En las aguas heladas del cálculo egoísta. Dossier

Raffaele K. Salinari

Michael Chessum

Giansandro Merli

Fulvio Vassallo Paleologo

28/06/2023

La profundidad del mar

Raffaele K. Salinari

En 1912, el transatlántico Titanic chocó contra un iceberg y se hundió en su viaje inaugural. En aquella catástrofe, la procedencia de clase de cada pasajero fue uno de los factores que determinaron si sobrevivieron o no. Si nos fijamos en las mujeres en particular, la lista oficial de víctimas muestra que, de un total de 143 viajeras en primera clase, sólo perecieron cuatro (de las cuales tres habían optado voluntariamente por permanecer en el barco). Entre las mujeres de segunda clase, murieron 15 de un total de 93, mientras que en tercera clase se hundieron con el barco 81 de 179 mujeres. A los pasajeros de tercera clase se les ordenó permanecer bajo cubierta y, en algunos casos, se les obligó a hacerlo a punta de pistola.

Esta dramática imagen, que parece tan lejana en el tiempo, vuelve estos días como un recordatorio, arrojando una cruda luz sobre la historia de los cuatro pasajeros atrapados en el submarino turístico que iba a visitar esas mismas reliquias de 1912. Conocemos los nombres de estos caballeros, su posición social, sus aventuras anteriores: son los llamados aventureros multimillonarios, que parecen aventurarse por placer en las zonas extremas de las que la humanidad aún no ha tomado plena posesión: el espacio y el vasto océano. Son los mismos que compran el equivalente de un billete de primera clase para hacer un viaje orbital, y que ahora exploran las profundidades marinas, quizá no sólo para ver el Titanic, sino también para echar un vistazo emprendedor a esas profundidades, tan ricas en metales que se disputan grupos mineros, siempre en busca de nuevos yacimientos por explotar.

Es difícil ver a estos "magnates" haciendo algo sólo por entretenimiento o la aventura por la aventura: no son Corto Maltés. Se podría viajar al espacio para explorar la posibilidad de que un día, tras haber reducido la Tierra a un enorme vertedero, quienes puedan permitírselo gobiernen sobre las clases inferiores desde un planeta artificial en órbita; o, tal vez, explotar y vivir de las inmensas riquezas ocultas en las profundidades de los océanos.

Por otra parte, desde Julio Verne hasta nuestros días, la lista de novelas y películas de ciencia ficción con tales personajes como protagonistas es larga y reveladora. Así pues, para salvar a estos importantes personajes -que son seres humanos antes que cualquier otra cosa y, por tanto, necesitan ser salvados- vemos ahora cómo se movilizan todos los medios necesarios, sin reparar en gastos, encontrando nuevas formas de coordinación entre las armadas y las fuerzas aéreas de los distintos países. Un esfuerzo encomiable, que esperamos tenga éxito [el artículo se publicó antes de tener noticia de la implosión del sumergible y la muerte de sus ocupantes], no sólo porque se salvarían vidas, sino también porque será una prueba del poder de la voluntad política si se pone un objetivo compartido en el centro de una misión común.

Pero con esto viene también la alucinante y (para algunas conciencias morales, al menos) insondable comparación: ¿por qué no hubo ni siquiera la pálida apariencia de una operación de rescate de las más de 600 personas hacinadas en la bodega del pesquero que naufragó frente a las costas griegas? ¿Quizá porque esas personas, con vidas como las nuestras, con la misma dignidad y el mismo derecho a la felicidad, siguen sin tener nombre para nosotros, salvo algunas categorías de identidad fantasmales irremediablemente borrosas, como si sólo las viéramos a través del agua que se las tragó?

¿Qué podemos aprender de estos acontecimientos? La moraleja es sencilla: cuando hay voluntad de salvar, no se escatiman gastos, se encuentran recursos, se movilizan tecnologías, se superan barreras políticas. ¿Y no es éste el compromiso que las Naciones Unidas adquirieron hace tantos años, cuando sus miembros se comprometieron, todos juntos, a luchar contra la pobreza, el cambio climático, a promover el acceso a los derechos humanos básicos que son la educación y la salud para todos? Cuando la distancia entre la apariencia y la realidad se estira demasiado, el vínculo de solidaridad de la especie se rompe.

Al mismo tiempo, la biología nos dice que la razón por la que la especie humana está a cargo (aunque sea inconscientemente) de este planeta es porque es la única especie verdaderamente capaz de ayudar a sus propios miembros en tiempos de necesidad.

No lo olvidemos jamás.

 

il manifesto, 23 de junio de 2023

 

Fronteras cada vez más duras

Michael Chessum

El pesquero Adriana zarpó del puerto de Tobruk (Libia) a primera hora del 10 de junio para intentar llegar a Italia. En él viajaban 750 personas, entre ellas más de un centenar de niños. Tras casi cuatro días en el mar, el motor del barco se averió y quedó varado a cincuenta millas de la costa del Peloponeso. En la madrugada del 14 de junio, el barco volcó, con cientos de personas atrapadas en la bodega y sin que nadie a bordo llevara chaleco salvavidas.

Es una visión del infierno. También es un atisbo del futuro. El Institute for Economics and Peace ha calculado que a mediados de siglo más de mil millones de personas correrán el riesgo de verse desplazadas debido a las amenazas ecológicas. Nuestra política estará cada vez más dominada por la cuestión de la política de fronteras. Los países del Norte Global tendrán que suavizar sus fronteras, transformando sus debates internos sobre migración, o endurecerlas, convirtiendo sus mares y tierras fronterizas en cementerios.

No cabe duda de cuál de las dos opciones parece más probable. La Unión Europea despliega cada vez más recursos para impedir que los migrantes lleguen al continente, y más de 27.000 personas han desaparecido en el Mediterráneo desde 2014. Las políticas fronterizas del Reino Unido tras el Brexit equivalen a una retirada de las convenciones internacionales sobre los derechos de los refugiados. Según la última legislación, las personas no pueden solicitar asilo a menos que lleguen por una ruta oficial, lo que es imposible para la mayoría de los refugiados. Cualquiera que entre en el Reino Unido "ilegalmente" tendrá prohibido para siempre solicitar asilo o ciudadanía, al igual que su familia. El gobierno planea ahora "alojar" a los solicitantes de asilo en barcazas en alta mar.

Un elemento clave del nuevo régimen fronterizo consiste en desviar la simpatía y atención de la opinión pública. El día en que se hundió el Adriana, los medios de comunicación británicos se centraron en el circo de Westminster del Comité de Privilegios parlamentario y su denuncia de Boris Johnson. La BBC descubrió pruebas de que las autoridades griegas estaban mintiendo sobre su papel en la catástrofe, pero esto no contribuyó a aumentar la importancia de la noticia. Las quinientas muertes apenas aparecieron en las portadas del Reino Unido, y al cabo de dos días la historia apenas aparecía en las noticias. Durante algún tiempo, muchos medios de comunicación insistieron en informar únicamente de las muertes "confirmadas", que rondaban las ochenta, a pesar de que era evidente que cientos de personas iban a bordo y estaban desaparecidas. Los naufragios anteriores con pérdidas masivas de vidas humanas -como el del barco que naufragó frente a la costa de Calabria a finales de febrero, en el que murieron al menos 94 personas- cayeron en el olvido durante mucho tiempo.

El 18 de junio, el sumergible Titan desapareció en las profundidades del océano Atlántico transportando a cinco turistas adinerados. El incidente recibió cobertura mundial por la infructuosa búsqueda de supervivientes, en la que participaron varias armadas y buques de investigación. La Guardia Costera norteamericana envió notificaciones de inserción a los dispositivos móviles de cualquier persona interesada en seguir la búsqueda, y la Casa Blanca informó de que el Presidente Biden estaba "siguiendo de cerca los acontecimientos". Cuando se confirmó que la embarcación había sufrido una implosión catastrófica, casi todos los diarios del Reino Unido publicaron la noticia en portada, y muchos de ellos incluyeron retratos y perfiles de los cinco fallecidos.

El ahogamiento masivo de inmigrantes no cumple los criterios de los medios de comunicación para una historia de interés humano, porque las víctimas han sido deshumanizadas. Siglos de condicionamiento racista nos han llevado a este punto, pero también hay una nueva estrategia en marcha. Donald Trump y Suella Braverman [ministra del Interior de Gran Bretaña conocida por la dureza de sus pronunciamientos sobre inmigración] tienen un aire de estupidez performativa, y a los comentaristas liberales les reconforta creer que el hechizo de la extrema derecha en el poder será un abrir y cerrar de ojos. Pero su proyecto es muy serio y a largo plazo. El "muro grande y hermoso" de Trump y el plan del Gobierno británico de deportar a Ruanda a los solicitantes de asilo habrían resultado impensables hace veinte años. El relato fundamental de la derecha nacionalista, según el cual migrantes y extranjeros son los culpables de la caída del nivel de vida, domina ahora la corriente principal. Alimenta la demanda popular de militarización de nuestras fronteras.

En toda Europa y en el mundo occidental, los partidos establecidos de centro y centro izquierda se muestran, en el mejor de los casos, indecisos a la hora de presentar una visión alternativa sobre cómo podríamos gestionar la inmigración en una era de colapso ecológico. En el Parlamento Europeo, los socialdemócratas se oponen a los peores excesos de la política de inmigración de la extrema derecha, pero sapoyan el principio básico de endurecer las fronteras de Europa. La presidencia de Emmanuel Macron ha traído algunas de las medidas de inmigración más autoritarias de la historia de Francia. El Partido Laborista de Keir Starmer se centra en denunciar de qué modo han "perdido [los conservadoes] el control de nuestras fronteras". Los socialdemócratas daneses han utilizado su tiempo en el gobierno para aumentar las deportaciones y promulgar desalojos masivos de comunidades de inmigrantes; hasta intentaron brevemente llegar a un acuerdo de detención en el extranjero con Ruanda.

En cambio, la derecha nacionalista sabe lo que quiere y está arrastrando a la opinión pública. Las inhumanas políticas migratorias actuales son una forma de precalentamiento. “Paremos los barquitos” es un lema con el que muchos políticos nominalmente progresistas se esfuerzan por estar de acuerdo. Pero detrás del lema hay una agenda más amplia: suavizar las actitudes de la opinión pública ante un crimen contra la humanidad. A juzgar por la reciente catástrofe griega, la estrategia está siendo un éxito.

 

The London Review of Books, 23 de junio de 2023

 

Masacre frente a las costas de Grecia: 79 muertos y cientos de desaparecidos

Giansandro Merli

El naufragio ocurrido en la madrugada del miércoles frente a las costas del Peloponeso, a unas 40 millas náuticas al suroeste de Pilos, podría ser una de las mayores tragedias de este tipo de la historia. Al cierre de esta edición se habían recuperado 79 cadáveres y rescatado a 104 personas. No se sabe con certeza el número de desaparecidos, pero se calcula que son cientos, y no hay esperanzas de encontrar a ninguno con vida. Las autoridades griegas hablaron inicialmente de 400 migrantes a bordo. Más tarde, el gobernador regional Panayotis Nikas, citando testimonios de supervivientes, dijo que en el barco viajaban unos 750 migrantes.

Esta cifra más alta coincidía con la comunicada por la activista Nawal Soufi y el despacho Alarm Phone (AP), que había recibido llamadas de a bordo de la embarcación el martes. "Había demasiada gente en la cubierta exterior", declaró el portavoz de la Guardia Costera de Atenas, Nikolaos Alexiu, quien añadió que, si bien no podían dar una cifra de desaparecidos, era probable que fuera muy alta. "La cubierta exterior estaba llena de gente, y suponemos que el interior [del buque] también estaría lleno".

De confirmarse la información actual, habría que remontarse siete u ocho años atrás para encontrar tragedias de esta magnitud. El 18 de abril de 2015 se produjo el peor naufragio de migrantes en el mar Mediterráneo: entre 800 y 1.000 muertos en el estrecho de Sicilia. Otros 500 murieron frente a las costas de Zuwara cuatro meses después. Entre 200 y 400 personas procedentes de Egipto murieron en abril de 2016.

Según la información disponible, la embarcación había partido de Tobruk, ciudad del este de Libia. Se ha producido un fuerte aumento de los cruces desde la región de Cirenaica: más de la mitad de los 22.000-23.000 desembarcos procedentes de Libia, del total de 55.000 en 2023, procedían de la región controlada por Haftar. "Aviones de vigilancia de Frontex detectaron el barco el martes 13 de junio a las 09:47 e informaron inmediatamente a las autoridades competentes", tuiteó la agencia europea el miércoles por la tarde, aunque sin especificar qué autoridades en concreto.

El Ministerio de Transporte Marítimo griego declaró haber recibido la noticia a las 11 de la mañana (hora griega) desde el centro de operaciones de Roma. A las 13.50 envió un helicóptero que localizó el barco dos horas después. Los buques mercantes de la zona fueron desviados para suministrar alimentos y agua. Las autoridades subrayaron que la embarcación "navegaba con rumbo y velocidad constantes" y que rechazó las ofertas de ayuda tras ser contactada, ya que los migrantes dijeron que querían continuar su viaje a Italia. A las 22.40 horas zarpó de Creta un buque guardacostas, que alcanzó la embarcación y mantuvo rumbo para observarla a distancia. A las 1.40 horas se paró el motor. A las 2.04 a.m. el barco empezó a escorarse y a zozobrar. Las condiciones del mar no eran impracticables: el viento soplaba a 7 nudos y las olas tenían un metro de altura. Es probable que, una vez detenido el empuje del motor, la condición de sobrecarga fuera fatal para la estabilidad del barco. No obstante, las autoridades de Atenas comprendieron perfectamente que había cientos de personas a bordo y que se trataba de una situación extremadamente peligrosa.

El artículo 9 del Reglamento Frontex de 2014 establece que cuando una embarcación en situación de incertidumbre, alarma o peligro -las tres fases de un caso SAR (búsqueda y salvamento)- rechaza la asistencia, la unidad de salvamento debe "seguir cumpliendo con un deber de diligencia inspeccionando la embarcación y adoptando cualquier medida necesaria para la seguridad de las personas afectadas." La patrullera griega sí continuó siguiendo a la embarcación, pero las investigaciones tendrán que determinar si lo hizo mientras se preparaba para un posible accidente o sólo para vigilar su tránsito hacia la zona de responsabilidad italiana.

La ruta que parecen haber seguido los migrantes parece inusual, ya que está claro que no se trata de la más corta para llegar a Italia. "Debido al rechazo sistemático, las embarcaciones intentan evitar Grecia, navegando por rutas mucho más largas y arriesgando sus vidas en el mar", escribió Alarm Phone. En este caso, sin embargo, el miedo a ser devueltos a Libia desde la zona de responsabilidad maltesa puede haber sido el factor principal: el 23 de mayo, 500 personas fueron devueltas desde allí a la Cirenaica.

"Toda persona en busca de una vida mejor merece seguridad y dignidad", tuiteó el Secretario General de la ONU, António Guterres. La Comisaria de Interior de la UE, Ylva Johansson, declaró que el naufragio "es una señal de que nuestra política migratoria no funciona bien en este momento. La cambiaremos con el nuevo pacto". Sin embargo, la estrategia europea, en lugar de centrarse en evitar los naufragios, consiste en impedir las salidas apoyando a las autoridades libias de las que huyen los inmigrantes. Al fin y al cabo, está más que demostrado que cada nuevo obstáculo a la circulación de personas no hace sino aumentar los riesgos, en el mar y en tierra, y que ninguna ley puede detener un fenómeno de tal envergadura. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, declaró en Twitter que estaba "profundamente entristecida por la noticia del naufragio frente a las costas griegas" y "muy preocupada por el número de personas desaparecidas." Pero en marzo de 2020, la misma von der Leyen elogió a Grecia como "escudo de Europa" mientras la policía del primer ministro Kiryakos Mitsotakis disparaba gases lacrimógenos contra los refugiados que intentaban cruzar la frontera terrestre con Turquía. Y es igual de innegable que no se ha hecho nada ante los numerosos rechazos masivos documentados en el Egeo.

"Europa sigue protegiendo sus fronteras y defendiéndose de quienes son víctimas de un mundo injusto. Es una masacre anunciada", denunció el Centro Astalli. También hubo duras críticas de las ONG activas a lo largo de la ruta central: "Esta tragedia demuestra dos cosas", dijo el portavoz de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en el Mediterráneo, Flavio Di Giacomo. "Las patrullas en alta mar son más necesarias que nunca y debemos dejar de retrasar la acción: todos los barcos cargados de migrantes deben ser objeto de rescate inmediato".

il manifesto global, 16 de junio de 2023

 

Dolor, vergüenza y vuelta a la razón en materia de migraciones

Fulvio Vassallo Paleologo

Lloramos por las vidas destrozadas y por el futuro de desesperación que les espera tanto a los supervivientes como a las familias. Pero también por el fracaso de años de lucha por afirmar el derecho a la vida, por derribar fronteras que matan, por conseguir un país más justo y solidario. Hoy parece que todos estamos condenados a un futuro sombrío en el que el egoísmo y la ruindad estatal, las nuevas "razones de Estado", prevalecen sobre la solidaridad y la cohesión social.

Sentimos vergüenza por pertenecer a un país y a una versión disminuida de Europa, que discriminan incluso cuando se trata de salvar vidas en el mar, de garantizar un puerto seguro de desembarco o reconocer el derecho de asilo. Vergüenza por los rescates denegados bajo el pretexto de que los náufragos no querían ser rescatados. Es una mentira que parece haber perdido la capacidad de causar indignación en la opinión pública.

En realidad, los náufragos no habían rechazado la ayuda ofrecida por los guardacostas griegos, que -según las declaraciones de varios supervivientes- habían enganchado el pesquero con una cabo en un intento de remolcarlo (no se sabe adónde), justo antes del vuelco. Semejante operación casi parece una retirada forzosa, y desde luego no tiene las características de una operación de rescate según las normas y prácticas internacionales. Pero en este momento, tras las noticias sobre las detenciones de los presuntos traficantes, la mentira se eleva a principio básico del sistema que rige la migración (y no sólo).

Los fracasos de las políticas migratorias se esconden tras los lemas de jefes de gobierno y ministros, desde la "caza de traficantes" a escala mundial hasta la "solidaridad europea" que se traduce en políticas de devolución a países de tránsito, deportaciones literales, porque las repatriaciones a los países de origen ya no son suficientes. Y aquí, el gobierno italiano se enorgullece de ser el principal defensor de los acuerdos con países que no respetan los derechos humanos, ni siquiera en el caso de sus propios ciudadanos, y no reconocen el derecho a la protección internacional. Ahora los llaman "terceros países seguros".

Al mismo tiempo, tampoco se garantiza la cooperación entre países con zonas contiguas de búsqueda y salvamento (SAR) en aguas internacionales: también lo hemos visto en la tragedia de Cutro, y ahora ha vuelto a surgir el mismo problema al suroeste del Peloponeso, en el mar Jónico. En lugar de eso, cada vez se presta más apoyo lanzado a los países de tránsito para que detengan las salidas, alargando así las rutas, pero sin detener las travesías. Si la gente no puede salir de Tripolitania, saldrá de Cirenaica, y si esa ruta también está cerrada, partirá de Egipto o del golfo de Sirte.

A pesar de los acuerdos entre la Unión Europea y Turquía, Erdogan está aplicando allí una política sistemática de expulsión de refugiados sirios y afganos. Esto es lo que ocurre cuando se implica a gobiernos que no respetan los derechos humanos en lo que se está llamando "gestión de flujos migratorios." Pero lo que realmente significa son hombres, mujeres, niños condenados a muerte, con la certeza de la impunidad.

Hay que volver a la razón: identificar las responsabilidades penales y políticas, volver al cumplimiento de las normas que obligan a los estados a realizar rescates marítimos, evitar que estas tragedias se sigan repitiendo en el futuro en medio de la insensibilización general, como si la muerte fuera el castigo por el intento de fuga de estas personas y, al fin y al cabo, sólo la más temible de las muchas herramientas para "disuadir" de las salidas y contener la movilidad migratoria. Pero las tragedias no detendrán las salidas y los intentos de cruzar el Mediterráneo de quienes no tienen nada más que perder que la vida.

Necesitamos razones, pues, para identificar una cadena de responsabilidades. La división del Mediterráneo en tantas zonas diferentes de búsqueda y salvamento (SAR), que no pueden convertirse en áreas de jurisdicción exclusiva sino en áreas de responsabilidad compartida, no debe impedir la identificación clara de qué autoridades estatales son responsables de garantizar la vigilancia de las fronteras, ni debe impedir el propósito superior, de acuerdo con los tratados internacionales, de salvaguardar la vida humana en el mar.

El artículo 9 del Reglamento Frontex nº 656/2014/UE reza: "Cuando, en el transcurso de una operación marítima, las unidades participantes tengan motivos para creer que se enfrentan a una fase de incertidumbre, alerta o peligro en relación con un buque o cualquier persona a bordo, transmitirán sin demora toda la información disponible al Centro de Coordinación de Salvamento responsable de la región de búsqueda y salvamento en la que se produzca la situación y se pondrán a disposición de dicho Centro de Coordinación de Salvamento."

Según el Manual Internacional de Salvamento Marítimo (IAMSAR), los distintos centros nacionales de coordinación de salvamento están obligados a cooperar en caso de rescates masivos en aguas internacionales, tal como ya se ha hecho en otras ocasiones en el pasado.

Más allá de las investigaciones de la justicia griega, será necesaria una investigación internacional, probablemente a escala europea, para averiguar qué falló cuando el pesquero se hundió al suroeste del Peloponeso, con muchas similitudes con la tragedia del Steccato di Cutro, sobre todo en lo que respecta a los primeros avistamientos aéreos del barco, por parte de Frontex, en la mañana del 13 de junio.

Porque, más allá del dolor y la vergüenza, sólo la razón puede empujarnos realmente a depurar responsabilidades y a establecer nuevos procesos de rescate, coordinados entre los diferentes Estados, sin exclusión de embarcaciones civiles de salvamento, para asegurarnos de que estas masacres, con personas abandonadas en el mar, no vuelvan a repetirse.

 

il manifesto global, 20 de junio de 2023

 

periodista y escritor italiano colaborador del diario il manifestó. Formado como médico especializado en cirugía de urgencia y obstetricia, además de consultor de las Naciones Unidas y varias ONGs, trabajó durante veinte años como responsable del desarrollo de programas sociosanitarios en diversos países de África, Asia y América Latina.
periodista independiente y activista de Momentum, movimiento de base laborista, y del grupo Another Europe is Possible. Su último libro es This Is Only the Beginning: The Making of a New Left [Bloomsbury].
activista y colaborador del diario “il manifesto”.
abogado, es profesor de la Universidad de Palermo, especializado en derecho de asilo y estatus constitucional de extranjeros. Es director de ADIF (Associazione Diritti e Frontiere) [www.a-dif.org] y activista en la protección de migrantes y de peticionarios de asilo en varias ONGs y grupos mediáticos.
Fuente:
Varias
Traducción:
Lucas Antón