Ignorar la voluntad de los escoceses sería un acto digno de Trump

Nicola Sturgeon

30/04/2021

Sturgeon Foto: Russell Cheyne/PA

La pandemia de la Covid ha exigido de todos los países que vuelvan a imaginar su futuro y cómo mejor recuperarse de la mayor crisis de nuestro tiempo. La mayoría de los países tiene la capacidad de trazar esa recuperación por sí mismos, en colaboración con socios internacionales. Ahora bien, imaginémonos, en cambio, esto: imaginémonos un país que trata de recuperarse de la Covid, sin la capacidad de controlar las palancas de política económica y social claves necesarias para la reconstrucción, mientras el grueso de poderes sobre seguridad social, fiscalidad, empleo, empréstitos y migración se mantienen en otro lugar. Por si acaso, imaginemos que a ese país lo sacaran de la UE y del enorme mercado único europeo en contra de su voluntad democrática.  

Resulta ridículo asumir que haya un país que vaya a contemplar por un segundo estar en esa posición, pero es ahí donde se encuentra Escocia. Se nos dice que debemos abandonar los poderes clave para dar forma a nuestra recuperación en manos de un gobierno de Westminster [sede del gobierno británico en Londres], dirigido por Boris Johnson, que nosotros no elegimos.

Dentro de diez días, pediré a la gente que me reelija como ministra principal para ofrecer el liderazgo con experiencia que creo que se precisa para estos tempos de gravedad. Y en estas elecciones el SNP propone un plan serio y ambicioso de gobierno para hacer arrancar la recuperación.

Repensar de qué modo proporcionamos seguridad económica será, creo yo, uno de los mayores legados de la pandemia y uno de los retos dominantes para los gobiernos de todo lugar. De manera que es hora de pensar en grande y ser pioneros.  

Hay que enfrentarse a la inseguridad en el trabajo, uno de los flagelos de la pandemia, y recurriremos a todos nuestros poderes actuales para hacerlo. Si somos reelegidos, daremos los primeros pasos para lo que se conoce como una renta mínima garantizada, evaluando lo que constituiría un nivel de vida mínimo aceptable para la gente de Escocia, y llevaremos a cabo todos los avances posibles con los poderes existentes transferidos. Doy la bienvenida al apoyo de los Verdes y el Partido Laborista, en Escocia, si no en Westminster, para ese paso.

Pero sólo con un control pleno de los impuestos, la seguridad social y los impuestos seremos capaces de hacer algo más que poner las bases o tapar agujeros. Seguiremos paralizados cuando se trate de realizar plenamente esa garantía o de poner en marcha una renta básica ciudadana.

Y si bien haremos uso al máximo de los actuales poderes del Parlamento escocés para alcanzar un país más próspero y justo, Westminster tira de Escocia en dirección contraria. El Brexit, la austeridad de los conservadores, los recortes del estado del Bienestar y la hostilidad hacia la migración harán todos más difícil la recuperación. El objetivo de los “tories” no estriba en reconstruir mejor, consiste en volver al mismo sistema dañado que han presidido durante un decenio y volver a dar forma a Escocia a su propia imagen derechista sin el consentimiento de la gente que aquí vive.

De modo que la cuestión que afronta la gente en estas elecciones es esta: ¿qué clase de país queréis levantar y dónde deberían tomarse las decisiones acerca de esa recuperación?

La elección es dura. Escocia se enfrenta a dos futuros muy distintos. Podemos decidir tomar en nuestras manos los poderes que necesitamos para reconstruir nuestra economía y sociedad, con un futuro como país independiente, trabajando con nuestros amigos de Europa y construyendo una economía más justa. O podemos seguir atados a un sistema como el de Westminster que nos arrastra en dirección contraria y que cada día que pasa se desliza más profundamente por el lodazal de corrupción de los conservadores.

Esa es la razón por la cual, cuando la crisis haya pasado, el pueblo de Escocia debe gozar del derecho de convertirse en un país independiente.

Encarar la pandemia y poner en marcha la recuperación vienen primero. Sin embargo, si después de estas elecciones existe una mayoría en el Parlamento escocés a favor de un referéndum de independencia, en ese caso Escocia debe tener la oportunidad de poner la recuperación en manos de Escocia.

Que el gobierno del Reino Unido tratara de bloquearlo sería algo insostenible. Que tratara de llevar a cabo acciones legales, como se ha sugerido, supondría pedir a un tribunal que anulara de modo efectivo los resultados de unas elecciones libres y limpias. Eso constituiría una perspectiva espantosa para cualquier primer ministro. Y lo que es más pertinente, no le funcionó a Donald Trump y no le funcionaría a Boris Johnson.

El futuro de Escocia debe decidirlo, y lo decidirá, el pueblo de Escocia.

es la primera ministra de Escocia, miembro del Parlamento escocés desde 1999 y líder del Partido Nacional Escocés (SNP).
Fuente:
The Guardian, 24 de abril de 2021
Traducción:
Lucas Antón