Francia: la indignación contra la subida de los carburantes y el papel de la izquierda

Loïc Le Clerc

18/11/2018

Emmanuel Macron "asume perfectamente" el aumento de los precios de los combustibles. "Asumir" es el verbo que emplea habitualmente el presidente de la República francesa para despreciar con un gesto las críticas a su política. Como si fuera suficiente asumirlas.

El aumento de los impuestos, sumados a un mayor precio del petróleo, ha hecho que muchos se rebelen frente a lo que se considera un "abuso fiscal".
 
Así, el sábado 17 de noviembre cientos de bloqueos se llevaron a cabo en toda Francia. La señal de ls indignación de los automovilistas: los chalecos amarillos de emergencia. Un movimiento que no es tan diferente del de los "gorros rojos" contra las ecotasas.

Un movimiento popular ... ¿pero a la derecha?

El 30 de octubre, en el mitin celebrado en Lille, Jean-Luc Mélenchon había tratado de poner el dedo en la llaga. El dirigente de la Francia Insumisa dijo entonces:

"Tienen razón de estar indignados. Los fascistas se han puesto al frente, lo que  no es bueno para la lucha. Algunos de nuestros amigos quieren participar en las protestas. ¿Les diré qué? ¿No ir? Responderán: "Estamos hartos, ¡y no somos fascistas!" Otros no quieren ni acercarse a dónde hay fascistas. Las dos posiciones son igualmente dignas. [...] Si nuestros amigos participan, estaremos orgullosos de ellos. De los que no quieran ir también”.

Pero el movimiento ya estaba tomando una orientación difícil de asumir a largo plazo. Al igual que en las protestas contra los pórticos de 2013, la izquierda no acaba de encontrar su lugar en la lucha. Hay que decir que los “chalecos amarillos" rápidamente han encontrado el apoyo de las derechas de Francia En Pie (Debout la France) o del Encuentro Nacional (Rassemblement national).

La culpa es de un problema mal planteado, además. Mal planteado por el propio gobierno, lo que ha alentado la indignación un poco más.

La excusa ecológica

El lunes 5 de noviembre en la cadena de televisión BFM, el Ministro de Economía, Bruno Le Maire, justificó el aumento de los precios del combustible en estos términos: "No aplazamos la transición ecológica" .

François de Rugy se atrevió incluso a ir más allá. El Ministro para la Transición Ecológica explicó tranquilamente el 30 de octubre que "los ingresos [...] de los impuestos sobre el combustible son de 34 mil millones de euros. El presupuesto del Departamento para la Transición Ecológica de 34 mil millones de euros". Como si el presupuesto del Ministerio no estuviera ya disponible.

Obviamente, nadie de buena fe en Francia puede creer que este gobierno es ecologista. Nicolas Hulot no podía hacer nada. Los grupos de presión son ahora los que situan como ministros a sus portavoces. ¿Y vienen a decirnos ahora que su política se justifica  en nombre de la ecología?

Como se señaló Benoît Hamon en Francia Inter el martes, cuando hay urgentemente que "desarrollar alternativas al coche”, el ejecutivo "cierra líneas de tren y estaciones" .

Las mentiras tiene un solo efecto: amplificar la sensación de los automovilistas de que son considerados unas "vacas lecheras". De ahí ese ambiente de” fiesta poujadista", en palabras del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), este 17 de noviembre.

¿Qué debe hacer la izquierda?

Volver a lo básico. ¿Toda las rabias "populares" deben ser apoyadas? Sin condenar el 17 de noviembre, ¿no es necesario trabajar en  este movimiento para que no se convierta en un repetita bis de los "gorros rojos"?

Como ha dicho François Ruffin en su canal de Youtube: “Conciliar la justicia fiscal y el imperativo ecológico no es fácil. Pero la evidente injusticia fiscal del presidente Macron, puesta de manifiesto cada día al servicio de los más ricos, bloquea todo progreso ecológico."

El equilibrio es frágil. Y el diputado de La Francia Insumisa resume en pocas palabras la sensación que existe en la izquierda: “Me gustaría estar en las protestas". ¿Pero cómo?

Si Manuel Bompard dice que "quiere participar en esta iniciativa" , por su parte, en Facebook , Clémentine Autain, lo rechaza taxativamente:

"No voy a estar en los bloqueos del día 17 porque no me veo manifestándome a la llamada de Minute ni de Marine Le Pen, y porque sé que nuestro reto es llevar a cabo una verdadera transformación, un cambio modelo de desarrollo que incluye la transición energética, la igualdad entre las personas y los territorios. Haré todo lo que pueda para que las decisiones tomadas sean compatibles con la justicia social y con la reducción efectiva de las emisiones peligrosas”.

Es evidente para todos que la lucha de la izquierda debe articular la lucha contra la injusticia, en este caso fiscal, y el proyecto ecológico. El fin del diesel fue uno de los compromiso de Jean-Luc Mélenchon en las últimas elecciones presidenciales. Pero esta prohibición no se puede hacer sin tener en cuenta las consecuencias, ya sea el transporte de mercancías, el transporte público, en una palabra, sin pensar la movilidad del futuro, colectiva e individual.

Y pase lo que pase, “no hay que dejar que esta indignación la rentabilice la extrema derecha, a la que le importa un comino las cuestiones climáticas, las desigualdades, el abandono de los servicios públicos -como dice Clémentine Autain-. No hay que equivocarse de combate”.
 

Periodista y analista social de la revista francesa Regards.
Fuente:
http://www.regards.fr/politique/article/manif-du-17-novembre-la-gauche-peut-elle-sortir-de-l-embarras
Traducción:
Enrique García