Juan Gelman: un troesma de mundo

Guillermo Almeyra

09/12/2007

No hay nadie más porteño que Juan, que transporta en torno suyo, como una suntuosa capa tejida con los colores de Atlanta, el aire de Paternal y Villa Crespo. Juan, sin duda, es un Troesma, no sólo porque utiliza el habla en vesre tan popular, sobre todo entre los de su generación, que es también la mía, sino porque aun en los momentos más dramáticos de sus poemas mantiene el pudor popular que veta la grandilocuencia porque se apoya en esa mezcla de ironía socarrona y de timidez respetuosa que está en el “digo, es un decir” de ese otro Maestro-Troesma que es César Vallejo, ese faro que iluminó el camino de muchos de los poetas latinoamericanos y que los hizo grandes cuando la cultura española en España agonizaba. 

Juan tiene el rigor que heredó de un padre ex soldado del Ejército Rojo comandado por Trotsky que caminaba incansablemente interrogándose, en soliloquios, y peleando con sus demonios interiores, y de una madre nacida en familia de rabinos y no sólo va al fondo en el conocimiento de su instrumento, el castellano –escribió poemas en sefardí para transformarlo mejor- sino que también lo enriquece en su afán de consecuencia (“que los funcionarios funcionen, que los obispos obispen”, exige con su lógica crítica torciendo las palabras). 

Recuerdo a Juan en Roma, en la casa de Juan José Fanego, poeta porteño como él y como él hincha de Atlanta, discutiendo Argentina, Italia, el mundo y la poesía de Montale, casi japonesa, en torno a diversas botellas del vino más decente que nuestros bolsillos permitían. Era la época en que el teniente Montonero Juan Gelman, con Miguel Bonasso y Galimberti, encabezaba en el exilio una ruptura con la dirección de  “del Pepe” Firmenich que conducía a sus seguidores a la matanza. Para Juan, un momento de gran tensión e incertidumbre, agravadas por la desaparición o el secuestro de los suyos y por el esfuerzo por conciliar posiciones nacionalistas-peronistas en proceso de descomposición con su formación comunista. 

Trabajábamos ambos en International Press Service, una agencia orientada hacia el llamado Tercer Mundo y financiada por el ministerio italiano de Relaciones Exteriores  y podía suceder que encontrase en mi máquina de escribir sonetos cómicos firmados por Pasquino que yo puntualmente retrucaba en nombre de El Pueblo. 

Para Juan, la romana (y también parisina) fue una fase de reconstrucción y de búsqueda y reorientación afectiva que culminó después en México. La campaña por los desaparecidos y contra la utilización del Campeonato Mundial de Fútbol por la dictadura nos vio juntos, en actividades distintas pero con los mismos dirigentes de la izquierda sindical y política italiana y francesa y, en México, Juan fue uno de los pocos que no se dejó emborrachar por el patrioterismo y el ideologismo y se opuso a la guerra de las Malvinas. 

En tierras mexicanas reconstruyó su vida afectiva –tú eres Mara y sobre esa base construiré mi familia-, encontró un ambiente de poetas latinoamericanos, recomenzó a escribir. El Troesma de Villa Crespo se consagró continental y universal porque depuró aún más su lenguaje y con palabras simples, ascéticas, y explosivas asociaciones de ideas-sentimientos, accesibles a todo el que tenga sentimientos humanos, escribió algunos de los más importantes poemas de la lengua castellana, como el dedicado a su madre muerta. 

Juan, judío laico y socialista, preso en Israel por antisionista y propalestino, argentino de ley y nacional pero no nacionalista, intelectual de raza que vive y piensa como los artesanos ebanistas que conoció en su barrio, tiene por patria el mundo porque trabaja y vive en el mundo de las ideas y de la creación de palabras. Por caballero andante, por ingenioso y por hidalgo (¡ni hablemos de las manchas que hacen al tigre!) Juan estaba predestinado al Premio Cervantes. Queda esperar que, cuando le espeten discursos tras discursos los coronados y sus achichincles, los mire con la chispa de sus ojos apenas oculta por sus párpados entrecerrados como diciendo “¿por qué no te callas?”.

Guillermo Almeyra es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.

Fuente:

Subscripción por correo electrónico
a nuestras novedades semanales:

El responsable de tratamiento de tus datos es Asociación SinPermiso y la finalidad del tratamiento es hacerte llegar nuestras novedades. Puedes ejercer tus derechos en materia de protección de datos contactando con nosotros*. Para más información consulta nuestra política al respecto (*ver pie de página).