Público y privado: Republicanismo y Feminismo académico

María Julia Bertomeu

Antoni Domènech

01/07/2007

El feminismo académico contemporáneo es un movimiento amplio y heterogéneo, con grandes aciertos, obvio es decirlo, y algunos desaciertos, a veces, grandes también. Una parte muy importante de sus aciertos tiene que ver con la recuperación de la centralidad institucional de la "familia" para la reflexión política.

Familia y filosofía política

La filosofía política como disciplina académica se ha interesado en el último siglo sobre todo por cuestiones relacionadas con el Estado y las relaciones del Estado con la Sociedad Civil (ciudadanía, partidos políticos, justicia distributiva, etc.). Lo que resulta un tanto sorprendente, habida cuenta de la importancia de la Familia en toda la tradición filosófico-política occidental. El primer libro de la Política de Aristóteles está dedicado al oikos; y una de las consecuencias más perversas, según Aristóteles, de la democracia plebeya ática sería su subversión de la institución familiar, dando el mando a las mujeres (gyneycokratía): un tema recuperado por el contrarrevolucionario Bonald a comienzos del siglo XIX para ajustar cuentas con la democracia plebeya robespierreana:

"Así como la democracia permite al pueblo, la parte débil de la sociedad, insurgirse contra el poder establecido, así también el divorcio, verdadera democracia doméstica, permite a la mujer, la parte débil, rebelarse contra la autoridad marital."

También para Platón había una conexión directa entre democracia radical en el orden político-civil y licensiosidad de mujeres y esclavos en el oikos. Para entender la filosofía política de Montesquieu es crucial la distinción entre loi civil y loi de famille. Locke hace preceder su Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil de un Primer Tratado en el que discute a fondo las relaciones entre la estructura familiar y la vida civil y política. No puede entenderse la noción de ciudadanía, y su alcance político, en Kant, sin entender su concepción de la estructura institucional de la Familia. Es esencial en la filosofía política y en la filosofía del derecho de Hegel la tripartición Familia/Sociedad Civil/Estado. Y Marx fue acaso más lejos que todos sus predecesores al declarar a la Familia el nudo institucional básico que hacía inteligibles a la Sociedad Civil y al Estado:

"La familia [de la Edad] moderna contiene en miniatura todos los antagonismos que luego habrán de desarrollarse en la sociedad [civil contemporánea] y en su Estado."

La desaparición de la Familia como objeto en la filosofía política contemporánea puede verse, por ejemplo, en las interminables –y a veces, interesantes— disputas a que ha dado lugar la discusión sobre si la "familia" formaba o no parte de la "estructura básica" en la Teoría de la justicia de John Rawls, la obra más influyente de la filosofía política de la segunda mitad del siglo XX—.

El feminismo académico actual y la tradición republicana

En el crédito de la filosofía política académica feminista hay que cargar, pues, su insistencia en la importancia de la institución familiar en la reflexión política, y en buena medida, el hecho de que esa institución se haya vuelto de nuevo visible para la filosofía política. Un siglo y arreo de descuido, sin embargo, no se repara tan fácilmente. Ello es que buena parte de la discusión feminista académica de los últimas décadas ha insistido más en la novedad de su descubrimiento de la familia que en el hecho de que se trataba también de un redescubrimiento, cosa que ha tenido perniciosas consecuencias a la hora de entender cabalmente no sólo la tradición filosófica histórica republicana (que sí consideró central en la reflexión política el problema de la familia), sino también el importante problema (histórico, pero también filosófico) de por qué se le hizo invisible a la filosofía política académica del siglo XX la institución familiar.

Lo cierto es que una buena parte de las razones para celebrar que la "familia", es decir, la inveterada opresión patriarcal-patrimonial, vuelva a estar en el centro del debate filosófico-político contemporáneo se encuentran en obras de autores de indiscutible filiación republicana, pero precisamente cuestionados por una buena parte del feminismo académico actual. Aristóteles, Locke y Kant, por supuesto; pero incluso Engels, Marx o el mismo J.S. Mill, quienes, a pesar de sus buenas intenciones, habrían sido también víctimas de un viejo prejuicio patriarcalista, como sostiene la muy competente feminista Carol Pateman.

No es imposible que al feminismo académico acabe ocurriéndole algo parecido a lo que le ha pasado en los últimos lustros a la parte menos ignara y discrásica (ese "marxismo" de cartón piedra para el que "liberalismo" y "republicanismo" son la misma mala cosa burguesa, etc., etc.) del pensamiento filosófico-político socialista de nuestros días, a saber: que el paulatino redescubrimento de la tradición republicana –hecha invisible por el triunfo del liberalismo en el primer tercio del siglo XIX— le haga tomar consciencia de muchas de sus raíces histórico-axiológicas y acabe revigorizándolo intelectualmente y abriéndole perspectivas políticas a la altura de los tiempos.//1  Signos claros de eso, los hay. Es posible que la incipiente alianza entre el feminismo actual y la recuperación también actual de la tradición política republicana//2 pueda aclarar algunos malentendidos e incluso aportar algunas herramientas conceptuales más potentes que la ubicua, superficial, ahistórica, y por eso mismo, infértil dicotomía entre lo "público" y lo "privado", que permea la casi totalidad del pensamiento académico feminista actual.

Uno de los lemas aglutinantes del feminismo de los últimos años ha sido "Lo personal es político," consigna, ésta, que ha servido de estandarte para mostrar que las así llamadas diferencias y desigualdades "naturales" de las mujeres son políticas y convencionales, como bien lo dijo en su momento la pensadora republicana Mary Wollstonecraft. (The Vindication of the Rights of Women, 1792). Este lema fue muy útil para llamar la atención sobre la indiscutible ligazón entre la vida privado-doméstica y civil de las mujeres, aunque también ha sido llevado al absurdo por ciertas feministas, como Judith Butler, que se conforma y hasta regodea imaginandola resistencia ante la opresión de las mujeres "como algo personal, más o menos privado, que nada tiene que ver con una acción pública, que aspire a lograr un cambio institucional y legal", según dejó estupendamente dicho Marta Nussbaum en una devastadora reseña crítica de la obra de Butler.//3

La diferenciación entre lo "público" y lo "privado" parece haberse convertido en un recurso conceptual ubicuo en muchas teorías políticas del feminismo académico. A veces, se diría incluso que de mera criba conceptual (más o menos bien trazada: ya veremos), pasa derechamente a interpretarse como síntoma, y aun como causa, de un sistema de división sexual y social del trabajo opresor y antigualitario. Sin embargo, la idea de las esferas separadas, de una esfera pública propia de los hombres y de una esfera privada reservada para mujeres pero también controlada por hombres, pierde potencia explicativa en la medida en que no acierta a caracterizar adecuadamente qué sea "público" y qué "privado", al trabajar filosóficamente de un modo a-histórico y a-institucional, o a lo sumo, con una visión histórica completamente errada del origen y evolución de tal dicotomía.

La dicotomía público/privado y su evolución histórica

Nos ceñiremos aquí a sólo dos ejemplos –aunque muy representativos— de caracterización feminista académica de lo "público" y lo "privado", sin pretender por ello haber agotado la inmensa bibliografía sobre la cuestión.

Susan Moller Okin, la reputada feminista liberal buena conocedora y excelente crítica de la teoría de justicia rawlsiana, ha dicho lo siguiente:

"... en las teorías de justicia ha dominado hasta hace bien poco una notable falta de atención a los aspectos de género y especialmente a las desigualdades sistemáticas entre los sexos… porque se consideró válida la dicotomía entre lo público (lo político y lo económico) y lo privado (lo doméstico y lo personal) y únicamente se tuvo en cuenta lo público como la esfera idónea a la que debían prestar atención las teorías de justicia."//4

Según Okin, esta dicotomía tiene consecuencias funestas para las mujeres, entre otras cosas, porque el trabajo que se realiza en la esfera doméstica no cuenta, y el único trabajo significativo para las teorías de la justicia distributiva corrientes (liberales) sería el "público" y remunerado. Huelga decir que esta protesta feminista está bien fundada y se ve avalada por estudios y estadísticas sociales y económicas serias. Sin embargo, es sorprendente que Okin piense que cualquier trabajo que se realice fuera del ámbito doméstico es necesariamente "público" (lo que implicaría, por ejemplo, que quien trabaja para la Coca Cola está desempeñando un trabajo "público").

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