TIR, base de cotización y distribución funcional. Comentario a "Pensiones contributivas: Cuando la TIR no cuadra"

Ayoze Alfageme

16/01/2026

Me propongo comentar la nota del economista Jesús Fernández-Villaverde (JFV en adelante) sobre la sostenibilidad actuarial del sistema de pensiones de reparto en España. Su argumento es que los y las pensionistas cobran demasiado en relación con lo que aportaron al sistema, y que los trabajadores actuales aportan demasiado poco en relación con lo que se les promete que cobrarán cuando sean pensionistas. Así, JFV encuadra el debate en la tasa interna de retorno (TIR), el ratio entre lo que se cobra y lo que se aporta. Dado que la AIRef estima una TIR del 5.6%, los ingresos deben aumentar a ese ritmo. JFV ve esto imposible, alegando que las únicas opciones de aumentar los ingresos son aumentar la productividad y la población trabajadora, pero que en conjunto estas crecerán muy por debajo del 5.6%. JFV, en su marco – y como veremos más adelante –, descarta que la solución pase por aumentar los salarios. Justamente lo contrario es lo que defiendo aquí.

En cierta medida el enfoque de la TIR ayuda a avanzar el debate. Pero JFV reduce los posibles aumentos de la recaudación a los posibles aumentos de la productividad y de la población trabajadora. Sostengo, sin embargo, que el enfoque, tal y como está planteado, deja en segundo plano un elemento clave de economía política: la distribución funcional de la renta. En una periodo en la que la participación de los beneficios en los ingresos totales de la economía (el ratio de beneficios sobre el PIB, o profit share en inglés) aumenta, la sostenibilidad financiera de un sistema financiado sobre salarios puede deteriorarse incluso aunque la productividad crezca. En el marco de JFV el nivel salarial es irrelevante porque mantiene una TIR fija: es decir, a mayor contribución salarial, mayores serán las pensiones a pagar con una TIR constante (lo que a JFV le viene bien para decir que los aumentos salariales no arreglan nada). Lo que defiendo aquí es que el “nivel salarial” sí es relevante y que la TIR solo importa desde un punto de vista actualarial o de sostenibilidad del sistema: que lo que se aporta al sistema sea igual a lo que este paga. Lo decisivo para la clase trabajadora es qué parte del crecimiento (y del PIB) acaba en la masa salarial y, por tanto, en la base de cotización. Defiendo que una mayor financiación proveniente de una mayor participación de los salarios (el ratio total de salarios sobre el PIB, es decir, el inverso de la participación de los beneficios), manteniendo el nivel de pagos de pensiones actual, aunque baje la TIR, es lo políticamente (y materialmente) relevante para los y las trabajadoras. Es importante remarcar que, en economía – como en todas las ciencias sociales –, los debates aparentemente técnicos también esconden supuestos normativos.

A la nota de JFV le ha seguido una columna de opinión en ElPaís firmada por otro economista, Manuel Alejandro Hidalgo. Su conclusión es la misma: o dejamos de ser tan generosos en el retorno de las pensiones –la diferencia entre lo que se cotiza durante la vida laboral y lo que se cobra al jubilarse, es decir, bajar la TIR– o tendremos que sacar dinero de otras partidas de gasto. De nuevo, bajo una narrativa tecnicista, el debate se encasilla en imponer el coste del ajuste a los y las trabajadoras. Aquí sugiero que a lo que tenemos que renunciar es a una participación de los beneficios en máximos históricos.

El siguiente gráfico muestra que la participación de los salarios (la inversa de la participación de los beneficios) cayó desde los 80, alcanzando su mínimo en 2017. 2019 y 2020 fueron años de fuerte recuperación, pero esta no perduró en la etapa post-pandemia. Aunque las variaciones de corto plazo de la participación salarial dependen del ciclo económico, una caída tan prolongada apunta a factores más estructurales: un marco institucional (sindicalización, negociación colectiva, etc.) y fiscal que ha mermado la capacidad de la clase trabajadora para defender su parte del ingreso total de la economía.

Lo que el enfoque de la TIR aclara

La nota de JFV pone el foco en una idea sencilla: en un sistema de reparto contributivo, como es el sistema de pensiones públicas del Reino de España, la TIR sostenible está anclada al crecimiento de los ingresos del sistema. Este crecimiento depende del aumento del número de cotizantes nn y del crecimiento de las cotizaciones por trabajador gg, de modo que la “rentabilidad” compatible con el equilibrio a largo plazo viene dada por la siguiente formula: (1+n)(1+g)1(1+n)(1+g)-1 (pág. 5 en JFV). Esta formula fija la TIR sostenible –o, si se parte de una TIR dada, la tasa a la que tendrían que crecer los ingresos para hacerla compatible con el equilibrio del sistema–.

Este planteamiento tiene dos virtudes claras. Primero, obliga a explicitar la promesa implícita que incorpora el diseño institucional: indexaciones, reglas de cálculo, edad efectiva, etc. Segundo, ayuda a entender por qué reformas aparentemente pequeñas (por ejemplo, revalorización con el IPC o la eliminación de ciertos factores de ajuste) pueden mover la TIR implícita y, con ello, el equilibrio de largo plazo.

Dicho esto, precisamente porque el argumento es potente, conviene afinar qué está dentro de esa formula y qué no. Ahí es donde entra el punto distributivo.

El punto ciego: gg no depende solo de la productividad, la base contributiva importa

En primer lugar, la fórmula de la TIR encasilla el debate en que la sostenibilidad actuarial del sistema – es decir, si las contribuciones actuales y futuras de los y las trabajadoras son suficientes para las promesas de pago presentes y futuras – depende de la TIR (tasa interna de retorno). Así, se plantea que la solución al problema de sostenibilidad de las pensiones pasa por reducir la TIR. Se verá más adelante que reducir la TIR no es algo a lo que yo me oponga. Pero JFV equipara reducir la TIR a reducir las pensiones – o al menos, reducir el monto que reciben del sistema público de pensiones –. Su lógica, en parte enmascarada en su marco analítico, es que con la TIR fija, mayores salarios implican mayores pagos por parte del sistema de pensiones. Basta decir, de momento, que la pregunta política relevante, desde el punto de vista de un o una trabajadora, es el poder adquisitivo durante y después de su vida laboral, y no la tasa de retorno de sus contribuciones al sistema de pensiones. Más adelante seguiré desarrollando este hilo.

En el texto se afirma que, a la luz de la evolución histórica de la productividad, es difícil sostener que gg supere el 1% en España, y que, incluso con inmigración elevada, resulta poco plausible que nn exceda el 1%. En conjunto, estas cifras apuntarían a un crecimiento optimista de los ingresos del sistema de alrededor del 2% anual (pág. 11 en JFV). Como la TIR se encuentra al 5.6%, el decalaje hace el sistema insostenible con el actual modelo de financiación.

En la nota de JFV, gg se define como la tasa de crecimiento de las cotizaciones sociales por trabajador (pág. 5). Pero más adelante, el crecimiento de gg se equipara al crecimiento de la productividad (pág. 11). En otras palabras, solo los aumentos de productividad salvarán el sistema de pensiones. Lo que sostengo es que ese gg no coincide automáticamente con la productividad, porque es una variable que depende de varios factores, tanto institucionales (bases, topes, bonificaciones) como de distribución de la renta (cómo se reparte el crecimiento entre salarios y beneficios). Además, aunque la productividad aumente, no tiene por qué trasladarse uno a uno a los salarios y, por tanto, a la base de cotización: cuando la participación de los salarios (masa salarial dividida por el PIB) cae – como ha sido el caso en el Reino de España en las últimas décadas –, una parte mayor del crecimiento (y del crecimiento de la productividad) se queda en los beneficios, de modo que la base salarial crece menos de lo que sugeriría la productividad.

¿Qué es exactamente gg en la nota de JFV?

Para entender qué significa gg en el marco analítico de la nota de JFV conviene pensarlo así: gg mide a qué ritmo aumenta, en términos reales, lo que aporta de media cada cotizante. Si, por ejemplo, hoy cada trabajador aporta 100 euros (en términos reales) y el año que viene aporta 101, entonces gg es del 1%. Esta es la magnitud que la JFV utiliza cuando afirma que la “rentabilidad” sostenible del sistema depende del crecimiento del número de cotizantes (nn) y de lo que aporta cada uno (gg).

Dicho de forma más formal, si llamamos ctc_t a la cotización media real por cotizante (“cotizaciones por trabajador”) en el periodo tt, entonces gg es la tasa a la que crece esa cotización media (a continuación uso Δln\Delta \ln como aproximación del crecimiento exacto de ctc_t): gct+1ct1Δln(ct).g \equiv \frac{c_{t+1}}{c_t}-1 \;\;\approx\;\; \Delta \ln(c_t). Esta es la definición operativa que utiliza la nota de JFV cuando liga la TIR sostenible a (1+n)(1+g)1(1+n)(1+g)-1. El punto importante es que el crecimiento de la cotización media ctc_t no depende solo de la “productividad”. Depende de dos cosas: (i) el tipo efectivo que realmente se paga, esto es, el porcentaje del salario que se destina a pagar las pensiones, y (ii) la base sobre la que se paga, el salario. La cotización media (ctc_t) es el producto de esas dos variables: ct=τtefbt,c_t = \tau^{\text{ef}}_t \cdot b_t, donde τtef\tau^{\text{ef}}_t es el tipo efectivo (no solo el legal: incluye topes, bonificaciones/exenciones, incumplimiento, composición del empleo, etc.) y btb_t es la base media cotizable (muy próxima al salario medio cotizable). Por tanto, la suma de las tasas de creicimiento del tipo efectivo y de la base media cotizable es igual a la tasa de crecimiento de la cotización media real:

Δln(ct)=Δln(τtef)+Δln(bt),

\Delta \ln(c_t)=\Delta \ln(\tau^{\text{ef}}_t)+\Delta \ln(b_t), y, como hemos igualado gg, utilizada por JFV, a ctc_t:

Δln(ct)=gΔln(τtef)+Δln(bt).\Delta \ln(c_t)=g \approx \Delta \ln(\tau^{\text{ef}}_t)+\Delta \ln(b_t).

Esto permite decir claramente que gg no depende solo de la productividad: gg es el crecimiento de la cotización por trabajador, y depende tanto de cómo evoluciona la base cotizable (salarios cotizables) como del diseño efectivo del sistema (tipos, topes y excepciones). Los aumentos de productividad pueden ayudar a aumentar los salarios, ya que una mayor productividad supone una mayor creación de valor por trabajador. Pero aquí conviene precisar algo: cuando comparamos el crecimiento del salario real con el de la productividad, lo que estamos midiendo es la distribución de la renta. Salarios y productividad solo crecen al mismo ritmo cuando la distribución funcional (el reparto del valor o producto nacional entre salarios y beneficios) se mantiene constante. Por definición contable, si los salarios reales crecen más que la productividad, aumenta la participación de los salarios; si crecen menos, la participación de los salarios cae.

Dicho de otro modo: el traslado de la productividad a los salarios depende de cómo se reparte el crecimiento (el valor creado) entre trabajo y beneficios. La caída de la participación de los salarios en las últimas décadas es, precisamente, evidencia de que ese reparto se ha inclinado a favor de los beneficios, lo cual deteriora la financiación de un sistema de pensiones cuya base principal son los salarios cotizables.

Cómo incluir la distribución funcional (participación salarial vs. participación de los beneficios) en el esquema de JFV

Hasta aquí hemos visto que gg es el crecimiento de la cotización media por trabajador, y que esta depende del tipo efectivo y de la base media cotizable (btb_t). El siguiente paso es entender de qué depende esa base media a nivel de toda la economía. La base (o salario cotizable) por trabajador depende de cómo se reparte la productividad entre salarios y beneficios. Si una parte creciente de la renta nacional se queda en beneficios (participación de los beneficios al alza), entonces aunque el país produzca más, esa mejora puede no traducirse en salarios cotizables y, por tanto, la base sobre la que se recauda crece menos.

En un sistema de pensiones de reparto, lo que importa para los ingresos no es la “productividad” en abstracto, sino cuánta renta agregada acaba en salarios cotizables. Y eso depende de dos cosas: (i) cuánta renta genera la economía por trabajador (productividad) y (ii) qué fracción de esa renta se reparte como salarios (participación de los salarios).

Para verlo ordenadamente, empecemos por una identidad agregada simple. Denotemos por YtY_t el PIB real, por LtL_t el número de cotizantes (o trabajadores) y por WtW_t la masa salarial total. La productividad media es Yt/LtY_t/L_t y la participación de los salarios es sw,tWt/Yts_{w,t}\equiv W_t/Y_t. Si combinamos ambas, obtenemos el salario medio (o, en la práctica, la base media cotizable) como masa salarial dividida por número de cotizantes:

WtLt=WtYtYtLt=sw,tYtLt.\frac{W_t}{L_t} \;=\; \frac{W_t}{Y_t}\cdot \frac{Y_t}{L_t} \;=\; s_{w,t}\cdot \frac{Y_t}{L_t}. Como la base media cotizable btb_t es muy próxima al salario medio cotizable, podemos escribir de forma estilizada: btwtsw,tYtLt.b_t \;\approx\; w_t \;\approx\; s_{w,t}\cdot \frac{Y_t}{L_t}.

donde sw,ts_{w,t} es la participación de los salarios (masa salarial / PIB), Yt/LtY_t/L_t es la productividad media (PIB real por cotizante, aproximadamente), y wtw_t es el salario/base medio cotizable. La última identidad conecta la base media cotizable (btb_t) con la distribución del ingreso sw,ts_{w,t} a nivel macroeconómico, es decir, a nivel de la economía en su conjunto. A su vez, es útil relacionar la base cotizable (o salario) media con la productividad y la participación de los salarios. La productividad nos indica cuanto valor genera cada trabajador de media, y la participación de los salarios sw,ts_{w,t} nos señala qué parte de esa renta se reparte forma de salarios. Así, si multiplicamos la renta generada por trabajador (productividad Yt/LtY_t/L_t ) por el porcentaje que va a los salarios (participación salarial sw,ts_{w,t}) obtenemos, como en la última identidad, el salario medio wtw_t en la economía: lo que le toca a cada trabajador, ques es a su vez la base cotizable btb_t.

El crecimiento de la base cotizable (btb_t) – o, en la práctica, del salario medio cotizable – depende entonces del crecimiento de la productividad y de la participación de los salarios sw,ts_{w,t}, como queda expresado aquí: Δln(bt)Δln(YtLt)+Δln(sw,t).\Delta \ln(b_t)\approx \Delta \ln\!\left(\frac{Y_t}{L_t}\right)+\Delta \ln(s_{w,t}). Sustituyendo en la expresión de gg, obtenemos una descomposición que hace explícito (a diferencia de JFV) que gg también depende de la participación de los salarios, y no solo de la productividad: gΔln(τtef)+Δln(YtLt)+Δln(sw,t).g \approx \Delta \ln(\tau^{\text{ef}}_t)+\Delta \ln\!\left(\frac{Y_t}{L_t}\right)+\Delta \ln(s_{w,t}).

Con la misma productividad, si la participación de los salarios cae (equivalentemente, si sube la participación de los beneficios), entonces Δln(sw,t)<0\Delta \ln(s_{w,t})<0 y gg será menor: la economía puede producir más, pero ese crecimiento no pasa con la misma intensidad por la base salarial sobre la que se recauda. Dicho de otra forma: identificar gg con productividad es correcto solo si la participación de los salarios es estable y si el tipo efectivo no cambia de manera relevante (tipos efectivos/topes).

Un ejemplo numérico sencillo

Supongamos una economía en la que la productividad crece al 1% anual y el número de cotizantes al 0,5% anual, con tipo efectivo constante (Δln(τef)=0\Delta\ln(\tau^{\text{ef}})=0).

  • Escenario A (participación de los salarios constante): Δln(sw)=0\Delta\ln(s_w)=0. Entonces g=1%g=1\% y el crecimiento de ingresos compatible con equilibrio sería (1.005)(1.01)11,51%(1.005)(1.01)-1 \approx 1{,}51\%.

  • Escenario B (sube la participación de los beneficios): Δln(sw)=0,5%\Delta\ln(s_w)=-0{,}5\%. Entonces g=0,5%g=0{,}5\% y el crecimiento compatible sería (1.005)(1.005)11,00%(1.005)(1.005)-1 \approx 1{,}00\%.

El contraste es fuerte: misma productividad, misma demografía; el único cambio es distributivo. Y, sin embargo, la “TIR sostenible” que sale de (1+n)(1+g)1(1+n)(1+g)-1 sería sensiblemente menor en el Escenario B.

JFV, en una de sus recetas para reducir la brecha de sostenibilidad del sistema de pensiones español, sostiene que para aumentar gg la única vía es aumentar la productividad (pág. 12). Pero esto, tal y como está formulado, introduce dos supuestos fuertes. Primero, da por hecho que la distribución de la renta entre salarios y beneficios se mantiene estable —o, como mínimo, no juega en contra de los salarios—, cuando precisamente en España la participación salarial ha caído durante las últimas décadas. Segundo, presupone que los aumentos de productividad se trasladan de forma más o menos automática al salario real y, por tanto, a la base cotizable. Y aquí está el punto: si el salario real crece menos que la productividad, lo que cae es la participación de los salarios, y entonces gg también se resiente aunque la productividad avance. Como muestran las fórmulas, un crecimiento sostenido de gg puede venir no solo de la productividad, sino también de una recuperación de la participación de los salarios: esto permite cerrar la brecha de sostenibilidad sin recortar lo que cobran los pensionistas, aunque la TIR caería.

Sin embargo, la TIR no es la cuestión política relevante, al menos desde el punto de vista de la clase trabajadora. Aceptando el problema de sostenibilidad de las pensiones, creo que ningún trabajador desaprobaría aumentar la base cotizable reduciendo la participación de los beneficios de la economía: eso elevaría la base salarial sin recortar los salarios netos hoy (no habría que bajar el poder adquisitivo actual para financiar las pensiones) y permitiría mantener el nivel de pensiones – o incluso aumentarlo –. Sí, esto implicaría reducir la TIR –precisamente esto fue lo que me contestó JFV en la red social X cuando le expuse mis argumentos–. Pero de nuevo, la TIR no es un problema político, es una convención actualarial. El problema real es cómo mantener el máximo poder adquisitivo de la mayoría de los y las trabajadoras. Y para eso, reducir la participación de los beneficios que está en máximos históricos es una vía directa para reforzar la financiación del sistema público de pensiones.

Economía política: si aumenta la participación de los beneficios, la “sostenibilidad” no es solo actuarial

La tesis de la nota de JFV es que el problema no es “salarial en sentido estricto” sino actuarial (pág. 11). Aquí lo hemos formulado de forma muy distinta: el diagnóstico actuarial puede ser impecable y, a la vez, incompleto si se usa para cerrar el menú de opciones políticas.

En un contexto de participación de los beneficios al alza, insistir en que “los salarios no importan” suele tener como consecuencia práctica el desplazamiento del ajuste hacia uno o varios de los siguientes elementos: recortes o contención de pensiones, más años trabajados o más cotizaciones sobre el trabajo, es decir, reducir el salario real actual. En definitiva, se preserva el reparto actual de la renta (más beneficios, menos salarios) y se pide al factor trabajo que absorba el ajuste del sistema que él mismo financia.

Las referencias a la participación de los beneficios o de los salarios en los debates sobre la sostenibilidad de pensiones es casi nula, al margen de otros comentarios en Sinpermiso. Por ejemplo, Manuel Alejandro Hidalgo, en su artículo en ElPaís , con una lógica muy similar a la de JFV, apunta acertadamente que el sistema actual de pensiones se diseñó en un momento que la pirámide población era muy distinta. Cierto, pero también la base salarial total en la economía era muy distinta entonces: diez puntos porcentuales más alta, y de eso eligen no hablar.

¿Qué cambia si tomamos en serio la participación de los beneficios? (sin abandonar la contributividad)

La nota de JFV plantea que cubrir la brecha con otros ingresos diluye la contributividad y desordena la lógica del Estado del bienestar. Sin entrar en un debate filosófico largo, sí creo que hay que reconocer que, si la participación de los beneficios aumenta y nos resistimos a revertir esa tendencia, un Estado social coherente puede pedir una contribución mayor a esas rentas sin que eso pervierta automáticamente el sistema. En ese caso, la TIR de las aportaciones de los trabajadores podría mantenerse —e incluso aumentar— a la vez que la TIR del sistema en su conjunto disminuiría si se mantienen los mismo promesas de pago (porque una parte mayor de la financiación vendría de los beneficios). De nuevo, no creo que encontrásemos muchos trabajadores y trabajadoras en contra de esta solución.

El problema no es que “falte productividad”; en este sistema de pensiones diseñado para financiarse con las cotizaciones de los y las trabajadoras, lo que falta es masa salarial cotizable en relación con el PIB. Si esa es la realidad, hay dos caminos: o se ajusta el gasto (lo que reduce la TIR y los pagos), o se ajusta la base sobre la que se financian las pensiones (captando para los salarios una fracción mayor del ingreso nacional – incluida la parte que hoy se va a beneficios y que en el pasado, cuando se diseño el sistema de pensiones, era ingresada por el trabajado –, o haciendo que los beneficios contribuyan al sistema de pensiones), manteniendo el nivel de pagos y reduciendo la TIR. Tanto la primera como la segunda solución son decisiones de economía política, no imposibles contables.

La aportación de JFV puede ser valiosa: obliga a hablar claro sobre promesas, retornos y restricciones intertemporales. Mi discrepancia es de énfasis y de marco: en un periodo de aumento de la participación de los beneficios, el debate no puede presentarse como si gg– el aumento de las bases cotizables – dependiese únicamente de la productividad. gg es, en buena medida, el resultado de instituciones laborales y fiscales y, por tanto, de la distribución funcional de la renta.

Si ignoramos ese hecho, corremos el riesgo de convertir un diagnóstico actuarial correcto en una conclusión política demasiado estrecha: que solo queda recortar derechos o cargar aún más sobre el trabajo. Y eso, precisamente, es lo que conviene discutir de frente.

 

Referencias
Fernández-Villaverde, Jesús (2026). Pensiones contributivas: Cuando la TIR no cuadra. Nota. 6 de enero de 2026. Disponible en: https://www.sas.upenn.edu/~jesusfv/Pensiones.pdf

miembro del comité de redacción de Sin Permiso. Es doctorando en economía política en la Universidad de Ginebra.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 18-1-2026