, Kautsky subraya que la agitación republicana-marxista no debe cesar con la deposición o abdicación formal de un monarca. En otras palabras, los socialistas franceses todavía necesitan hacer campañas republicanas. De un tipo diferente al de Alemania, es cierto, pero agitación republicana igualmente. Se refiere a los socialistas de América y Francia que no se dan cuenta de esta necesidad como personas que sufren de "supersticiones republicanas" que deben ser destruidas inmediatamente si el movimiento de la clase obrera quiere progresar en esos países. Sostiene que esta agitación debe continuar hasta que se creen las condiciones para que la clase obrera tome el poder.

Tales condiciones están muy lejos de las de la Troisième République de Francia y equivalen a una forma de Estado en la que se han realizado las exigencias mínimas del programa de Erfurt, como veremos más adelante. Tal vez las "supersticiones republicanas" sean menos debilitantes que muchas de las "supersticiones monárquicas" pasadas y presentes de la izquierda británica, pero este, claro, es otro tema.

Democracia

Pero ¿que entendía Kautsky por lo que denominó el “ideal de la república democrática”, el cual “el proletariado parisino de 1871 trataría de convertir en un instrumento de su emancipación”?

Tras describir el curso de los acontecimientos que llevaron a la formación de la Comuna de París, Kautsky cita ampliamente La guerra civil en Francia (1871), de Marx, para subrayar lo que él —siguiendo a Marx— identifica como las características políticas de la Comuna que la distinguen como gobierno revolucionario —y que, debería enfatizarse, se reflejan en las demandas de mínimos del programa de Erfurt—: la sustitución del ejército permanente por una milicia popular; el sufragio universal; la retirada del reconocimiento oficial de la iglesia y el establecimiento de un estado laico; la elección de los jueces para períodos cortos de servicio; el autogobierno de las localidades y los servidores públicos que trabajen por el sueldo medio de un asalariado. Este último punto fue el único que no se incluyó en las demandas de Erfurt; una omisión significativa.

En otras palabras, en la obra de Kautsky hay una nítida referencia a los criterios de Marx para identificar el gobierno de la clase obrera y a la conclusión que Marx sacó de la experiencia de 1871: que la maquinaria del estado existente debe ser completamente revisada, no tan solo darle una pátina socialista —los objetivos que Lenin planteó en 1917… contra Kautsky—. En República, Kautsky es bastante explícito sobre esta cuestión y, parafraseando a Marx, detalla los pilares centrales del engranaje del estado que un gobierno de la clase obrera debe reformar:

Así pues, la conquista del poder del estado por parte del proletariado no implica únicamente la toma de los ministerios gubernamentales, los cuales, sin más, van a administrar los instrumentos de gobierno —una iglesia de estado establecida, la burocracia y los cuerpos de oficiales— a la manera “socialista”. Más bien significa la disolución de estas instituciones. En la medida en que el proletariado no sea lo bastante fuerte como para abolir estas instituciones de poder, la toma de determinados ministerios o de gobiernos enteros será en vano. Un ministerio socialista puede, en el mejor de los casos, subsistir de manera temporal. La fútil lucha contra esas instituciones de poder lo va a erosionar sin que tenga la posibilidad de crear nada que perdure.

Gran parte de la izquierda actual —con sus proclamas de “Laborismo/Syriza/Sinn Féin... al poder”— debería tomar nota de esta rotunda afirmación antirrevisionista sobre una de las características nucleares de la estrategia política marxista. Es un ejemplo de algunos de los escritos marxistas más lúcidos de Kautsky y es comprensible que Lenin los tuviera en tanta estima.

La derrota y represión de la Comuna —continúa Kautsky— conllevó el derrocamiento de su forma de gobierno (genuinamente) republicana y, así, la república devino “una herramienta del gobierno de la clase burguesa”. Esto forzó a la burguesía a reinar ella misma sobre el proletariado —una tarea desagradable que había dejado hasta entonces para la monarquía—. Para Kautsky existen, por lo tanto, repúblicas y repúblicas, republicanismos y republicanismos. El rasgo distintivo del republicanismo marxista es precisamente que busca crear una forma republicana de estado que, siguiendo a Engels, es “la forma específica de la dictadura del proletariado” o, tal y como dice Marx, “la forma política finalmente descubierta bajo la cual construir la emancipación económica del trabajo”. 

Descubriendo y presentando estos textos —con todos sus fallos y limitaciones históricas, claro— a un público moderno, el libro es capaz de arrojar luz sobre cómo el Kautsky republicano de 1905 ha mutado claramente en algo distinto a la llegada de la Revolución Alemana de 1918. Para entonces, si se me permite la expresión, se ha convertido en un “republicano renegado” y ha abrazado algunas de las mismas ideas contra las que había luchado en la Internacional Socialista de principios de 1900. Acepta considerar “socialismo” la participación del SPD en la llamada coalición de Weimar y resta importancia al “Reich-republicanismo” de Weimar, el contenido del cual se parecía mucho más a la Tercera República francesa que a la proletaria y republicana Comuna de París.

Pero aquí no acaba la historia, porque hay mucho trabajo por hacer sobre Kautsky. Muchas de las traducciones existentes al inglés son abreviadas, a menudo usan lenguaje arcaico y en general son un poco toscas. Pienso que deberíamos disponer de una reedición accesible del núcleo de sus escritos estratégicos —sobre todo la (¡todavía incompleta!) traducción de su comentario sobre el programa de Erfurt—, precisamente porque son introducciones útiles a lo que Zetkin llama el ABC del marxismo para nuevos o jóvenes camaradas.

Creo que sus escritos como “renegado” deberían tomarse más en serio; no solamente por los aspectos “negativos” (por ejemplo, lo lejos que llegaría Kautsky para defender la participación en un gobierno burgués en un texto como La revolución proletaria y su programa, de 1922), sino también por algunas de las ideas de indudable importancia que proporciona en sus últimos escritos.

Para concluir, tan solo diré que argumentar —como hizo el camarada Jim Creegan hace poco en el Weekly Worker— que “el arco entero de la carrera política [de Kautsky] solamente puede servir como ejemplo negativo” es pasar por alto tanto el contenido político positivo de muchos de sus primeros trabajos como, más importante aún, el enorme impacto que sus ideas ejercieron en la estrategia del bolchevismo y de la Revolución rusa. En resumen, desechar la carrera de Kautsky considerándola “avasalladoramente negativa” es desechar la experiencia del bolchevismo y de la Revolución rusa juzgándolas también como negativas; incluso si, como en el caso del camarada Creegan y de otros, se hace a modo de tentativa bienintencionada de sostener una lealtad acérrima al término “bolchevismo”.

Como espero haber mostrado aquí y como hago con más detalle en el libro, este punto de vista permanece olvidado entre la mistificación y la distorsión del legado de Kautsky en el siglo XX.

historiador especializado en el movimiento obrero y socialista alemán, es miembro del comité de dirección de Marxists`Internet Archive y del comité editorial de la revista Revolutionary History. Es co-editor con Lars T. Lih de Martov and Zinoviev: Head to head in Halle, sobre el congreso del USPD de 1920. Es militante del CPGB y contribuye frecuentemente a su semanario Weekly Worker. Varios de sus artículos sobre el legado de Karl Kautsky y su influencia sobre los bolcheviques rusos pueden consultarse en los archivos de Sin Permiso.
Fuente:
https://weeklyworker.co.uk/worker/1289/dispelling-the-kautsky-myths/
Traducción:
Narcís Figueras i Deulofeu y Andrea Pérez Fernández