Los sindicalistas que harán huelga si aparece el ICE en los partidos del Mundial

Harold Meyerson

14/06/2026

La sección local de Los Ángeles del sindicato de trabajadores de hoteles y restaurantes resuelve un conflicto contractual, pero se reserva el derecho a la huelga si el ICE aparece en el partido inaugural del viernes en los Estados Unidos.

El viernes se disputará el primer partido de la Copa del Mundo en el que participará la selección norteamericana en el SoFi Stadium de Inglewood, una de esas innumerables ciudades pequeñas enclavadas en pleno corazón de Los Ángeles. Sin embargo, es muy dudoso que los asistentes puedan disponer de comida y bebida, ya que los 2.000 trabajadores que preparan, venden y sirven dicha comida y bebida podrían ir a la huelga, por razones políticas, humanitarias y existenciales. Su sindicato —el Local 11 de UNITE HERE, que representa a cientos de miles de trabajadores de hoteles y restaurantes en todo el país— ha comunicado al contratista de catering del estadio, Legends Global, y a la FIFA, patrocinadora del Mundial, que los trabajadores no acudirán a sus puestos a menos que se garantice que los agentes del ICE se mantendrán alejados del estadio.

El sindicato Local 11 planteó otras reivindicaciones más convencionales, como aumentos salariales y similares, y esta tarde [9 de junio] llegó a un acuerdo al respecto con Legends Global. Sin embargo, el sindicato declaró que se reservaba el derecho a abandonar el trabajo si aparecían agentes del ICE en el estadio. En las redes sociales, el sindicato afirmó que «los trabajadores tienen el derecho contractual de abandonar el trabajo si el sindicato determina de buena fe que las fuerzas federales de inmigración amenazan la seguridad de los trabajadores durante un partido del Mundial».

El fútbol, por supuesto, es el deporte de equipo por excelencia en buena parte del mundo, y especialmente en América Latina. En los Estados Unidos, su base de aficionados se inclina de manera desproporcionada hacia los inmigrantes, y en Los Ángeles, la mayoría de esos inmigrantes, y muchos de los miles de aficionados que se espera que llenen el estadio el viernes, serán inmigrantes de América Latina. De hecho, también lo serán muchos de los camareros.

El Local 11 tiene una trayectoria casi inigualable —no sólo a escala local, sino también nacional— como defensor de los inmigrantes. Desde que se derrocó a su corrupto liderazgo merced a una revuelta de las bases a finales de la década de 1980, ha encabezado la lucha por los derechos de los inmigrantes en los sectores donde trabajan sus afiliados, así como en Los Ángeles, en California y en todo el país.

A medida que la pobreza en México y las guerras civiles en Centroamérica llevaban a cientos de miles de inmigrantes a Los Ángeles en las décadas de los 80 y los 90, los hoteles de la ciudad se apresuraban a contratarlos, partiendo de la idea de que los inmigrantes trabajaban por bajos salarios.  En respuesta a ello, el Local 11 llevó a cabo una campaña de organización sindical muy innovadora que no solo contó con la participación de sus propios afiliados entusiastas para hablar con los trabajadores de los hoteles no sindicados, sino que implicó también al clero local de todas las confesiones conocidas en la iniciativa, respaldando una propuesta de ley del estado que aumentaba el salario mínimo de California y creando la primera organización del país que abogaba por un salario digno para los trabajadores de las empresas que tenían contratos con los ayuntamientos. En aquel momento, la mayoría de los sindicatos consideraban la sindicalización del sector privado una causa perdida, por lo que los éxitos del Local 11 se consideraron tan extraordinarios que hasta el presidente de la AFL-CIO, Lane Kirkland, conocido por su conservadurismo, se sintió obligado a rendir homenaje al sindicato en una visita a Los Ángeles.

Otro aspecto que distinguía al Local 11 era su elevadísimo porcentaje de afiliados inmigrantes. Las reuniones de sus miembros (a algunas de las cuales asistí en mi calidad de reportero y redactor del L.A. Weekly) se celebraban en español con traducción simultánea al inglés. Y a lo largo de los años 90, consiguió convenios con los principales hoteles de la ciudad que incluían cláusulas pioneras para sus miembros inmigrantes: concretamente, si un miembro era deportado, el hotel le garantizaría la reincorporación si regresaba en un plazo de dos años, e incluso con los derechos de antigüedad que hubiera acumulado si lograba regresar en el plazo de un año.

A lo largo de este periodo, el sindicato local estuvo dirigido por una combativa presidenta, María Elena Durazo. Mientras lideraba la campaña para destituir a los anteriores dirigentes del sindicato local (que insistían en celebrar reuniones e imprimir material informativo solo en inglés, como forma de impedir que la mayoría inmigrante de los afiliados organizara una campaña de oposición), conoció a un organizador del sindicato nacional, Miguel Contreras. Se casaron y, cinco años más tarde, Contreras se convirtió en líder de la AFL-CIO de Los Ángeles, una federación de más de 300 sindicatos locales con cientos de miles de afiliados. Contreras se dio cuenta de que se trataba de un gigante dormido y, en el plazo de un año desde su ascenso al liderazgo, consiguió que muchos de los afiliados y personal de esos sindicatos hicieran lo que la sabiduría convencional llevaba mucho tiempo diciendo que nunca funcionaría en una ciudad tan extensa como Los Ángeles: recorrer los distritos electorales. Además, en 1994 —dos años antes de que Contreras se convirtiera en presidente de la federación— se aprobó una iniciativa en el estado respaldada por los republicanos, la Proposición 187, que prohibía la prestación de cualquier servicio público, incluido el derecho a asistir a escuelas de primaria y secundaria, a los inmigrantes indocumentados. Contreras decidió que la campaña de los sindicatos no debía dirigirse solo a los afiliados, sino también a las inmensas y crecientes comunidades hispanas de Los Ángeles.

Veterano periodista de la revista The American Prospect, de la que ha sido director y es redactor jefe, ofició durante varios años de columnista del diario The Washington Post y fue director de L.A. Weekly. Considerado por la revista The Atlantic Monthly como uno de los cincuenta comentaristas más influyentes de Norteamérica, Meyerson ha pertenecido a los Democratic Socialists of America, de cuyo Comité Político Nacional fue vicepresidente.
Fuente:
The American Prospect, 9 de junio de 2026
Temática: 
Traducción:
Lucas Antón