El impuesto Daly-Correa al carbono (1)

Joan Martínez Alier

Lucía Gallardo

Kevin Koenig

Max Christian

23/03/2008

Primera parte del artículo [Para leer la segunda, pulse AQUÍ]

Resumen.- La OPEP tiene una oportunidad histórica para mostrar el liderazgo global en asuntos de sostenibilidad, aplicando un impuesto a las emisiones de dióxido de carbono (en la forma de un impuesto a las exportaciones de petróleo) administrado por un Fondo Mundial para el Desarrollo Sostenible. El impuesto tiene aspectos de justicia económica (ya que los países importadores gravan la importación de petróleo en perjuicio de los exportadores) y sobre todo de justicia climática, al lograr que los consumidores de petróleo paguen más por las emisiones que van a producir. Con el primer impuesto mundial al carbono, la OPEP generaría estabilidad en la economía global incorporando el costo del carbono desde la fuente, y de esta manera proveería de financiamiento equitativo a las economías en desarrollo destinando la recaudación a la reducción de la pobreza mundial y a la financiación de la transición energética. La OPEP sentaría un precedente único, al dar respuestas efectivas a los desafíos más importantes del siglo XXI: la pobreza, el cambio climático y el desarrollo sostenible.

Oportunidades de liderazgo de la OPEP

•           Un impuesto marginal de 3 a 5 dólares por barril en la producción actual de la OPEP engendraría unos notables ingresos por año para crear un Fondo Mundial para el Desarrollo Sostenible. La cantidad que se recaudaría depende de la elasticidad-precio de la demanda. En la coyuntura actual el mercado mundial absorbería este impuesto de la OPEP con un  muy leve descenso de la demanda.  Precisamente, el impuesto tiene por objeto frenar la demanda (para evitar emisiones de dióxido de carbono) pero su nivel no llevaría a un brusco descenso de la demanda. Habría pues una recaudación neta de unos 40,000 o 60,000 millones de dólares, para:

- Compensar a los sectores empobrecidos de países en desarrollo por los altos costos de importación del petróleo

- Financiar los proyectos de mitigación y de adaptación al cambio climático.

- Financiar el desarrollo de alternativas y tecnologías energéticas sostenibles y no dañinas

•           Opciones para fondos de implementación podrían incluir:

- Fondo de Desarrollo de la OPEP

- Fondos Especiales del Cambio Climático creado bajo el Protocolo Kyoto

- Un fideicomiso nuevo creado con participación internacional (Naciones Unidas)

- Recaudación depositada en el Banco del Sur para préstamos socio-ambientales.

•           El eco impuesto Daly-Correa podría ser cobrado en base al contenido de carbono. Un      barril de petróleo standard contiene unos 120 kg de carbono (que multiplicados por 3.7, dan 444  kg de CO2). Un impuesto de 5 dólares por barril, supone pues un costo de poco más de 10 dólares por tonelada de CO2, que está por debajo de los límites internacionalmente aceptados. Instituyendo proactivamente un impuesto en base a su contenido de carbono, la OPEP podría estimular la definición de impuestos similares sobre exportaciones de carbón mineral y de gas. El carbón produce por unidad de energía más emisiones de CO2 que el petróleo o el gas.

•           La amenaza del cambio climático a la economía global no se debe medir en dinero ya que está en juego la propia resiliencia de los grandes sistemas ecológicos del mundo. Pero en cualquier caso, las estimaciones monetarias existentes de los daños que sucederán superan en mucho los impactos económicos potenciales de ese aumento marginal en el precio del petróleo.

•           El eco impuesto Daly-Correa inyectará estabilidad a la economía global al gravar los costos del carbono desde la fuente y dar una señal clara, previsible y transparente a los mercados. El impuesto podría graduarse en el tiempo, de modo que, sin perder su objetivo de frenar la demanda y de producir una recaudación destinada al doble objetivo de reducir la pobreza y financiar la transición energética, pudiera aumentar algo, o disminuir algo, según coyunturas económicas.

La propuesta

La OPEP crea un impuesto llamado “Daly-Correa” a las exportaciones de petróleo y por tanto a las emisiones de carbono (Daly-Correa OPEC eco-tax). Este impuesto será administrado por un fondo mundial para el desarrollo sostenible. El impuesto tiene como objeto frenar las emisiones de dióxido de carbono y al mismo tiempo financiar la reducción de la pobreza y la transición energética. También puede servir para compensar a los gobiernos y a las comunidades locales por sus esfuerzos de conservación de los ecosistemas de extrema biodiversidad que operan como sumideros naturales de carbono, como son los bosques tropicales. El impuesto apoyaría iniciativas que estimulan el uso de energías alternativas y tecnologías que eviten la dependencia de los combustibles fósiles.

El Fondo Mundial para el Desarrollo Sostenible OPEP, promoverá la diversificación de la matriz energética en los países en desarrollo NO-Partes del Anexo I del Protocolo de Kyoto y operativizará el Principio de Compensación Internacional, gravando la ocupación del vertedero atmosférico desde la fuente.

Introducción

Uno de los fundadores de la economía ecológica, Herman Daly, discutió por primera vez  las Oportunidades de la OPEP en el Desarrollo Sostenible en Viena el 29 de septiembre de 2001 (1). En su discurso a la OPEP, Daly resumió las justificaciones éticas y económicas para que actúe como fiduciaria y administradora global de la escasez de los sumideros de carbono, -la atmósfera y los océanos-; aprovechando su posición oligopólica para establecer un eco impuesto destinado a la mitigación del cambio climático y a lograr un desarrollo más sustentable.

Esta propuesta pasó casi desapercibida en círculos de gobierno hasta que el presidente Rafael Correa la retomó y la difundió mundialmente en la Tercera Cumbre de la OPEP en Riad del 18 de noviembre 2007. Allí propuso un impuesto del 3% sobre los precios de exportación de la  producción de la OPEP para utilizarse en la lucha contra el cambio climático y para compensar los crecientes costos de energía de los países en desarrollo. La propuesta del Ecuador plantea un factor de justicia económica y un tema de fondo: la distribución internacional de las causas y efectos del cambio climático.

Gravar el consumo de combustibles fósiles a través del “Eco-Impuesto Daly-Correa” produciría un verdadero cambio en la distribución del flujo de recursos necesarios para que los países más afectados por el cambio climático y con menos responsabilidad frente a las emisiones de carbono sean justamente compensados.

A través del impuesto se crearía un Fondo Mundial para el Desarrollo Sostenible, el mismo que garantizará un flujo de financiamiento a los Países en desarrollo NO-Partes del Anexo I del Protocolo de Kyoto por sus esfuerzos de reducción de la pobreza, de conservación de los ecosistemas críticos para la estabilidad climática global, y para su transición hacia alternativas energéticas más sostenibles. El Impuesto Daly - Correa sería una contribución innovadora que resolvería los desafíos más importantes del siglo XXI: las injusticias socio-económicas y ambientales en el mundo de hoy, el cambio climático y el desarrollo sostenible.

Oportunidades de liderazgo para la OPEP

Cómo satisfacer las necesidades energéticas de la actual y de las futuras generaciones equitativamente y asegurar la sostenibilidad ecológica, es el desafío supremo del siglo XXI.

Mientras el mundo se acerca a la peor crisis ambiental de su historia, para  mediados del presente siglo tres mil millones de personas esperarán tener acceso a la misma calidad de servicios energéticos del que actualmente disfrutan la mayoría de los países industrializados. Sin embargo, esta justa aspiración es ecológicamente insostenible si se mantiene o reproduce el actual patrón de desarrollo mundial.

La OPEP está en una posición única para corregir esta coyuntura crítica en la historia y al hacerlo, convertirse en una institución pionera en el tratamiento de los tres temas más importantes del siglo XXI: la pobreza, el cambio climático y el desarrollo sostenible. La OPEP por su característica tiene la capacidad única y por lo tanto, la responsabilidad moral de asumir el liderazgo en la sostenibilidad global para el beneficio de sus miembros, la estabilidad de la economía global y el bienestar de las futuras generaciones.

Un impuesto marginal a la producción actual de la OPEP generaría billones de dólares por año para crear un fondo para: i) compensar los costos altos de la importación de petróleo en los países en desarrollo; ii) mitigación y adaptación al cambio climático; y iii) financiar una transición energética hacia alternativas más sostenibles en los países en desarrollo y estimular la diversificación económica de los países exportadores de petróleo.

Las opciones para fondos de implementación podrían incluir: i) El Fondo de Desarrollo de la OPEP; ii) El Fondo Especial para el Cambio climático creado bajo el Protocolo de Kyoto y administrado por el FMAM para financiar la adaptación, la transferencia de tecnología y la diversificación económica de los países exportadores de petróleo; iii) un fideicomiso totalmente nuevo creado con participación internacional (ONU) y con capacidad programática, iv) depósitos en el banco del Sur para préstamos socio-ambientales.

El Impuesto Ecológico Daly-Correa (la Daly-Correa OPEC eco-tax) podría ser cobrada, a un nivel de 3 a 5 dólares por barril standard, de acuerdo con el contenido de carbono. Esto debería relacionarse con la Canasta de Referencia de la OPEP (ORB-12), -en la que los crudos más livianos tendrían un impuesto marginalmente inferior al que pagarían los crudos más pesados- .  Al instituir la OPEP un impuesto sobre el contenido de carbono, está abogando por una posición internacional fuerte para estimular también un impuesto similar sobre alternativas que son grandes generadoras de carbono, como las arenas bituminosas de alquitrán, los esquistos de petróleo y la licuefacción del carbón mineral.

La subida del precio del crudo durante el último año demostró la relativa inelasticidad de la demanda de petróleo con respecto al precio, dado el crecimiento de la economía global actual. De hecho, los efectos del aumento de los precios son contrarrestados por la alta elasticidad-ingreso de la demanda de petróleo en las economías de antigua o nueva industrialización. Es decir, un mayor ingreso lleva a un consumo mayor de petróleo. Un aumento marginal en el precio del petróleo no tendría un impacto significativo, ni estimularía efectivamente las alternativas no petroleras. Frenaría un tanto la demanda, pero no la haría bajar. Eso ya es mucho, pues se trata efectivamente de frenar la demanda, para evitar que sigan creciendo las emisiones de dióxido de carbono al enorme ritmo actual (tres por ciento de aumento al año). La verdadera amenaza a la economía global no viene del aumento del precio del petróleo en unos pocos dólares sino del fracaso de Kyoto y el más reciente de Bali, es decir, la ausencia de medidas políticas efectivas de abatimiento de las emisiones de dióxido de carbono que llevará a crecientes impactos económicos del cambio climático. Al final, serán los países ricos los que impongan cuotas o impuestos a las emisiones de carbono, lo que perjudicará a los exportadores de petróleo. Es mejor para el mundo que la OPEP se anticipe.

Muchos de los países ricos gravan con impuestos la importación de petróleo y gas, perjudicando a los países exportadores, y hay mucha especulación sobre los impactos de futuras e inevitables políticas para combatir el cambio climático en los países que son grandes consumidores de petróleo, que llevarían a una inestabilidad económica a corto plazo y a una volatilidad de los mercados. El eco impuesto Daly-Correa fomentará la estabilidad en la economía global, al insertar el precio del carbono en el petróleo desde la fuente y así enviar una señal segura, transparente y previsible al mercado.

La OPEP puede desempeñar un papel clave para garantizar que los temas de justicia social y ambiental sean adecuadamente abordados. Si se reconoce la deuda ecológica de los países sumamente industrializados, las rentas de usar gratuitamente y en exceso los vertederos de carbono como son los océanos y la atmósfera,  no deberían ser utilizadas para financiar exclusivamente la transición energética en los países industrializados y permitir que la "transferencia de tecnología" llegue al mundo en desarrollo por cuentagotas.  Al contrario, esas rentas deben crear las condiciones para que los Países en desarrollo No- Partes del Anexo I, impulsen programas de reducción de la pobreza y modelos de desarrollo sustentable.

Entre las posibilidades para usar las rentas generadas por el eco impuesto Daly-Correa, se debe dar prioridad a compensar los costos altos de la energía para los países pobres que la importan. Pero también se debe dar protección al patrimonio cultural y a las comunidades locales por sus esfuerzos de conservación de los ecosistemas críticos para la estabilidad del clima global. Ecuador, por ejemplo, ha ofrecido no explotar sus reservas de petróleo más importantes con el fin de garantizar la supervivencia de los pueblos indígenas y el ecosistema global crítico de la Amazonia. El corazón del Yasuní puede ser preservado como un hábitat prístino por su asombrosa biodiversidad y por los pueblos indígenas en situación de aislamiento voluntario que allí habitan por solo $0.03 por barril producido por la OPEP (ya que el Ecuador ha pedido una compensación anual aproximada de 350 millones de dólares). La OPEP puede ser el líder global en la protección de otras áreas de enorme biodiversidad y culturalmente vulnerables del mundo.

La demanda de petróleo está asegurada. El tema crítico que debemos anticipar, en cuanto países productores, es la sostenibilidad del flujo de producción al ir llegando a los picos de las curvas de Hubbert en los distintos países de la OPEP. Al  aplicar un impuesto sobre la exportación de nuestros recursos no renovables, aprovechando el poder de mercado que la OPEP proporciona, podemos reafirmar nuestro control sobre la longevidad productiva de nuestros campos, asegurando que nuestra capacidad productiva se alargue más hacia el futuro. Esta es tanto una obligación moral como una buena práctica empresarial: manejar bien nuestros recursos no renovables garantizando de esta manera, la salud a más largo plazo de la industria del petróleo.

El impuesto Daly - Correa se vincula con la iniciativa ecuatoriana Modelo Yasuní-ITT que propone represar bajo tierra más de 900 millones de barriles de petróleo que evitarían la liberación de más de 400 millones de toneladas de dióxido de carbono, a las que hay que sumar algunas más ahorradas debido a la deforestación evitada y al gas no quemado. El proyecto ecuatoriano está ubicado en una de las regiones más biodiversas del mundo: el Parque Nacional Yasuní donde viven varios pueblos indígenas; algunos, como los Tagaeri – Taromenani, se encuentran en aislamiento voluntario.

El compromiso ecuatoriano de no explotación de las mayores reservas petroleras del Ecuador; merece una justa compensación internacional que alcance el cincuenta por ciento de lo que Ecuador percibiría en el caso de que las reservas fuesen explotadas.

La iniciativa ecuatoriana garantizará el mejoramiento cualitativo de la economía, sin aumentar cuantitativamente la producción de materia-energía (crecimiento) y de esta manera, podrá garantizar la aplicación de una política de conservación integral de áreas sensibles, garantizar la integridad del territorio de los pueblos Tagaeri - Taromenani que viven en situación de aislamiento voluntario y contribuir a la reducción global de gases de efecto invernadero.

El Modelo Yasuní-ITT apunta a resolver el problema desde la fuente; convirtiéndose así en la mejor iniciativa de abatimiento de carbono que se haya presentado jamás por un país petrolero. De ahí el interés con que se viene siguiendo alrededor del mundo aunque hay en círculos conservacionistas y de la cooperación internacional quien se pone celoso cuando las ideas llegan del sur.

NOTA DE LA PRIMERA PARTE [PARA VER LA SEGUNDA, PULSE AQUÍ] : (1) Ponencia invitada para la conferencia, “OPEP y el Equilibrio Energético Global: Hacia un Futuro Energético Sostenible”, septiembre 2001, Viena, Austria.

PARA SEGUIR LEYENDO LA SEGUNDA PARTE, PULSE AQUÍ.

Joan Martínez Alier  es catedrático de teoría económica en la Universidad de Barcelona y reconocido especialista en economía ecológica. Lucía Gallardo es una investigadora y activista de la organización ecuatoriana Acción ecológica. Kevin Koenig es un activista del grupo Amazon Watch contra el petróleo. Y Max Christian es un investigador en temas de economía ecológica.

Fuente:
www.sinpermiso.info, 23 marzo 2008

Subscripción por correo electrónico
a nuestras novedades semanales:

El responsable de tratamiento de tus datos es Asociación SinPermiso y la finalidad del tratamiento es hacerte llegar nuestras novedades. Puedes ejercer tus derechos en materia de protección de datos contactando con nosotros*. Para más información consulta nuestra política al respecto (*ver pie de página).