Galicia: Incendios, pirómanos y apagafuegos. Dossier

Antón Sánchez

Suso de Toro

José Precedo

20/10/2017

Política de destrucción y expolio

Antón Sánchez

Destrucción y expolio son los principios activos de la política del Partido Popular en Galicia. El domingo 15 de octubre una agresiva ola de fuegos arrojaba cuatro muertos y arrasaba 35 mil hectáreas con un registro de 250 incendios. El Gobierno gallego, en vez de rendir cuentas de sus responsabilidades por su nefasta gestión al frente del dispositivo de extinción, naturalizaba la catástrofe atribuyéndola a condiciones climáticas extremas y difundía la fantasmal existencia de una mafia incendiaria como responsable única, y última, de la marea de fuegos. En los medios de comunicación públicos, silencio, primero; propaganda exculpatoria después.

El martes 17, en la sesión del Parlamento de Galicia en la que Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta, evadía toda responsabilidad sobre la gestión de la peor ola de incendios registrada desde 2006, el Partido Popular aprobaba en solitario la Ley de Fomento de la Implantación de Iniciativas Empresariales en Galicia, bautizada ya como «Ley de Depredación de Galicia», el nuevo  marco de desregulación ambiental hecho a la medida de las empresas extractivas para explotar, sin control ninguno, nuestros recursos mineros, energéticos y forestales. Legalización a la carta del expolio económico del patrimonio natural de Galicia. Una suerte de TIPP doméstico para dejar hacer a su capricho a las grandes corporaciones empresariales que quieren operar sin ataduras en Galicia.

Las causas de los incendios forestales son complejas. Las políticas del Partido Popular, simples. Desde hace cuatro décadas en Galicia se quemó el equivalente al 55% de su superficie. En este tiempo, la Xunta de Galicia se enrocó en una política forestal de «laissez faire, laissez passer», subordinada a la extensión del monocultivo del eucalipto promovido por la grandes papeleras, con ENCE a la cabeza. Al tiempo que minimizaba toda estrategia de prevención de los fuegos y estimulaba el desarrollo de un «complejo industrial del fuego» basado en la fragmentación e introducción de la privatización de los servicios de extinción, y promovía la mercantilización de la catástrofe como sangrienta fuente de beneficios para empresas como Inaer, Matinsa-FCC, Veycar y Seganosa.

El continúo envejecimiento demográfico y el fomento del abandono de las explotaciones agrarias completa el cuadro de la progresiva desertización del mundo rural gallego. Galicia se está convirtiendo en un desierto verde, dominado por extensas masas forestales y monte bajo, descuidadas, mal protegidas, de baja productividad en muchos casos... Las políticas del Partido Popular abonan una estrategia de desertización, territorio sin población, que se alinea armónicamente con los objetivos de la Ley de Fomento de la Implantación de Iniciativas Empresariales, un compendio de los principios neoliberales que fundamentan políticas extractivas, no sostenibles y altamente agresivas con el medio ambiente que, en medio plazo, consolidarán desiertos productivos y el empobrecimiento radical de muchas comarcas rurales de Galicia.

La Ley de Depredación reduce las garantías ambientales, ablanda el régimen de protección del patrimonio y merma la participación pública en la planificación, gestión y control de las políticas mineras, eléctricas y forestales en Galicia. Es una ley redactada para el beneficio de las empresas del oligopolio eléctrico, las corporaciones mineras y al servicio del lobby forestal, que institucionaliza un modelo colonial de explotación de recursos naturales y santifica el expolio de bienes comunes al permitir el desarrollo de actividades extractivas que tienen grandes impactos ecológicos, sin garantías ambientales y en un mercado extractivo de barra libre al servicio de pocas y grandes empresas, mientras liquida todo control democrático y desestima toda política redistributiva y generadora de rentas económicas, sociales y ecológicas para las comunidades rurales y ayuntamientos afectados.

La redacción de la «Ley de Depredación de Galicia» está iluminada por el tsunami de fuego que asoló Galicia. Desatendiendo las condiciones climáticas y ambientales críticas (sequía continuada, vientos fuertes, niveles de humedad muy bajos) y despreciando la magnitud de los incendios que, desde comienzos de octubre, se venían produciendo. La Xunta de Galicia extinguió contratos a personal que no estuvo operativo en los peores momentos del fuego. Incompetencia, improvisación e imprudencia de la Xunta presidida por Núñez Feijóo, que es directamente responsable del pequeño «Pedrogao Grande» (por los incendios de Portugal) que sufrió Galicia en los pasados días. Y que volverá a sufrir si no hay un cambio de rumbo en las políticas forestales para frenar la extensión del monocultivo para pasta de papel, y si no se privilegian las estrategias de prevención, de ordenación territorial o si no se activan proyectos productivos que contribuyan a fijar población en las comarcas rurales.

La trama incendiaria o la exigencia de un endurecimiento de penas para los incendiarios son bombas de humo para esconder la responsabilidad de la Xunta en la catástrofe. La cartografía de los fuegos del fin de semana del 15-O abarcó Galicia, Asturias y, con gran intensidad y pérdidas de vida humanas, también la mitad norte de Portugal. No hay mafia incendiaria que explique esa extensión: hay problemas de gestión forestal semejantes, carencias en los dispositivos de prevención y extinción de incendios, situaciones análogas de abandono de la actividad agroganadera, semejantes procesos de envejecimiento y pérdida de empuje demográfico en las zonas rurales. Desorden urbanístico y territorial... Hay que buscar nuevas políticas que enfrenten estos problemas para también poner coto y freno a los incendios forestales.

Las olas de fuego en Portugal forzaron cambios normativos para limitar la proliferación del cultivo del eucalipto y también dimisiones. En Galicia, por el contrario, el gobierno del Partido Popular se bunkerizó en la complacencia y en la exculpación de toda responsabilidad. Como aconteció con la tragedia del Prestige, una de las causas principales de la catástrofe fue la incompetencia política de los gestores de la crisis, esta vez, Feijóo y las políticas que alienta el Partido Popular, son responsables directos de la catástrofe y la tragedia. Las políticas de destrucción y expolio del Partido Popular son el origen de la catástrofe. Solo con la movilización crítica de los ciudadanos y ciudadanas, solo activando la marea de dignidad que fue Nunca Máis, podremos recuperar el autogobierno de Galicia para ponerlo al servicio de las mayorías sociales y la protección y defensa de nuestros bienes comunes y patrimonio natural.

 

Lo que arde y lo que no arde

Suso de Toro

Estos incendios desnudan a un político que lleva años paseándose por desayunos y televisiones madrileñas vendiéndose como buen gestor: la catástrofe demostró que al frente de la Xunta no había nadie

Meses sin esa lluvia tan denostada en esta época en que hemos interiorizado que la economía y la vida misma es estar en una tumbona al sol, y además un viento cálido y seco, favorecen el momento en que estalló una ola de incendios que desbordó a una administración desidiosa. Pero eso no explica por qué ocurren en ese lugar y no en otro.

Si vemos el mapa de la península observaremos que el frente incendiado dibuja un mapa, lo que deberíamos llamar “triángulo eucalipteiro” pues Portugal, Galicia y Asturias, extendiéndose ya por Santander, es el territorio colonizado por la explotación exhaustiva del suelo como plantación de eucalipto (curiosamente, desde un punto de vista histórico es el territorio de la antigua Gallaecia o del reino suevo). Portugal, tras los incendios del verano pasado, ya ha tomado la decisión de cambiar su política forestal para corregir ese monocultivo. Para explicar ese monocultivo del eucalipto, una planta pirófita que no sólo sobrevive al fuego sino que se beneficia del él para extender su dominio, habría que hablar de ENCE, la planta de celulosa en el interior de la ría de Pontevedra. Una instalación que afecta al presente y al futuro de la ciudad y de la ría pero que, además, está determinando toda la política forestal de la Xunta cada vez que gobierna el PP, es decir casi siempre. ENCE es cierto que da trabajo a la plantilla pero deja la carga de contaminación en Galicia y está domiciliada en la Castellana en Madrid, pero es una de las empresas amigas del PP y sirve para lucrar a cargos de ese partido como Isabel Tocino o Carlos del Álamo.

Los costes económicos y sociales de las temporadas de incendios podrían ser ignorados por una política casi siempre irresponsable y antisocial pero como crea situaciones tan dramáticas inevitablemente se transforma en instrumento de lucha política y quien menos escrúpulos tiene lógicamente le saca más partido. Hace diez años, gobernando la Xunta una alianza PSOE y BNG presidida por el socialista Pérez Touriño, Núñez Feijóo no tuvo empacho en fotografiarse con una manguera de jardín haciendo como que apagaba fuego y declaró: “con nosotros no moría gente en los incendios y, con ellos, cuatro personas”.   Diez años después y ya gobernando   exige que la oposición no haga críticas   aunque  han muerto otras cuatro personas y los daños son tan enormes.

Realmente esos incendios desnudan a un político que lleva años paseándose por desayunos y televisiones madrileñas vendiéndose como buen gestor, la catástrofe demostró que al frente de la Xunta no había nadie. Tardó cuatro horas en contestar a la demanda de ayuda. La radio y televisión públicas gallegas cuando ya habían muerto dos personas y ardía buena parte del país rodeando la mayor ciudad de Galicia, Vigo, emitían una deportes y la otra una serie de policías y ladrones. Ni siquiera el día después el Gobierno autonómico había sido capaz de coordinar los recursos locales existentes. Un vacío político absoluto, una ineptitud que cuando la radio y televisión gallegas reaccionaron llenaron con sucesivas comparecencias de Feijóo y sus conselleiros sin decir más que tonterías y acusaciones al mal tiempo, a Portugal y a unos terroristas que se sacaron de la manga.

Sin hablar de la privatización que hizo Fraga en Galicia de los servicios contra incendios, ni de como Feijóo quince días antes licenció a 436 brigadistas contratados para ello, a pesar de las advertencias desde la oposición.

Pero esos incendios también desnudaron la realidad de la política española, mientras el Gobierno de Rajoy transformó un conflicto político que debería ser resuelto por métodos democráticos en una especie de tragedia histórica la realidad es que las administraciones central y autonómica controladas por el mismo partido son incapaces de proteger al país y a los ciudadanos. Y esa ineptitud acompaña a la utilización de los recursos del Estado, miles de policías y guardia civiles que en vez de para prestar un servicio público se utilizan para mantener amenazada a la población desarmada en Barcelona. Inútiles y patéticos.

Pero no tendrán solución los incendios de cada año si no hay una verdadera política no sólo forestal, sino de país.  

Galicia, el país de los mil ríos, es un territorio enormemente variado y complejo tanto orográficamente como en su población dispersa. Aunque en los últimos ochenta años ha habido un cataclismo demográfico, un desplazamiento de población del campo a la ciudad y un proceso de urbanización radical, sigue siendo un territorio que no es uniforme y con muchos intereses contrarios, un sistema complejo que si no se organiza es un caos. Como es el caso. En Galicia, para que sea una sociedad viable, falta un proyecto global y colectivo de país y una dirección política, eso tendría como uno de sus principales objetivos hacer un plan de organización del territorio, que nunca se hizo.   Y algo que es evidente, el abandono de la agricultura por parte del poder político. La agricultura y ganadería como formas de vida, como recurso y como forma de ocupación del territorio fue olvidada, despreciada y condenada a sobrevivir sin apoyo ni protección gracias al puro esfuerzo de las familias que tuvieron y tienen que competir en mercados abiertos.

Y volvemos a lo mismo que vemos cada día y sobre todo en días de crisis como estos, Galicia tiene ocupas en la administración pero no son verdaderos gobernantes, sirven a intereses ajenos a los de su población y crean un gran vacío político. Un vacío que sirve para que continúe la desidia y el expolio. Los incendios sólo son una erupción momentánea del nihilismo que respira el país.

Rajoy y Feijóo se aferran a la teoría de las tramas organizadas del fuego que ellos negaron en 2006

José Precedo

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, el de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, y dirigentes del PP de toda condición extendieron ayer la teoría de que  los incendios que asuelan Galicia desde el fin de semana y que provocaron cuatro muertes están causados por "terroristas medioambientales".

Ese es el término acuñado por la dirección del Partido Popular pese a que de momento no hay detenidos,  ni artefactos incendiarios incautados y a que la Fiscalía especializada en Medio Ambiente que coordina las investigaciones no tiene un solo indicio que apunte a una acción concertada. Según fuentes de los cuerpos de seguridad, tampoco hay atestados en la Guardia Civil o el Cuerpo adscrito de Policía Autonómica para respaldar esa tesis.

Tras reunir a su Gobierno, Feijóo utilizó su tono más solemne para advertir: " Los responsables de este terrorismo incendiario deben saber que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tienen como máxima prioridad buscarlos y trabajar para detenerlos". En cualquier caso admitió que de momento no hay base para sostener la existencia de una trama organizada.

El comisario jefe de Policía en Vigo aseguró que se trabaja con la hipótesis de que "un grupo organizado" causó los incendios en el entorno de la ciudad, pero evitó dar más pistas. Dos personas que han sido interrogadas, supuestamente por ir en moto por zonas próximas a los fuegos, quedaron en libertad sin cargos. 

El ministerio del Interior, a través de un portavoz autorizado, admitía a media tarde del lunes que  no se ha incautado ningún artilugio incendiario en Galicia y que aunque dos jóvenes fueron sorprendidos con un bidón de gasolina en una zona próxima al fuego pronto se comprobó que era para llenar el depósito de su coche que se había quedado sin combustible.

Pese a la inexistencia de pistas sólidas, los portavoces del Partido Popular se desplegaron por los medios para advertir sobre supuestas tramas criminales, una vieja costumbre de la política gallega desde 1990 cuando el hoy presidente del Consejo de Estado, José Manuel Romay Beccaría, entonces consejero de Agricultura de Fraga, acudía a las ruedas de prensa con pequeños paracaídas supuestamente incautados para probar la existencia de las mafias del fuego que calcinaron aquel año 50.000 hectáreas.

El discurso del enemigo desconocido que prende el monte ha sobrevivido a todos los gobiernos que tuvieron que enfrentarse a crisis de este tipo en los últimos treinta años y sigue vigente, pese a que la estadística oficial señala que 95% de los arrestados en Galicia por incendios forestales lo son por imprudencias y no se ha hallado vinculaciones entre ellos.

El lunes, horas después de que el fiscal jefe de Medio Ambiente en Galicia, Álvaro García Ortiz, pidiese no aventurar hipótesis y repetía que no hay nada que haga pensar en grupos organizados para quemar el monte, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, aterrizaba en Santiago y decía que los fuegos gallegos no pueden ser fruto de la casualidad. Rajoy no desveló de dónde salen sus sospechas.

De hecho, en la mayoría de los incendios del fin de semana no se han iniciado las investigaciones porque los trabajos aún se centran en apagar las llamas y no será hasta dentro de unos días cuando los agentes de la Policía Autonómica busquen fuego a fuego cada punto de inicio y se puedan deteminar las causas. 

La tesis que defendieron el lunes Rajoy y Feijóo es exactamente la contraria que abrazaron en 2007. Entonces, en medio de una campaña que no hizo prisioneros, el Partido Popular se lanzó contra los Gobiernos de Santiago y Madrid, ambos en manos del PSOE, a propósito de la oleada de incendios que se cobró dos víctimas mortales y calcinó 70.000 hectáreas. El partido de Feijóo convocó manifestaciones contra la Xunta que presidía el socialista Emilio Pérez Touriño, y situó en la cabecera a las familias de dos mujeres que habían fallecido dentro de sus coches en Cualedro, un episodio similar al que sucedió la semana pasada en Nigrán. 

A esa manifestación en Santiago acudió Mariano Rajoy, entonces en su papel de líder de la oposición. En la plaza del Obradoiro ante los micrófonos, Rajoy negó rotundamente que pudieran existir tramas de criminales tras el fuego y se apoyó en informes de la Guardia Civil para desmentir al entonces ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, que entonces también se apuntó a la teoría de las mafias.

En aquella marcha convocada por una plataforma afín al PP de la que nunca más se supo, Sos contra o lume, Rajoy pidió a Zapatero que asumiese "sus responsabilidades" y un "plan serio y de verdad" para los damnificados por las llamas.

El Presidente del PPdeG Alberto Nuñez Feijoo, cogió
              la manguera para ayudar a sofocar un fuego que se acercaba
              a una casa en Cabeza de Boi (aldea del concello de Meis),
              el 8 de agosto de 2006

El Presidente del PPdeG Alberto Nuñez Feijoo, cogió la manguera para ayudar a sofocar un fuego que se acercaba a una casa en Cabeza de Boi (aldea del concello de Meis), el 8 de agosto de 2006 SALVADOR SAS/EFE/lafototeca.com

De aquella época queda la foto que persiguió a Alberto Núñez Feijóo hasta que trascendió el álbum de su amistad con el narcotraficante Marcial Dorado y sus vacaciones por el mar y la montaña. Durante la letal ola de incendios que durante el verano de 2006 arrasó más de 70.000 hectáreas y puso contra las cuerdas al Gobierno bipartito que presidía Pérez Touriño, el entonces líder del PP gallego decidió posar para los fotógrafos con una manguerita de jardín apagando unos hierbajos ataviado con  vaqueros, zapatos náuticos y camisa blanca remangada.

Aquella imagen de bombero de diseño contrastaba con los brigadistas teñidos de negro que peleaban noche y día contra unas lenguas de fuego que atacaban las provincias de A Coruña y Pontevedra y propició al líder de la oposición duras críticas desde todos los sectores por el oportunismo que destilaba.

Ya como presidente, Feijóo pidió perdón a su manera por aquella instantánea y explicó que la manguera se la habían puesto en sus manos y que no tuvo intención de protagonizar publirreportajes en medio de la crisis. La escena vuelve al Parlamento gallego de manera recurrente cada vez que la Cámara aborda el problema del fuego. Y ha quedado como símbolo de la guerra sin cuartel que emprendió el PP apenas dos años después de perder las elecciones en Galicia.

Feijóo no solo reclamó dimisiones. Pronunció una frase terrible que ahora resucita en las hemeroteca: "Con nosotros [los gobiernos de Fraga], no moría gente en los incendios. Con ellos, cuatro personas".

 

es Coordinador Nacional de Anova.
guionista de televisión y colaborador habitual en prensa y radio. Ha publicado más de veinte libros en gallego. Recibió el Premio Nacional de Narrativa en 2003.
Periodista. Es colaborador de Eldiario.es.
Fuente:
Sin Permiso, 22 de octubre 2017 y Eldiario.es, 16 de octubre 2017